lunes, 16 de mayo de 2011

Daniel Peces Ayuso. El Arabel -Rabel- en la comarca de Arenas de San Pedro.

Arrabé hecho por mi buen amigo Roberto "Saña", uno de los mejores y más auténticos de
cuantos artesanos he conocido en estas tierras que medieron el ser. El señor Roberto hace
los arrables tradicionales del Valle del Tierar. Con madera de "pino podrido" que él cura o
sana para que el isntrumento pese lo mínimo sosible.... Roberto hace del mismo modo las
tradicionales y poco usuales zambombas y panederetas cuadradas...



    EL ARRABÉ, O EL

RABEL EN LA

COMARCA DE

ARENAS DE SAN

 PEDRO, GREDOS.

Sin dudas es uno de los instrumentos pastoriles
tradicionales de más honda tradición oral de y en estas tierras. En Arenas aún recuerda la tradición oral viva al "Tío Pablo Rabel", nuestro último, querido y respetado rabelero. Pablo era uno de los dos - o tres cabreros- y porqueros de la ciudad, junto con el Tío Topamí. Cada mañana recogía las cabras o los cerdos de los vecinos de Arenas en la Plza. del Castillo o en la de los Mayorales –hoy de José Antonio- llevándolas a pacer al son de su vetusto rabel, mientras entonaba canciones que hablaban de la dura vida pastoril. El Tío Pablo, como la mayoría de los rabeleros de la comarca, tenía tanta afición a este instrumento como al buen vino de estas tierras. Siendo las tabernas y mesones los lugares preferidos para compartir su arte, a cambio de las invitaciones de los clientes o alguna perrilla cuando se le contrataba para rondar a algun particular o en las rondas de los Quintos y del Carnaval… El tío Pablo Rabel, nos dejó en la década de los cuarenta del siglo pasado, dejando entre todos los que tuvieron el honor de conocerle en vida, un imborrable recuerdo y admiración. Así como un puñado de coplillas y canciones de sus Rabeladas. Como esta rabelada del Tío Pablo Rabel, recuperada gracias a la memoria de mi padre, el cual los aprendió escuchándole multitud de veces en los establecimientos hosteleros que mis antepasados tenían en nuestra ciudad de Arenas de San Pedro. Sirvan pues estas palabras como merecido homenaje a este entrañable hombre que forma parte integral de nuestro acerbo folclórico, histórico y cultural.

Si quieres que te cante, buenos cantares,
Úntame con buen vino, los paladares.

Con este arrabelillo perdí las cabras. Con este arrabelillo volví a encontrailas.
Con este arrabelillo perdí el marrano. Con este arrabelillo volví a encontraiyo.

Andaba la Elisea, con cagalera.
Cagando en un rebollo, de la Canchuela.

Este es el estribillo de la tía Juana. Bragueta que echa el ojo lleva a la cama.
Este es el estribillo de la tía Kica, que ella sola se arrasca onde la pica.

Como soy rabelero, penas no llevo.
Que llevo en vez de sangre, vino del bueno.

Con este arrabelillo, con este arrabel. Con este arrabelillo gano pa bebel.
Como no tengo hijos, tampoco mujer, todo lo que me saque es para beber.

Vamos, vamos, al Rondón, tu cantarás a tu dama,
que yo cantaré a mi amor. Vamos, vamos y al rondón.

Y ahora sí, y ahora sí y ahora y luego. Y ahora si que te quiero salero.
Y ahora sí, y ahora sí y ahora y siempre. Y ahora si que doy gusto al quererte.
Y aquella morena que va por ahí, la digo que venga y no quiere venir.
Y no quiere venir, y no quiere pasar, aquella morena que por la calle va.
Que por la calle va, que por la calle fue, y aquella morena, mi mujer ha de ser.
Mi mujer ha de ser, mi mujer lo será. Y aquella morena que por la calle va.
Toma serrana, como en Guisando, lo meten duro y lo sacan blanco.
Aire no hace, gente no cruza, quién cojones me arrempuja.

Romance del testamento del buen pastor.

Por aquella sierra alante, un triste pastol venía.
Y en la su mano derecha, traía una mortal hería.
Y al detrás de la alta sierra, el pastolcillo decía.
Con Dios, con Dios mis ovejas, erais lo que más quería.
Sos busquen un pastol nuevo, que os de mejhol pastoría.
Sos lleve a las altas cumbres, a bebel del agua fría.
Sos baje a los veldes praos, y a comel yelba floria.
Y en una cama de campo, anda el pastol a la muerte.
En cama de campo nace, y en cama de campo muere.
Tan estrecha era la cama, que regolvelse no puede.
Y para podelse estar, un pie sobre el otro tiene.
Y hacer testamentu intenta, y hacer testamentu quiere.
Llamen, llamen a San Juan, que quiere que esté presente.
Y un escribano de pluma, pa que el testamentu urdene.
Ya se apresentó San Juan, y el escribano ya viene.
Cojan tinta de mi sangre, y escriban en los papeleh.
La cabeza es de mi padre, que quien la otorga y la tiene.
Y el corazón pa mi madre, pa que con él se consuele.
Los perros de mis ganados, mis hermanos se los lleven,
Y el zurrón con las cucharas, la zamarra y la trébede.
La cinta de mi sombrero, la de los ramitos verdes.
Pa mi hermana la menol, pa que sus trenzaos asujete.
El potro y la yegua torda, que mi novia se los quede,
Pa cuando cruce la sierra, no valla pisando nieve.
El resto mando a la sierra, y a lo más alto me intierren.
Y en días mu señalaos, me hagan bailes las mujeres.
Filme, filme el escribano, y San Juan lo propio hiciere.
Y al cogel la última gota, el pastolcillo se muere.

Romance de la loba parda.

Yendo un pastor por la sierra, guardando la su piara,
repicando su pandero, cantando una rabelada,
Las cabrillas altas iban, la luna ya rebajada,
Mal barruntan las ovejas, mal barruntan que algo pasa.
Vio de venir siete lobos, y en medio a la loba parda,
y venían echando a suertes, a ver a quien le tocaba.
Le tocó a la loba vieja, patituerta y jorobada.
dio tres vueltas a la red, y no pudo sacar nada,
a la otra vuelta que dio saco la borrega blanca.
Que era hija de la churra, nieta de la cuernivana,
la que tenían mis amos, para el domingo de Pascua.
Aquí mis siete cachorros, aquí perra Trujillana,
aquí perro de los hierros, corred a la loba parda.
Si no me la bien cobráis comeréis de mi cayada,
y si me la bien cobráis, cenareis leche y hogaza.
Siete leguas la corrieron, por una sierra muy alta,
y otras siete leguas más, por tierras abarbechadas.
Al subir un arroyito, la loba ya iba cansada.
Por Dios te pido pastor, si me das la tu palabra,
si me libras de los perros, yo me voy pa la quebrada,
y de allí no he de salir, viviré entre las montañas.
Tomad perros la borrega, sana y salva como estaba.
No queremos la borrega, de tu boca lobeada,
no queremos la borrega, sino a ti lobita parda.
Tus patas para percheros, tu piel para una zamarra,
tu cabeza pa un zurrón, para guardar las cucharas,
Tus tripas pa la vihuela, para que bailen las damas,
tu cola pa un abanico, para la hija del ama.
Tus dientes para cuchillos, tus colmillos pa navajas,
y tus muelas para la vieja, pa que roiga las castañas.
Y tu culo pa un salero, para las recién casadas.

Naranjita chinita. Rabelada amorosa.

Naranjita chinita, con el agua de la nieve.
Y esa el la limoná, de la que mi amor bebe.

Para que me engañaste, diciendo que me aguardabas.
Y a la luna de enero, y a la corriente del agua.

Para que me engañaste, diciendo que me querías.
Y a la luna de enero, no le has de decir mentiras.

A la luna de enero, serrana yo te comparo.
Que no hay luna más bella, serrana en todo el año.

A la luna de enero, serrana le falta un día.
Y a ti te falta menos, serrana para ser mía.

Y a la luna de enero, serrana yo te esperaba.
A la orilla del río, y a la corriente del agua.

Rabelada satírica.

En Candeleda en cura, pone el cepillo,
pa jugalse a las cartas, los calzoncillos.

El cura de Poyales, tiene almorranas,
de sentarse en el poyo, con la tía Juana.

Al cura de Guisando, le falta un huevo,
y el otro que le queda, lo tiene güero.

El cura de la Villa, y el de la Higuera,
se jugaron los huevos, a la rayuela.

El cura del Hornillo, tiene un chiquillo,
que lo hizo dando golpes, con su martillo

El cura de las Cuevas, es un buen galán,
tiene un ojo en Italia, y otro en Portugal.

El cura de la Parra, y el de El Arenal,
Como son buenos padres, tienen familia.

La barriga del cura, de Villarejo,
pesa catorce arrobas, sin el bondejo.

El cura de Arenitas, se tiró un peo.
enjalbegó la iglesia, por fuera y dentro.

Retaílas de los pueblos de la comarca:

La sobrina del cura, de Navahondilla,
gasta una ristra de ajos, por gargantilla.
Los de Escaramujosa, no tienen cosa.
Y los de Sotillo, tienen poquillo.
Y los de la Adrada, no tienen nada.
Y los de Piedralaves, cualquiera sabe.

En Ramacastañas, paga y marcha.
Navalcan y Parrillas dejalos a las orillas.
Y en Velada, ná de nada.
En Hontanares no te pares.
En Montesclaros un rato.
En Segurilla, una horilla.
Y así llegarás a Talavera.
ande cada cacharro encuentra su tapaera.
Rabelada de Pedro el Mulero.

Pedro es un buen mulero, tiene buena mujer,
le manda con las mulas, cuando tiene que hacer.
Apenas se levanta, llega el amo al lugar,
Pedro saca las mulas, llévalas a abrevar.
Ha venido el Sr. cura, la vino a confesar,
Pedro saca las mulas, otra vez a abrevar.
Ahora es el boticario, la viene a recetar,
saca las mulas lejos, y hártalas de cebá.
Detrás viene el herrero, la quiere pretender,
lleva las mulas Pedro, otra vez a beber.
No tienen composturas, no la pueden tener,
que vuelven todos juntos, a prenderla otra vez.
Pedro mira a su esposa, con cara de asustao,
Si esta y igual que las mulas, y el agua no ha probao.
Pedro es un buen mulero, siempre viene o va,
las pobrecillas mulas, van a morir ahogás.

El rabel  origen y particularidades en la Jurisdicción arenense.

La palabra rabel tiene su origen etimológico en el vocablo hispano árabe, rabâb: que significa “resonar”. Así la tradución literal del "el rabel" sería "el que resuena"... Sin embargo dicho instrumento ya era conocido desde el año cinco mil antes de Cristo entre los Sumerios, el antiguo Egipto y algunos pueblos caucásicos. Estos últimos le llamaban “fandir o feandir”, palabra que al entrar en contacto con los reinos altomedievales de Europa se transformó en “fidle o fidula”, instrumentos junto a los rabeles, que son las abuelas de  las violas y violines actuales. En España fue introducido por los hebreos y árabes entre los siglos X y XI de nuestra era. Estos rabeles medievales estaban ricamente labrados en maderas finas, marfil, hueso e incluso metales preciosos… y decorados con artísticas labores con formas florales, zoomórficas o geométricas. Durante todo este tiempo los rables fueron considerados instrumentos cultos, tocados por músicos profesionales. e imprescindibles en las principales fiestas en las casas nobles, he incluso en la liturgia católica...

Los rabeles medievales solían medir medio metro de largo, por veinte centímetros de ancho aproximadamente. Así parece representado en un sin fin de obras artísticas pictóricas o escultóricas, como las tallas románicas inbuidas en los pórticos de los templos románicos,, incluido el de la Gloria en Santiago de Compostela... o el que aparece detalladamente pintado en la lámina 117 de las cantigas de Alfonso X en el siglo XII. Sin olvidar las abundantes referencias literarias y bibliográficas, desde el siglo X hasta el siglo XX. Fecha a partir de la cual empieza su lenta decadencia y degradación, al verse desplazado por nuevos instrumentos que permiten más posibilidades melódicas, como fueron las anteriormente mencionadas violas y violines. Así a partir de entonces los rabeles quedan olvidados o mejor dicho desplazados y lejos de los saraos y lujos cortesanos, permaneciéndo en estas tierras en manos de los pastores, especialmente entre los cabreros y porqueros, los cuales se adueñaron lentamente de él, fabricándolos ellos mismos al tiempo que los simplificaron hasta su estado actual. Teoría que intenta explicar la austeridad de nuestros rableles de una sola cuerda. Sin embargo yo creo que se trata de una adaptación de los rabeles tradicionales de una sola cuerda que aún fabrican y tocan los bereberes -cultura que mucho tubo que ver con el desarollo de esta comarca y que a los interesados invito a leer, "Nuevas Hipotesis para los toponimos del Valle del Tiétar" en ese artículo pueden encontrar algo más de información al respecto...- Por lo que no creo casualidad, sino más bien una causalidad, que los rabeles del "Tiétar o del Tar Al-Awasat , "tierra-rebelde", sean iguales que los rabeles del sur de Marruecos de dónde vinieron los particulares rabeles nuestros.

Los rabeles de estas tierras consisten básicamente en una caja o armazón de madera con muy diferetnts formas, algunos suelen tener forma de media botella o cucharón.  Otros son cuadrados o rectángulares. Los había con la forma del tronco o rama sin labrar o decorar... A este armazón se le cubría con una piel curtida de oveja o cabrasiempre que fueran viejas. En el mastil la clavija tensa la única cuerda, que vibra sobre el puente. Cuerdas que se frotan con un arco de madera y una cuerda de crines de caballo untadas con pez o resina de pino seca con las que se hace resonar. Estos rables  solían hacerse con la madera que pesara poco, como por ejemplo la de pino podrido o la raíz del fresno. La piel solía ser de oveja o cabra vieja, o de latón. a este parche se le perfora con un número indeterminado de agujeros, al gusto del tañedor. Estos agujeros se hacen con una barilla de hierro incandescente. Generalmente se suelen horadar siguiéndo la disposición de la única cuerda, hacíendo agujeritos paralelos. En el caso de los parches de hojalata los agureros suelen hacerse haciendo formas circulares, en vez de lienales, como en el caso anterior... Tanto la caja, como el parche solía decorarse con dibujos pintados o labrados a punta de nabaja.

La única cuerda de nuestros rabeles se hacían con las pieles curtidas de culebras, anguilas, pelos de caballerías, tripas y tendones de gatos o alimañas… posteriormente les bastaba una cuerda rota de violín, laúd o bandurria o un simple cable metálico. Dicha cuerda se tensa gracias a la clavija labrada en madera de enebro, olivo o raíz de fresno. Maderas que por sus características ajustan perfectamente con el pino o la raíz de fresno... Algunas clavijas se decoraban dandolas forma de cabeza humana muy esquematizada. El puente se hacía con la dura madera de brezo blanco. Y  a ser posible de su raíz cortda como el resto de la madera, en el menguante de la luna de enero... Puente que en estas tierras incluye un endemismo tan curioso como práctico, que consiste en perforar un agujero por el que se enhebra la cuerda, de tal modo que una vez tensada o destensada la misma, el puente jamás se desprende al quedar como decía enhebrado y sujeto a la cuerda. En cuanto al arco lo más normal era hacerlo con una flexible vara de mimbre, llamada  verdugo o verdugón, a la que se practica dos muescas a navaja en sendos extremos, donde va atada la cuerda. Y lo hacían con las abundantes mimbres, porque era una pieza que se solía romper con muhca facilidad, por lo que los materiales para su construcción debían ser los más disponibles.
Roberto mi buen amigo de Pedro Bernardo, el último rabelero cuando me hizo el primer rablel, me dío un arco invención suya hecho con parillas de paraguas forradas con primor y enmangadas con cuero...  arco que gauardo como oro en paño, junto con otro hecho también por Roberto de madera... y que no hace más que seguir la tradicion de reutilizar todo lo posiblemente reutilizable...
La cuerda del arco está hecha con las crines de las caballerías, estos debían ser preferentemente de la cola de los machos negros (mulo negro), o en su defecto cualquier otro equino siempre que fuese macho. Pues las hembras equinas al orinar suelen manchar sus colas haciéndolos menos resistentes. Sirvan estas coplillas tradicionales del Valle del Tiétar como ejemplo ilustrativo.

El arrabel pa que sea bueno, ha de ser de verde pino,
y las cuerdas de culebra y el arco de una mimbrera.
El arrabel pa que suene, le ties que untar de buen vino,
Que si le untas de agua, se avería cual camino.
El rabel que hizo mi abuelo, es rabel que toca solo,
un día lo llevo al campo, y a casa se vino el solo.

Arrrabé de Guisando de una sola cuerda. Los tres agujeros retantes del mastil servían para atar cintas de colores con las que se adornó. se trata de un cajoncillo de madera, cubierto la parte superior de madera y la inferior de hojalata, a la que se la han practicado una serie de agujeros allineados con formas circulares. No se conseva la cuerda, la clavija, el puente ni el arco.
Sin embargo en esto de la fabricación de los rables, lo cierto es que "cada maestrillo tenía su librillo". En Guisando por ejemplo aún recuerdan a uno de sus últimos rabeleros, de la familia de los Blazquez, y del clan de los "Reluces". Según me ha contado el bueno de Mateo Mateo, el arrabelero de Guisando cuando él era niño, era Emiliano Blazquez o el tío "Espantalobos" que era el alías con el que se le conocía a él personalmente, ya que el gentilicio de su familia era Reluces como decía anteriormente. Descendiente de una reconocida familia de cabreros guisanderos, el Tío Espantalobos se dedicaba a cortar árboles, sobre todo pinos y fabricaba sus rabeles de forma bastante personalizada. Para ello necesitaba madera de "jaranzo" -almez- y de abedúl. Con ellas elaboraba el armazón y mastil del rabel de una sola pieza, debastando el tronco con una azuela, navaja, rematándolo con la "navaja cucharera". Lograr esta madera no es dificil ya que los jaranzos son árboles que abundan en la cara sur de Gredos. La chapa con la que se cubre y forma la caja de resonancia del rabel, la hacía con la madera de abedúl. El abedúl es un árbol inexistente en esta cara de la sierra. Sin embargo abunda en los valles del otro lado de la sierra. Era normal encargarle a los pastores trasterminantes que pasaban los veranos en los pastos del otro lado de la sierra, que a su vuelta les trajeran unos leños, cuando no los seleccionaban y traían ellos mismos... Del mismo modo que el resto se le ponía una sola cuerda de crines equinas, tensada gracias a una clavija de olivo o brezo blanco y puente del mismo material. El arco lo hacían con ramas flexibles... El Tío Espantalobos   vivía en Los Parrones, lugar hasta hace poco encantador, al formar una especie de amplio patio o corral común, punto de reunión y animaods encuentros, lugar en el que pasé muchas horas hablando y aprendiéndo cosas de la enciclopedica Tía Dominguilla...Siéndo este el lugar en el que solía hacerlos sentado a la puerta de su casa, desgastando sin prisa el leño que sujetaba con fuerza entre sus piernas. Usando la azuela para darle una forma aproximada. Luego cogía la navaja cortante con la que remataba y daba las formas definitabas a su instrumento. Para vaciar y dar forma a la caja de resonancia utilizaba una legra o navaja cucharera. Una vez hecho lo pulía con un trozo de cristal y arena de "guijo" -cuarzo blanco-  y le ponía la cuerda, la clavija y el puente... tras hacerlo venían las diferentes pruebas hasta dar son la afinación deseada... El tío Espantalobos no vendía sus rabeles los hacía para tocarlos él, y en algunas ocasiones para regalarselo a quién quisiera... Por eso estoy seguro que aún debe dormir algun rabel del tío Espantalobos, olvidado entre el polvo que acumula el tiempo, en algún rincón de los sobraos en la hermosa villa de Guisando, esperando vovler a resonar con fuerza en las manos de los descendientes de aquellos que los hicieron e hicieron sonar...

Un instrumento tan simple, se ha de tocar de una forma igualmente sencilla. Empezando por su afinación, que no tiene más ajuste que el tono, gusto o comodidad del o de la cantaora que lo toca. Los rabeleros de nuestra comarca siempre lo tañen apoyándolo en el pecho, a la altura del corazón, por debajo de la clavícula. Manteniéndolo a pulso sujeto por la mano izquierda que la que pisa la cuerda, moviendo para ello unicamente los dedos. El sonido más grave siempre es el que se produce al frotar la cuerda al aire. A partir de esta nota según vallamos pisando el mástil iremos produciendo diferentes sonidos más agudos. Estando la escala musical limitada a cinco notas que corresponden a los cinco dedos de la mano. Logrando sacar bellos semitonos ejerciendo más o menos presión al pisar la cuerda. Nuestros rabeleros aprendían a tañirlos por imitación, escuchando a otros rabeleros. Para todos los consultados el rabel era un instrumento casero, requerido en todas las fiestas invernales del partido arenense – no faltaba en las matanzas, Fiestas de Nochebuenas, el Carnaval… - Tiempo en el que practicaban y se aprendían, tanto chicos, como grandes, los bailes y canciones que luego en las fiestas de primavera y verano ejecutarían por las calles y tabernas, en animadas y multitudinarias rondas. Pero sobre todo servía como pasatiempo pastoril en las largas noches de soledad en sus aisladas majadas montaraces. Los temas o repertorio arrabelero en Arenas y los pueblos de su jurisdicción, eran muy variados; romances, canciones de enamorados, jocosas y sobre todo coplas picantes o comprometidas, lo que llamaríamos hoy canción protesta.


Arrabé cabrero de Guisando.
  Actualmente en la comarca de Arenas de San Pedro, contamos con el último arrabelero vivo de tradición oral pura. Concretamente en la hermana y hermosa Villa de Pedro Bernardo, se trata del Sr. Roberto, conocido en el lugar como Roberto el Zapatero o Saña. De él he aprendido gran parte de lo anteriormente relatado, y más concretamente de las partes y materiales con los que se confeccionan los peculiares rabeles del Valle del Tiétar. También en la Villa serrana de Cuevas del Valle, vive otro arrabelero, el Sr. Silvestre. Sin embargo este arabelero no hace el rabel unicorde tradicional y exclusivo de la comarca arenense, sino que fabrica el rabel castellano de dos o tres cuerdas, de forma aviolinada y sonido muy distintos a los rabeles del Valle fabricados por Roberto o el Tío Pablo, pues a diferencia de los nuestros, los rabeles que fabrica y vende el Sr. Silvestre son muy parecidos a los rabeles del norte peninsular - Cántabros, astures, leoneses… - pues este rabelero covachero sigue la tradición rabelera de los pueblos y villas del otro lado de la sierra, de donde es natural y en donde aprendió no solo a fabricarlos, sino los temas que interpreta. Por eso quiero aprovechar para agradecer al Sr. Roberto su disposición y explicaciones, pues gracias a él he podido recuperar nuestros rabeles tradicionales más auténticos. Rabeles que impresionaron a los primeros folcloristas  que los estudiaron, concretamente los Sres. Kurt Schindler y el profesor García Matos, los cuales se hicieron una interesante y valiosa colección de nuestros rabeles de una sola cuerda, de los que afirmaron ser los más primitivos y simples de cuantos habían visto y estudiado en suelo español. Rabeles que presentaban dos formas muy definidas, una de ellas la más común y anteriormente mencionada forma de media botella decorados con hermosos dibujos geométricos, zoomórficos y vegetales, hechos a punta de navaja o pirograbados, junto al otro tipo de rabel de forma cuadrangular más rudos aún que los anteriores y sin labrar o adorno estético alguno.
Mi amiga y compañera del Grupo Alfoz de la Adrada con su
arrabé guisandero. Gracias a ella se salvó este instrumento de
ser destruído, al rescatarle "in extremis" del derrumbe de la casa,
en cuyo sobrao descansaba olvidado. Gracias Chus...

En cualquier caso a estos rabeles solían incorporarles cascabeles o campanillas en el arco, para dar aún mayor riqueza al sonido agudo que los caracteriza, del mismo modo que se hace a las liras en la vecina isla de Creta en Grecia. Aunque lo más normal era que los rableros tocaran solos sin otros acompañamientos instrumentales,  en algunas ocasiones y localidades del partido arenense, los rabeleros eran acompañados por los tradicionales guitarreros, tamborileros y pandereteras. Como por ejemplo en las danzas de Paligoteos del carnaval. Así sucedía por ejemplo en las fiestas del Carnaval de la villa hermana de Piedralaves. Y más concretamente en la arcaica danza del Maquilandrón y las Palomitas. Trocando a mediados del siglo XX los tradicionales rabeles por violines. Violines que aún siguen formando parte integral de buena parte de las rondas de la jurisdicción arenense. No así los rabeles que terminaron por desaparecer casai por completo. Quedando las melodías dormidas en la memoria de mis paisanos más mayores. Y los instrumentos dormidos llenos de polvo, y ennegrecidos por el humo de los sobraos...
Hasta que un buen día sucede el milagro y reaparecen, como el último rabel en este caso aparecido en la hermosa villa de Guisando. me lo enseñó hace una seman mi amiga Chus de La Adrada. e trata de un precioso rabel de guisandero, de lo más rústico. Lo salvó del desván del señor Eliseo Tiemblo -a cuyo abuelo perteneció este rabel que casi con total seguridad se fabricó el mismo...- Se trata de un cajón de madera con manco -tubo que ser un cajon o tarra- al que se le ha pegado una chapa de metal en su prte inferior y otra chapa de madera en la parte superior, dividiendo al rabel en dos partes claramente diferenciadas. Añadiéndole a modo de clavijero una tabla con forma lanceada con cuatro agujeros. tres de ellos sirvieron para colgar ciltas de seda de colores,  ya que como sucede con el resto de rabeles en esta comarca, este también tenia una  única cuerda. Lo que corrobora lo dicho a cerca de que los rabeles se hacían casi de cuarquier cosa... 

Parte trasera del Arrabé "cucharero" que me hizo el señor Roberto, el bueno del Señor Roberto "Saña" hace ya unos cuantos años... nunca tendré palabras suficientes para agradecerle el que compartiera conmigo parte de sus extensos conocimientos. A él dedico estas palabras escritas, pues es justo dedicar al último arrabelero del Valle el que nos pasase el testigo de esta particular y repartida tradición oral de los pueblos que componen el actual Valle del Tiétar. Al Señor Roberto de la Villa privilegiada de Pedro Bernardo.

Daniel F. Peces Ayuso en Arenas de San Pedro, a 20 de febrero de 2012-


























No hay comentarios:

Publicar un comentario