martes, 3 de mayo de 2011

Daniel Peces Ayuso.

ARTESANIAS EN EL VALLER TIETAR

Cigüeña blanca que vuelas, y en el pico llevas flores, dáme una rosa encarná, que voy a ver mis amores...

TRABAJOS TRADICIONALES Y  ARTESANÍA EN EL VALLE DEL TIETAR:

El concepto de artesano mucho ha cambiado a través de los siglos. Los actuales artesanos eran en si obreros, que se dedicaban a abastecer a sus vecinos de aquellos instrumentos o productos necesarios para el uso doméstico o laboral diario.


El origen de la artesanía esta en la necesidad de  crear  útiles a medida que se van  necesitando.Es dificil delimitar el espacio, pues los intercambios culturales sobrepasan las marcas administrativas,interrelacionando zonas de diferentes comunidades autónomas vecinas. Como por ejemplo, el caso de la cerámica y los bordados, con las lógicas y evidentes analogías entre el Valle del Tiétar y las comarcas toledanas de Talavera de la Reina, Puente del Arzobispo, Lagartera o Navalcan. Igual de dificil es delimitar los oficios artesanales tradicionales, pues en todos los hogares del valle había ruecas, usos, telares, bastidores, etc.  Más todas aquellas herramientas necesarias para  trabajar la madera, la cestería, la piedra o el metal. Así como los útiles para arreglar o hacer los diferentes aperos agropecuarios (como los badajos, capachos, serones, cacharros del ajuar doméstico, etc. poniendo de relieve una sociedad eminentemente artesana).

La abundancia de recursos naturales y bajo coste de su proceso, hacía de la artesanía en el Valle del Tiétar, un oficio del que todos participaban. Sobre todo en los meses y temporadas de poco trabajo y en los ratos libres.Caracteriza al trabajo artesanal la carencia de maquinas que aceleren el proceso y en caso de utilizar estas, como el caso de los telares, alfares, fraguas, etc.  el artesano imprime su ritmo, nunca la maquinaria, parando o acelerando a su gusto y animo.Los artesanos trabajan y viven en el mismo espacio, compaginando su oficio con labores agropecuarias. Los talleres eran de tipo familiar, y en las labores participaban todos los miembros de la familia y algún que otro aprendiz del oficio, que a cambio de comida, cama y oficio trabajaba hasta convertirse en maestro e independizarse.

Otro tópico del trabajo artesanal es  la facultad para hacer piezas únicas. Pero no esto no es cierto, el buen artesano ha de ser capaz de realizar piezas idénticas, como por ejemplo platos, jarras, basos, tazas, cuberterías, joyas, etc.Los artesanos adquieren toques personales que sirven de distintivo o para reconocer a su creador. Además conocen todos los pasos del proceso de creación en sus oficios. Podíamos decir que los artesanos producían objetos personalizados, nunca en serie, para el uso doméstico.En la edad media, en las grandes villas y ciudades,  los artesanos se empezaron a agrupar en gremios y cofradías, ganando importancia y poder  económico y social. Pero en el ámbito rural al que esta adscrita esta comarca, no pasaba lo mismo. Los artesanos compaginaban sus labores agropecuarias con los oficios artesanales y sus trabajos no pasaban de ser un pequeño aporte económico, en muchos casos, mal remunerado. Salvo algunas excepciones como los aserraderos, resineras, batanes, alfares, tejares, martinetes. Etc.Situación que cambia a partir del año 1.774,  al fomentar el estado  la artesanía rural, que no solo protegió, sino que la fomentó. Hasta tal punto que se creó otro tipo de artesanía nueva afinales del siglo XIX y sobre todo en el XX, la “artesanía turística”,  creando objetos destinados a la decoración no a su uso.

Los artesanos del Valle del Tiétar, además, han sido los transmisores de ciertos ritos, creencias y vivencias ancestrales. Continuándo una forma de vida tradicional, hoy por hoy extinguida. Aquellos artesanos tradicionales, no hacían simples objetos, su trabajo era el resultado de siglos de experiencia y experimentación, siendo la expresión material desus propias formas de vida. Formas y sentimientos que solo ellos eran capaces de trasvasar a  un objeto. Dándole vida, al depositar en ellos su propia alma.La fuerte presión agropecuaria y artesanal fue tan intensa en el Valle del Tietar, que puso en peligro, en varias ocasiones,  el mantenimiento de los ricos y variados recursos naturales disponibles en el entorno . Por lo que desde  el siglo XVI, las principales villas dictaron diferentes ordenanzas en pos de la protección y mantenimiento de dichos recursos, especialmente de los  forestales.  Otrogándo una especial protección al bosque. Los arboles no se podían cortar, desventar, hacer muescas para sacar la miera. Tampoco se podían  llevar “bolsas de fuego” a los montes en el tiempo de verano, etc. lo que da una idea de la importancia de los trabajos artesanales en madera, que se exportaba a las tierras de Madrid y de Toledo, sobre todo. Maderas de nogal, castaño, roble, pino, etc, que se vedían “labradas” o en bruto. Sirva como ejemplo las diferentes ordenanazas que ofrecian protección a los alisos, tras la debastación que se hizo en las riberas del río Arenal, Pelayo, Ricuevas y Avellanea, tras el incendio sufrido en Arenas en el siglo XVIII. Los cuales se empleaban para hacer, entre otras cosas,  “las barandas de los corredores, solanas y balconadas” o “estrujones para el vino”

De tal modo que los recursos forestales quedaban sujetos a la administración de los ayuntamientos sin cuyo permiso no se podía cortar ni “hacer ningún daño” a los montes ni tampoco sacar piedra, ”barrocolorao” o arcilla, cal, cuarzo, pizarras, etc. bajo graves sanciones que no excluían la pena de cárcel. De este modo quedaron protegidos los pinares, los castañares, los fresnedales, los alcornocales, los encinares, los robledales y quejigales, las avellanedas, las alisedas, moreras y morales, jaranzos, loros, acebos o tejos e incluso el monte bajo como el brezo y la jara. Cosiguiendo diferentes resultados, no siempre positibos. Tales esduerzos fueron motivados, en gran medida, por la mencionada deforestación que sufrió la comarca en el siglo XVIII, (fecha en la que Arenas de San Pedro, Mombeltran o La Adrada, se dan un mayor número de ordenanzas, más de 100 nuevas) destinadas a la protección de todos los recursos forestales. Amparando además la apicultura, caza, pesca, minería, así como los diferentes recursos, ingenios y maquinas movidas por la abundante fuerza hidráulica, etc.

A esta fuerte presión hay que añadir, el ejercido por los intensivos cultivos, la ganadería base de la economía del Valle y algunas costumbres tradicionales como la de dar la madera, piedra, o arena necesaria a los nuevos matrimonios para hacerse sus casas. O las luminarias en las que las mejores encinas y alcornoques acaban quemados en grandes hogueras en las fiestas principales de invierno en los pueblos del Tiétar.Los productos  excedentes de la artesanía solía venderse en las ferias y mercados  principales de la comarca y comarcas limítrofes, aunque lo más normal era producir lo necesario para el  gastoy uso personal o colectivo. En otras ocasiones determinados trabajos artesanales eran presentes o regalos. Como las “tarras” para los ajos, sal y el pimentón. Los morteros, cucharas, cucharones, cuchareros, almirecero, etc.  de madera de pino o raíz de fresno generalmente. O los “liaros” para el aceite, ”peinas”  o cubiertos hechos de asta de toro, que regalabanlos novios a sus novias y parientes. Y decorados con ricos y variados dibujos arcaizantes de variada tipología (zoomorficos, antropomorficos, mitológicos, vegetales, esquematicos...)

Sin embargo el artesano del Valle del Tiétar era ante todo funcional, apenas incorpora decoración a los objetos de uso cotidiano de los que no se espera otra cosa que resistencia y capacidad. Pero como decía anteriormente, hay otro tipo de objetos  que se sobredecoran  con dibujos y filigranas hechas a punta de navaja, pintados o marcados afuego previamente.En el valle del Tiétar hay que distinguir entre dos tipos diferentes de artesanos. Los artesanos temporales y los artesanos estables, ambos siempre profesionales. Pues para los artesanos del Valle sus objetos estaban vivos. Nacian, evolucionaban y morian. Ya que la vida del objeto estaba sujeta, en todos los procesos (busqueda y recolección del material, su tratado y preparación para trabajarle, y la elaboración misma del objeto en cuestión) a su propio uso. Desapareciendo cuando deja de ser utilizado, util. Salvo en algunos pocos casos, como por ejemplo los ajuares y determinadas prendas del vestir tradicional. O la interesante orfebrería tradicional “Serrana”, cuyo alto valor económico, simbólico y cultural hace que se siga transmitiendo.

En la Tablá cojo barro, en los Llanos la retama, y en Arenas de S Pedro, amores de una serrana...
Artesanos temporales:

Estos artesanos utilizaban las materias que tenía más a mano como la madera, miera,  “el cisco” o picón, determinadas cortezas de árboles, como la del alcornoque, el granito, el marmol, el cuarzo, el barro,las pizarras, la cal, la mimbre, paja, enea, esparto, juncos, tiras de castaño, cuero, cuernas, determinados huesos, el lino, la lana, la seda, etc. Para trabajar o trasnformar la materia prima necesitan pocas herramientas, en muchos casos basta con una navaja o cuchillo. Algunos trabajos artesanales se distribuían por sexos o edades. Realizándose algunas labores en grupo, como “el tascao y espaldeo del lino” que siempre realizaban las mujeres mozas en grupos. Mientras que los mozos se reunían por ejemplo para  “pelar la mimbre”.

La mayoría de los artesanos en el Valle del Tiétar, trabajaban de forma temporal, realizando sus labores sobretodo en  épocas invernales, cuando el campo y los ganados no requieren  demasiada atención. Sus productos se vendían a bajo precio a los vecinos del entorno más próximo, y en algunas ocasiones salían a vender los posibles excedentes a las ferias y mercados de la comarca. Dentro de este grupo hay que distinguir a su vez a dos grupos diferentes, los artesanos del ámbito pastoril o mejor dicho agropecuario, y los artesanos de aldea. Vallamos por partes;

Artesanos del ámbito agropecuario;

Raro es el cabrero de Gredos que no usaba la su navaja para realizar delicados trabajos artesanales. Su oficio le obliga a recorrer los montes y campos con el ganado, poniendo a su disposición todo el material necesario para la manufactura de sus productos artesanales (zurrones, zajones, leguis, rabeles, badajos, flautas, panderos, panderetas, tambores, castañuelas de madera, hueso o cuernas, liaros, e incluso albarcas, borceguís chamarras o chalecos de piel, con los que se calzaban y vestían tradicionalmente)

Una caracteristica que determina el estilo creador de este tipo de artesanos es que conocen perfectamente todos los pasos del proceso, a diferencia de los maestros artesanos de las grandes villas y ciudades que tan solo conocen la elaboración o transformación final, sin participar de los procesos previos.

Con maderas de enebro, jaranzo, nogal, castaño, piono, fresno, encina, olivo o madroño, hacían cucharas de tres tipos: de mango corto, de mango largo y cucharones para servir o remover. Almireceros, morteros ricamente decorados, con alguna alusión a los propietarios o destinatarios cuyas manos o maza en algunos casos incorporan una cuchara en el extremo superior, con la que sacar lo “machado”. Cuchareras donde guardar los cubiertos, tarras para guardar las especias, sobre todo la sal, el pimentón, los ajos o el orégano. Tajones para partir las tajadas de carnes y embutidos, platos, jarras, cuencos, basos, tazones, fuentes, artesas y artesones, cayados, bastones, escaños, sillas, tajones, mangos para herramientas, diferentes herramientas y maquinas como las ruecas, telares, arcas, arcones... sin olvidarnos del excelente uso, dado el alto conocimiento que los pastores del Valle del Tiétar tenían  a cerca de los bienes naturales disponibles con respecto a sus construcciones y viviendas tradicionales (chozos, berengones, majadas, enramadas, quinterias, loberas, etc.) así como el uso intensivo de la madera como base de la mayoria de los útiles agropecuarios (como los trillos, arados, narrias, angarillas, etc).

Dependiendo del uso que se le diera al objeto en cuestión, se le decoraba o no.  Las decoraciones en estos trabajos de madera es muy rica y variada. Abundan las formas en cenefa, sobre todo los “picos de sierra”, o zigzag y “las castañas” y el “punteado”. También abundan las formas vegetales (ramas de acacia. Espigas, rosas, claveles, “camapanitas”, azucenas, hojas de parra, roble, frutas...) animales (cabras, toros, caballos, rapaces, perros, perdices, cigüeñas, gallos, gallinas...) mitológicas (sirenas, leones-lobo, esfingtes, seres alados...) antropomórficas, especialmente parejas en avidente pose de cortejo. Tampoco faltan las formas geométricas (ajedrezados, triángulos, circulos, cuadrados, aspas, rombos...) Ni las astrales (soles, lunas, estrellas), también las hay simbólicas como el tradicional y generalizado dibujo del “corazón del Ramo”, con un arcaico simbolismo que se viene repitiendo como tema preferente en la decoración artesanal tradicional tanto femenina, como masculina. Se trata de un corazón del que sale una rama, de la que a su vez salen una serie impar de ramas con sus hojas todas ellas simetricas e impares igualmente. Y a cuyos lados “quieriendo picar los” ramos se dibujan, pirograban, bordan o recortan dos párarillos de perfil. Manteniendo todo él una total simetría y más aún claras analogias con el simbolo orienta del “Árbol de la Vida”. Tema decorativo que aún habiendo perdido su sentido mágico-protector inicial siguió siendo el elejido incluso para decorar los picos de los negros mandiles de “las antigüas cabreras”.  Creencias de un mundo que se resiste, pero que se pierde poco a poco, y que no se olvida aún hoy en día ningún cabrero de coser a los zurrones, dejar en los “sobraos” o colgar del collar de sus ganados, una “cruz de acere” o  ramita de arce. Para de este modo impedir que el rayo cayera sobre sus cabezas, tejados o ganados.

Todos los dibujos se hacen a mano alzada, grabando los dibujos por incisión, sin descartar el tallaje, quedando los dibujos en relieve cuando se trabaja la madera, el cuero, o la piedra. E incluso cuando se bordaba. En algunas ocasiones  “sobredecoraban”  policromado los trabajos con diferentes tipos de pieles, o tintes naturales, como los rojizos sacados del abundante ocre de la Tablá. Los amarillos sacados entre otros de la flor del piorno y retamas. Así como verdes, negros, bancos y azules. De todos muchas de las labores que hoy considramos artesanales, eran para la vida de aquellas personas, una labor más. Como el hacer jabón y lejía para labar la ropa por ejemplo.

Otra caracteristica de este grupo de “pastores artesanos” es sin duda su dedicación. Su afán. “Cuando un cabrero labraba una pieza para regalar a una persona querida, no reparaba en tiempo, ni esfuerzo, ni escatima en ná. Busca el “mejhol” material haciéndo con sus manos piezas  únicas y personalizás”.  Piezas que tuvieron gran importancia y aprecio entre las mozas. Como el almirecero o la rueca  y el uso bellamente decorados  y que colgaban de las paredes de sus casas en lugares preferentes, pues componían gran parte del modesto mobiliario domestico tradicional. Pero estos objetos no solo eran regalos de uso ornamental. Su valor principal lo obtenían de la fuerte carga emocional y sentimental,  que cada uno de ellos tenía. Ya que guardaban la vida, historia y memoria de “los antepasados”.  También hacían los sellos del pan, como regalo. Todo esto hasta la decadencia de la ganadería tradicional intensiva partir del siglo XIX y sobe todo en el XX.

Esto supuso en el valle  una profunda crisis. Muchos ganaderos, familias enteras se vieron obligados a buscar otros recursos, si no querían abandonar sus pueblos hacía la Vera y campos de la Campana de Oropesa y Talavera de la Reina. Donde sobreviven los últimos Cabreros del Tietar. Pero en otras localidades  optaron por sacar partido a los recursos naturales más abundates. Así Villas como Pedro Bernardo o El Arenal, se especializaron en la elaboración de palas que exportaban por toda la comarca, y comarcas limítrofes. No en vano dice el refranero arenense, “Arenalo y moreno, palero o cabrero”. Más significativo es el nombre que con merecido orgullo se dan a si mismos los habitantes de Pedro Bernardo, los Cuchareros.

Otra de las artes y costumbres pastoriles, es el de hacer los collares para los caganados, hacer los badajos, montar el collar con el cencerro y afinarlos. Para de este modo poder reconocer los rebaños por el sonido de los cencerros. bpara afinarlos, los días de agua y frío que no sacaban los ganados al monte. se reunían los hombres de familia, en los sobraos o en los zaguanes, para hacer los badajos de los diferentes cencerros, y afinar los mismos par que sonaran de una manera determinada y reconocida por el clan familiar. Para ello una vez “compuesto” el badajo nuevo se hacían sonar y si no sonaba de la forma deseada se golpeaba el metal en algunos lugares concretos, o se le agujereaba o se le añadían puntos de cobre fundido. Aprovechaban  además las largas jornadasde los meses de invierno, para arreglar o restaurar los objetos rotos y fabricar aquellos que fuesen a necesitar la próxima temporada. Del mismo modo hacían con los trabajos de cestería, cuévanos, capachos, zarzos, etc.Las herramientas de los pastores son igual de especiales que ellos mismos. Suelen reutilizar viejas navajas de afeitar, cuchillos, navajas de deshecho, etc. cualquier metal al que ellos puedan sacar partido, afilar o dan la forma deseada, enmangándolas con mangos de madera, hueso o cuerna. Materiales que tenían muy mano y que manejaban perfectamente.

El trabajo en cuerna tiene una muy amplia  y arraigada tradición entre los pastores de la comarca. Se usan preferentemente las grandes cuernas de las vacas y de los toros avileños. Dejando las cuernas de cabras y ovejas para pequeños objetos como mangos o instrumentos musicales tradicionales, o piezas de juegos tradicionales como “la mocha” que necesitas de un cuerno de carnero para poder jugar. Una vez cortado el asta de la res esta  ha de ser vaciada de su contenido óseo, para ello se usan diferentes técnicas. Una forma de vaciar las cuernas era exponerlas al sol para que blanquearan y sobre un hormiguero para que estos insectos  limpiasen el interior dejando tan solo la parte cornea. En otras ocasiones se  hervían en agua durante varias horas o se dejaban varias semanas metidos en agua fría.

Cuando la cuerna era hervida, se podía dar determinadas formas a la cuerna, al quedar esta tan reblandecida que se puede malear. De esta forma se hacían los basos “aplastados”,  de un color  brillante color verdoso.
Una vez vaciado el cuerno se cortaba de la forma deseada con una sierra y se le pulía con el filo de una navaja o con la ayuda de un cristal. Luego se la colocaba las tapas y el fondo con corcho hervido o madera de encina, roble u olmo, cuero o asta, aprovechando la parte central del cuerno por ser esta la más pulida y amarfilada. Rematándolo con unas tiras de cuero a forma de asas y con las se perfilan los bordes de los diferentes recipientes, protegiéndoles de posibles golpes y dándole mayor resistencia.A la hora de decorarlas se pueden decorar haciéndolas diferentes dibujos con incisiones hechas a punta de navaja y otra consiste en hacer los dibujos en relieve, acercándose más al tallado que al grabado. Primeramente se dibuja a lapicero los diferentes temas, que luego son repasados con la navaja o con un punzón. (Del mismo modo que los trabajos realizados en madera).

Una vez realizadas las diferentes labores decorativas  se frota la superficie de la cuerna con un trapo embadurnado con  grasa y hollín, que al incrustarse en las incisiones del tallado, las obscurece dando más realce a las figuras allí representadas. En cuanto al uso que reciben estos recipientes es muy variado; desde los “merenderos” suficientemente grandes como para que cupiese la merienda a base queso, embutidos y  pan, a los pequeños basitos que  no se decoraban demasiado, siendo lisos generalmente.Las colodras para contener líquidos eran ideales para que estuviese fresca la bebida, al poder meterlos en los cauces de los arroyos, ríos y fuentes. O los basos donde se migaban los pastores la leche con el pan. La medida media de estos basos para migar la leche era  entre 5 cm. Y 8 cm. Mientras que las cuernas para contener aguardiente, agua o vino oscilaban entre  los 25 cm..

En casi todos los casos se decoran profusamente, como los  liaros donde se guardaba el aceite. Estas cuernas no se cortaban se dejaban enteras y en la boca se las tapaba con un tapón de corcho al que se le clavaba una caña, por la que salía el aceite sin vertirse en los desplazamientos montaraces de los pastores. Los liaros tenían una tira de cuero para poder colgarlos de las paredes del chozo o del zurrón.

Otro tipo de cuernas eran las que se hacían para medir líquidos como leche o vino, a las que se hacía una serie de incisiones laterales para facilitar la medición. Sin olvidar los  “gazapos” para guardar la piedra de afilar envuelta en hierba fresca o las cuernas para guardar la pólvora y perdigones, llamadas tradicionalmente “polvorines”. Su tamaño varia entre los  19 cm. de los más pequeños y los 41 cm. de los mayores. En algunas localidades en las matanzas usaban una cuerna  especial que hacía las veces de embudo para embutir la carne picada de chorizos, salchichones y morcillas en las tripas, y que recibían diferentes nombres, como “golosina”, “la anbuda”, “el cuernizo”, etc.En otras ocasiones se hacían cuernas trompeta, que usaban los porqueros para juntar el ganado moreno, o que resonaban los pregoneros y monteros o  guardas del monte. También hacían tinteros, cajitas de rape, o para guardar las cerillas, el tabaco, las joyas y aderezos,  peines, peinetas, etc.

Las cuernas se suelen decorar con cenefas en zigzag, picosierra y castañuela en su borde inferior y superior. La parte central  se divide siguiendo algunas pautas de simetría, aprovechando la curvatura natural de la cuerna, usando dibujos geométricos  de gran simetría. No faltan las representaciones religiosas. (Como por ejemplo el cáliz o custodia con la sagrada forma ocupando lugar preferente, junto con diferentes cruces e imágenes de la Virgen, o de Santos, cuando no iglesias con sus campanarios. También se suele representar el simbólico jarrón Mariano con los tres ramos de azucenas). Curiosamente abundan las representaciones del primer hombre y la primera mujer, Adán y Eva.

Otro grupo lo componen los temas astrológicos, representando estrellas y constelaciones que los pastores conocían y por las que se regían en cierta forma. Como por ejemplo la estrella del norte, las cabrillas, el carro, el lucero del alba, el camino de Santiago, el sol y la luna. Mezclados con temas de la vida agropecuaria, y las representaciones de escenas de caza, pesca o de la guerra. En estos casos aparecen pastores  junto ovejas, cabras, vacas, perros, etc. o gallos, gallinas. Cuando no personajes recogiendo frutos, arando la tierra, conduciendo carros, o representando  escenas de la vida tradicional.

Cierra este apartado decorativo, que bien se puede extender a otros trabajos artesanales, los letreros alusivos a su propietario, destinatario  o constructor.Junto al uso y trabajos en las cuernas, estaba el  trabajo y labores realizadas  en hueso. Material con el que se hacían multitud de objetos, como los badajos para los cencerros, alfileres para sujetarse los trenzados en determinados peinados femeninos, cucharas policromas de mango corto, diferentes carretes para  guardar los hilos, palillos para los bolillos, agujas para serones o para hacer las tradicionales toquillas de Pelo de Cabra, y otras agujas más finas para coser hilo y sus alfileteros donde guardar las delicadas agujas de hueso, botones, pretinas, pequeñas piezas para decorar por ejemplo los trabajos de marquetería o algunos instrumentos tradicionales, con decoraciones hoseas  incisas.

Es en este apartado es donde más han destacado los pastores. Tanto  como constructores como interpretes, de los diferentes instrumentos y temas tradicionales. Ellos se hacían sus castañuelas que generalmente  tañían los hombres, decoradas con cenefas de pico de sierra y castañas con signos y símbolos solares o astrales. Las piezas más bellas las he encontrado entre los cabreros de Guisando y  el Hornillo.  Tanto las castañuelas como los pitos  se hacían con madera de brezo, peral, madroño,  cuerna o hueso. También fabricaban las hueseras o arrabeles. Instrumento este de los más primitivos, y que consiste en una serie de husos de oveja o cabra, que se  ensartaban y ataban con tiras de cuero formando una escalera. Este instrumento se cuelga del cuello, y los huesos se tocan frotando rítmicamente contra ellos una castañuela.

 También fabricaban otros instrumentos como las zambombas,  panderetas y  panderas. Usando para la fabricación de las zambombas la vejiga de los cerdos, cañas o plumas de  abantos (buitres negros), utilizando para el armazón algún puchero o cántaro roto, o se vaciaba un tronco de castaño o con la corcha del alcornoque. Para las panderas bastaban las pieles de los ganados y los harneros, cribas, o cedazos rotos.
Pero es sin duda el rabel de una sola cuerda, el instrumento representativo del mundo pastoril. Para ello usaban maderas que pesaran poco, como el que yo tengo hecho por un artesano, el último del valle del Tiétar, que vive en Pedro Bernardo,  mi buen amigo Roberto Cantero. El eligió para hacerme el rabel la madera de un candalo de pino podrido. Tras “curarle y sacar la polilla”, tapo los poros  “saneando la madera”. La piel es de oveja, con un número par de agujeros que va en función del gusto y sonido del arrabelero. La clavija es de olivo y el puente de raíz de brezo blanco, adquiriendo esta última pieza un toque personal que caracteriza este tipo de rabel, el más primitivo de España, se trata de practicarle un agujero al puente, por donde se enhebra la cuerda, de modo que una vez tensada jamás se cae o pierde.  Para hacer el arco se usaban varas de mimbre, pero Roberto ha innovado usando las varillas de los paraguas inservibles, forradas de hilo, a la que pone un cómodo mango forrado con tiras de cuero. Las cuerdas del arco y la del rabel se hacen con pelos de la cola de las caballerías, a poder ser de mulo negro o tordo. Jamas con pelos de la cola de las yeguas o  burras, al miccionar por atrás y menstruar estropeando la calidad de  los pelos, que se rompen con mayor facilidad. Para que las cuerdas vibren se han de untar a conciencia con pez o resina.

La tradición rabelera en el valle fue desapareciendo junto con la sociedad ganadera que la mantenía quedando algunos  rabeleros, tanto en la vertiente sur como en la norte. Actualmente los cabreros siguen siendo los “reyes” de la guitarra y del laúd, instrumentos que nadie maneja como ellos, sobre todo a la hora de interpretar las diferentes jotas, rondeñas y veratas características de la zona. Los pastores aunque no trabajaban directamente la piedra, si que la utilizaban tal y como la encontraban para la construcción de sus casas y chozos tradicionales. Sabían levantar paredes, muros, pontones, hornos, eras, comederos, saleros, brocales, jambas, aguzaderas, raspadores, etc. Los cabreros y los pastores en general se fabricaban sus propias cuerdas y sogas, ayudados por sus mujeres e hijos. Del mismo modo que los cinchos para  hacer los quesos, etc. Ampliando los trabajos artesanales tradicionales como los realizados en cuero, sobre todo en la fabricación de determinadas prendas para el uso personal, como por ejemplo los zajones, leguis, albarcas, zurrones, chalecos, chaquetillas, mantas, etc. Los pastores y pastoras disponían de telares y bastidores familiares destinados al autoconsumo, donde se realizaban las prendas necesarias para el gasto familiar. Y donde se reciclaban los trapos para hacer las jarapas o mantas traperas. Pues la máxima en el mundo pastoril es que nada se tira y todo se puede aprovechar.

Otro de los oficios temporales seculares en esta zona, era el relacionado con la miera. Documentada su explotación en estas tierras desde tiempos romanos, ya era conocida por los pueblos indígenas prehistóricos. Pero es a partir de la edad media cuando más relevancia e importancia adquirió. Las grandes masas de pinares que aún se mantienen en la  vertiente sur de Gredos, junto con algunos toponimos que recuerdan la importancia del pinar como  Dehesa del Pinar,  el Pinar de Yañez, Navalpino, las Resineras, Pinopadre,  Pinoredondo, las Pegueras, etc. dan una idea de la importancia que este recurso natural tuvo para los habitantes de la comarca. El trabajo se llevaba a cabo desde el mes de junio hasta el de octubre, agotadoras jornadas de sol a sol. Los hombres que se dedicaban a la miera se llamaban. La resina o pez tenía muchos usos, como por ejemplo; iluminar, enlucir barriles y tinajas, marcar las reses, calafatear embarcaciones, para hacer aguarrás, lacas, perfumes, barnices, etc.

Los  tres grandes núcleos  de la comarca absorbían la producción de toda la comarca. Así desde la edad media se instalaron pegueras y fabricas de transformación de la resina o miera en Arenas de San Pedro , Mombeltran y la Adrada, donde muchos hombres se dedicaban a este oficio a alguno paralelo. Baste decir que tan solo en Arenas de San Pedro  en el siglo XVIII, la cuarta parte de la población eran resineros, entre picadores, remasadores y cargadores. La caída de los precios de los perfumes sobre todo en la industria de los años 1.970, llevó al cierre a todas las resineras de la zona, abandonándose esta labor ancestral.

Sigamos con el ejemplo de Arenas donde trabajaban tres compañías de resineros, que recogían la miera de los montes de la jurisdicción. Cada compañía estaba compuesta por un alcalde, “y tres ayudantes o  ministros para la dirección de ellas, arreglándose a diferentes estatutos y ordenanzas que tienen ejecutoriadas y aprobadas. Cada compañía se componía de treinta y cinco resineros, que se distribuían los montes de pinar de la siguiente forma; Una compañía de treinta y cinco hombres se encargaba de los pinares de la zona de Guisando y Poyales del Hoyo. Otra segunda compañía de veintiún hombres laboraba entre el Arenal y la Parra. Y la tercera compuesta por veintinueve hombres en los pinares de El Jarrón y Cañamarejo. Sumando un total de ochenta  y cinco resineros, que tenían posibilidad de trabajar durante cuarenta y cinco días al año, trabajando a destajo.

Del mismo modo se llevaba a cabo la explotación resinera en las jurisdicciones de Mombeltran y La Adrada.

El trabajo empezaba con la selección de los pinos a resinar, “sangrándole” o escoriándole, picando los pinos con el gancho, en forma de punta de flecha, se clavaba una chapa a modo de canal que conduce la miera al tarro de barro cocido que se sujeta y clava en el tronco del pino. Luego cuando los tarros se llenan acude el remasador que vacía los tarros echando la miera a grandes garrafas metálicas, que deposita y amontona en los cargaderos o puntos donde en camiones o en caballerías se recogía la miera para llevarla hasta las fabricas resineras de la comarca o se embarcaban en camiones destinándolas a  industrias lejanas. De la resina se obtenía la pez imprescindible para el trabajo de la cerámica y del cuero, e incluso en fontanería. Los cacharros y las tinajas se barnizaban en su interior con la pez para dar mayor impermeabilidad al recipiente, del mismo modo que los pellejos y botas de cuero.

El trabajo de los resineros  daba trabajo a los alfares de la zona, sirva como ejemplo el caso de Casavieja, cuyo alfarero reconoce que uno de los mayores ingresos eran los encargos de los “tarros pa la resina”, llegando a medir la capacidad de su horno por la cantidad de tarras que cuece en una hornada. En la Adrada el alfarero aumentaba la plantilla o personal.  Los tarros para la resina se hacían por encargo en invierno.

Del pino se obtenía además madera y piñas con las que calentarse y cocinar. Manteniendo a un buen número de personas como los leñadores, serradores, madereros, arrastradores, carreteros, etc. Pero de el pino se obtenía una de las materias luminosas más utilizadas e importantes, hablo de las teas que iluminarían en las noches, las labores, oficios y  conversaciones. Tan común era su uso que había un dicho;

“Las velas son pa Dios”.

Pues el noventa por ciento de los hogares se iluminaban con candiles de grasa o aceite y con las teas. Las velas eran demasiado caras, y tan solo se usaban en ocasiones especiales. Y no es que no hubiera cera en la comarca, por el contrario la apicultura siempre gozó de gran importancia, siendo muy común la figura del apicultor y del cerero. Pero el uso generalizado de las teas hacía que muchos pinos se cayeran en el invierno al quedar “desventados” por las “muescas” del hacha. El problema se intentó  atajar creando serias ordenanzas que castigaban esta practica, dificil de erradicar.

Como dije anteriormente los pinares no se podían cortar, ni desventar para sacar teas, ni resinar, ni recoger la leña muerta, siendo las penas muy altas sin descartar la de cárcel, pero no consiguieron erradicar el problema.  Del mismo modo se ponía coto a las majadas que no podían levantarse cerca o en los pinares. Tampoco se permitía llevar “bolsas de fuego”, pues el pinar tenía y tiene un gran problema que muy bien conocen las gentes de estas tierras, el fuego. Fuegos que han desolado montes y bosques llevándose con ellos la vida de muchos paisanos. Fuegos contra los que se luchaba organizándose cuadrillas dirigidas por hombres mayores conocedores de los cambios y peligros del fuego en el monte. Cuando  un fuego asolaba los montes, todos los hombres útiles acudían por obligación a apagar el fuego. Las campanas de los templos tañían de una forma característica que todos reconocían llamándose este toque “toque de fuego”. Su función era la de avisar a todos los vecinos,  y reunirlos en las plazas para luchar contra las llamas.  En Arenas de San Pedro había una gran campana que era conocida como la “campana del fuego”, solo tocaba cuando un fuego amenazaba el monte, pudiéndose oír en el anejo pueblo de la Parra a cinco kilómetros de la torre. Campana que tristemente se vendió  a mediados del siglo XX.

La roña de los pinos se recogía y se vendía machacada a los teneros para los  diferentes procesos de curtir  los cueros. A algunos pinos les crece una rama deformada por un parásito, que recibe el nombre de “Candalomacho”, muy apreciada para hacer ganchos donde colgar las cosas en los sobraos, en los techos de los chozos  a modo de perchas, así como para colgar las cestas de mimbre de las ramas de los árboles mientras se va recogiendo a dos manos la fruta del mismo. Según la tradición esta rama la noche de San Juan baila.

En lo espeso del monte, tengo mi chozo, y una serrana guapa, y setenta chotos....
                                                                                      
Los trabajos de cestería:

Otro de los oficios temporales con honda tradición entre los habitantes de esta zona serrana,  eran los relacionados con la mimbre y la cestería en general, bien fuera de paja de centeno o de tiras de castaño. Oficio que por lo general era heredado de padres a hijos.

Los trabajos de cestería y el tratado de las fibras vegetales se remonta a la prehistoria. Se trata sin duda de un arte muy primitivo en su origen, anterior a la aparición de la cerámica o de la metalurgia, que incluye el tejido de determinadas fibras como el esparto entre otras. La abundancia de materiales fibrosos y flexibles, junto con su poco peso, fácil manejo, la necesidad de escasas herramientas y lo practico de uso como recipientes o contenedores ha traspasado los siglos y las culturas hasta nuestros días, con las lógicas evoluciones y transformaciones culturales. Empezaré por los trabajos en Mimbre:

La abundancia de mimbreras en la zona, que no son más que varas de sauce común, hace que este material fuera intensamente trabajado por los habitantes de estas tierras en las épocas de menos trabajo. Las mimbreras no se cuidaban, al ser un material muy abundante en las riberas de las gargantas y ríos de la comarca. Se cortan las ramas en el cuarto menguante lunar del mes de febrero, antes de que la savia retorne a las ramas y yemas de las varas. Esto se hacía ayudados de una navaja o cuchillo, cuando no con las manos. Una vez cortado el mimbre se lleva a casa donde será trabajado y separado por el largo y grosor de las diferentes ramas. Según el uso que se le valla a dar algunas varas se pelan quedando de color blanco, otras se cuecen  para obtener tonos  rojizos o se dejaban  sin pelar.  Este proceso, sobre todo para conseguir el color blanco y rojo en las varas, era muy delicado, y una mala helada o cambio brusco de la temperatura podía echar a perder toda la producción del año. Posteriormente se hacen gavillas con las varas cortándolas en diferentes medidas y colores. Una vez limpia la mimbre se ponía a secar en los secaderos al sol, sin que se humedeciera, pues se estropearía, quedando lista para ser trabajada.

Las herramientas que se necesitan para trabajar la mimbre son  muy simples, una navaja, abridores, punzones, un mazo, la mordaza, tijeras, cuerda y aguja. En algunas ocasiones se fabricaban instrumentos y maquinas que facilitasen el proceso de pelar las mimbres o para trenzar las varas o pajas.

Una vez seco el mimbre, se volvía a humedecer con agua de pilones donde abrevan los ganados, para devolverle flexibilidad. Para ello el mimbre humedecido se guardaba envuelto en una manta de paño húmeda, para que mantuviesen la frescura, mientras calculan el tamaño y la forma del objeto a realizar separando las varas necesarias. Todos los objetos se empiezan por el fondo, “asiento” o “culo”, con una serie impar de varas colocadas en forma de cruz y estrella, entre las que se van tejiendo otras en espiral hasta conseguir el tamaño y forma deseada. Los cestos pueden ser de dos tipos con el fondo  entero (de una sola pieza) o con el fondo exento (con dos piezas o partes que se unen mediante el tejido de las varas)..

La decoración de estos cestos suele basarse en la utilización de diferentes tonos y texturas en las varas de mimbre, trenzados, o incluso pintadas con algún que otro toque personal en tapaderas y asas que les distinguen. Aunque por lo general de los cestos y diferentes objetos de mimbre lo que se esperaba de ellos no era belleza.Los cestos y recipientes  hechos con varas sin pelar, se usaban para tareas duras, como el almacenaje de piñas, frutos, etc.  donde lo que prima es la resistencia y capacidad del recipiente, junto con su funcionalidad. También se realizaban nasas para pescar, jaulas para pájaros, gallinas o aves de corral en general cueclas, perdices, entramados para los “sequeros”, o para forrar la calabaza del vino y del agua, botellas y garrafones, o para transportar el pescado, por poner algunos ejemplos.

Los cestillos de menor tamaño servían para comederos, recoger frutos de temporada, como endrinas o setas. Algunos más decorados servían para llevar los almuerzos y meriendas, los huevos,  la costura, la ropa que había de ser llevaba remendada, etc. alargadas cestas con forma de bandejas para guardar la ropa planchada. Los cestillos para ofrecer los dulces tradicionales.

Para los trabajos agropecuarios se usaban diferentes tipos de cestos y cestas. Unos para vendimiar, otros rara recoger la aceituna, otros para las matanzas, o como los Zarzos, para secar los higos, grandes cestos para llevar la ropa a lavar al río, cestos para lavar la lana. Bien puedo decir que todas las cosas estaban  perfectamente guardadas en diferentes cestos, recipientes  y objetos hechos a tal efecto. Para algunas fiestas, ceremonias y ritos se confeccionaban cestillos especiales ricamente decorados, e incluso pintados. Como por ejemplo los cestos hechos para los ofertorios del martes de Carnaval, los cestos para llevar la cera  a los patronos locales y  los cestos donde guarda la novia su aderezo y ajuar. Pero con la mimbre no solo se hacían recipientes. Con el se elaboraban sillones, cunas,  maletas, arcas, fresqueras, mecedoras o muebles como los percheros. Algunos cesteros o mimbreros, hacían los trabajos por encargo a una clientela más o menos fija. En raras ocasiones sacaban los excedentes a vender en los mercados de la zona. Salvo en las épocas de las cosechas de frutos secos, castañas y de la vendimia. En el valle quedan aún varios hombres que trabajan la mimbre como Silvestre Sanchez de Cuevas del Valle, Pedro García de San Esteban del Valle o Cirilo Rodríguez en Arenas de San Pedro.

Otro tipo de cestero más especializado era el de los banasteros, encargados de hacer los banastos, banastas, cestos, cestas o cuévanos de tiras de castaño.  En muchos pueblos había alguna familia que trabaja y proporcionaba a la comunidad de los  banastos necesarios para sus faenas sobre todo agrícolas, al ser muy utilizados en las cosechas como la vendimia. En San Esteban de Valle aún queda el apodo de una familia de banasteros a cuyos descendientes aún se les conoce con el sobre nombre de “Los Banasteros”.

 Para trabajar las tiras de castaño eran necesarios una hoz, diferentes navajas, una cuchilla de doble mango, un punzón,  unas barras de hierro lanceadas, una silla banco o escalera y tiempo. Las tiras de madera se podían sacar no solo del castaño, también se obtenían de los sauces, robles y de los avellanos.  Como siempre que se corta una planta o árbol se ha de hacer en cuarto menguante y en enero o febrero,  de otra forma se dice que la madera se pudre o “apolilla”, perdiéndose todo el trabajo y esfuerzo.

La técnica era similar a la del mimbre, algo más simple. La mayoría de los objetos tienen una forma rectangular o cuadrada, por la poca elasticidad de las tiras. Entre las serranas eran muy apreciadas las cestas con tapa donde guardaban hilos, cintas, agujas, tijeras o como joyeros. En ocasiones tenían piezas de hierro con diversas formas florales o geométricas con los que pirogrababan finos dibujos a modo de decoración. Estos productos si se vendían en las ferias y mercados, donde acudían puntualmente los banasteros con toda la familia. Esta industria cestera de tiras de castaño, desapareció a principios del siglo XX,  trayéndose los cuévanos, cestos, y banastos actualmente del valle Ambroz, aprovechando las fiestas principales como la romería de San Pedro de Alcántara  el 19 de octubre en Arenas de San Pedro, donde siguen acudiendo los banasteros de la comarca de Bejar y el valle Ambroz.

Otro tipo de trabajo artesanal relacionado directamente con la cestería es el desempeñado por  el trenzado de la paja de centeno. En una tierra poco apta para los cultivos cerealisticos, abundan los espacios dedicados al cultivo del centeno, los centenares o centeneras.Con las cañas de centeno las mujeres se tejían gorras primorosamente decoradas por los diferentes matices y colores de la paja, decoradas con delicados y complicados trenzados o “perifollos”. Para ello se cortaban las pajas por el nudo juntándolas por los diferentes largos, grosores y matices. Luego se la mete en remojo para ablandarla y con la uña y el dedo se aplasta, para trenzarla y trabajarla, cosiendo las tiras trenzadas dando a  la vez la forma  deseada.

En  la vertiente norte las gorras se decoran con trozos de telas, lazos, cintas, y perifollos en forma de flores, mientras que en la vertiente sur, la decoración de las gorras esta impuesta exclusivamente por los tonos de las cañas y los trenzados de la mismas. En Hontanares las mozas se fabricaban unas gorras muy parecidas a las pamelas, a las que adornaban con una cinta de vivo color. Con la paja del centeno también se hacían  las pastoriles  mamparas, que les protegían en sus recorridos tras los ganados y sus desplazamientos trashumantes y trasterminantes.

En algunas fiestas tradicionales como las Pascuas en Arenas, había la costumbre de hacer grandes cadenas con la paja de centeno trenzada, a la que se iban insertando cascarones de huevo enteros y teñidos, colgándose de las calle para embellecerlas. Costumbre que se mantiene en el antiguo anejo arenense de Montesclaros, hoy villa independiente perteneciente a la provincia de Toledo. Curiosamente la villa de Montesclaros ostenta el récord Guinnes,  por ser el pueblo con “más huevos colgados de trenzas de centeno.La técnica era sencilla, se trata de hacer pequeños haces que se van cosiendo o atando con hilo de bramante, corteza de zarza, de torbisco, o de mimbre en espiral los haces. En ocasiones la paja de centeno era tratada como el lino, enriándola, tascándola, espadandola, hilándola hasta poder hacer con ella delicados encajes ayudadas por cartones a los que se sujetaban alfileres y agujas especiales.

También se hacían tupidas  esteras y prácticos capachos con este material, e incluso juguetes como muñecas o animales domésticos y silvestres. No puedo pasar por alto los trabajos artesanales realizados por los esparteros o atocheros. Una vez segado a mano el esparto se trenzaba en pleitas con las que luego se realizarían diferentes trabajos., como por ejemplo; serones y capazos para las caballerías, sogas y cuerdas, esteras, suelas para las alpargatas, espaviladeras para el fuego,  cortinas,  cestillos y cuando se rompía se deshacía y se usaba como estropajo. Otros trabajos temporales estaban relacionados con la reparación de herramientas, los trabajos artesanales relacionados como los tejidos, los útiles de pesca y caza., etc. trabajos todos ellos que realizaban en sus ratos de asueto.


A tu puerta me tienes, lirio encendido, me pondrás una venda, que vengo herido, abrela...
                                                                                 
El segundo grupo lo componen los artesanos estables:

Como decían al principio de tratar este tema, es muy dificil diferenciar la artesanía de los trabajos tradicionales, al estar íntimamente ambos íntimamente unidos.Los artesanos estables se instalaban en las villas principales de la comarca, como Arenas de San Pedro, Mombeltran, Pedro Bernardo, Poyales del Hoyo, Candeleda y la Adrada, donde abrían sus talleres y en muchos casos compaginando sus labores con otras de tipo agropecuario, imprescindibles para su subsistencia. Estos artesanos no tenían por que conocer todo el proceso de su labor. Encargándose generalmente de su proceso de elaboración y transformación final. Solían tener a su cargo uno o varios empleados, entre los que no faltaba la figura y `persona del aprendiz del oficio. Las piezas las hacían por encargo, vendiendo los excedentes. Estos artesanos eran reconocido por lo personalizado de su trabajo, que heredado de padres a  hijos.

Empezare por los trabajos de los alfareros. Los alfares y la cerámica:

Hay dos tipos de alfareros o trabajadores del barro; los alfareros locales con sus hornos y alfares de cacharros. Y los tejeros con sus hornos de adobes y ladrillos, que abastecían a las poblaciones de la comarca. Los trabajos en cerámica son seguramente, el trabajo artesanal de más amplia difusión en el mundo, siendo además una de las primeras actividades culturales realizadas por los hombres. No hay cultura humana que no haya creado su propia cerámica, influenciada por las sociedades limítrofes y por el espacio temporal en el que se desarrollan pero con identidad propia, diferencial  e irrepetible. Pudiendo seguir la historia y cultura de un pueblo desaparecido hace milenios con el simple estudio de sus restos cerámicos. La abundancia de materia prima de excelente calidad en la comarca hicieron que este tipo de industria tuviera importancia por su bajo coste. Aunque en raras ocasiones tenia repercusión fuera de los pueblos de la comarca, a la que estaban destinados como productos de autoconsumo.

El alfar se solía instalar en la planta baja de la vivienda, por razones de frescura y conservación optima del barro, recibiendo este espacio el nombre de “obrador”. En este espacio se disponen el o los tornos y las baldas donde poner los cacharros terminados para su secado. En algunos casos las piezas se ponían a secar en otra estancia aneja a el obrador. En el patio, corral o interior del obrador se disponen las artesas,  pilas y albercas para el almacenamiento y refinado del barro. El o los hornos se construían en los patios y corrales adosado a los muros de las construcciones pero siempre en el exterior, habiendo varios tipos diferentes de hornos.

En Casavieja el horno era de tipo céltico de criba  descubierto. Aparece dividido en dos cuerpos la caldera, situada en la parte inferior, y el horno en la parte superior. Entre ambas partes hay una intermedia a modo de criba, por la que circulan las llamas y el calor, pero no las cenizas e impurezas de la combustión. En Arenas de San Pedro  y Mombeltran los hornos eran de tipo ibérico cubierto, con mayor capacidad que el anterior. En la Adrada el horno es de tipología árabe. De forma esférica, muy parecido al anterior con la diferencia de que tiene mayor número de orificios para el tiro. En estos profesos solían intervenir todos los miembros de la familia como ayudantes a las ordenes del maestro alfarero. Los alfares se solían instalar dentro de las poblaciones, cerca o en las viviendas familiares. Mientras que los hornos de teja y ladrillo se construían en la afueras, e incluso lejos de las poblaciones, pero cerca de importantes vías de comunicación, que facilitasen su transporte.

Los tejares en raras ocasiones ofrecen una vivienda, siendo únicamente lugares de trabajo. Estos edificios los construía el interesado o eran heredados de sus antecesores. Constaban de un amplio casillo, o cobertizo donde almacenar las piezas y los útiles del trabajo. No muy lejos esta el “amasadero”, o pequeña era empedrada donde se molía el barro antes de empezar con el proceso de torneado. Junto al taller de amasado y corte de las piezas, adosado a uno de los muros exteriores del casillo, el o los hornos, siempre al aire libre.Los alfareros de la comarca compraban el barro en Toledo y Valencia para determinados trabajos, utilizando para las piezas tradicionales el barro local. Por ejemplo  el alfarero de Arenas de San Pedro. Jami, descendiente de los alfareros de Mombeltran, aún sigue recogiendo el barro en el paraje de los Barreros. De este barro local se obtienen dos tipos  de barro distintos. El llamado “barro magro”, de aspecto blanquecino y el “barro colorado”, más rojo por el aporte de oxido del abundante hierro de la zona. No era de extrañar que muchos de estos tejares se levantasen cerca de aquellos lugares donde abunda el barro.

Alfares importantes tuvo Arenas de San Pedro, Mombeltran, Casavieja y la Adrada entre otros. De estos alfares salían los pucheros, cántaros, tinajas, y demás neceseres imprescindibles para el uso diario. Para ello las gentes acudían a los hornos o los compraban en las ferias donde estos artesanos acudían puntualmente.  Los alfareros del valle no fueron ajenos a las modas como las influencias recibidas de la corte italiana en el siglo XV, o el furor de la porcelana y luego de la loza estampada en el siglo XVIII. Modas que no llegaron a desbancar los gustos y usos tradicionales, representados en un sin fin de pucheros, orzas,  hoyas, fuentes, platos, jarras, ensaladeras, botijos, cántaras, tazas, cuencos, entre otros. Sin olvidar los tejares y hornos para hacer, ladrillos y baldosas, cuyos restos arquitectónicos y toponimicos abundan por la geografía del valle del Tiétar.Unido a los trabajos  de la cerámica y barro esta los carreteros y leñadores que les vendían la leña y carbón necesario.En el siglo XIX, principios del XX había en el valle: En Arenas de San Pedro una alfarería donde además se hacían tinajas. Otra en Arroyo Castaño y Ramacastañas. En Mombeltran varias. También las hubo en Casavieja, Piedralaves y la Adrada. Tejerías: cuatro hornos  de ladrillo y teja en Arenas de San Pedro, en Candela un horno de ladrillo y teja, en Mombeltran una fabrica de ladrillo y teja de buena calidad, dos tejares y cuatro hornos de ladrillos. En Sotillo de la Adrada hubo una fabrica de tejas y ladrillos. Aunque hablando con los naturales recuerdan muchos tejares y hornos de los que están recogidos. Baste poner el ejemplo de Mombeltran donde en el siglo XIX, había más de 20 hornos con sus correspondientes alfareros.

Todos estos hornos se caldeaban con retamas de jara, brezo, y retama. La cual era comprada a los leñadores, que la acarreaban en carros o sobre caballerías, encareciendo el producto. También se usaron los desperdicios de las fabricas y aserraderos de la zona.Los cacharros de cerámica pintada destinados a la decoración ornamental domestica, como objetos de lujo o los usados en momentos especiales como las bodas o ceremonias más importantes,  se compraban a los ceramistas  de Talavera y  de Puente del Arzobispo, con los que nunca se pudo ni se quiso competir. Los útiles de trabajo de un alfarero eran los siguientes:

Un gran mazo con el que romper los compactos terrones de barro.
Una pica, o especie de azada rematada en punta, para extraer el barro.
Una pala para ir cargándolo.
Un harnero, cedazo  o criba, para  separar las piedrecillas del barro.
La batidera, especie de pala con la que se remueve el barro para amasarle.
Un cesto para colar el barro al pasarlo de la pila a la coladera.
El laminador, o maquina para  triturar el barro.
La espada o cuchillo curvo con el que se extraen y trabaja el barro.
La amasadora, o maquina para amasar el barro y agua una vez medidos.
El banco o mesa donde se soba manualmente  el barro.
El torno o rueda. Cuya cantidad variaba dependiendo de la producción.
El moje, o recipiente con agua donde  se humedecen los instrumentos y las manos de artesano.
La tiradera o caña, era una pieza de nogal con la que se alisaban la superficie de la pieza.
La pelleja o pañeta, era un trozo de cuero húmedo con el que se alisaba la superficie de los cacharros.
Los cordeles, o alambres con los que cortaban las piezas del bloque de barro o separaban las piezas acabadas del torno.
Un cortador, o cuchillo que hacía las mismas funciones que los cordeles.
Garrieta u horquilla, o hugonero para avivar las llamas.
Un mencál o marco, que era el molde para hacer ladrillos.
La gradilla o molde para hacer las tejas.
Un galápago o formal, molde metálico especial para dar curvatura a las tejas.
El rasero, era una tabla para quitar el barro sobrante de los moldes de ladrillos y tejas.
Un banco o mesa de madera especial para hacer los ladrillos y las tejas cómodamente.
La horca de hierro para atizar la lumbre.
Y por supuesto el buen hacer del artesano.

Proceso de elaboración del barro:

Una vez extraído el barro y transportado en caballerías o carros hasta el alfar, es depositado en el suelo del taller, donde con un gran mazo es machacado.  Molido el barro o desecho, se cribaba con un harnero, separando  el polvo más fino para añadirlo a la masa de barro cuando se soba el barro. La arcilla era separada una vez cribada según la fineza de los granos para realizar los diferentes  objetos de cerámica. Una vez molido el barro, se recoge con una  pala y se  echa en capachos para llevarlo a los pilones o pilas donde se mete en remojo para reblandecerla. Para acelerar este proceso se remueve enérgicamente con la batidera, hasta que las partículas más finas queden en la superficie y las impurezas en el fondo de la pila. Ayudados por un cubo  se va sacando  el líquido embarrado que se cuela al vertirlo en un cesto de mimbre, dejando caer el sobrante a la segunda pila llamada coladera.

La segunda pila o coladera esta por encima de la anterior, es de mayor capacidad  pero con menor profundidad. Ambas están unidas por un canal, que se puede cerrar y abrir. Una vez depositada la arcilla en la pila coladera se la deja reposar hasta que el barro se deposita en el fondo de la misma quedando el agua en la superficie.

Una vez reposado se abre el conducto o canal dejando que el agua corra hacía la pila. En el alfar de Arenas hay tres pilas. La primera para calar o humedecer el barro, la segunda para que se valla decantando y una tercera para que se oreé. Una vez reposado el barro quedaba listo para ser trabajado. Lo primero que se hacía era trabajar la masa con la espada hasta quedar espadada. Esta labor consistía en separar  el bloque de barro con una espada de madera o metálica con las que se divide la masa una y mil veces, separándola y volviéndola a unir al bloque. En este proceso se eliminaban a mano las piedrecillas e impurezas que pudieran haber quedado, y para deshacer los posibles terrones. Si el barro estaba demasiado húmedo, se tiraban pegotes o pellas, a la pared con el fin de que esta absorbiera parte de la humedad del barro.Luego, sobre una mesa o banca se amasa  el barro a mano, operación que recibe el nombre de sobar el barro. En este proceso y dependiendo los  objetos a realizar  se iba añadiendo el polvo más fino en seco que se había separado previamente, y si era necesario  agua.

Una vez sobado el barro, el alfarero sacaba un pedacito pequeño con el que hacía un cilindro llamado pella, para  ver si está la masa lista para ser trabajado o necesita sobarse más.Una vez realizada esta operación, el barro quedaba listo para pasar al torno, que tradicionalmente fue de pie. Para hacer objetos pequeños sobre el torno se trabaja un solo bloque de barro compacto.Cuando las piezas son mayores, el alfarero las realiza en dos o más partes que una vez  terminadas se unen posteriormente. Como por ejemplo para hacer las imprescindibles tinajas, y tinajones, cuyas partes que encajaban perfectamente. Para su realización se alternan dos técnicas, la del torneado y la del urdido, esta última sobre todo para la parte superior. De este modo la base o tiesto se realizaba a torno, añadiendo las diferentes proporciones posteriormente, lo que vulgarmente se llamaba “hacer labor”, trabajándola a rodillo.

Durante cualquier proceso de creación los alfareros  humedecen continuamente sus manos y los instrumento con los que trabajan, a fin de que el barro no les pegue. El barro sobrante de este proceso o gachas, se va retirando ayudados por  las tiraderas de nogal.Finaliza el proceso el pulido de la pieza con la pelleja o pañeta de cuero, prestando especial atención a las uniones de las diferentes piezas, en caso de haberlas.Una vez terminado el objeto, se despega del torno con un alambre o cuchillo, que recibe el nombre de cortador,  colocando el cacharro sobre unas baldas para orearle. ( En Mombeltran tenían la costumbre de poner un poco de aceite de oliva en el torno con el fin de que la pieza se separase con más facilidad).

Para la realización de algunos cacharros tradicionales los alfareros tenían que modelar además y a parte  diferentes piezas como  las asas, pitorros, tapaderas, bordes anti hormigas, etc. que se pegaban a la pieza cuando esta se había secado un poco. Del mismo modo que los adornos y temas decorativos. Aunque  a decir verdad  los adornos estéticos son raros y escasos, limitándose a incisiones con  afilados pedazos de madera o metálicos, con las que realizaban diferentes dibujos  con líneas geométricas, concéntricas o en  zigzag.En otras ocasiones para realizar estos dibujos impresos utilizaban un dedo o la uña, a medida que el barro se tornea.También contaban con sellos metálicos con diferentes formas, entre las que abundan los temas florales, astrales, y las cruces, que se estampaban sobre la superficie del cacharro cuando estaba aún fresco. En Mombeltran  determinados  objetos como los cántaros de novia se les ponía una rosa realizada a parte  con un pequeño molde de madera.A estas formas tradicionales de decoración hay que añadir las nuevas introducidas por los artesanos actuales.

Una vez terminado el cacharro quedaba listo para pasar al siguiente paso, la delicada cocción en el horno.En los hornos de tipo céltico, se colocan primeramente los cacharros de mayores dimensiones, colocando los de menor tamaño sobre estos, y por último se colocan los objetos vidriados. Poniendo las piezas huecas boca abajo. Todo esto se recubre con una capa de cascotes y trozos de cacharros rotos, como de tejas y ladrillos, dejando libre los tiros o  brameras. Espacio por el que el alfarero puede vigilar este delicado proceso.Una vez colocados los cacharros, se ponía el combustible y se encendía el horno, que cocería los cacharros durante unas cinco horas, en las que no se para de avivar el fuego, más el triple de tiempo  que tardaban  en enfriarse. El horno céltico de Casavieja cocía una vez al mes, siendo el tiempo de la resina cuando más cocía, por la necesidad de hacer tarros o tiestos para recoger la miera o resina.

Los hornos de tipo ibérico de mayor capacidad que los anteriores, eran los mejores para  cocer piezas de gran tamaño como las tinajas.  El proceso de colocación de los cacharros es igual que en el caso anterior. Para cocer las tinajas, se las apoyaba sobre tres pies o ladrillos, para que el calor no las rajase. Controlaban el proceso introduciendo  una vara metálica con un pedazo de corcho en la punta que ardía gracias a las altísimas temperaturas que cogían los hornos, sin provocar demasiado humo y proporcionando bastante luz. El tiempo de cocción varia según las piezas, siendo lo más común un mínimo de ocho horas en Arenas, en Mombeltran duraba unas 24 horas, contando el tiempo de enfriado.

El horno árabe de la Adrada funciona del mismo modo que en los casos anteriores. Siendo muy idóneo para cocer piezas vidriadas con barnices plumbiferos, los más tradicional y los esmaltes estanníferos, con una duración de cocción de seis horas sin contar el enfriado del horno y de las piezas. El proceso de vidriado en Casaviejas y la Adrada se realiza por inmersión del cacharro, quedando barnizado su interior y parte del exterior. Este proceso recibe el nombre de encochado, bizcochado o  conchabado. Esta proceso en la Adrada  se lleva a cabo realizando una segunda cocción, que encarece  el producto. Actualmente también en Arenas  se usa la técnica del esmaltado estannífero, recibiendo estas piezas las dos cocciones de rigor, la primera  para bizcochar la pieza y la segunda que barniza y decora la pieza con diferentes motivos y tonalidades.Las piezas más tradicionales son;

Diferentes tipos de pucheros, cazuelas vidriados y sin vidriar. Orzas, hoyas, fuentes, botijos, cántaras y cántaros, barreños, barreñones, jarras, tazas, platos, cuencos, “pericos” u orinales, bacinicas, palanganas, tinajas de diferentes capacidades y usos, tarras y tarros, saleros, especiéros, cajas, paperos para los bebes, zambombas, etc.

Muchas son las coplas y canciones que hablan de estas labores y su sentido, sirvan las siguientes como ejemplo ilustrativo de todo lo dicho anteriormente:

Cantarillo no te rompas, que se te saldría el agua.
                                              Y con el cántaro roto, no puedo volver a casa.

Amor mío, amor mío, solo por verte.
                                               Vierto el cántaro de agua, y vuelvo a la fuente.
¡Hay madre que me lo han roto!. Hija no digas el qué.
                                         El cantarillo en la fuente, ¿ qué coños pensaba usted?.

                                                        Tres días de casada, puso la hoya.
                                                     Con aceite y vinagre, y una cebolla.

A comprar un pucherete, fui a una pucheretería.
Me dijo el pucheretero, que pucheretes no había.
En Arenas el buen vino, y en la Villa ( de Mombeltran) los cacharros,
En Guisando los cabreros, el Paño en Pedro Bernardo.

Al entrar en Casavieja, lo primerito que ves.
Los pucheros de Remigio, y una torre a medio hacer.
En la calle de los Hornos, donde vive mi serrana.
Que no la hay tan bonita, parece de porcelana.
La loza fregué en el cauce, la corriente rompió un plato.
Mi madre que hizo el recuento, otro me partió  a este lado.

Elaboración de tejas y ladrillos:

Una vez acarreado el barro desde la cantera hasta la tejería, ayudados por capachos o carretillas se va llevando a la pila. Allí se vierte junto con agua en cantidad para humedecerle y deshacerle, para ello se ayudan  con palas y azadas con las que le remueve la masa enérgicamente.

Al día siguiente un hombre descalzo y remangado hasta las rodillas, con un caballo o caballería se introducían en la pila y pisaban el barro para amasarlo durante varias horas. En ocasiones el barro se espadaba como en el caso de la cerámica de los alfares, para separar las impurezas deshaciendo los posibles grumos o terrones. Una vez terminada esta operación, el barro se  cubre con una capa de tierra o se lleva al interior del cobertizo o taller, para que no pierda humedad. Tanto para hacer las tejas como para hacer los ladrillos, se utilizaba la era, bien limpia y nivelada.  Allí se llevan los moldes de madera que previamente se humedecen y se rebozan en arena para evitar que la masa se pegue a las paredes de los moldes.

Se coloca el molde sobre la era y se rellena de barro que se aprieta bien, pasándole el rasero para quitar  el barro sobrante y nivelar el objeto moldeado. A continuación se quita el molde y se deja secar al sol. Tanto los ladrillos como las tejas tradicionales  que salían de las tejerías y fabricas de ladrillos eran los de tipo árabe. Para la elaboración de las tejas se usaba una mesa especial  sobre la que se colocaba el barro, los útiles e instrumentos necesarios y un montón de arena o polvo.  En este oficio trabajaban dos personas, el maestro que llena la gradilla o molde para hacer las tejas y corta con el rasero la teja para alisarla pasando a manos del ayudante o  curvero que da la forma curva a la teja colocándola sobre el galápago y sobándola con las manos. (Los moldes como en el caso de la alfarería cerámica se humedecían y se espolvoreaban con polvo o arena para impedir que el barro se pegase a las paredes de los moldes.)

Luego a la teja se la “bañaba” para alisar y pulir su superficie y separarla mejor del molde o galápago.Una vez curvada y sacada la teja del galápago se la llevaba a secar u orear al sol, con cuidado de que no perdieran curvatura. Para orear las tejas había dos formas de colocarlas una directamente sobre el suelo o apoyadas por  su parte cóncava  interior,  en pie sujetando una con otra, como si de dos cartas del naipe se tratase.  Este proceso de secado duraba  uno o dos días, quedando listas para ser cocidas en el horno.Las tejas y ladrillos se solían cocer en hornos célticos con criba descubierta, al que se le añade una puerta para poder acceder al interior con mayor comodidad a la hora de colocar y retirar tanto las piezas, como los rescoldos.

Primero se colocan los ladrillos de canto y separados, para permitir que el calor circule por toda su superficie. Sobre los ladrillos se colocan las tejas de igual forma que los ladrillos. Mientras dura el proceso de cocción  el horno queda abierto por su parte superior. La cocción tarda unas catorce o quince horas. Una vez terminado el proceso     de cocción y sacados los rescoldos del interior del horno este se cerraba en su parte superior, tardando dos o tres en días en enfriarse y poder sacar las piezas de su interior.

Una vez sacadas las piezas se apilan en hiladas superpuestas hasta el momento de su venta y transporte definitivo. En un tejar se podían cocer unas 8.000 tejas e incluso más, de una sola hornada o cocción. En las fabricas de ladrillos y tejares también se hacían adobes. El proceso es mucho más simple, el barro sin apenas limpiarle o depurarle se mezcla con paja de cereal desmenuzada y agua, que es pisado o removido con una pala o azada, amasándolo durante horas. Una vez amasado el adobe se colocaba sobre los moldes de madera, del mismo modo que con los ladrillos árabes,  se enrrasa la superficie, se quita el molde y se deja secar al sol, quedando listo para los diferentes trabajos arquitectónicos tradicionales.

En el valle del Tiétar debido a su alta pluviosidad, hace que el adobe no halla sido  un material muy utilizado, usándole en pocas ocasiones en la fabricación de mamposterías exteriores e interiores o para levantar las tapias de algunos corrales. Una de las piezas más curiosas hechas en barro eran las copas  para guisar del Barranco.Estas copas de barro que tenían la forma de un gran cáliz de un metro de alto  y 90 centímetros de diámetro se colocaba en verano bajo la campana de la chimenea para guisar, provocando el menor calor y humo  posible. En invierno estas copas se retiraban guardándolas en los sobraos. Para mayor comodidad eran huecas y una vez instaladas se rellenaban con arena o piedras para inmovilizarlas. (En el resto de los pueblos de la comarca las mujeres en verano guisaban en el huerto de la casa o  fuera en la calle, en fogones comunitarios o particulares, hechos a tal efecto).

También de barro se hacían los arrimadores para arrimar y valga la redundancia los pucheros a la lumbre, tiestos y maceteros para colgar, etc.Uno de los últimos alfareros de Mombeltran fue D. Enrique Gómez Carballo, soltero y sin continuadores. Aprendió el oficio como todos los artesanos de la zona, de su padre. Trabajaba con el barro de la zona del Barranco de las Cinco Villas, alternando su oficio con labores agrícolas.Curiosamente un primo suyo D. Juan Francisco Gómez Miranda, “Jami” para los amigos, alfarero como él, se instaló en Arenas de San Pedro donde aún hoy en día vive mantenido por su alfar y el prestigio de su buen hacer. Este alfarero ha incorporado nuevas técnicas, adquiriendo sus piezas gran prestigio, personalidad y estilo propio. Su hijo Juan Jesús, sigue el oficio de la familia incorporando la cerámica estannífera como dije anteriormente, para lo que contrató a una pintora profesional de la escuela Talaverana, de la que aprendió la técnica del decorado. No obstante no han  olvidado las formas de los cacharros  tradicionales.

En la Adrada actualmente trabajan los hermanos alfareros Demetrio (con su esposa Dña. Yedra Manzano) y Andrés Ortega Baena, que aprendieron el oficio de su padre, en Alcorcón donde ejercía de alfarero. Uno de los hijos de Andrés, Juan Carlos el mayor, esta dispuesto a continuar con el oficio familiar.Por último hacer un breve y merecido comentario al último cacharrero de Casavieja, de merecida y conocida reputación en todo el Valle del Tiétar, D. Remigio Alvarez, hijo de Saturnino Alvarez, natural de Talavera de la Reina, desde donde se desplazaron a Sartajada donde aprendieron el oficio de su padre tanto Remigio como su hermano Bernardo. Poco antes de la guerra civil se instalaron en Casavieja, donde se establecieron definitivamente. Tuvieron que cerrar el horno al no conseguir que ningún descendiente se hiciera cargo del negocio, por la escasa rentabilidad del mismo. Curiosamente hoy hay un alfar, abierto por un hijo del pueblo Antonio López, que estudio el oficio en Madrid, limitándose sus piezas a temas creativos y decorativos contemporaneos.

Por el arco del puente, la vi subir, por el arco del puente la vi bajar, la más bella serrana, de este lugar
                                                                                    
Otros trabajos tradicionales más o menos estables eran los relacionados con la piedra y la metalurgia.

La abundancia y  explotación de minerales tanto  en la superficie  como en el interior de esta tierra, esta documentada desde tiempos protocelticos, cuando habitaban esta comarca el pueblo Vetton. Abundan restos arqueológicos como estelas, dólmenes, menhires, altares, pilas, viviendas, herramientas, objetos de lujo y ostentación, que avalan el uso de los minerales y los metales desde  hace más de cinco mil años.Por toda la comarca abundan las minas de hierro, cobre, plata, cuarzo así como las canteras para cortar la abundante y dura piedra granítica.

Durante la edad media  surgen poderosos gremios de canteros, que recorren toda la geografía construyendo iglesias, castillos, puentes, murallas, y edificios principales.Aunque el valle en su transcurso histórico, ha recibido la influencia de canteros, franceses, portugueses, gallegos y vascos entre otros, se puede hablar de una cultura propia y personal, por  el uso y manejo que hacen  de la piedra. El trabajo de los canteros locales rara vez era conocido fuera de la comarca, limitándose a  abastecer los pueblos limítrofes.  En todos los casos su trabajo de la piedra estaba unido al de la construcción., pudiéndoles definir como canteros constructores, pues ellos mismos solían colocar las piedras que componen los diferentes tipos de construcciones tradicionales.

Las canteras se ubicaban  en lugares donde abundara el material  y con buena disposición para sacar y mover las piedras. La mayoría de las canteras se abren a cielo abierto, y se eligen piedras de granito con el grano muy fino y con abundante cuarzo.Una vez desbrozada el área de la cantera, limpiándola de tierra, ramas y arbustos, se levanta un guango o cobertizo con cuatro postes y techumbre de retamas, para protegerles de las inclemencias meteorológicas y que actuaría como taller, donde colocar los bloques de granito, calzados de una forma estable y cómoda para ser trabajados.La extracción de la piedra se lleva a cabo de forma escalonada  de arriba hacia abajo y de fuera a dentro, formando terrazas o escalones. Para partir las piedras se valían de las grietas y partes blandas de la misma, por donde empezaban a trabajarla. En esas grietas se incrustan ls cuñas de madera, hierro  o de acero. En el caso de las cuñas de madera estas se mojaban una vez incrustadas, para que al ensanchar reventaran la piedra sin esfuerzo. En cuanto a las cuñas metálicas se golpeaban alternativamente con la maza o mazo hasta separar los bloques.Para sacar los bloques se tenía en cuenta la caída natural de los mismos, preparando el terreno donde a de caer o  desprenderse, para que no se rompieran y poder manejarlos con mayor comodidad. Para manejar los bloques se usaban barras de hierros.

Los canteros locales coinciden al afirmar que las piedras tienen tres partes por donde romperse. Una, la mejor, por  “la ley” (siguiendo un plano horizontal, de este a este), otra más dura llamada “el tronce”  (siguiendo un plano vertical, de norte a sur), y por último y la peor de las tres llamada “la contra”, ( siguiendo un plano vertical-perpendicular llamado “al tronce”). Antes de acuñar o trabajar  las piedras, a estas se las marca con cal o un trozo de barro cocido de una teja o ladrillo. Una vez pintada la piedra se le hace una serie de agujeros a golpe de puntero y maceta, donde posteriormente  ese clavaran las cuñas, siguiendo la línea dibujada anteriormente, dependiendo la cantidad, grosor y largo de las cuñas de las piezas que se quieran conseguir de la cantera.

Las cuñas se van golpeando alternativamente sin permitir que ninguna llegue hasta el fondo, pues de este modo la pieza puede romperse por un exceso de presión.  Una vez  desgarrada la piedra se la retira con fuertes barras de hierro, que actúan como palancas.Lo primero que se hace a los bloques de piedra es debastarlos, observando la dirección natural de la veta, ya que los golpes han de darse  en la dirección oblicua de la misma.Luego dependiendo del uso al que estaban destinados se trabajan de diferentes formas. Una vez terminada la pieza se apilaba en “la plaza” o amplio espacio en el que tanto carros como camiones pueden maniobrar con comodidad a la hora de sacar el material tras su venta.

Herramientas tradicionales de cantería:

Las mencionadas cuñas, la maceta, puntero, bujarda, cincel, escoda, escafilador,  martillos, gubías, mazos y mazas, la uñeta (cincel especifico), escuadras, falsa escuadra, compás, cuerdas y sogas, plantillas sobre placas de cinc, pintura roja llamada magrera. Principales piezas tradicionales de cantería.

Piedras sillares para la construcción de casas, muros, eras, hornos, puentes, fuentes, edificios públicos y privados, poyos, jambas, dinteles, bordillos, adoquines, columnas, basas, capiteles, chimeneas, ruedas de molinos, pilas, pilones, fregaderos, talanqueras o agujas, herraderos, brocales de pozos, y algunos elementos decorativos como boliches, bolas, barandillas, ciratas, tajones, cotanos, cerrillos, mojones, majanos, hitos, cruceros, cruces, lapidas,  prensas de vino

Otro grupo de trabajos artesanales con honda tradición en el valle, son las artes relacionadas con la metalurgia. No es extraño en una comarca rica en minerales (especialmente sílex, hierro, cobre, cal, y diferentes cuarzos) donde abundan los afloramientos graníticos de muy diferentes calidades). Minas de hierro, plata, cal y cobre están documentadas desde tiempos prerromanos. Como lo avalan los hornos, crisoles y minas cercanas al asentamiento celta del Raso, entre otros. A partir del siglo XIII, la explotación de minerales en minas al aire libre o en galerías subterráneas se generaliza adquiriendo gran relevancia, llegando a conocerse  a toda la comarca con el nombre de “las Ferrerías”, por la abundancia de este mineral, que se explotaba a pie de mina. De ahí los grandes amontonamientos o escoriales como los existentes en los Llanos de Arenas de San Pedro, cerca de las cuevas de Castañarejo y Culicagao, llegando a formar falsas montañas.

Durante toda la edad media se instalan en las grandes villas como Arenas, Candeleda, Mombeltran y la Adrada, fabricas para batir el cobre y martinetes, produciendo todo tipo de útiles y objetos, domésticos, agrícolas, ganaderos, ornamentales, religiosos, etc. que se mantuvieron en pie hasta principios  del siglo XIX. Arenas de San Pedro, la Adrada y Mombeltran tenían buenas fabricas donde se batía el cobre con el que se hacían infinidad de útiles muchos de ellos destinados a la ornamentación de los hogares tradicionales. Sin dura  el oficio artesanal más representativo es el del herrero y las fraguas.

El herrero:
Los herreros tenían sus talleres donde trabajan dentro de los pueblos, en lugares y plazas céntricas.  Este espacio se le conocía tradicionalmente como “la fragua”. La fragua es propiamente dicho, el lugar donde se funde y calienta el metal  con fuego, aunque todo el taller recibía ese nombre. En el mismo lugar no lejos de la fragua solía estar el yunque, una pila con agua, y colgadas por las paredes las herramientas necesarias para ejecutar su labor. Una parte de esta habitación se destinaba para almacenar metal y trabajos terminados.

El hierro o metal lo compraban en los mercados, o lo reciclaban fundiendo pedazos inservibles de chatarra. El metal que más usaban era el hierro duro, para hacer herramientas muy resistentes, como las rejas de los arados,  y el  hierro blando para  hacer objetos de menor tamaño y resistencia.Las herramientas del herrero son las siguientes:

Punzones.  Cortafríos. Cinceles,  el tornillo para  doblar las barras de hierro. Limas. Instrumentos para medir, como reglas, etc. Diferentes tipos de tenazas rectas y curvas;  para cortar las pleiteas. Para sujetar las varillas redondas.  Para hacer ojos a diferentes objetos como las hachas.  Punteras.  Un mazo o macho  grande para golpear las piezas. Una tajaera para cortar el metal. Un martillo de peña para hacer formas curvas. Un estajador con sendos extremos planos. Una estampa para hacer orificios, acabado su extremo inferior en afilada punta. Un mandil de cuero para protegerse de las chispas. Uno o varios fuelles. Un granate similar a la estampa pero con  un extremo redondeado. Y por último, diferentes tipos de martillos. Sin excluir alguna que otra herramienta creada personalmente por algún herrero, para determinados usos.

Proceso de elaboración:

Se coge un trozo de metal con las tenazas y se le coloca en la fragua sobre la tobera o tiro por donde entra el aire del fuelle, (donde más calor se produce). Cuando el pedazo de metal adquiere la temperatura deseada se saca con el ”sombrero” o pedazo de paño o cuero, que protege la mano de posibles quemaduras. Hacto seguido se pone sobre el yunque, donde se le golpea con el martillo, dándole la forma deseada. Sumergiendo la pieza en agua de vez en cuando y volviéndola a calentar y golpear repetidas veces. Una vez conseguida la forma pretendida, se sumerge en agua fría para endurecer la pieza, tomando el hierro tonalidades blancogrisaceas.

Cuando los objetos están formados por varias partes están se unen siguiendo diferentes técnicas. Dos de las más usuales son los remaches y la “calda”. Esta última técnica consistía en calentar las piezas hasta la incandescencia, luego eran unidas, añadiendo polo y tierra. Para templar el hierro en la fabricación de herramientas muy duras, como pudiera ser un pico,  el metal se calentaba hasta  ponerlo “al rojo vivo”, luego se sumergía en agua y se pasaba por su superficie un cuerno. Al pasar el cuerno descubrían que partes estaban calientes y cuales no, pues el cuerno se deslizaba mejor sobre las partes calientes, metiéndolas en agua para conseguir enfriarlas.Cuando tenían que reparar algunas piezas rotas, metían en la fragua la pieza a reparar y el trozo a soldar hasta que ambos estuvieran incandescentes, pasando rápidamente al yunque donde ambas partes eran unidas.

Una vez terminada la pieza, se la decoraba  con líneas incisas, motivos geométricos, o letreros de su constructor o destinatario. Todos estos motivos decorativos se hacían en frío, lo que precisaba de una gran especialización y profesionalidad.De las fraguas de los talleres salían los útiles y herramientas necesarios para el uso doméstico, agrícola, ganadero, laboral, arquitectónico, etc.Junto al oficio de herrero estaba el de herradero. En muchos casos los herreros y herradores eran las mismas personas. Con la única diferencia  que los herradores además de saber las herraduras y clavos, sabían ponérselos a los animales, además de cortar y arreglar las pezuñas de las caballerías. En ocasiones  hubo herradores que compraban las herraduras, dedicándose únicamente a ponérselas al ganado. Para ello necesitaban las siguientes herramientas adicionales:

Una rompedera muy afilada.
Un mazo o machota para golpear.
La tajadera para cortar y limpiar  los cascos.
Unas tenazas de forjar.
Dos martillos, uno para doblar el metal y otro de estampar.
También hacían y ponían los callos (herraduras especiales) para los bueyes.

En ambos casos  se necesitaba la ayuda de dos personas, una que sujetaba y otra que golpeaba, alternándose cada cierto tiempo, pues todo este proceso se realizaba en frío lo que hacia muy duro el trabajo para una sola persona. Esta pieza se colocaba sobre la rompedera del yunque, sobre la que se iba dando la forma curva a las herraduras y callos. Luego se coloca sobre las llamas de la fragua donde se calienta. A continuación ayudados por unas tenazas, se saca la pieza del fuego y se coloca sobre “el cuerno derecho”  cónico del yunque, donde se le termina de dar forma. Cosa que se consigue golpeando, calentando y enfriando el metal varias veces. Una vez dada la forma se le hacen los agujeros con la ayuda de un martillo y un punzón.En el caso de los callos para los bueyes, se solían hacer  con laminas más finas y agujeros para los clavos eran más pequeños que en el caso de las herraduras para las caballerias.

Otros oficios relacionados con los trabajos metalúrgicos fueron: los fabricantes de carros o carreteros, los caldereros. Hojalateros, forjadores, orfebres, plateros y joyeros. Que entre todos abastecían de clavos, azadas, picos, palas, hachas, sierras, cubos, barreños, cuchillos, sartenes, calderillos, morillos, farolillos y candiles, cobras, potes, calderos, trébedes, arrimadores, calienta camas o “calientapeos”, tapaderas de pucheros, braseros, moldes para hacer dulces y onzas de chocolate, cántaras para la resina, hierros para marcar el ganado, hebillas, alambiques, collares para los perros, rejas, llaves, bocallaves, llamadores y aldabas, ganchos, cencerros, hierros para marcar, yerros o triángulo (instrumento tradicional), y un larguisimo etc.Actualmente muchas de las fraguas tradicionales se han cerrado al jubilarse sus artesanos. Pero aún quedan algunas fraguas que realizan estupendos trabajos de forja en Arenas de San Pedro y la Adrada.

"... no ha habido compostura, no la ha podido haber. que ha venido el herrero, a prenderla otra vez..."
                                                                              
Daniel F. Peces Ayuso, Arenas de San Pedro a 24 de septiembre de 2.003.

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