martes, 3 de mayo de 2011

Daniel Peces Ayuso.

TRADICIONES DEL VALLE DEL TIETAR PARTE 2


Fiestas de invierno. (Enero, febrero y marzo).

ENERO.

  17 de Enero: San Antón o San Antonio Abad.

        Uno de los Santos más festejados en el invierno era “San Antón abogado de los animales, a los que libra de las enfermedades”.  En este día no solo se bendecían los animales domésticos, en algunas localidades salían en procesión tras el párroco guisopo en mano con el que se bendecían los  campos para que los cultivos no se malograsen y las tormentas no los echaran a perder.

        Solían pedir  de puerta en puerta por las calles la chiquillería, sacristanes o cofrades, recibiendo sobre todo productos de la matanza familiar, especialmente las manos del animal saladas, que se guardaban y se ofrecían a modo de limosna para el Santo y que eran entregadas al párroco, que luego subastará, vendía o se comía.  En otros pueblos las manos se subastaban el día o en la fiesta de San Sebastián, según las costumbres de cada pueblo.  En estas cuestaciones se solían repetir las siguientes formulas que recitaban al ir a pedir “para el guarrillo de San Antón”, algunas de las más usadas eran las siguientes:

“San Antón, San Antón, gallinita pon”.
                                                   “Pa el cerdillo de San Antón bendito,
                                                    que ni come, ni bebe, y está gordito”.
                                               “San Antonio bendito, guarda mi cerdito.
                                                    Que no come ni bebe y esta gordito.
                                                  Dame una perra, pa San Antón bendito.
                               Que yo te daré  la mano, huevos, un chorizo, garbanzos, etc.
                                                                De mi cerdito”

        En la mayoría de los pueblos el día de San Antón los hombres y niños montaban sus caballerías y daban vueltas alrededor de las iglesias, ermitas o parroquias, llevando consigo algunos animales domésticos para que les libraran de las enfermedades. En San Esteban del Valle, los niños sacaban en procesión el cerdito que acompaña la imagen del Santo, la víspera de la fiesta dando vueltas a la iglesia. Al día siguiente los niños acudían a misa con cestas llenas de panecillos con formas zoomórficas, que eran bendecidos y repartidos, otorgándoles el poder de sanar las enfermedades. En Cuevas del Valle, población situada al pie del Puerto el Pico, y atravesada por la calzada y cañada real leonesa occidental, se levanta  a la orilla de la antigua calzada la ermita donde se venera la imagen del Santo.

        En esta hermosa Villa hay  varias costumbres en las que el cerdito y San Antón son protagonistas, como por ejemplo cada vez que los rebaños trashumantes o trasterminantes pasaban por el pueblo, algunas reses “desaparecían”, siendo metidas en las casas que están a ambos lados de la Cañada y calzada, cuyos propietarios se ayudaban de un “gancho” especialmente hecho para este menester con el que enganchaban por las patas traseras a la res (de ahí les viene el sobrenombre de “los del gancho” a los cobacheros). Cuando un ganadero denunciaba el robo de una res el ayuntamiento procuraba que se le devolviera, cuando se conseguía, se acudía a la ermita de San Antón, y allí  tras una ceremonia de concordia, se terminaba el problema tocando la campanilla del cerdito del Santo. Hay que decir que esta fama de usar el gancho es un tanto injusta pues el robo de animales en toda la Vera Alta era un grave problema y ya se sabe unos cardan la lana y otros se llevan la fama. Del mismo modo todos los cobacheros que iban a salir de viaje, solían ir a pedir al Santo su protección tocando la campanilla de animal.

        Otra de las costumbres que se han perdido era la del cerdo de San Antón. En muchos pueblos de la comarca los vecinos de cada localidad engordaban y cuidaban en común un cerdo, que andaba suelto por las calles, acudía puntualmente a cada puerta a que le dieran de comer y dormía en los corrales abiertos que encontraba, cuando no en los municipales. El día de San Antón se sorteaba entre todos los vecinos. Al que le tocaba se lo llevaba a su casa, pero teniendo que comprar otro cerdito pequeño para el siguiente. Esta costumbre perduró hasta mediados del siglo XX.


  El 20 enero San Sebastián:

        Dice una copla tradicional, “ cada 20 de enero cuando más hiela, sale el capitán bravo, a poner banderas.”  Muchos son los pueblos que celebran  este Santo y no pocos los que se acogen a su patronazgo.

        San Sebastián  es el abogado infalible contra la peste, los resfriados y constipados.

Pocos son los pueblos que no disponen de un altar en la parroquia o en alguna ermita dedicado al culto de San Sebastián. Pero de entre todos los pueblos es sin dudas Poyales del Hoyo el que con más fuerza lo celebra cada 20 de enero. Ese día a las nueve en punto de la noche los vecinos abren las puertas de sus casas y en su umbral  colocan un manojo de romero seco que encienden al tiempo que recitan  o rezan la siguiente frase inmutable: “romero quemo, arda lo malo, quede lo bueno”.

        Al tiempo, en la plaza principal se enciende una gran hoguera que arderá durante más de una semana y que servirá de punto de reunión a los mozos y mozas en torno a sus brasas, que no apaga ni la intensa lluvia normal de la época.

        El día 20 es bajado el santo de su trono y adornado el tronco donde fue asaeteado con ramas de naranjos repletas de frutos. Éstos se subastaran, pues tienen el poder de alejar las enfermedades. Al terminar la misa se reparten los panecillos de anís del Santo entre todos los asistentes. Estos bollos también protegen como dije de las enfermedades.

  Otro de los pueblos que celebran San Sebastián es Ramacastañas, que también enciende su gran hoguera y reparte el pan del Santo. Antes en Ramacastañas cada tabernero y o mesonero daba a  cada uno de los quintos y mozos del pueblo una cántara de vino en las vísperas. Con estos ánimos los mozos acudían al monte a cortar la encina mayor y enferma, la harían leña y la traerían hasta el centro del pueblo, por donde pasa la cañada real leonesa occidental. La hoguera se encendía la víspera y alrededor de ella se bailaba el tradicional rondón. El día del Santo a las 8 de la mañana la gaitilla recorría las calles del pueblo, invitando a todos a limonada y perrunillas. Tras la misa mayor la procesión del Santo por el campillo de la iglesia. Después de subastar los banzos se reparten los ”bollos de anís del Santo” (estos bollos los pagaban los cuatro mayordomos del Santo, siendo la tradición que cada mayordomo cociera media fanega de pan, atribuyéndole el poder de curar los resfriados y gripes). Al día siguiente los de Ramacastañas celebraban San Sebastianito del mismo modo que el día anterior, con la única diferencia de que ese día no se reparten bollos de anís. La fiesta podía durar incluso una semana, pues como los gaitilleros siempre venían del otro lado de la sierra, y dado que en estas fechas es muy común que en la sierra caigan grandes nevadas que cierran los pasos y puerto quedando los gaitilleros en el pueblo y haciendo baile todas las noches, mientras que les dieran de comer y de dormir entre los vecinos del pueblos. A los gaitilleros les contrataban los quintos de hogaño, ayudados por algunos particulares y el ayuntamiento.

   Hontanares, que además conserva la medieval costumbre de dar “la caridad”, esto es, dar un trozo de tierno y sabroso queso de cabra con un pedazo de pan y vino que tienen el poder de proteger contra los resfriados y gripes.

   En Villarejo del Valle cada año organiza la fiesta un barrio del pueblo, haciendo limonada y dulces tradicionales como son los mantecados, rosquillas, perrunillas, etc. que se dan  al que “va a cumplir con el Santo”; recibiendo una copa de aguardiente, baso de vino o limonada con algún dulce o higos pasos repitiendo siempre la misma formula de agradecimiento: ”que el Santo te lo premie”, mientras entonan animadas canciones.

  En Pedro Bernardo las fiestas de San Sebastián, como en Mombeltrán, tenían festejos taurinos incluidos. En Pedro Bernardo los chiquillos y no tan chiquillos se hacían los “peorros” de madera de sauco, con la que hacían gran estruendo mientras duraba la procesión del Santo de la ermita a la parroquia y de la parroquia a su ermita.

  En Arenas de San Pedro también se celebraba con animado baile, caridad de pan, vino y queso de cabra, hoguera, procesión por el campillo del Humilladero del Cristo de los Reajagales, donde se daba culto a la imagen del Santo. Actualmente la imagen del Santo se trasladó al anejo de Ramacastañas, donde es fiesta patronal y principal al haberse quedado sin su talla de San Sebastián en la guerra civil española.

 En muchos pueblos las fiestas de San Sebastián incluían procesiones profanas, en las que los participantes acudían vestidos de mojiganga o carnaval, con abundante vino al tiempo que todo el que tuviese armas iba por el recorrido de la procesión lanzando tiros al aire, con gran estruendo y alboroto. Estas costumbres se erradicaron con multas económicas y penas de excomunión a finales del siglo XVIII.

En todos los pueblos se conservan coplas dedicadas a san Sebastián. Sirvan estas de Poyales del Hoyo como ejemplo:


San Sebastián bendito,
                                                             Tú que andas por las eras.
                                                                  Échanos la bendición,
                                                                Con tu manita de cera.
                                                                San Sebastián bendito,
                                                            Tú nos traes las perrunillas,
                                                           Y a los mozos traes las perras,
                                                               Y a las mozas la gaitilla.
                                                                San Sebastián bendito,
                                                                Hijo de una costurera,
                                                             Tienes los calzones rotos,
                                                                   Y la pilililla fuera.

 O estas otras coplillas cantadas en Ramacastañas y Arenas de San Pedro:

                         Arrodillado a tus plantas y haciéndote reverencia.
                   Te ofrecemos estos votos, ¡Oh! Patrón de nuestra iglesia.
                         Sebastián patrón glorioso, todo te lo encomendamos.
                    También los pobres enfermos, para que los pongas sanos.
                          Sebastián patrón glorioso, primero fuiste soldado.
                        Y ahora estás en nuestras andas, y todos te veneramos.
                          El Cristo San Sebastián, que habita en los Reagajales.
                                 Nos  conceda la salud, y aleje todos los males.
                                   San Sebastián bendito, valeroso capitán.
                         Que a los infiernos vencisteis, en lucha muy desigual.
                                         Atado en un naranjo,  te asaetearon.
                                       Y a las puertas del cielo, fuiste llamado.

    En otras localidades, como en Cuevas del Valle, la fiesta la celebraba y costea en el barrio  donde está su ermita. Se hacía misa y procesión entorno a la ermita, y bajo los soportales de dicho barrio de San Sebastián los vecinos repartían a quienes se acercaban vino, limonada y dulces tradicionales. En Villarejo del Valle la fiesta cada año la costea y organiza un barrio de la villa, invitando a todos lo que se acercan hasta el a dulces, vino y limonada.
 
                                                                               

FEBRERO.

2 de febrero las Candelas;

 A primeros de febrero, el día 2, se celebraba y en algunos lugares se sigue celebrando, la fiesta de la luz, las Candelas. Solían ir a misa las madres del año, y sobre todo los niños, que llevaban a la iglesia pichones y o tortas dulces que le entregaban al cura. Tras la misa se sacaba a la imagen de la Virgen de la Candela en procesión en torno a las iglesias, dándola una o varias vueltas con una vela encendida en las manos. Si la vela no se apagaba se interpretaba como una buena señal para la localidad, pero si la vela se apagaba, era un mal augurio, sobre todo si se apagaba nada más salir  de la iglesia. Del mismo modo los y las acompañantes portaban una vela encendida en las manos durante  el recorrido de la procesión, interpretando las mismas señales solo que de forma personal. Al finalizar la procesión la vela era entregada al cura poniéndola sobre las andas de la imagen.

   Al día siguiente, día 3 San Blas, los chiquillos salían a los campos a ver si veían la primera cigüeña, pues el primero en verla tenía una recompensa económica, que daban los concejos o la parroquia. La llegada de las cigüeñas era un acontecimiento muy importante porque marcaban la llegada del buen tiempo, y pronto los campos  pedirían ser  labrados.

En la Adrada San Blas es el patrón de la Villa. Tras tocar diana por las calles de la villa, se reúnen  con las autoridades en la plaza mayor desde donde todos juntos se dirigen a la iglesia mayor, acompañados de la banda de música.  Una vez en la iglesia, los vecinos que padecieran alguna desgracia o enfermedad le ataban al Santo cintas a modo de ofrenda, pidiéndole el favor de la sanación. Si esta se lograba  se mandaban hacer en cera la parte del cuerpo sanada, para ser colgada de las `paredes del camarín del Santo.  Los más mayores aún recuerdan una antigua danza paloteo que se ejecutaba delante de la procesión por hombres. Tras la procesión y la subasta de los  presentes ofrecidos, se subastaba al final “el cabrito del San Blas”, con gran júbilo  y en un ambiente jocoso. Por último se subastaban los banzos.

En la Adrada los días anteriores de la fiesta, como suele ser en la mayoría de los pueblos, las mujeres y mozas días antes de la fiesta hacían los “bollos de San  Blas, bollos que podían ser de aceite, de vino, de manteca, de limón.  El dulce más tradicional tras los bollos de San Blas, era la elaboración de los “Bartolillos” y “roscas de sartén”, fritos hechos con una masa de huevos, harina, azúcar, y caldo de cocido.

Dulces que tras la procesión pedían de puerta en puerta los chiquillos.

Al día siguiente  celebran “San Blasito”.

Al día siguiente 5 de febrero, en la Adrada se celebra Santa Águeda de una forma muy especial. Para los de la Adrada  es la fiesta del carnaval, en la que se disfrazan y hacen carrozas que recorren el pueblo. Por la mañana  tiene lugar una curiosa y antigua costumbre, se trata de  “la tizne”, que consiste actualmente en tirar huevos y harina a todo  aquel que se encontraran por las calles del pueblo. Antes se tiznaban la cara con una patata tiznada en el hollín de la lumbre o manchada del aceite de  los ejes de carros, culos ennegrecidos de calderos y sartenes. Y armados con costales de harina vacíos se preparaban divertidas peleas de mozos y mozas que acababan tiznados y enharinados.  Al medio día  se lavaban y comían para asistir por la tarde a los oficios religiosos y paganos.

  En Candeleda como dije, es Santo que goza de mucha devoción, se le saca en procesión y se le cuelgan cordones que luego se reparten y que sirven para alejar los resfriados.

  En la Villa de Mombeltran también se celebraba este día y Santo. Las vecinas acudían el día anterior a la iglesia portando una alcuza o jarrita llena de aceite, que depositaban en un gran barreño o tinaja colocada en el centro de la parroquia. Al día siguiente, tras la misa mayor se bendecía el aceite que era de nuevo recogido y llevado a casa, donde se guardaba a la espera de solucionar las dolencias de un posible enfermo como bálsamo milagroso, especialmente las afecciones de la garganta, al tiempo que se recitaba la siguiente formula o rogativa:

“San Blas, pásame el pasapán y dame para pasar”.

  El remedio era tan eficaz que en caso de enfermar algún animal, también a él se le untaba con el “aceite bendito de San Blas”.

  Además, en la Villa de Mombeltrán aún se mantenía una costumbre pagana consistente en acudir los mozos vestidos de mojigangas y mamarrachos a la misa, cosa que se fue suprimiendo en el siglo XVIII, bajo duras multas y penas de excomunión por parte de la Iglesia Católica.

   En el Barranco hubo otro pueblo que también celebró la fiesta de San Blas, se trata de Villarejo, de la que apenas se tienen datos y sus mayores solo recuerdan de “oídas” algo de la fiesta de San Blas.

   En Lanzahíta es patrón local, con tres días de fiesta mayor. Para los de Lanzahíta San Blas era el mejor abogado contra las enfermedades, hasta el punto que a todo aquel que estaba enfermo en cama se le acercaba el bastón del Santo y se le pasaba por la parte del cuerpo más dolorida al tiempo que se decía;


“Glorioso Santo, glorioso Santo.
                                                      Glorioso Santo, glorioso San Blas.

  En Lanzahíta  la procesión del Santo siempre ha sido por la tarde y recorría las principales calles del pueblo, parándose en cada puerta donde había que hacer alguna rogativa para devolver la salud a algún vecino  enfermo. Tras la subasta de los banzos y entrar al Santo en la parroquia (que guarda uno de los retablos policromos más valiosos de la diócesis de Avila), los grupos de guitarreros empezaban animados bailes en la misma plaza de la iglesia y poco a poco se expandirían por todas las calles y plazas de la localidad.  Al día siguiente celebraban  “San Blasito”, con misa  por la mañana y a la tarde Vítor. A la puerta de la iglesia se reunían los vecinos a pie, y uno de ellos portaba un palo a cuyo extremo  superior se clavaba un corazón son la imagen del Santo adornado con multitud de cintas de colores.  La procesión se paraba en todos los “cotanos” del recorrido, donde se cantaban una serie de coplas dedicadas al Santo, como ésta;

“Ya cansado de esta vida,
                                                             a una cueva se fue a orar.
                                                           Y las fieras que allí estaban,
                                                               Se pusieron a escuchar.
                                                                            ¡Vítor!.

  Al llegar a la puerta de la casa del sr.  cura, se subastaba el Vítor, y el que más ofreciese tenía el privilegio de clavarle en la puerta de su casa como amuleto que protegería a toda la familia de posibles males y enfermedades.

También en La Higuera, a gozando de altares  como en casi todos los pueblos de la comarca.


El carnaval la fiesta de las muchachas y de las levas.
   
Introducción:

         El origen de estas fiestas hay que buscarlo en la prehistoria, cuando los primeros grupos humanos empezaron a ser conscientes del mundo que les rodeaba. Tomaron medidas y observaron el movimiento de los astros y aprendieron a reconocer y predecir algunos fenómenos meteorológicos. Observaron el ciclo natural de renovación constante de la tierra tras las duras y cortas jornadas invernales que dan paso a la fértil, cálida y abundante primavera entonces el hombre las relacionó con aspectos rituales o religiosos cuyo fin era festejar y ayudar a la naturaleza en su esfuerzo por regenerarse y del que dependía su supervivencia.

        Se desconoce como lo celebraban las tribus indígenas prehistóricas vettonas, los romanos sin embargo celebraban las fiestas Saturnales en honor al dios infernal Saturno. También las llamaba Lupernicas por la costumbre de las romanas de salir a los montes donde daban rienda suelta a todo tipo de excesos especialmente los sexuales, cubiertas con pieles de lobos o lupus. De la infernal cueva lupercal salían montados en cabrones los Equites o ecos, pequeños seres con cuerpo de hombre, largas barbas, cuernos  y patas de macho cabrío, que llevaban en largos palos con calabazas y vejigas hinchadas con las que golpeaban  a troche y moche provocando con sus golpes la fertilidad. Dice una coplilla recogida en Guisando a mi buena amiga Dominga:

“Por las sierras más altas, a la puerta del infierno
                                            sale el Eco en la su cabra, valeroso caballero”.

        ¿Será el Eco de la coplilla guisandera un descendiente, algo degenerado de aquellos otros Equites romanos que salían montados sobre machos cabríos de las puertas del infierno?.

        El tiempo de duración de los carnavales ha variado mucho  a través del tiempo. Hasta la alta edad media el carnaval duraba desde la Epifanía hasta la cuaresma. Por  eso en los pueblos de la Vera Alta  el carnaval se celebraba en diferentes fechas como por ejemplo la Adrada que lo celebra el 5 de enero para San Blas y las Aguedas, Poyales del Hoyo, Hontanares, Montesclaros o Pedro Bernardo lo celebraban el 20 de enero dentro de las fiestas de San Sebastián. Pero en la edad media el carnaval se recorto a los diez días previos al miércoles de ceniza o cuaresma hasta que Felipe IV junto con el eterno enemigo del carnaval la iglesia se unen prohibiéndola y persiguiendo a los infractores con severas multas excomuniones.  Carlos III vuelve a restaurar los carnavales e introduce los bailes de mascaras de salón. Fernando VII los vuelve a prohibir pero solo por las calles, pudiéndose celebrar únicamente en salones y lugares cerrados. Durante la regencia de María Cristina se restauran de nuevo los carnavales sufriendo nuevos acuosos e indultos sucesivos hasta el final de la guerra civil que persiguió con una muy dura represión estas celebraciones y ritos logrando su  abandono junto con los poderes religiosos locales y provinciales. Don Eduardo Tejero Robledo, en sus muchas y siempre valiosas investigaciones recoge varios ejemplos en los que los obispos de Avila penan con excomuniones masivas a quienes se atreviesen a entrar en la iglesia vestidos de mojigangas.

        Sin lugar a dudas la fiesta principal, la más deseada e importante del invierno en todos los pueblos de la Vera Alta eran as Carnestolendas o el Carnaval que coincidía con las celebraciones y ritos de entrada en quita de los mozos de hogaño.

        El carnaval de los veratos serranos no es una fiesta en si misma, más bien se tata de varias fiestas unidas, por  eso en esta comarca la fiesta se nombra en plural, “los carnavales”. En ella no solo se darán cita los elementos típicos del carnaval lúdico (cambio de roll, disfraz, poder femenino, etc.) o historicocultural (como fiesta y sacrificio ritual imprescindible para la renovación cíclica en las sociedades agropecuarias) manteniendo elementos arcaizantes de antiguas creencias de tipo animista, en las que la presencia de ciertos personajes con nombres propios y genéricos asustan con sus horribles mascaras de tipo diabólico o zoomórfico, cargados de cencerros, golpeando con varas, vejigas hinchadas o calabazas, y que representan las fuerzas infernales de la naturaleza. A todo esto hemos de decir que durante estas fiestas tienen lugar los ritos y celebraciones de los quintos, con sus Soldadescas y sus danzas de Paligoteos acompañadas en todo momento por el sonido de los retumbantes tambores, castañuelas, pitos y gaitillas, danzando alrededor de la Bandera que tan solo en esas fiestas  “se juraba” o “tendía”,  uniendo a todo el pueblo en torno a ella. 

Por lo tanto es una de las fiestas más complejas y antiguas de la Vera Alta, veamos como llegaron hasta mediados del siglo XX.

                                                                                   


Los carnavales de la Vera Alta: (Las vísperas).

        Una semana antes de empezar los carnavales las mujeres preparaban gran cantidad de alimentos par no tener que guisar durante  la semana de festejos y en muchos casos no pisar por casa ni a dormir. Las familias que tenían un quinto que festejar preparaban más cantidad de todo pues los quintos solían ir tras tallarse de convite y durante toda la semana de casa en casa de cada uno de ellos.

        Durante ese tiempo no se pisaba en las casas si no era para reponerse, comiendo de lo que habían dejado preparado, muchos dulces tradicionales, vino, limonada, embutido, queso de cabra, frutos pasos y secos, huevos fritos. Rara vez se juntaban para comer, cada cual acudía con su cuadrilla cuando le apetecía, las mujeres andaban de mascaras con las mujeres y los hombres con los hombres. Los quintos vivían durante todo ese tiempo en una casa común y en algunos pueblos las mozas hacían lo mismo en otra casa, entre ambos grupos había la costumbre de quitase la comida, especialmente los ricos guisos de las mozas, para provocar peleas amistosas en las que las mozas solían salir  siempre victoriosas aunque los platos acabasen en el suelo.

        El viernes ya se veían las primeras mojigangas resonando los primeros tambores por las tabernas y mesones del valle. Sirvan estas coplas cantadas en la comarca de Arenas de San Pedro en las vísperas y fiestas de los carnavales:

Carnavales, carnavales, cuando te veré venir.
                                             Para ver a los borrachos, de la taberna salir.  

Ya vienen los carnavales, la fiesta de las muchachas,
                                    La que no la salga novio, que se espere hasta mañana.

Ya vienen los carnavales, la fiesta de las mocitas.
                                             La que no la salga novio, esa no lo necesita.

Ya vienen los carnavales, la fiesta de la fiesta de las mujeres,
                                       La que no la salga novio, espere al año que viene.

Ya vienen los carnavales, la fiesta de la mujer.
                                       Los pobrecillos maridos, se lo tienen to que hacer.

Ya llegan los carnavales, herraduras por albarcas,
                                 Échame la yunta al hombro, que voy a ordeñar la cabra.

Miro esos carnavales, que buenos vienen.
                                                    Con las medias azules, refajo verde.

En carnavales las mozas, se olvidan de toas las penas.
                                        Y del color de la carne, llevan teñidas las piernas.

Los mozos van en enaguas, rebuscando por ahí.
                                         Las mocitas retrecheras, con un cacho de mandil.

Anduve de carnavales, lo menos una semana,
                                             Montadito regrese, encima una cabra cana.

Desde aquellos carnavales, no he conseguido otra vez.
                                          El darme por un minuto, gusto con una mujer.

En Arenas manda Dios, y en la tierra los magnates.
                                         En las iglesias los curas, las mozas en carnavales.

Dos curas en mi bodega, en tiempo de carnaval.
                                             Uno se ha quedao dentro, otro no salió más.

        El vino tenía y tiene aún vital importancia en esta fiesta, junto con la limonada y los diferentes aguardientes o licores caseros como el rosoli de San Esteban del Valle, al Aguamiel de Villarejo del Valle, la dulce Angélica que hacen en las Cuevas del Valle.  El cancionero tradicional incluye no pocos ejemplos como el siguiente recogido en Arenas de San Pedro a mis buenas vecinas Tere y Toñi las Pelayas, dice así:

Iban caminando, tres por un camino,
                                                Y se han encontrado, un charco de vino.
                                                     Volvieron pa atrás, los tres otra vez.
                                                     Y al charco de vino, fueron a beber.
                                                     Al charco de vino, cayeron los tres,
                                                  Cuando se levantan, borrachos tos tres.
                                             Muy borracho el uno, más borracho el dos,
                                               Y el tres tan borracho, que allí se quedó.
                                                 Iban caminando, tres por un camino,
                                              Y vienen borrachos, no han llevado vino.

El sábado de carnaval. (primer día de mojigangas y bailes)

        El carnaval Verato tradicional tiene todos los elementos del carnaval antiguo, incluyendo aquellas costumbres que servían para dar salida a las represiones e injusticias del día a día actuando como una válvula de escape imprescindible en una sociedad fuertemente jerarquizada. Los disfraces más comunes para las  mujeres consistía en vestirse de hombres, salir con ropas de época, en ropa interior o con los trajes militares antiguos. En cuanto a los hombres solían vestirse de mujeres, o con las ropas puestas “al revés”, de clérigos, o en ropa interior etc. Con patatas peladas y cortadas se hacían exageradas dentaduras falsas, se pintaban o tiznaban las caras, usaban caretas o máscaras para no ser reconocidos.

        El sábado de mañana ya salían las primeras mascaras a la calle, por grupos las mojigangas salían alegrando las calles “haciendo mucha bulla”. Sonaban los tambores y los quintos se juntaban para celebrar su último día antes de ser tallado y entrar en quintas y en las plazas mayores la gaitilla ponían la musica imprescindible para el baile.

        En algunos pueblos como en la cabecera del partido Arenas de San Pedro los grupos de mozas más humildes disfrazas con mascaras de “Jalbegadoras” solían acosar armadas con “pellejos de jalbegar” (pieles de oveja con las que se encalaban las paredes de las casas) a los mozos y sobre todo a los chiquillos manchándoles las ropas de cal. “Cuando algunos las preguntaban cosas para reconocerlas en el habla” o intentaban quitarlas la mascara para saber quienes eran gritaban  al tiempo que zurraban con las pieles “poniendo perdidos  a los osados” esta retahíla: “Aguilón, aguilón, con la boca si, con la mano no”.

         Pero los chiquillos a su vez descargaban su frustración en los pobres perros, a los que cogían y ataban a los rabos ristras de calabazas, de latas o garabatos (largos palos que se les colgaba del cuello y que les impedía correr). Por otro lado los excesos de estas fiestas hicieron que en no pocas ocasiones gatos y perros fueron a parar a la cazuela. Los perros eran más difíciles de disimular por el especial sabor de la carne a “perruno”, pero los gatos pasaban con mucha facilidad por liebres o conejos. Dice una coplilla tradicional muy extendida en la comarca:

“los mozos corren los gallos, los gallos a las gallinas,
                                          las gallinas a los pollos, de correr nadie se libra.”

        En ocasiones los grupos de mozas o los mismos quintos mataban en secreto uno de estos animales a poder ser el peor del pueblo, el perro más malo. Después de desollarle y dejar la piel bien guardada, los guisaban con legumbres o patatas e invitaban a comer del guiso a otro grupo, al final de la comida los artífices del convite empezaban a murmurar; “miau, miau” o “Guau”. Al oír esto había quien no podía por menos que vomitar y otros intentaban hacer la mejor digestión posible, al final la piel de o los animales guisados eran sacadas mostrándose a todos los comensales para que no quedase lugar a dudas. Dice un cantarcillo  que recogí en Hontanares.

“La perra de Casagata, la invitaron a un convite.
                                          Pero no sabía la pobre, que serviría de pringue.
                                        Que la cogieron los mozos, un martes de carnaval,
                                           Por invitar a las mozas, no les han dejado na”.

        O esta otra recogida en la Higuerilla:

“El martes de carnaval, no ves perros en las calles.
                                        Que se los llevan los amos, y los cierran en corrales”.

        Los protagonistas indiscutibles del carnaval son las mujeres solteras que durante estas fiestas combinaban las ropas de mojigangas con las mejores ropas, aderezos o galas tradicionales. Tomo de nuevo el cancionero tradicional arenense para apoyar e ilustrar lo dicho:

“Carnaval comida fría, que la mi mujer no esta.
                                             Que se ha tenido que ir, la pobre de carnaval.”

         Los otros protagonistas eran los quintos. La entrada en quinta era considerada una gran fiesta y un gran honor para las familias que se reunían entorno a su quinto festejándole y celebrando durante la semana de carnaval  con curiosas tradiciones, costumbres con las lógicas variaciones locales.

      Días antes de la entrada en quinta las mujeres de la familia del quinto preparan grandes cantidades de dulces tradicionales y limonada. Las novias y en caso de no tenerla la madre o vecina, les hacían vistosas escarapelas, en algunas localidades en el centro de las escarapelas se adornaba con un espejo, puntillas de bolillos, medallas, botones metálicos o con una estampa del Santoral. También les forraban los puros con hilos de policroma seda trenzada y les bordaban en un pañuelito blanco de hilo las iniciales del quinto y las de su prometida entre ramitos de flores todo ello en tonos encarnados. El quinto acompañado de su padre, algún hermano, el abuelo, padrino o tíos va a comprarse el primer traje el sombrero y tabaco teniéndolo todo preparado para el sábado, aunque no lo estrenaría hasta el día siguiente domingo Gordo de carnaval.

        Los quintos se reúnen en una casa sin habitar de uno de ellos y ponen un fondo común o “vaca” para comprar  vino y un poco de comida con lo que celebrar la su fiesta. En algunos pueblos los ayuntamientos colaboraban regalándoles una serie de pinos del común. Tras seleccionarlos se subastaban a sobre cerrado entre los abundantes madereros de la comarca, el que más daba se quedaba con ellos, y con ese dinero los quintos se permitían poder estar una semana entera de fiestas y excesos. Y es que la fiesta de los quintos era la última vez que se les iba a permitir y perdonar determinados comportamientos, a partir de ese momento en el que entran a formar parte de los adultos, se les acabarían las fanfarronadas teniendo que pagar seriamente por ellas, por eso durante la semana de fiestas de los quintos estos aprovechaban para hacer no pocas picias antes de que se les acabaran las licencias infantiles.

        Esta costumbre de dar un árbol a los quintos tiene su origen en los antiguos “Mayos”. Costumbre que muchos pueblos celebran durante las fiestas de invierno, como el aliso que plantaban los de Mombeltran el domingo de resurrección, o el mayo adornado de Lanzahita como veremos más adelante. Este árbol, el más gordo o el más alto, era cortado y portado en carros por los quintos que lo plantaban  en medio de una plaza, allí entorno a el danzan, juegan y se alimentaran durante el tiempo que dure el carnaval, acabando siempre en  una hoguera  en torno a la cual se reunía el pueblo las frías noches del final del invierno o se vendía al mejor postor para hinchar más la bolsa de los quintos.


El domingo Gordo de carnaval. (El día  de la Soldadesca y las mascaras).

      El domingo Gordo de Carnaval los quintos reunidos en una plaza del pueblo luciendo el traje de adulto, el pañuelito blanco en el cuello, tocados con amplios sombreros rocaores adornados con cintas de seda, la escarapela y los puros forrados van junto a sus padres, hermanos, tíos, y amigos hacía el ayuntamiento para ser tallados y sorteados. Durante el recorrido toda la compañía canta las hermosas tonadas de quintos que resuenan chocando entre las retorneadas solanas de aliso, sirvan las siguientes coplillas de ejemplo:

Metí la mano en el bombo, y salió el numero uno,
                                   Y entonces dijo mi suegra, ya se va del pueblo un chulo.
                                       Mi novia me estará haciendo, una triste escarapela.
                                         Para ponerla en mi gorra, en mi gorra cuartelera.
                                                Quiéreme muchacha, muchacha bonita.
                                               Quiéreme muchacha que soy de la quinta.
                                                Que soy de la quinta, que soy del sorteo.
                                               Quiéreme muchacha, muchacha te quiero.
                                                     Velahi a talla, Velahi al madero.
                                                   Velahi la talla donde me midieron.
                                               Donde me midieron, donde me tallaron.
                                                  Vele ahí la talla, Velahi esta el palo.
                                                 Desde que soy quinto, mu madre llora,
                                                       Yo a mi morena, la dejo sola,
                                                          La dejo sola, sola la dejo,
                                                      De que soy quinto llora por eso.
                                         A ser soldado me voy, y no tengo escarapela,
                                         De una gota de sangre, siquiera de ti morena.

        La celebración propiamente dicha no empezaba hasta ser tallados, medidos y sorteados los mozos en los ayuntamientos el domingo Gordo de carnaval. Pues saber  el destino era de vital importancia. Aquellas familias que tuvieran la desgracia de que a su quinto les tocase a “Africa” o a una de las colonias españolas era considerado como “un luto” y  los padres en vez de felicitarles se les daba “el pésame”. Esa familia no celebraba nada, repartía entre los familiares más cercanos el gasto hecho en dulces y limonada llorando desconsoladamente. Muchos eran los que tras ir destinos lejanos como Africa, Filipinas o las islas antillanas nunca más volvieron. El cancionero tradicional también recoge buenos ejemplos como el siguiente,  cantar del “soldadito que se fue a Cuba” que recogí en Arenas de San Pedro:

Un soldadito se marcho a Cuba, y se despide de su nación,
                             Adiós parientes, padres y hermanos, adiós Amelia del corazón.
                             Adiós serrana, que ya me marcho, dentro de poco te escribiré.
                            No es por quererte ni es por amarte, pero olvidarte jamás lo haré.
                               A los dos años que en Cuba estaba, una gran carta el recibió.
                                   Era de Amalia la que el quería, que le decía que se casó.
                                    Cogió la carta la letreo, le dio un desmayo y se desmayo.
                                 Y una negrita que cerca estaba, con sus palabras le consoló.
                               No tengo padre ni tengo madre, ni estoy casada ni tengo amor,
                                   Si usted quisiera mi buen soldado, yo le daría mi corazón.
                                   A los tres años de estar en Cuba, otra gran carta el recibió.
                                   Era de Amalia la que el quería, que le decía que ya enviudó.
                                 Yo tengo un hijo, si no lo sabes, en el convento de San Andrés.
                                    Riega las flores para las viudas, yo con las flores te esperaré.
                                   Cortando flores, para las viudas, para los viudos rosas morás.
                                     Pa la casada rosa encarnada y pa las mozas ramo de azahar.
                                       El soldadito mando una carta, con sangre roja del corazón,
                                Tu bien viudita yo bien casado, tu con tus penas yo con mi amor.

        Un destino tan lejano como incierto era lo que temían las madres y las novias. Para muchos era la primera vez en su vida que salían de sus pueblos y en algunos casos la única. El temor estaba fundado en la actitud de algunos hombres que tras abandonar sus lugares de origen para hacer el servicio militar nunca más regresaron a ellos. El primer gran temor eran las enfermedades y las guerras. El segundo gran temor era que encontraran otra mujer y trabajo que le alejarían definitivamente de sus raíces. Pero a pesar de todo la mayoría regresaban. El cancionero tradicional tiene algunas coplas que ilustran muy bien lo expuesto;

Los quintos en el cuartel, se dicen unos a otros.
                                            Mi novia me esperara, hasta que la salga otro.
                                Las madres son las que lloran, que las novias no lo sienten,
                                         Se que dan cuatro chavales, y con ellos se divierten.
                                  Las novias son las que lloran, que las madres no lo sienten.
                                        Que quedan con sus maridos, y vuelven a lo caliente.
                                            No siento subir el puerto ni tampoco pisar nieve.
                                        Lo que siento es mi serrana, que otro chulo se la lleve.
                                          Los quintos cuando se van, a las novias las encargan.
                                             Que no se dejan meter, la mano por las enaguas.
                                             Me escribiste una carta y en ella una cinta verde.
                                          No quiero carta ni cinta, quiero que vengas a verme.

        El abandonar la seguridad de la familia y del pueblo era una aventura como dije incierta,  y los quintos solían hacer diferentes cosas para intentar alejar los malos destinos y el infortunio de ellos. Los quintos del Arenal por ejemplo consideraban que si conseguían coger un hueso humano en el cementerio una noche de luna llena eso les libraría de un destino fatídico. Algunos cabreros escondían una cuerna de cabra llena de vino y tapada con una tapa de corcho a la vera de un camino por el que no volverían nunca más a pasar. Y en todos los pueblos los quintos solían acudir  a los patronos locales para pedirles protección y amparo, dejando la escarapela a modo de esboto como el caso de los quintos candeledanos que dejaban en el camarín de la Virgen de Chilla sus escarapelas, adornadas con medallas y estampas de esta preciosa imagen serrana. Los areneros iban hasta San Pedro en romería a rezar y a pedirle al Santo su intercesión, allí las madres les compraban una medalla del Santo que les acompañaría hasta cumplir  el servicio.
 

                                                                                  
        En algunas localidades este día salían unos personajes con mascaras que asustaban y acometían a todo aquel que se cruzase en su camino. En Pedro Bernardo por ejemplo, desde al primer domingo del año hasta el domingo Gordo de carnaval, cada domingo durante todo el día salían los Machurreros. Solían ser los quintos, vestían ropas militares antiguas guardadas en las arcas familiares, llevaban una mascara de madera con rasgos diabólicos, colgaban cencerros de la espalda y portaban una vara con la que “cimbreaban” a los chiquillos que los tenían terror. Salían de incógnito cada cual de su casa cuando le apetecía en solitario o en grupo. En Guisando los quintos y algún que otro hombre adulto se vestían de Machurones, con sacos y costales rotos de arpillera, también llevaban colgando de la espalda un buen número de cencerros, y sus mascaras eran de tipo zoomórfico, usando para su decoración cuernas de reses crines, colas, pieles, e incluso cabezas de algunos animales disecados, como por ejemplo jabalíes, lobos, zorros o ciervos.

        En Navalosa, localidad situada en la vertiente norte de Gredos, en la cabecera del Alberche, se siguen celebrando unos interesantisimos carnavales muy parecidos a los que se venían celebrando en la vertiente sur, donde los protagonistas siguen siendo los Cucurrumachos.

        En Navalosa de nada sirvieron las prohibiciones religiosas ni el celo impuesto más recientemente por la guardia civil de la posguerra para terminar con la honda tradición del domingo gordo de carnaval. Ese día de mañana se reúnen en una casa los quintos y se visten de gala con sus trajes nuevos, llevan sombreros adornados con la escarapela y cintas de seda. Al cuello lucen el pañuelito de hilo bordado y en los puños de las camisas se cuelgan unas campanillitas a modo de gemelos. Se pintan los labios y la cara con sendos y llamativos coloretes rojos y uno de ellos es nombrado “El Vaca”, hace las funciones de tesorero y jefe de los quintos. Por otro lado en diferentes casas del pueblo algunos hombres se visten de Cucurrumachos, para ello usan mascaras de abedul de las que cuelgan crines, colas, pieles, cuernas y cráneos de cabras, ovejas y vacas que les cubre toda la cabeza (en algunas ocasiones lucen cabezas de jabalíes, zorros, lobos o ciervos disecadas). Al cuerpo llevan ropas hechas de “jarapas” o tiras de tela reciclada en los abundantes telares artesanales locales. En grandes cintos y cinchas que llevan a las espaldas o cruzados como bandas por el pecho cuelgan gran cantidad de cencerros. Les hay de dos tipos, unos que van arrastrando grandes manojos de ramas con las que incordian haciendo saltar a los que se cruzan a su paso y otros llevan  sacos con heno que van esparciendo y tirando sobre la cabeza de los hombres y en el pecho de las mujeres al tiempo que los que lo reciben dicen; “Que lo veamos al año que viene”. Los Cucurrumachos recorren las calles del pueblo aterrorizando a los chiquillos e incordiando a todo el mundo que se aparta a su paso medio en broma medio en serio.

        A la tarde los quintos se reúnen en plaza Mayor tras ellos se colocan los Cucurrumachos, avanzan por la despejada plaza hasta el lado opuesto de la misma con gran rigor, luego cruzan los Cucurrumachos con gran bulla y desorden, repitiendo esto tres veces. Luego se colocan entorno al árbol que han plantado en medio de la plaza Mayor y forman un circulo agarrados de las manos dejando en el centro al Mayo y  “al Vaca”. Tras los quintos las mozas y las mujeres hacen otro corro mayor. Para ese hacto las mujeres al igual que en los pueblos de la Vera Alta no usan disfraces, si no que acuden con sus mejores galas y aderezos tradicionales sin que falten los guardapieses o refajos Pikaos.

        Desde el balcón del ayuntamiento un personaje relevante del pueblo lee unas coplillas hablando de las osas que han pasado durante el año en Navalosa al final y con voz animada se termina diciendo “y una vueltecita”. Entonces suenan los tambores y la gaitilla haciendo que el Vaca gire danzando con su bastón de mando decorado con cintas multicolores  hacia la derecha entorno al árbol, el corro de los quintos danza hacia la izquierda y el de las mozas y las mujeres hacia la su derecha, dando un mínimo de tres vueltas alrededor del árbol luego se paran y el orador u oradora dice otras coplillas, entonces vuelven a girar cada corro en sentido contrario al de la vez anterior, esto repite varias veces, entre tanto cuando les viene en gana los Cucurrumachos molestan y entorpecen a los danzantes y los presentes. Al final con tiro simbólico al aire matan al Vaca hasta otro año.


Lunes de carnaval. (el día de los gallos).

        Al día siguiente se le conoce tradicionalmente como lunes del Gallo. Aunque hay  algunas excepciones en determinadas localidades en las que los gallos se corrían los martes o domingos del carnaval, la mayoría de los pueblos  los corrían en lunes.

        Las carreras de gallos eran un gran acontecimiento social, un momento importante para las familias que competían entre ellas de diferentes formas. A ver quien lleva el mejor caballo o yegua, la mejor montura y arreo, las mejores ropas o galas, el gallo más gordo, etc.  Los quintos entrenaban antes del día señalado  en el campo lejos de las miradas curiosas, lanzando a sus monturas al galope tendido mientras sueltan las riendas para dejar libres las manos en un alarde de virilidad que precisa de gran complicidad entre jinete y montura.

         Llegado el lunes de Gallos, los quintos delante de todo el pueblo para honra de los suyos a lomos de las mejores  “enjalmas” bordadas y los arreos en las caballerías brillantes, daban a la fiesta cierto sabor medieval como si de un día de torneos se tratase cuando acudían a correr los gallos.

        Cada quinto llevaba consigo un gallo, el mejor, de cada corral, nunca era elegido al azahar, las madres y madrinas de bautizo procuraban cuando un hijo o ahijado varón iba a entrar en quinta, seleccionar al mejor gallo del corral sobrealimentándole para ese momento o en último caso comprándole.

        En cada pueblo verato las carreras se hacían en lugares concretos año tras año, solía ser una de las explanadas de las entradas principales de los pueblos serranos, con tal de ser  amplias rectas que permitiesen la cómoda carrera de las caballerías y con suficientes árboles a los lados donde poder tender  y sujetar la soga de la que colgar los gallos boca abajo. A ambos lados del recorrido se colocan animando a los quintos los familiares y amigos junto a todo el pueblo, cerca de los gallos y de la soga de la que cuelgan se colocan las novias y las mozas enmandiladas. La soga es tensada y destensada subiendo y bajando al ave para ponérselo más dificil a los corredores. Cuando algún quinto conseguía arrancar la cabeza del gallo todo el mundo le coreaba y vitoreaba máxime si se la había cortado al suyo propio, hacto seguido tiraba la sangrante cabeza al mandil de la novia, o de las mozas, manchándosele de sangre, como incitándolas a la fertilidad o a la pérdida de la virginidad llevándose el resto del ave como trofeo que cuelga de su montura. La mayor de las proezas de las que podían hacer gala los corredores eran aquellos pocos que conseguían arrancar la cabeza del gallo con los dientes, en este caso la escupían del mismo modo sobre los mandiles de las mozas o sobre el de la novia. La carrera terminaba cuando no quedaban gallos que correr. Luego a la noche las madres o las novias les asaban los gallos que se comían entre risas y los excesos del abundante vino, recordando las anécdotas de la carrera  sobre todo las caídas.

        Este juego y tortura hacía los pobres gallos, era considerado socialmente como demostración de fuerza, agilidad, valentía, etc. en fin todos los arquetipos que se le atribuían al hombre guerrero. Pero ¿por qué el gallo y no otro animal?. Eso lo explica la doble simbología tradicional pagana y cristiana de los veratos que asocian la imagen del gallo con la negación, al recordar el pasaje de la pasión de Cristo en la que Pedro niega tres veces  a Jesús antes de que el gallo cantase tres veces y por otro lado sigue siendo el símbolo pagano que representa  la virilidad  masculina.

        En las fiestas de exaltación y virilidad masculina de los quintos es por lo tanto el gallo el animal destinado al sacrificio al poseer su sangre fuertes poderes renovadores y revitalizantes. Hace tiempo le pedí a mi padre que me contase como eran las fiestas del carnaval y de los quintos cuando celebró su quinta él. Me comentó que su quinta ya no corrió los gallos, pero que de niño si lo había visto varias veces, para mi sorpresa me contó que desde el carnaval hasta San Pedro (19 octubre) en Arenas todos los domingos había personas que criaban o compraban gallos, entonces iban al río cogían unos cuantos gorrones (cantos rodados)  luego colgaban un gallo boca debajo de una cuerda de los lienzos del castillo y a cambio de unas perras el que diera al gallo desde una cierta distancia aplastándole la cabeza contra  los duros muros se le llevaba, pero esta salvajada no me llamó la atención, lo que me llamó la atención fue la respuesta a mi inconsciente  pregunta ¿Por qué hacíais eso?. “Porque para que la tierra se despertase necesitaba de su sangre” esta fue su respuesta que coincide con los antiguos ritos agropecuarios del carnaval arcaico de tipo indoeuropeo, en los que los sacrificios eran parte vital para la germinación de los campos regándolos literalmente con la sangre de los animales sacrificados, incluyendo entre estos al ser humano.

        Con el gallo se hacían durante el estío otros juegos.  Uno consistía enterrar  el gallo en una plaza dejando a la vista solo la cabeza del animal, a cierta distancia y cambio de poco dinero el que le arrancase la cabeza lanzando un palo o piedra se le llevaba. Otras variantes incluían el tapar los ojos al tirador. Estas costumbres que en un principio recogí en Arenas de San Pedro pronto descubrí que se hacían extensibles al resto de los pueblos de la Vera Alta Serrana. Por lo que durante estas fechas pocos eran los gallos andaban por las calles, todos los que tenían algún gallo lo guardaban en los corrales durante el tiempo que duraba el carnaval, pues los quintos, gallo que veían gallo que iba derecho a la sartén sin que pudiesen reclamar.

        Como decía al principio la semana de quintos era considerada por todos como la última licencia a sus infantiles trastadas que a partir de entonces serían consideradas y castigadas como a adultos. Algunas de estas licencias de los quintos a parte de robar todo gallo que se cruzara delante de ellos, era la de robar tiestos de balcones y ventanas  cambiándolos de sitio, o colocándoles  en las “ciratas” de las fuentes o a las puertas de las parroquias donde iban a buscarlos las dueñas medio enojadas medio halagadas. Para realizar estas bromas usaban la seguridad de la noche actuando siempre con nocturnidad y alevosía. En otros casos se limitaban simplemente a destrozados con la ayuda de largos palos y ganchos. Por eso las serranas veratas y barranqueñas los días del carnaval solían guardar los tiestos que más querían lejos del alcance de las manos y ganchos de los quintos, para evitar que se los robaran o que se los rompieran. Sin embargo para los quintos esta costumbre de desflorar los corredores, balcones y ventanas tenía otro sentido, era considerado como una especie de anuncio ilustrativo destinado a  las mozas avisándolas de que dejaban de ser niños, o dicho de otra forma querían decir que ya eran hombres.

        Los quintos se solían reunir todos en una casa común en la que compartían todo y donde iban guardando,  los chorizos, morcillas, huevos, aceite, patatas, vino, panes, etc. que habían recaudando previamente por el pueblo pidiendo de puerta en puerta, echando a las aguaderas o costales de un borriquillo los productos que los vecinos les iban dando. Los quintos solían salir a pedir  el chorizo yo unos huevos, pero cada cual le daba lo que tenía, incluyendo dinero. Uno de ellos se encargaba de llevar las cuentas, a este quinto líder se le llamaba de diferente forma dependiendo de las localidades (el Vaca,  el Vaquilla, Capitán o General, en algunas localidades también se elegía  Capitana y o Generala, que solían ser las novias de los capitanes y Generales).

        Esta pareja que se comprometía públicamente representaba la continuidad de la vida, reflejo de la renovación cíclica de la naturaleza a las puertas de la primavera. Eran la cabeza de las Soldadescas. En algunas villas como en la Arenas de San Pedro  del siglo XVII por ejemplo esta procesión de la Soldadesca tenía un boato importante. El domingo gordo tras ser tallados y sorteados, acudían a la puerta del Altozano de la parroquia donde el General y la Generala del pasado Carnaval recibían la bandera de Animas de la villa de manos del párroco que era el que la guardaba año tras año, pasándosela a los Generales o Capitanes de hogaño, acompañados en todo momento por tañer de los tambores y gaitilla, de cuyo gasto y contratación se hacía cargo el concejo y la parroquia. Dos monaguillos con sendos cepillos para recaudar dinero acompañaban a la bandera de Animas, que era de rombos blancos y negros muy parecida a la bandera templaría, y en el centro llevaba un rodél amarillo con una calavera y las tibias cruzadas en color negro.

        Allí se hacía un gran circulo y el general “tendía “ la bandera pasándola primero sobre la cabeza de los asistentes y luego en el centro, cuando consideraba acabada su exhibición se la pasaba a otro en acorde consonancia con el ritmo de los tambores y de la gaita. Hacto seguido el General  montado “arrepantajhones” en su montura bellamente engalanada y la su Generala “alasillita” armado el con una espada y ella portando la bandera encabezaban una procesión que partía del templo parroquial y que recorría todas las calles principales del pueblo, a su paso los vecinos daban dinero a los “monagos”, parándose en las plazas y encrucijadas principales para tender la bandera, aquellos hombres que quisieran a cambio de un poco de dinero que tenían que depositar en los cepillos, ese dinero era destinado “para decir misas por las animas de hogaño muertas en el pueblo”. Tras ellos los quintos que vestían para ese momento un pañuelo de un solo color anudado a la cabeza a modo de cachirulo, y un pañuelo de crespón cruzado como una banda el cuerpo, cantando y danzando complicados  “paligoteos” como dicen en Piedralaves.

        Cantares y danzas que también he recogido en otros pueblos y cuya coplilla más generalizada puede ser esta atribuida a Gongora y que dice así:

“Que no son palomitas todas,
                                                           Las que pican en el montón.
                                                           Que no son palomitas todas,
                                                           Que algunos palomitos son”.

        Sin que le faltara a las voces la alegría que produce el buen vino. En Candeleda recogí  esta hermosa canción de carnaval que se llama la Generala y que dice así.

Ya resuenan los clarines, ya relucen las espadas.
                                         Músicos de cuatro en fondo, a cantar la Generala.
                                         A cantar la Generala, que me voy a emborrachar.
                                              Cuatro hay en fondo, nos las vamos a gastar.
                                         Nos las vamos a   gastar, en vino y en aguardiente.
                                       Y si nos emborrachamos, nada le importa a la gente.
                                      Nada le importa a la gente, nada le importa al vecino.
                                         Y si nos emborrachamos, la culpa la tubo el vino.

        Esta comitiva se la denominaba,  las Soldadescas, en ella participaban no solo los quintos de hogaño que ocupaban un lugar relevante, con ellos solían ir montadas delante las novias y detrás las casadas y parientes femeninas,  tras ellos los parientes y amigos acompañando alegremente. A la cabeza marcando el ritmo de la marcha y las paradas los tambores, los monagos, el General y la Generala, parando al medio día comer y prosiguiendo por la tarde. Estas procesiones se repetirían el lunes por la mañana  siendo la del martes la más espectacular y en la que de una forma directa o indirecta participaba todo el pueblo como veremos más adelante.

        Durante todo el tiempo que duraba el carnaval había bailes públicos en las plazas Mayores animados por la gaitilla que costeaba el concejo y a partir del siglo XIX empiezan a aparecer los primeros salones de baile privados. El baile tradicional se abre y se cierra con uno de los pocos bailes que tiene coreografía concreta en la Vera, hablo del Rondón que trato extensamente en el apartado de danzas y sones tradicionales.


                                                                                   

El martes de carnaval. (El día del Ofertorio).

        El martes de Carnaval es el día grande, por la mañana al son de los tambores sale la Soldadesca desde la plaza Mayor, los quintos, mozas y acompañantes visten sus mejores joyas y ropas tradicionales, los llamados trajes Serranos y Artesanos, con gran pompa recorren el pueblo Tendiendo la bandera de Animas y recogiendo los productos que a su paso les van ofreciendo los vecinos, productos que se guardaran y llevaran a la casa del párroco para el posterior Ofertorio que tendrá lugar a la tarde en la plazas mayores o a la puerta de las parroquias.

        A las cuatro de la tarde en la plaza principal se coloca una gran mesa, tapada con un paño negro, adornada con un crucifijo y en la que se colocan una o varias bandejas. Tras ella se sienta la autoridad local tanto cívica como religiosa y algún que otro personaje más o menos relevante en la vida social local. Todo empieza con el sonido de los tambores y la Tendida de la bandera, la destreza de los tendeores que la lanzaban por los aires, se la metían entre las piernas o la hacían bailar tumbados sobre el suelo sin dejarla caer nunca al mismo, provocaban los aplausos y la admiración de los presentes, que abarrotaban la plaza luciendo sus coloridos trajes.

        Entre tendida y tendida de la bandea de cada boca calle que da acceso a la plaza salían a ofrecer hombres y mujeres lo mejor de sus casas. Las mujeres se cubrían la cabeza con mantellinas y los hombres se descubrían la cabeza, mientras avanzaban hacia la mesa donde depositaban la oferta para que se subastase. A medida que se iban presentando los productos de iban subastando partiendo de un módico precio inicial comenzaba la puja y el que más diese se lo llevaba. Se solían ofrecer los más variados productos, “pero eso sí lo mejor de lo mejor”. Las mejores cebollas, garbanzos, patatas, aceite, vino, miel, dulces tradicionales, pichones, aves de corral, cabritos, corderos, lechones, etc. La persona que ejercía de oficiante solía repetir la misma frase: “… tantas pesetas por esta bandeja de perrunillas ¿Quién da más?. Tanto a la una, a las dos y a las tres. Los asistentes intentaban alargar la puja gritando frases como estas por ejemplo: ¡Qué no llueve!, ¿dónde esta el fuego?, etc.

        En el ofertorio se hacía gala del poder familiar, las mujeres competían con las mejores ropas colgándose todos los aderezos disponibles fruto de la herencia y sudor de varias generaciones. Las mujeres de Pedro Bernardo para estos días lucían vistosos guardapieses o refajos y faltriqueras de terciopelo ricamente bordadas con brillantes hilos de seda en los que abundan motivos florales, pájaros y mariposas alternativamente, adornándose los rizos y trenzados de su peinado tradicional con flores del campo concretamente siemprevivas. En los carnavales al igual que en las bodas las mujeres lucían las joyas familiares con un claro sentido de ostentación.

        Por otro lado y como he apuntado antes es una buena forma de exponer con orgullo el fruto del duro trabajo, pues se ofrece lo mejor que se tiene. En todos los ofertorios había determinados productos muy solicitados y que llegaban a subir mucho el precio real de los mismos, al picarse entre dos o tres postores que subían la puja por ver quien se lo llevaba a su casa. Y como no podía ser de otra forma solían ser por lo general los dulces hechos por las sabias y reconocidas manos artesanas de los pasteleros y carameleros veratos.

        Así se pasaba la tarde del martes de carnaval, luego cada uno se llevaba a casa lo que había comprado, el dinero era entregado a la parroquia para que siguiera diciendo misas por las almas de los fallecidos durante ese año, y todos se cambiaban de ropas para seguir con el carnaval.

       Los corros de mascaras cuando se cruzaban en la calle solían decir algunas retahílas como esta retahíla arenera:


“Mascara cochina, mascara marrana,
                                                       límpiate esos mocos, lávate la cara.
                                                  Pelotón, pelotón, pelotón de la Gangana.
                                           Se metieron en la cama, los ratones se asustaron
                                                               Y los gatos se marcharon”.

        O cantando cantares al efecto como el de la Gitana. Dice así.

                                                    El martes de carnaval, de gitana me vestí,
                                            Y me fui al salón del baile, por ver a mi novio allí.
                                          Le vi sentado en un banco, me miro y se acerco a mi.
                                             Le dije que,  ¿que quería?, ¿que le traía por aquí?.
                                                  Gitana, buena gitana, dime la buenaventura.
                                                   Si te la voy a decir, por que soy gitana pura.
                                           Tu eres un hombre moreno, que tiene buen corazón.
                                                  Pero tienes una falta que eres un camelador.
                                                   Camelas a dos mujeres, y esas te las digo yo.
                                                 Una morenita guapa, y otra rubia como el sol.
                                              Si te casas con la rubia, has de ser un desgraciado.
                                                    Si te casas con la otra, serás rico afortunado.
                                                Has de tener siete hijos, que ganen siete batallas,
                                            Para que reine su hermana, en los reinos de Granada.
                                                     Has de tener una casa, rodeada de jardines,
                                                Con una fuente en el medio, que riegue los alelises.
                                              Yo quiero a la pelirrubia, aunque no sea afortunado,
                                             Y desprecio a la morena, aunque sea un desgraciado.
                                      Bueno pues mira me marcho, que mi  novio a mi me espera.
                                               Si quieres saber quien soy, soy tu novia la morena.
                                                   Y se va la gitanilla, con el pañuelo terciao.
                                                Y la mano en las caderas todito se lo ha acertado.

        Pero no todo el mundo participaba de la Soldadesca, una mínima parte de la población seguía divirtiéndose con disfraces y mascaras, cambiando de roll y “vacilando” al personal.

        Las mascaras fueron prohibidas con severas penas en toda la Vera Alta en el siglo XX tras la guerra civil, consiguiendo su abandono total y haciendo desaparecer  gran parte de las ancestrales costumbres como la de los mencionados Machurreros de Pedro Bernardo entre otros. El amparo que daba la mascara al delincuente fue la excusa utilizada. Pero hay que aclarar que la mascara para los Veratos es una tradición ritual que solo se usaba en determinados en días una vez al año y por determinadas personas. La mascara de la Vera Alta Serrana no es un  simple disfraz, no tiene como función principal ocultar el rostro de quien la porta, si no que pasa a representar en si misma el ancestral espíritu de un mítico e infernal. De este modo para ocultar la identidad se usan otros recursos, como pintarse o tiznarse la cara, vestir de forma grotesca, usar velos, hacerse dentaduras falsas con  patatas, etc. En Santa Cruz del Valle recogí esta coplilla que hace mención a la mascara:

“El mundo es un carnaval, con careta de traidor.
                                        Quien no la lleva en la cara, la lleva en el corazón”.

        En todos los pueblos las mascaras tienen nombre propio, se visten con pieles, jarapas, suelen llevar gran cantidad de cencerros colgando de su cuerpo, y su función principal es la de dar miedo, la de asustar y acosar como dije anteriormente. Sus figuras zoomorficas e incluso vegetalmorfica  nos retrotraen a los perdidos cultos animistas prehistóricos. 

        Para los veratos en el momento que un hombre se viste con las ropas y se coloca los atributos y la mascara ritual deja de ser él para formar parte de algo mucho más profundo del consciente o subconsciente colectivo. Decía Crispin Blazquez, un buen amigo e informante que nacio y murió en Pedro Bernardo, cuando me hablaba de las horribles caretas o mascaras de los Machurreros cuchareros esta bonita copla:

“El demonio que sale, el uno de enero,
                                                 pa que rabien las mozas, niños y perros.
                                         Con la mimbre más larga, cuando hay más hielo.
                                                  Salen por esas calles, los Machurreros.”
                                                           ¡Ahí viene, por ahí viene!.

          Pero el carnaval adquiere tintes propios dependiendo de cada localidad, veamos algunos ejemplos.

        En algunos pueblos los pinos que regalaban los ayuntamientos a los quintos, se usaban para encender una gran hoguera, como hacían por ejemplo los quintos de Pedro Bernardo, en la noche de San Silvestre. En Guisando del mismo modo que se sigue haciendo una procesión, antes las mozas iban vestidas con varios pares de enaguas, y un pañuelo cruzado con pico adelante, justo de la forma contraria tradicional de colocársele o prendérsele, se adornaban la cabeza con coronas hechas de ramas de hiedra y flores sobre todo siemprevivas. En Piedralaves el carnaval era una obra de teatro en la que participaban todos. Los quintos al son de rabeles e instrumentos de percusión que fueron sustituidos en el siglo XIX, por guitarras, laudes y bandurrias, danzaban antiguos “Paligoteos”, como las Luminarias, o las ya mencionadas “Palomitas que pican en el montón”, viejas danzas de espadas, pero había un personaje representado en un pele que recibe el nombre de Maquilandrón. Representa todos los excesos y vicios humanos, por lo que unos quieren que muera mientras que otros abogan por su indulto. El  Maquilandrón era construido siguiendo un rito invariable y casi secreto, salía siempre de la misma casa, y acababa muerto por fuego. Una fiesta que deberían intentar recuperar ya que quedan no poca documentación al respecto. En Piedralaves los carnavales siguen siendo una de las fiestas más importantes del invierno si no la que más, viviéndose aún hoy en día con gran pasión. En la Adrada el carnaval lo celebran el cinco de enero, para San Blas fiesta que se la conoce con el nombre de “la tizne”. En otros pueblos como Pedro Bernardo, Montesclaros  o Poyales del Hoyo, en las procesiones de San Sebastián cada 20 de enero “acudían los fieles al templo con gran escándalo y fanfarria vestidos con mojigangas y con gran profusión de tiros y cohetes”, costumbres que erradicó la iglesia bajo pena de excomunión a partir del siglo XVIII.

        En otros pueblos como en Lanzahíta los quintos traían alternativamente, un pino o árbol que cedía el ayuntamiento al pueblo, el día 2 de mayo “el pinocho” (árbol o pino pequeño) y al año siguiente “el mayo” (un gran pino o árbol).  Estos árboles se traían en carros tirados por bueyes adornados con flores y cintas y  se clavaban en el medio de plaza mayor, donde se exponían para ser vendidos al mejor postor. Durante el tiempo que los árboles estaban clavados en la plaza los quintos organizarían animados bailes entorno del mismo. En Cuevas del Valle los quintos  se reunían el día de Todos los Santos, 1 de noviembre, para ”comer el macho”, se compraba un macho cabrío al que adornaban con cintas y una escarapela en la frente, se lo llevaban al campo a hacer la Moragá y a la vuelta al pueblo hacían con él una especie de capea, los quintos corriendo tras el macho, hasta llegar al pueblo. En Cuevas los quintos finalizaban la semana de fiestas haciendo un animado Vítor, y en las puertas donde no se les había dado nada, se cantaba mal como venganza. En Arenas los quintos  de la ciudad y los de los tres anejos la Parra, Ramacastañas y Hontanares, se reunían en la plazuela de las Monjas, el domingo Gordo de carnaval antes de misa. Todos juntos, en compañía de sus padres, abuelos, hermanos, tíos, primos y amigos, se dirigían entonando las rondas de quintos, hacía el ayuntamiento  por la calle Mesones y según pasaban las cuadrillas entraban a beber vino de las tabernas y mesones para luego ir a tallar al quinto. Luego iban a misa mayor y después fumaban el primer cigarro puro delante de los padres, como señal de madurez. Acto seguido el quinto, familiares y amigos iban de casa en casa de los quintos bebiendo licores, vino y limonada y comiendo sabrosos dulces tradicionales entre los que no faltaban las perrunillas, rosquillas, mantecados, magdalenas o pastafloras. En otros pueblos, como en Mombeltrán un año antes de entrar en quinta los mozos “cogían la bota”, o dicho de otro modo, los quintillos, el día sábado de Resurrección, durante la noche de la víspera y el del día grande domingo de Resurrección  llenaban una bota de vino con el que iban invitando a los que les dieran alguna cosa que guardarían para festejar su semana de fiesta, al tiempo que aprovechando la ausencia de las vecinas -por estar éstas a la procesión- les quitaban los tiestos de las ventanas, colocándolos en los brocales de las fuentes del pueblo. Los quintos en Mombeltrán también hacían un arco con ramas, cintas y flores a la subida de la iglesia, por la que pasaría la procesión del Encuentro. Este arco debía ser muy alto, pues era para los quintos símbolo de hombría. En Mombeltran los quintos cortaban un gran aliso que colocaban en el recorrido de la procesión con un letrero alusivo a la resurrección de Cristo. Este árbol y sus colocadores, sufrían las burlas e intentos de derribo de los hombres y mujeres mayores de la villa a su paso, por lo que los quintos se procuraban hincarlo bien hondo y seguro para que no se lo pudieran tirar. En este pueblo los quintos compraban una serie de machos cabríos y/o carneros a los que adornaban y ponían unas aguaderas en las que iban echando todo lo que iban recaudando por el pueblo, especialmente embutidos y vino. El martes de carnaval, las madres eran las que les guisaban las comidas y con la venta de las pieles de los animales estos mozos conseguían un día más de fiesta. Los de Poyales del Hoyo corrían los gallos el martes de carnaval, tirando ritualmente la cabeza del gallo a la novia o a un corro de mozas, que recogían con orgullo entre sus mandiles y delantales.

        En Poyales las madres podían distinguir por las coplas que cantaban si eran cuadrillas de quintos entrantes o salientes, pues en este pueblo las rondas las hacían tanto los quintos del año pasado como los del presente. Y  las familias que tenían un solo hijo y el servicio les suponía un duro revés, solían recibir de los vecinos algún dinero o alimento a modo de ayuda. En San Esteban los quintos compraban un carnero el día de Todos los Santos, al que colgaban dos cencerros, uno en la cabeza y otro en la tripa, con el que al atardecer daban una vuelta al pueblo haciendo el “borro”. A medianoche iban a las tahonas con sacos de castañas que asaban y que luego iban dejando a puñados en los balcones y ventanas o por las gateras de las casas de las mozas y novias. Al día siguiente los quintos encendían una gran hoguera con leña de castaño que  duraba tres o cuatro días  durante los cuales los quintos y las mozas se reunirían y harían animados bailes. El carnero terminaba guisado y comido por todos los quintos el martes de carnaval. El Villarejo del Valle a los mozos que les faltaba un año para entrar en quinta se les llamaba “Paganos”, pues tienen la obligación de pagar una comida a los quintos de hogaño. También en Villarejo, como en la mayoría de los pueblos se compraba un “borrego de los quintos”, al que se adornaba con la escarapela y un gran cencerro que se comerían en carnaval.

                                                                                      

        Yo mismo cuando entre en quinta en el año 1987, reunidos los quintos se decide comprar un carnero Topon, para hacer capeas. Las aventuras de ese pobre carnero al que pusimos el mismo nombre que “casualmente” tenía el alcalde por aquel entonces darían para no pocas paginas de anécdotas que apunto estuvieron de dejarnos sin el dinero de los pinos y por lo tanto sin fiesta.

        El cancionero tradicional de la Vera Alta tiene muchas muestras de gran interés por sus variadas melodías, riqueza literaria y  exótico sabor castellano extremeño. Sirvan estas coplas como ejemplo.

                                        Este quinto ya no vale, este quinto está aburrido.
                             Échale las aguaderas, sí, sí. Que vaya por agua al río y adiós.  
                                  Balcón del ayuntamiento. Si te hundieras, si te hundieras.
                                           Y les pillaras debajo, a los que quintos pidieran.
                                         Los quintos en el cuartel, unos ríen y otros lloran.
                                          Y otros van a por papel, para escribir a la novia.
                                           Los quintos cuando se van, se dicen unos a otros.
                                              Mi novia me esperará, hasta que la salga otro.
                                        Los quintos cuando se van. A sus novias las encargan.
                                            Que no se dejen meter, las manos bajo las faldas.
                                                 A Melilla me he de ir, a por una melillana.
                                         Que las mocitas del pueblo, parecen yeguas lozanas.
                                          Aunque me lleven a Ceuta, a Melilla o  a Larache.
                                         Yo no me aparto de ti, aunque me maten tus padres.
                                         Adiós que me voy sin verte, mi corazón sin amarte.
                                       Mis labios sin darte un beso, mis brazos sin abrazarte.

        Terminaré este apartado de los quintos  recordando que días antes de abandonar los pueblos los quintos solían ir a determinados templos, piedras, árboles o fuentes a pedir protección, despedirse y rogar un pronto regreso sano.
     
        En Arenas las mozas en carnaval solían vestirse de “jalbegadoras”, armadas con las pellicas de cordero en mano y bien untadas de cal iban dando a troche y moche a los mozos.

        Otra de las costumbres que se han perdido esa la de aparejar a dos mozos como si fuesen bueyes de yunta y unciéndolos a un yugo al golpe del látigo de otro mozo que hace las veces de gañán, hacer una parodia de arada en la plaza del pueblo. De vez en cuando los que hacen de bueyes arremeten contra las mozas  y el público mientras el gañán tira heno indiscriminadamente.


El miércoles de ceniza. (O día de la vaquilla) .

        Era el final de la fiesta, en la mayoría de los pueblos las celebraciones se acababan con la misa y la imposición de la ceniza por la mañana, pero en otras localidades se solía correr la vaquilla.  Se trata de una capea en la que un mozo armado con una especie de carretilla, a cuyo extremo se le ataban unas cuernas de toro todo él cubierto con una tela negra o con la piel de una vaca desollada que recorría las calles del pueblo acosando sobre todo a las mozas a las que intentaba por todos los medios levantar las faldas. A la vaquilla se la corría, lidiaba, le ponían  banderillas, la picaban y al final se le daba muerte, no sin antes haber pasado de unas manos a otras en un relevo de varias horas. El Arenas de San Pedro aún recuerdan este día en el que en  Arenas no había fiesta, por exceso de celo religioso, pero gran parte de la juventud se subían al anejo pueblo de La Parra, donde el miércoles de Carnestolendas  salía la vaquilla en animada capea teatral para diversión de todos.

        En otros pueblos se rellenaba un muñeco o pelele con paja de centeno y heno trenzado, al que se le iba manteando y burlando por las calles con gran alboroto, para terminar quemado o ahorcado públicamente por representar todo lo malo del invierno que hay que destruir para que resurja de nuevo la vida. Este pelele de marcado por un profundo sentido sexual recibe diferentes nombres y características locales, como el Maquilandrón de Piedralaves, la Peropala de Candeleda, el Judas de Montesclaros, el Manolo de Arenas, etc.

        A finales del siglo XIX se incorpora al miércoles de ceniza la fiesta del entierro de la sardina, así como bailes de máscaras privados en los salones y casinos locales.

        El entierro de la sardina se lleva a cabo por la tarde. En una caja a modo de ataúd se coloca una sardina, tras ella de luto y con gran mofa y chufla va la viuda y los acompañantes que no dejan de llorarla, no falta tampoco el falso cura que armado con una lata en la que echaban brasas y gomas, pimientos secos, trozos de cuernos o cualquier cosa que oliese mal  y cuyo hubo hiciera llorar a los participantes a modo de “Saljumerio”.

El 5 de febrero en San Esteban del Valle el Vitor.

        Se viene celebrando una de las fiestas religiosas más interesantes del Barranco de las Cinco Villas. El Vítor a San Pedro Bautista, Protomártir del Japón  desde el año 1.601.  Este mártir nació en S. Esteban del Valle el 29 de julio de 1.545. y murió martirizado por conspirar a favor de una posible invasión española a manos del emperador nipón en  la ciudad de Nagasaki el 5 de febrero de 1.597, junto a otros 25 compañeros más. En el año 1.891 con las reliquias del Santo guardadas celosamente en la castellana ciudad de Toro, las Concepcionistas, sus guardianas, consienten en entregar a la villa natal del Santo el cráneo del mismo, a condición de que no olvidaran mentarla y darla culto constantemente, cosa que así se hizo. Este acontecimiento provoco el enfrentamiento a tiros entre dos villas vecinas y hermanas San Esteban del Valle y Villarejo del Valle, estos últimos molestos por que la cabeza no vino a descansar en su pueblo pusieron el cráneo de un burro a la entrada de San Esteban con unas letras que decían: ”ahí tenéis la cabeza de vuestro Santo”. Esto provocó una reacción inusitada en la que hubo un muerto del bando de los de Villarejo. El enfrentamiento duró  varios años, teniendo los de San Esteban que utilizar el camino del Torozo y los Chozos o Rozos para alcanzar la carretera arrecife que conduce a Ávila. Todo se arregló tras el grave incendio que sufrió  un barrio de Villarejo del Valle cuando acudieron los vecinos de San Esteban para ayudarles a parar las llamas que devoraron un barrio entero.

  La fiesta se celebra desde el año 1.628, en dos fechas distintas dentro del invierno y una más en verano; los días 4, 5, 6, 10, 11 y 12  de febrero y los días 6, 7, 8, 9 y 10 de julio.  Tras la novena previa a la fiesta, se lleva la reliquia y estatua del Santo a una capilla de la iglesia parroquial. En invierno a las andas del Santo se las adornaba con ristras cosidas de castañas cocidas, que eran tiradas a los acompañantes; actualmente las castañas se han trocado en caramelo. En las fiestas de invierno y en las de verano, rosquillas y bollos dulces. Tras los actos religiosos que comienzan de madrugada, a media mañana,  la reliquia e imagen del Santo es llevada en solemne procesión a su ermita a cuya puerta se subastan los banzos. Al finalizar la subasta de los cuatro banzos de las andas de la reliquia y otros cuatro de la talla o imagen del Santo. A las 10 de la noche comienza el Vítor,  que consiste en reunirse en la plaza donde se levanta la ermita del Santo, todos los hombres y mozos a lomos de las mejores caballerías, lujosamente engalanadas para ocasión, esperando que salga un estandarte con la imagen del Santo primorosamente adornado con cintas de seda y clavado en una cruz de madera de más de un metro de alta. Todos los acompañantes llevan candelas y teas encendidas, al tiempo que la iluminación eléctrica de las calles se desconecta y se alumbra el recorrido del Vítor con postes  donde arde la tea y miera de los abundantes pinos resineros de la zona. Tras el Vítor marcha el alcalde de la cofradía escoltado por dos caballeros  que portan sendos faroles. Tras el alcalde marchan los pendones rojos de los mártires escoltados por dos cofrades. Por último cerrando la procesión, todos los caballeros y detrás el pueblo a pie.  El que porta el Vítor va parándose en las puertas y plazas señaladas, donde lanza una serie de décimas con la vida y martirio del Santo como por ejemplo ésta:

Qué instante tan deseado,
                                                               Sí, Bautista, estoy aquí.
                                                                Y a tu intercesión debí,
                                                         Que este instante haya llegado.
                                                              Si por mí fuiste invocado,
                                                                Y a mí tendiste la vista,
                                                               Permitiéndome que asista,
                                                                 Otra vez a esta función.
                                                                 Yo clamo con devoción.
                                                              ¡Vítor San Pedro Bautista!.

  Al final todos gritan; “Víto”, “¡Víto!. Una de las paradas obligada es la casa del mayordomo mayor o alcalde y la otra la del párroco, el cual reparte la bendición general a todos desde el umbral de su casa.  Acto seguido los caballos y sus monturas emprenden una carrera espectacular y enloquecida hasta la puerta de la iglesia parroquial. Luego en la capilla del Santo se subasta el clavar el Vítor, esto es tener el honor de clavar en la pared de la capilla del Santo el estandarte o Vítor y ser el año próximo su mayordomo mayor.  Todo esto concluye al grito solemne y gutural de “Bésale”, entonces el que más pujó lo levanta y lo besa y ante la emoción de todos es clavado un año más. Todo esto se hace en memoria de aquel fraile llamado Fray Pobre, que recorrió el pueblo dando noticias del martirio del Santo Varón. En 1.679 su casa natal se convierte en ermita donde se guarda la reliquia y estatua del Santo.

   El 11 de febrero tiene ciertas diferencias o particularidades  pues entre otras cosas a las cuatro en punto de la tarde suenan las campanas  reuniéndose todos en la ermita del Santo para besar la reliquia del Santo. Permaneciendo la ermita abierta durante toda la tarde para que todo el que lo desee pueda entrar a venerar o besar el cráneo y la cruz del Santo.

  Todo este fervor religioso se acompaña con animados bailes, juegos y fiestas de toros, entre las que no faltan las tradicionales capeas en la plaza mayor. Tampoco falta el sabor de la rica y variada tradición oral en manos de rondas, como la ronda de Cotano de Esquiladores, que anima las noches y madrugadas de sus fiestas entonando las canciones  más auténticas y representativas de su rico patrimonio folklórico.

  El celo de los de San Esteban no permite a los forasteros pujar por clavar el Vítor ni por los banzos. Hay en San Esteban un dicho a cada lanza del que dirige la puja, que va de boca en boca y dice “…si es forastero, no vale”. Esta costumbre la explican los lugareños con la experiencia de un  pasado en la que un forastero clavó el Vítor y luego se fue sin pagar. De todos modos es una de las fiestas más hermosas  e importantes de la comarca, a la que acuden cada año cientos de visitantes.

  El día 9 de febrero se celebran en Cuevas del Valle las fiestas patronales de la Virgen  de las Angustias y el día 10, el día de Santa Apolonia la Chica.  Las fiestas duraban cinco días, con las vísperas, bailes, encierros taurinos, etc. El día 9 sale la imagen de la Virgen en procesión por las calles principales de la hermosa localidad barranqueña, desde su ermita a la parroquia, y por la tarde  hay otra misa y procesión para devolver la imagen de la iglesia parroquial a su ermita.  Tras subastar los banzos daba comienzo el convite que el mayordomo ofrecía a todo el mundo consistente en  vino, limonada y dulces tradicionales, así como el desayuno de los curas, a base de chocolate con bizcochos. Al caer la noche, los hombres montados en sus mejores caballerías, se juntaban a la puerta de la iglesia para dar comienzo al Vítor en honor a Ntra. Sra. de las Angustias. La comitiva se iba parando en aquellas puertas donde hubiera luminarias encendidas, y allí cantaban las décimas dedicadas a la Virgen y que solían hacer  alusiones al barrio. La fiesta terminaba el día 11 con una misa por las almas de todos los difuntos del año.

  Tras estas fiestas, durante gran parte del mes de marzo y abril la Cuaresma y la Semana Santa ocupaban el calendario festivo.

  El día 19 en algunos pueblos se celebra la fiesta de San José. Como por ejemplo en Poyales del Hoyo, donde ese día  “se casaban las muñecas”, las mozas reunidas en una casa del pueblo, preparaban abundante comida y dulces. Al caer la noche los quintos y los mozos acudían a la casa de las mozas, cerrada a cal y canto, por ver si las podían quitar al menos los dulces.

  En Poyales del Hoyo  el lunes anterior al  miércoles de ceniza los mozos y niños tiraban a las mozas y niñas harina de salvado, de ahí el nombre de la fiesta que era conocida como “lunes de salvao”. El Domingo de Ramos en Arenas de San Pedro entre otros lugares, los niños llevan a la iglesia ramos hechos con ramitas de romero, laurel y olivo, que adornan las madres con ristras de palomitas de maíz, caramelos, perrunillas y dulces. Los ramos son bendecidos, las golosinas y dulces ávidamente comidos tras su bendición en la misa mayor y el romero, laurel y olivo son colgados en las ventanas o encima de las puertas de las casas para espantar las enfermedades, guardando alguna ramita que quemarían en la alcoba donde yaciera un posible enfermo y cuyo humo alejaría el mal. Jueves Santo y Viernes Santo eran días de recogimiento y luto pero para las santeras, brujas y curanderas estos días en los que Cristo no podía mandar por que estaba muerto eran los idóneos para pasar el poder a una nueva bruja, santera o curandera. Esas noches  eran las mejores para que los efectos de determinadas plantas tuviesen mayor efecto, como el Gordolobo o la Peonía. El Domingo de Gloria o Resurrección  antes de que el sol saliese las mujeres, acompañando la imagen de la Virgen Enlutada, salen del templo por calles opuestas a la comitiva de hombres que sale  portando la imagen del Resucitado. En un determinado punto del recorrido, plaza o encrucijada se encuentran; la Virgen es desenlutad y se cantan animadas coplas y canciones religiosas de corte tradicional. Es día de fiesta y algunas calles se adornaban con trenzas de paja de centeno y o avena con cascarones de huevos teñidos de forma natural.  En Lanzahíta y otros muchos pueblos la víspera del Domingo de Resurrección se cocían en las tahonas y hornos del pueblo las “tortas” u hornazos, que se comerían al día siguiente tras la misa y procesión matutina en  el campo en animadas cuadrillas familiares o de amigos. Igual que en Ramacastañas, que se iban a comer el  hornazo cocido en las vísperas al campo. En Mombeltrán se  festejaba el Lunes de Pascua, con la tradicional “monda”, que consistía en irse al campo a merendar la tortilla de embutidos y la calabaza del vino y los mozos hacían “los remeceros” o columpios donde se mecían las damas.

  Algunas localidades, por ejemplo Villarejo del Valle, incluyen en estas fiestas eminentemente religiosas antiguas costumbres. Así en esta localidad se sigue cantando uno, el octavo, de los catorce Romances de Lope de Vega, cada jueves Santo, concretamente el VI, VII, VIII y IX. , dejando los otros cuatro ( el XI, XII, XIII y XIV) para la procesión del Viernes Santo. Los versos se van cantando  con fuerte voz por grupos de personas que tras decir el verso, es repetido por otro grupo más numeroso, subiendo la intensidad del Romance a medida que va transcurriendo la procesión por las calles de esta hermosa Villa del Barranco.

  Otra costumbre que han sabido mantener es el juego de las Caras. Por la noche en los bares, se reúnen grupos de personas que forman un gran círculo, en el centro se colocan la o las personas que actúen como banca. Cada uno apuesta el dinero que desee a cara o cruz. Si sale una moneda con la cara y otra con la cruz se repite la jugada, pero si salen dos caras siempre gana la banca y si salen las dos cruces los ganadores son los apostadores y apostadoras que previamente han depositado el dinero en el suelo a los pies del corro. Cuando la banca se arruina se dice que ha “basculao”, entonces sale del centro del corro y entre los aplausos de los asistentes entra otro a suplir la baja, así hasta altas horas de la madrugada. La fortuna o suerte hace lo demás. Los lugareños  cuentan que este juego se hace en memoria de los soldados que se sortearon las ropas de Jesús, cuando le crucificaron. Esta costumbre reúne a muchas personas de los pueblos de la comarca que se juegan grandes sumas de dinero a este juego simple. En Villarejo aún mantienen las fiestas familiares de las Pascuas, que celebran el domingo, lunes y martes y el domingo siguiente al que llaman  “las Pascuillas”, con animadas meriendas en los montes del entorno, especialmente en los Rozos y los Corrales, donde comen  los ricos hornazos repletos de buenos embutidos caseros y las deliciosas Flabiolas, mientras  beben el buen  vino de la tierra y de la fresca limonada.

  Lope de Vega o Góngora entre otros escritores del Siglo de Oro, dejaron su huella  lírica en nuestras tradiciones. Muchos son los pueblos que siguen cantando el Romance de la Pasión de Cristo en las procesiones principales de Jueves y Viernes Santo, como apunté anteriormente, por las calles las noches de ronda de enamorados, con su ritmo ceremonial y monótono. En pueblos como Villarejo aún hoy en día, se pueden escuchar en las procesiones principales este antiguo romance que empieza con la copla:

“Coronado está el cordero,
                                                                no de perlas ni zafiros.
                                                             Ni de claveles ni flores… “

  Durante el tiempo que dura la procesión, hombres y mujeres colocados unos adelante y otros atrás, van cantando y contestándose unos a otros dando a esta costumbre un  tono ritual que sobrecoge el  alma de quien lo escucha.

Pero es Casavieja la localidad que guarda la más curiosa y antigua muestra de aculturación popular. Cada Jueves y Viernes Santo se lleva a cabo la tradición del Calvario, cantado en la parroquia por sendos grupos de hombres que se responden unos a otros, en un tomo muy lúgubre y plañidero. Calvario atribuido a Juan de Padilla el Cartujano (años 1468 – 1522?). Calvario que empieza de la siguiente forma:

Cuando al calvario con Cristo llegaron.
                                                            Era llegada la hora sexta.
                                                        Luego la gente cruel deshonesta,
                                                          Las vestiduras allí le quitaron.
                                                         Al redopelo muy fuerte tiraron…

El cancionero tradicional de estas fiestas incluye letras y poemas de José Valdivieso (1560?- 1638), que se han mantenido con los barbarismos lógicos de una sociedad rural, a la hora de interpretar los grandes escritores anteriormente mencionados, cambiando algunas palabras y degenerando el tema culto inicial.

Las fiestas de invierno terminan con la celebración de San Marcos cada 25 de abril, patrón del Hornillo y al que se le hacía una importante feria de ganado. Tradicionalmente se dice que San Marcos es el rey de los charcos, haciendo alusión a la onomástica del Santo y el día siguiente se celebra San Marquitos el rey de los charquitos, haciendo clara referencia a las frecuentes chaparradas que a estas fiestas suelen acompañar.

                                                                                

1 comentario:

  1. hola a mis hermanos y hermanas, estoy shana quiero compartir un buen testimonio acerca de un hombre llamado DR Okojie cómo él me ayude a derribar algunos hombres que me de estafa y recogido mi € 20.000.
    esos hombres almeja que le ayudará a conseguir un dinero de su empresa para pedir prestado cuando yo estaba en problemas y que necesitaba dinero para resolver el problema, me puse en contacto a los que necesito un € 13,000 para resolver un problema y que la promesa de darme el dinero y me ayude a resolver el problema que tengo.
    me dan formulario para rellenar lo que hice, después de llenar el formulario, me piden que pagar por un registro de unos 500 euro y también firmar un documento que proporcionan, que realmente pagar por los 500 euro y firmo el documento, después de que i estaba animado que voy a conseguir el dinero pronto para resolver el problema que tengo, sin saber que van a pedirme que pagar otro dinero, antes de que me di cuenta de lo que está pasando conmigo vendo todo lo que tengo enviar el dinero para ellos, el dinero que necesitaba era € 13.000, antes de que yo calculé el dinero que he enviado a ellos, era alrededor de 20.000 euro, y yo ya vender todos los bienes que tengo, me puse a llorar en la calle como un loco.
    antes de dejar que la gente no lo que está pasando que está haciendo que me convierta en una persona loca, una hermana i ni siquiera hay un antes me llamó y me siento, ella me dijo que no llorara más, que ella me va a ayudar y voy a tener todo el dinero que he perdido de nuevo, yo dije que no es posible para mí para conseguir el dinero y cómo puedo hacerlo incluso porque recogen todo lo que tengo y todavía me están pidiendo que envíen más dinero, la hermana Ahora me dijo que no pagar ningún dinero a ellos de nuevo que tiene un anciano llamado DR Okojie quién va a ayudarme a conseguir todo el dinero que recaudan de mi espalda, yo nunca le creí, pero ella me dijo que el hombre han ayudarla antes en un caso como éste.
    ellos me dio la dirección de correo electrónico y el hombre me dijo que ponerse en contacto con él, lo que realmente me hice, me dijeron que el hombre de todo lo que sucede y el hombre me dijo que no me preocupara que va a ayudarme a conseguir todo el dinero detrás de ellos , él incluso me dijo que me va a pagar el doble del dinero o pagar con su vida. Al principio yo no creo que él puede hacerlo, pero el hombre me dijo que confiara en él y tener fe también, que yo en realidad lo hizo porque no tengo opción a obedecerle, él me dijo que lo que vamos a hacer y él me va a enviar algo, realmente hice lo que él me dijo que hiciera y al día siguiente me envía algo y me diga cómo hacer uso de la cosa que enviar a mí, yo hice exactamente lo que me dijo que hacer, a mi rallado sorpresa alrededor de 3 días este último el estafado comenzado en contacto conmigo para disculpa incluso la familia de ellos unirse a ellos para la disculpa, les dije todo lo que necesito es mi dinero, y prometo que me pague todo el dinero de nuevo a mí, pero debo perdonarlos , les dije que tengo los perdone pero tienen que pagarme todo el dinero primero, así es como me sale todo el dinero que recaudan de mí de nuevo, este último DR Okojie ahora me dijo que no debería cobrar más de lo que recaudan de mí porque yo estaba realmente listo para recoger el doble del dinero de verdad.
    Doy gracias a DR Okojie para la fuente de la rejilla se utiliza para ayudar a conseguir todo el dinero.
    si usted tiene cualquier problema, por favor póngase en contacto con DROKOJIEHEALINGHOME@GMAIL.COM, para obtener más ayuda.

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