martes, 3 de mayo de 2011

Daniel Peces Ayuso.

TRADICIONES DEL VALLE DEL TIETAR PARTE 3


MARZO.

Fiestas de verano: (La primavera).

ABRIL

   Daban comienzo con la celebración del Corpus Christi. Fue fiesta principal en la que tenían sus cabildos y elecciones generales las más importantes cofradías locales, como la de la Vera Cruz o la del Santo Espíritu, entre otras. En determinados portalones del recorrido de la procesión las vecinas levantan hermosos altares, donde salen a relucir primorosas piezas de la artesanía textil de la comarca. Sábanas con delicados deshilados, bordados imposibles en seda, lana o lino de brillantes colores, puntillas de hilo de oro  y plata, encajes y filigranas de las artesanales manos de nuestras bordadoras y las bordadoras del vecino Navalcan, Talavera de la Reina y Lagartera. En los altares no faltan abundantes alfombras de oloroso tomillo y romero que al pisarlo llenan de su aroma las calles. En dichos altares se parará la custodia a descansar unos instantes, acto seguido seguirá el recorrido de la procesión hasta llegar a la iglesia parroquial. Las alfombras de plantas olorosas son recogidas con avidez por los asistentes a la procesión y guardadas, para prenderlas en la alcoba de los enfermos y de este modo espantar el mal y la enfermedad sanándolos con la inhalación del humo que desprenden en su combustión.

  Ocho días después de la fiesta del Corpus se celebraban las Luminarias. Durante tantos días como barrios hubiera dispuestos a organizar una fiesta, a partir de la octava del Corpus, como ya se ha dicho, los vecinos se reunían y juntos preparaban  y costeaban la fiesta, a la que estaban invitados el resto de los vecinos del pueblo, teniendo que comprar vino en abundancia, con el que hacían limonada fresca, perrunillas, rosquillas, mantecados, y carne de cerdo, bien embutida, bien para asar. Mientras que entre todos adornaban el barrio, compitiendo unos con otros a ver cuál de todos los barrios será el más bonito y animado. En el centro de la fiesta se amontonaban haces de tomillo y romero que eran prendidos, inundando todo de  un agradable olor. Este humo era considerado como un incienso para Dios y tenía la facultad de alejar las enfermedades de los habitantes del barrio.

  En Arenas de San Pedro llegaron a ser fiestas principales hasta la llegada en el siglo XVII de Fray Pedro de Alcántara, fecha a partir de la cual empieza a decaer la llamada tradicionalmente “fiesta de los barrios”. Como curiosidad destacar que en Arenas de San Pedro, la situación del barrio en fiestas se indicaba al resto de los vecinos  poniendo en el lienzo de la torre parroquial orientada a la zona de festejos en cuestión una serie de tarros  de cerámica  llenos de resina encendida, como señal luminosa. No en vano la iglesia parroquial guarda una de las joyas de la diócesis de Avila; se trata de una hermosa custodia renacentista de plata maciza de gran valor artístico y que pesa unos siete kilos.

Parecen la flor de mayo, parecen la flor de abril, parecen a la que reina, en las Cortes de Madrid..

MAYO.

  Días  1 y 3 de Mayo: la fiesta de la Cruz de Mayo.  En la mayoría de los pueblos se embellecían con cintas y flores ciertas cruces que estaban en determinados templos, o que levantaban los vecinos en determinados barrios, al tiempo que los chiquillos iban pidiendo “una perrilla para la Cruz de Mayo. Que si no no me callo”. Dinero con el que luego las pandillas se costeaban una merienda campestre, como pasaba en Arenas de San Pedro, por ejemplo. En Lanzahíta “vestían” la Cruz en la iglesia con lazos, cintas, flores y frutos; ese día además en todas las casas de Lanzahíta se comía de postre las ricas natillas. En Villarejo del Valle, la tradición oral dice que se guarda un trozo o astilla de la Cruz en la que murió Cristo en la parroquia, custodiada por los cofrades de la Vera Cruz. El mayordomo mayor, ese día 3,  daba un convite por la “enhorabuena” que recibe de los asistentes a la misa, agasajándoles con el buen vino de la tierra y los dulces tradicionales. Este mayordomo era el encargado de organizar a la noche el Vítor a la Santa Cruz por las calles y plazas del pueblo. Reunidos todos a la puerta de la iglesia, montados en sus mejores caballerías, emprendían una marcha por una ruta invariable con una serie de paradas rituales en la puerta del secretario de la Cofradía de la Vera Cruz, otra en la puerta del mayordomo,  otra en las puertas del ayuntamiento y por último en la del  mayordomo del próximo año.

  En San Esteban del Valle, la fiesta contaba con una víspera el día 2 por la tarde. El día 3 tenían cabildo la cofradía de la Vera Cruz, la más importante y elecciones para renovar los cargos. Por la tarde se solían reunir los chiquillos y jóvenes para beber leche, que compraban o robaban en los corrales.

  En El Arenal y otros pueblos hacían “la colgaura”. Esto es, adornaban las fachadas de las casas colgando de ventanas, balcones, corredores y puertas con hermosas colchas, sábanas, pañuelos bordados y/o mantones sabiamente mezclados con floridas  y olorosas macetas. En algunos casos los adornos cubrían las calles al ser colgados de unas casas a otras situadas enfrente. En determinados lugares se levantaban pequeños altares con la cruz en el centro, sin que en estos altares faltase la alfombra de fragante tomillo y romero.

  En Hontanares se celebra una de las romerías más antiguas de la comarca. La fecha en principio no es fija, aunque últimamente se viene celebrando  el primer domingo del mes de mayo. Tradicionalmente se celebraba el primer lunes de Pascua saliendo la romería a las siete de la mañana y el domingo de Pascua se elegían a  dos mozas como mayordomas mayores del Cristo. Las mayordomas del Cristo estaban las siete semanas previas a la fiesta recorriendo el pueblo de puerta en puerta, pidiendo “limosna para el Cristo bendito”. Unos les daban huevos, otros aceite, otros vino, miel o embutidos, al tiempo que las mayordomas se lo agradecían diciendo “El Cristo bendito te lo pagará”.  Con el dinero encuestado se compra un gran cirio que pesa más de una arroba y servirá para iluminar la imagen del Cristo durante todo el año. Con el dinero sacado también se compraban ciertas ropas las mayordomas que lucirían el día de la romería, cuando llevasen el cirio al Cristo. El ayuntamiento colaboraba poniendo al servicio de las mayordomas el día de la romería dos hombres a caballo para que las llevaran y otro más para llevar el gran cirio. Esta romería se remonta a la Edad Media, cuando unas epidemias diezmaron  a estas poblaciones. Entonces los de Hontanares solicitan a las parroquias de la zona, una imagen de Cristo en la cruz a la que  rogar para que la peste no se parase en la población, con la promesa de devolverla, una vez pasada la epidemia. Los de Lanzahíta es prestan la cruz, pero los de Hontanares nunca se la devolvieron, surgiendo las lógicas disputas y denuncias que ponían en peligro la armonía entre estos dos pueblos.  La solución al problema la encontraron los doctores de la iglesia al dictar la siguiente sentencia; el Cristo llamado de la Luz se quedaría para siempre en Hontanares, pero la fiesta, así como los mayordomos y los oficios religiosos eran responsabilidad de los de Lanzahíta, y a ellos solo se les permitía organizar la fiesta. Por lo tanto la romería es desde Lanzahíta, donde se reúnen  a la puerta de la iglesia junto a las mayordomas, para asistir a la bendición del cirio, junto a los romeros de Pedro Bernardo, Buenaventura, Gavilanes y Mijares, que van cogiendo el camino de los Higuerales en dirección a “la barca” de Casagata y vadeando el caudal del río Tiétar, si la corriente del mismo lo permite. Si el río baja crecido haciendo imposible vadearlo, seguían hasta alcanzar el único puente de la carretera que va de Ávila a Talavera de la reina, en el termino de Arenas de San Pedro. 

   Uniéndose a romeros del Barranco, de Arenas, la Parra, Guisando, etc. los mozos de Lanzahíta solían prender cintas de seda del cirio, que luego traían de regreso prendidas en las alas de sus sombreros y que posteriormente regalarían a sus novias o pretendidas.

  La fiesta consiste en asistir a la misa y procesión del Cristo de la Luz por las calles de Hontanares y comer en el campo a las orillas del Tiétar, entre gran animación y la actuación improvisada de los músicos locales y algún que otro guitarrero tradicional. Hay una leyenda que asegura que el Cristo de Hontanares o de la Luz se vela cuando alguien fotografía dentro de la iglesia, siendo imposible retratarlo, por lo que les aconsejo que lleven una cámara fotográfica para una fácil comprobación.

Actualmente  esta romería goza de muy buena salud.  Impresiona sobre todo ver el regreso de los romeros a Lanzahíta al finalizar la fiesta, corriendo a galope tendido desde la entrada de la población, hasta la puerta de la iglesia parroquial, mientras todo el pueblo se aprieta contra las estrechas paredes de las calles aplaudiendo y animando  a la carrera a jinetes y animales. Para evitar accidentes primero entran al pueblo los caballos mejores y más veloces. Luego los caballos y yeguas de peor calidad y por último entran los mulos, y burrillos cargados de chiquillos que arrean a las cansinas caballerías provocando más de una caída y la risa del publico asistente.

A la luna de junio yo a vos comparo, que no hay luna más clara, en todo el año...

JUNIO.

  La fiesta de San Juan el 24 de junio, marca el inicio de la primavera. Se celebró en todos los pueblos de la comarca; en Mombeltrán era fiesta principal con festejos taurinos y comedias incluidos, además de ser el titular de la parroquia. En Arenas de San Pedro  la iglesia y convento de Agustinas Recoletas, situado en la plaza del mismo nombre, también está bajo el patronazgo de San Juan Bautista, teniendo altares en todos los templos de la comarca.

  Es la fiesta del fuego, del humo y del agua. Es la noche mágica por antonomasia. La mejor para recoger determinadas plantas a las que se les doblará el poder si se recogen esa noche. También es la noche en la que algunas doncellas encantadas bajo las aguas de determinadas fuentes salen de las profundidades cantando hermosas canciones mientras trenzan sus cabellos verdes como la hierba, encantando al incauto que escuche su cantar, ahogándole en las aguas de la fuente y desapareciendo  con los primeros rayos del sol. Leyendas como la que cuentan en Guisando de la reina Mora que vive en la fuente de los Pelaos, en lo alto de la sierra y que sale cada noche de San Juan  en busca de un hombre al que ahogar en sus frías aguas. Del mismo temple es la leyenda de la Mora encantada en la fuente de Sabina de Arenas de San Pedro, entre otras muchas versiones. Es más esa noche un tipo de helecho, que crece  a las orillas de los ríos y arroyos, y al que se le llama tradicionalmente “helecho macho”. En esa noche  se cree que algunos helechos machos cantan una canción y que aquel o aquella que la escuche encontrará la fortuna y la felicidad en la vida. En el Hornillo las mozas salen al campo en busca de una planta que llaman la Siempreviva, que cuelgan de la puerta de sus casas, para espantar a las brujas de entrar a incordiar.

  Una de las costumbres más pintorescas es la de echar las enramadas. Los mozos  salen al monte de mañana a cortar los ramos verdes de determinados árboles, y otros frutos maduros, que adornaban con cintas de seda y dulces. Cada madera o ramo tenía un significado implícito:  si la enramada llevaba ramos de aliso, “ni pa techo ni pa piso”, el mozo no quería o esperaba una relación firme. Si por el contrario  la enramada llevaba naranjas o azahar era señal de boda, etcétera.

  Estos ramos eran colgados al amparo de las sombras de la noche de los balcones y ventanas donde dormía la moza a pretender. En algunos pueblos como en Poyales del Hoyo las enramadas se echaban por las gateras a los zaguanes de las casas. A la mañana siguiente las mozas recogían las enramadas y se las enseñaban y comparaban unas a  otras. A las mozas desabridas o rancias se las colgaban ristras de huesos o zanjarrones aderezadas con unas cuantos manojos de cardos, o un estropajo o jabón.

  Los mozos tenían que estar toda la noche en vela vigilando la enramada para que ningún otro se la quitase y asegurarse de que a la mañana la recogía la dama o dueña.

  Otra de las curiosas costumbres relacionadas con la mañana de San Juan era la costumbre de “ir a ver bailar el sol” sobre la superficie del río.  Y es que la mañana de San Juan el sol baila en el cielo de alegría, pero no se puede ver su danza, si no es en el reflejo del agua de un río. Y aseguran que una visión que jamás se olvida. Aún hay personas mayores que aseguran haber ido a ver bailar el sol al cauce del río.

  Las mujeres la mañana de San Juan antes de salir el sol solían ir a recoger las virtudes del agua a una serie de fuentes determinadas o praderas donde recogían con los pies el rocío de la hierba. Esta agua además de tener el poder de alejar los males, embellecía el rostro de las mujeres que se lo lavaban tres veces seguidas.

 Las mozas de  Arenas, Guisando, El Hornillo y El Arenal solían ir al monte en busca de la Siempreviva, que colgaban de ventanas, puertas y balcones, donde se mantenía verde todo el año y servía para espantar a las brujas y al mal en general.

  En Ramacastañas la mañana de San Juan amanecía con cruces pintadas con ocre en todas las fachadas de las casas, como símbolo de protección contra el mal. En Lanzahíta para sanarse iban a la fuente o el  “Cogedero de las virtudes”, a echarse cubos de agua encima para sanarse.  En Poyales del Hoyo las mozas muy de mañana, antes de salir el sol iban a la fuente del Tejar, a las afueras del pueblo, con un huevo cada una. Al salir el sol metían la mano con el huevo en el pilón de la fuente y en ese instante podían ver  reflejados en la superficie del agua la imagen de sus difuntos familiares. Al salir el sol, las mozas hoyancas decían a coro al tiempo que se lavaban la cara y manos y se atusaban los cabellos:

“San Juan, San Juan, San Pedro, San Pedro.
                                                 Mi pelo, mi pelo, arrastra hasta el suelo.
                                                   Mi alma, mi alma, sea llevada al cielo”.

  Rito que aseguraba entre otras cosas belleza y salud a las mozas que lo hacían.

En la Adrada por ejemplo  la noche de San Juan era la primera  noche que los mozos rondaban a las mozas. Al atardecer los mozos se reúnan en la plaza con los guitarreros, cuando la noche había caído se dirigían a la ermita de la Virgen de la Yedra, que como moza era la primera en ser rondada. De allí partirían por las calles del pueblo, hasta la madrugada en la que echaban la enromada y esperaban a las mozas para acompañarlas a recoger las virtudes y asegurarse de que había recogido su enramada. Las mozas se levantaban muy temprano e iban a recoger las virtudes del agua de siete fuentes. Se reunían a las orillas de la fuente Cervera, a medio kilometro fuera de la población, de allí iban ala fuente de la Plaza, Franquillo del Medio, del Mazo, la Frisa, el Cauce, y por último a la fuente del molino de las Animas.

 En todos los pueblos por la tarde los vecinos reunidos por barrios iban sacando al medio de las plazas y calles todos aquellos trastos susceptibles de ser quemados amontonándolos para la posterior hoguera. Por la noche se encendían las hogueras, mientras los chiquillos y mozos saltaban las llamas y rescoldos no sin socarrarse un tanto los pelos y bigotes.  En estas fiestas no se admitía a personas de otros barrios o forasteros, ya que era la fiesta de los vecinos de toda la vida y de un ambiente festivo donde se comía y bebía, cantaba y contaba las cosas del barrio y de la vida dura de estos hombres y mujeres que forjaron parte de nuestro pasado reciente. El hecho de disponer de tanto cacharro listo para quemar tenía su explicación lógica, puesto que las casas días antes de San Juan se limpiaban por dentro y se oreaban. De este modo todo lo que se rompía o no servía, era apartado para la hoguera de la noche de San Juan. Las fachadas sin embargo se enjalbegaban o encalaban  después de la fiesta, pues existía la costumbre de pintar en las fachadas de las casas de personajes más o menos relevantes de la vida local. En algunos pueblos se enjalbegaba en otras épocas del año o fiestas, como por ejemplo en Cuevas del Valle, que se embellecía para la fiesta de las Angustias. Frases, coplas y décimas siempre críticas y burlonas, que a más de una madre tenían en vilo durante toda la mañana y que en caso de haber recibido la visita de estos poetas locales, buena prisa se daban en borrarlas. Solían utilizar el barro ferruginoso y calcáreo de las dehesas y riberas de Tiétar, de un fuerte color ocre.  En otros casos se limitaban a pintar en las fachadas la cruz de San Juan, en este caso la pintura se respetaba pues se le tenía como signo que aleja el mal. Muchos son los pueblos que aún hoy en día siguen manteniendo las hogueras, rondas de enramada y fiestas de San Juan como Arenas de San Pedro, San Esteban del Valle, Santa Cruz del Valle, etc. y aún quedan pastores que madrugan para recoger la primera canícula  en el amplio horizonte y así determinar como será el año próximo, climatológicamente hablando. También un huevo cascado dejado en un vaso de agua al fresco durante la noche servirá a la mañana siguiente para descubrir o adivinar algo más del futuro personal.

   Siete días van de San Juan a San Pedro apóstol como dice la copla tradicional:

De San Juan a San Pedro,
                                                                       Van cinco días.
                                                                 Y a ti te falta menos,
                                                                         Para ser mía.

Fiestas de verano. (Julio, agosto y septiembre).

En el mes de julio niña, yo te vi por vez primera, y me pareciste amor, rosita de primavera...
JULIO.

  El día 29 de julio se celebra San Pedro, santo de goza de gran devoción entre los numerosos pastores de la comarca, de los que es patrón. San Pedro, al que llaman “de los criaos” es fiesta principal, por ejemplo, del hermoso pueblo serrano de Guisando.   Pueblo habitado en un noventa por ciento de pastores de ovejas y cabras, y un diez por ciento de maestros artesanos. El día y fiesta de San Pedro se ajustaban los tratos anuales de los pastores y zagales de a sueldo o dicho de otro modo de oficio. Ese día se podían ir los pastores descontentos de sus amos con otro  que le conviniese más. Una copla del cancionero tradicional de la comarca ilustra perfectamente el sentimiento sentir de esta fiesta eminentemente ganadera:

El día de San Pedro,
                                                                    Los amos lloren.
                                                                Y los orejudos laman,
                                                                      Otros calzones.
                                                                 El día de San Pedro
                                                                      Le dije al amo.
                                                              Que otros perros careen,
                                                                      Los tus badajos.

  Y entre las parejas que discutían se suele decir ”…hacer el San Pedro. Cada uno a su bujero”. También este día se elegía a los dos mozos Listeros, que eran los encargados de cobrar las partes que cada mozo tenía que pagar par comprar el toro de la feria y fiestas. Quizás por eso se elegía a los más fuertes y brutos, o lo que es igual, a  los que mejores artes persuasivas tuviesen.

  A Guisando acudían todos los ganaderos de la comarca en busca de nuevos criados para guardar los ganados. Se concentraban en la plaza mayor del pueblo amos y criados y ajustaban los tratos, que incluían entre otras cosas dineros, 12 chivas, comida y calzado.  Todo ello con su consiguiente misa, procesión y animado baile.

En la Adrada los pastores solían decir:

“ Amo; ¿Te quedas con el amo?.
                    Pastor; yo por el amo me quedaría, pero el ama es una tía jodía.”

  En Villarejo del Valle las noches de San Juan y la de San Pedro se celebraba la “Borrondanga, fiesta en la que los mozos se reunían por separado de las mozas cada uno en una casa del  pueblo.  Por la tarde y durante toda la noche los mozos van a la casa donde se guardan las mozas y les tiran fruta por las ventanas y balcones, mientras que intentan quitarlas las comidas y dulces que ellas tienen preparados para esa noche, donde no faltaban las natillas y o el arroz con leche, para terminar echando las enramadas al balcón donde las propias mozas las colgaban. Allí en Villarejo los mozos el último día de fiestas  solían cantar:

“De San Juan a San Pedro, van cinco días.
                                                  Los que tienen los mozos de despedida”.

  En Pedro Bernardo el mayordomo repartía la caridad el día del San Pedro titular de su parroquia, consistente en vaca cocida y pan (vaca que era corrida y degollada el día anterior con gran fiesta). Este día además los cuchareros, (naturales de Pedro Bernardo) pagaban los diezmos de sus corderos. A los pies de la abantera, existe en Pedro Bernardo un paraje conocido con el nombre de los Sanpedros (hoy en día finca particular), donde  cerca de una fuente, y no muy distante de unas ruinas paleocristianas que incluyen una ermita, hay una muy antigua losa de granito berroqueño en la que está labrada una imagen tosca del Santo, en la que aparece un hombre desnudo de medio cuerpo para arriba y con una especie de falda o túnica que le cubre la cintura hasta las rodillas, portando en la mano derecha  el cayado símbolo de pastoría y  ofreciendo la otra mano abierta en alto.

   Durante los meses de julio, agosto y septiembre el trabajo dejaba poco tiempo para las fiestas. Por un lado, gran parte de los hombres estaban trabajando en los pinares sacando la miera. Otros, no pocos, hoz en mano habían cruzado la sierra con poco más hacia los valles cerealistas del Amblés y la Moraña, donde trabajarían de sol a sol hasta el final del verano. Por si esto fuera poco, los pastores de la comarca estaban dispersos por los recortes de la abrupta sierra, lejos de los pueblos y aldeas, a los que bajaban semanalmente a vender el queso y comprar lo necesario. De este modo pocos quedaban en los pueblos que se vaciaban, quedando los artesanos, como los tejedores, bordadoras, alfareros, carpinteros, hojalateros, leñadores, teneros, sastres, zapateros, etc. que harán el agosto reparando y reponiendo todo lo que fuese menester.

  Pero en los pueblos de la comarca las ferias y mercados de origen medieval se vienen celebrando desde hace cientos de años de forma invariable  por estas fechas del estío.     Así, la mayoría de los pueblos celebra sus fiestas patronales y ferias anuales en estas fechas de máxima labor agropecuaria en la que todos los miembros de la familia ayudaban a mantener la economía familiar. Pero la semana de las ferias o las fiestas del patrón o la patrona eran una excusa perfecta para dejar todo por hacer y dejarse llevar una semana por la diversión y la juerga. El buen vino del país llamado de Pitarra, el Embocao o el aromático Ligeruelo de Pedro  Bernardo corren por las tabernas, mesones y guangos, junto a los tasajos de cerdos y pollos asados y a los dulces tradicionales. En estas fiestas y  ferias se compraba el cerdo para el invierno, los ajos para la matanza, los aperos para las caballerías, los cacharros de cerámica y de latón, o los pañuelos de seda y crespón que lucen las serranas orgullosas, regalo de sus prometidos. Y es en estas fiestas donde un animal totémico para esta zona, adquiere todo el protagonismo siendo el eje de la fiesta: el toro. La cultura indígena protoceltica de los Vettones representaba en toscas piedras de granito estos animales, base de nuestra economía agropecuaria y que tienen aún en nuestros días nombre propio: la raza Avileña pura. Lejos de los festejos taurinos de las corridas tradicionales de toros está la fiesta de toros en los pueblos del valle. Aquí el toro representa y toma el nombre del patrón o de la patrona, siendo el toro de la Virgen o el de San Roque. El pueblo lo compra, elegido por una comitiva seleccionada entre todos y por todos. Es traído a las afueras del pueblo a caballo y con garrochones es conducido hasta los arrabales donde entra por determinadas calles hasta la plaza mayor donde es acosado sin descanso hasta conseguir su muerte. Por el recorrido era normal arrojar al toro dardos o ponerle banderillas, que las mozas hacían con seda.   No faltaba quien al pasar el morlaco a mano no le diera una mojá con la navaja, inquilina  interna de las fajas de lana. Los más valientes le recortaban o hacían el Tancredo, esto es quedarse inmóviles con la esperanza de que el animal no reparase en él. A media mañana el toro estaba desollado y descuartizado en cientos de partes que se repartirán entre los habitantes del pueblo a muy bajo precio. Las cuernas eran requeridas y compradas por pastores para hacer vasos o colodras o liaros  donde guardar el aceite. La cabeza y los mondongos los solían comprar los carniceros de la localidad; lo demás se repartía entre todos, en una especie de banquete ancestral. La tradición oral es tan rica en lo que a este tema respecta que ha creado una peculiar forma de expresión de este sentimiento torero, que va más allá del traje de luces y presidencias en el que se encierran las claves de que podemos llamar fervor taurino.   Sirvan estas coplas de las toreras más conocidas en los pueblos de Gredos:


    El toro tenía seis meses,
                                                                 Le criaba una serrana.
                                                              Con la leche de sus pechos,
                                                                     El alimento le daba.
                                                                      El alimento le daba,
                                                                     Y el alimento le dió.
                                                                   El toro tenía seis meses,
                                                                        La serrana le crió.
                                                                    Y acábame de matar,
                                                             Que me tienes medio muerto.
                                                               Y luego me han de enterrar,
                                                                Con las flores de tu huerto.
                                                               Con las flores de tu huerto,
                                                                   Las flores de tu jardín.
                                                                   Los colores de tu cara,
                                                                   Muerto me tienen a mí.
                                                              Ya está el torito en la plaza,
                                                                 Y el torero en la barrera.
                                                                  Y la dama en el balcón,
                                                              Pidiendo que el toro muera.

  Y es que para las mozas era muy importante que su novio no tuviera miedo a los cuernos del toro, e incluso que se manchase la ropa de sangre, eso era signo de valentía. Dice otro fragmento de una torera, haciendo alusión a la capa:

“… si se rompe que se rompa,
                                                             la mi morena me la coserá.
                                                               Y si se mancha de sangre,
                                                             La mi morena me la lavará…”

  Desde niños los mozos se entrenaban capeando los cuernos de alguno de los muchos machos topones, bien cabrios u ovejunos, que corrían tras los chiquillos preparándoles para correr ante las astas del toro. Y la afición llegaba a tal punto que en determinadas fiestas como las bodas de rumbo, por ejemplo, se corría un toro o vaca morucha de las ganaderías locales, pues en la mayoría de los ganaderos salía alguna que otra vaca  y/o novillo bravo que hacía las delicias de los mozos y del publico en general y que era conducido al pueblo con la menor excusa, para volver a sus corrales una vez corrido o capeado por los mozos, sin que a estos animales se les hiriese o causase daño alguno. En las capeas y en determinados pueblos sobre todo las mujeres tomaban una parte activa, bien asentadas en balcones, tablados y ventanas, vestidas con sus mejores galas cantando  y animando a los mozos al son de las toreras y los “chillíos”, o gritos que dan las mujeres cuando ven venir a los toros por las calles a la plaza, pero sobre todo cuando un toro o vaquilla morcaba y pateaba a algún que otro despistado o valiente.  Esos  “chillíos” nos recuerdan a los gritos que dan las mujeres del norte de África, aunque a diferencia de estas últimas las de aquí no mueven la lengua; se trata de mover la mandíbula produciendo un agudísimo chillido, que ensordecía y sobrecogía más que las astas del toro. Por la intensidad del grito se sabía donde andaba el toro y si había cogido a alguien. Como ejemplo esta copla de una torera tradicional para ilustrar lo dicho:

La mí mujer en la plaza,
                                                             Del medio pegó un chillío.
                                                              Salga el toro, salga el toro,
                                                             Que el torero es mi marido.

   Tampoco era muy extraño ver saliendo a  grupos de mujeres a las calles del recorrido del encierro, e incluso corriéndolas un tramo o toreando a las vacas “ al alimón”. Pero lo que más gustaban hacer era dejar las puertas de sus casas entreabiertas, de este modo algunas veces el animal entraba en el portalón de las casas  para confusión y miedo de sus inquilinos. Se han dado casos de entrar las vacas y o toros de la capea en alguna casa en cuyo portal está la entrada o puerta de la bodega o cueva, cayéndose la vaca a la misma,  al hundirse la tapa por el peso excesivo, para agobio de los dueños que ven cómo los mozos les patean todo movidos por el miedo y la adrenalina.  Otra de las cosas que hacían las mujeres era bordar las banderillas a los mozos, algunas las hacían por gusto y se las regalaban a quienes ellas estimaban oportuno. Pero en cada pueblo hubo determinados barrios donde en una época concreta habitaron o simplemente se reunían las banderilleras para dirigirse a la plaza donde posteriormente y entre alegres cantos con olor a vino, venderían sus banderillas a  bajo precio. No olvidemos que los toros eran objeto y diana de cientos de banderillas y dardos que se clavaban por todo su cuerpo, menos en la cabeza. El cancionero tradicional guarda una de las canciones más representativas y conocidas de la comarca del sur de Gredos y que ilustra perfectamente lo dicho de las mujeres y su importancia en estas fiestas, como la torera de Catalina la Torera e innumerables coplas como estas extraídas  del cancionero tradicional arenense:

De la Corredera salen, los toreros y toreras,
                                       Y del barrio San Juan Alto salen las banderilleras.
                                           Las banderillas al toro, no las supiste prender.
                                      Por prenderlas del derecho, las prendiste del revés.

   En todas las capeas lo más esperado es que una res se quede rezagada y buscando un sitio por donde huir; se escapaba del recorrido provocando el pánico general por toda la localidad. En ocasiones, los toros y vacas que se escapaban tras dar algún que otro mal revolcón a algún despistado, acababan muertos a tiros en el monte, y otros lograban burlar a todos y permanecían escondidos en los intrincados bosques durante varias semanas provocando los consecuentes trastornos y miedos. De todos modos no se concibe ninguna fiesta en ningún pueblo de la comarca sin  algún festejo taurino. Excepto en El Arenal, que en sus fiestas no incluye ningún festejo taurino desde mediados del siglo XX.

  Actualmente se han incorporado algunas costumbres importadas, como el toro de fuego, que es una  carcasa metálica con la forma del animal a la que se la cuelgan una serie de cohetes y petardos que arden  en impredecibles  ráfagas quemando y haciendo saltar a todos los que se exponen en su recorrido. Otra costumbre que ha traído la energía eléctrica en las plazas son los apagones de madrugada. En plazas de toros como la de Arenas de San Pedro, a partir de las 3 de la madrugada, se sueltan reses en el coso y en el momento que la res va a pillar a algún mozo torero, las luces se apagan quedando todo a oscuras, y encendiéndose instantes después, sin que nadie vea si el mozo ha sido cogido o no. Otra variante hoy perdida era enmaromar  por los cuernos a un toro o una vaca y sacarla por las calles principales, sujetándolo  cada vez que  estaba a punto de coger a algún mozo.

  Otras generalidades en días de fiesta son: la compra de hielo o nieve, para hacer la rica leche merengada, el aguamiel, o los helados en general, que en improvisados quioscos, guangos o a lomos de los borriquillos, iban vendiendo los y las heladeras de la zona los días de fiesta. Para ello, en la sierra se hacían grandes neveros que aseguraban el mantenimiento del hielo, aunque la sierra no guardase ningún nevero en los veranos más calurosos. La nieve prensada y el hielo también se vendían para fines farmacéuticos. La mayoría de los neveros pertenecían a los conventos de la zona.

  En verano, cuando llegaban las fiestas, las mujeres se preocupaban días antes de guisar en abundancia platos en los que se conservaran bien los alimentos, guardando ciertos alimentos como lomos, jamones, quesos, vinos especiales, etc., para “decentarlos”, o comerlos con la familia los días de fiesta mayor. Dado que en este tiempo se trabaja afanadamente y muchos están lejos en el campo con los ganados, la semana de fiestas supone un descanso en el que se renuevan las fuerzas para seguir hasta la recogida de las bellotas, nueces y castañas, poniendo fin a las tareas del verano.  Por eso las fiestas se disfrutaban lo máximo posible, las mozas que iban a por agua al río, o a hacer “algún mandao”, dejaban el cántaro en la fuente y se iban a bailar, siendo los días de procesión y toros  días de total holganza y diversión.

Ay que si, que si. Ay que no, que no. Si tu tienes rosas, jardín tengo yo...
  Dicho esto, vayamos con las ferias y fiestas patronales de verano más importantes de la comarca:


  Día 2 de julio fiestas de la Visitación y Ntra. Sra. de la Puebla de Mombeltrán.

  Cuenta la leyenda que estando un pastor sacando unas astillas de un gran castaño, éste de pronto se quejó, y en su interior descubrió la imagen de la Virgen que tomó el nombre del lugar de su aparición: de la Puebla. Allí mismo se la levanto una ermita y un coso para festejos taurinos, que aún mantienen partes de sus muros en pie, como testigos de su pasado. Antiguamente la imagen de la Virgen de la Puebla era llevada hasta la Mombeltrán nueve días antes de su fiesta, devolviéndola a su ermita el día 2 por la tarde con animada romería que incluía juegos de toros. Por las noches, animados bailes con la gaitilla, de salón o al son de las rondas y guitarreros locales. La gaitilla la pagaban un día los señores de la Cueva, otro los mozos solteros y otro día los casados, el resto, el ayuntamiento. En los amenos jardines de la Soledad, bajo la atenta mirada del castillo ducal de los Albuquerque, se disponen un sinfín de cuevas y chiringuitos o guangos donde sólo se sirve vino o limonada en jarras de barro. La tradición manda que el último en apurar el vino o limonada de una de estas jarras, ha de estrellarla contra el suelo. Si la rompe, paga otra. Los de la Villa, que así se llama a los de Mombeltrán, tenían cierta técnica a la hora de tirar las jarras para que no se rompieran, que consistía en tirarlas con el borde del culo,  y de este modo  no se rompía la jarra.


  Del día 6 al 10 de julio en San Esteban del Valle, tradicional Vítor a San Pedro Bautista.


  El día 11  de julio Cuevas del Valle, celebra las fiestas patronales en honor a su patrona la Virgen de las Angustias.

Para los “cobacheros” esta fiesta suponía una semana de descanso en medio de una época de muchas labores agropecuarias. Cuentan que hubo un tiempo en el que los hacendados del lugar lograron trasladar la fiesta al 15 de septiembre (fecha en la que se celebra en toda España dicha festividad de las Angustias)  y aunque lograron cambiar las fiestas uno o dos años, no tuvieron éxito, volviendo a celebrarse la fiesta en el mes de julio. La fiesta empieza la víspera por la tarde cuando se va a por la Virgen a su ermita. Antiguamente la Virgen permanecía en la iglesia parroquial hasta el día de Santiago, el 25 del mismo mes, sacándola hasta esa fecha todos los domingos en procesión, desde la iglesia hasta la plaza Vieja.  Al finalizar cada procesión se subastaban los banzos y las posibles ofrendas. El día de fiesta  mayor, el 11, tras la misa y procesión se invitaba a todos los asistentes a vino, limonada y dulces tradicionales, al son de los bailes de los gaitilleros y o guitarreros locales. Al segundo y tercer día tenían lugar los festejos taurinos. Actualmente se celebran diferentes actos, siendo una de las fiestas más animadas del Barranco de las Cinco Villas, en el Valle del Tiétar.


El día 25 de julio, fiesta de Santiago,

    Se ha celebrado y aún se celebra en localidades como por ejemplo Guisando, donde los mozos y mozas iban de merienda a la sierra.    En El Raso son fiestas patronales mayores, que se celebran con animados encierros, y bailes públicos.


El día 15 de julio es la festividad de la Asunción de María la Virgen, o como se decía tradicionalmente “la Virgen de Agosto”.

En Mombeltrán por ejemplo, se celebraban animadas ferias de ganados, y se tenían como puerta o antesala de las fiestas patronales de San Roque.

A la luna de agosto le he preguntado, si así estas las flores, como estará el ramo...

AGOSTO.

 Día 6, fiestas patronales del Santo Cristo Arrodillado en Santa Cruz del Valle.

Día 16, fiestas patronales de San Roque en Pedro Bernardo.

Día 16, fiesta patronal de San Roque en Piedralaves.

Día 16, fiesta patronal de San Roque.

En El Arenal, o día “de la rosca”, pues ese día se hace la rosca con masa de pan rellena del buen embutido casero y tradicional de El  Arenal. Antiguamente se llevaba un trozo de este pan a la iglesia donde era bendecido, luego se le daba de comer de él a los animales domésticos para protegerlos de las enfermedades.

En Mombeltrán tras la misa y procesión a la puerta de la  hermosa iglesia se subastan los banzos y  los ramos de albahaca. Hay animados festejos taurinos, actuaciones musicales y bailes populares. En el pasado tenían “los de la Villa”, una curiosa costumbre para comerse las sandías: colocaban una sandía a la que arrojaban determinadas monedas de cobre para clavarlas en ella; el último en clavarla, o el que no la clavaba, pagaba la sandía que se comían entre todos.


El día 24 de agosto fiestas  en honor a San Bartolomé,

San Bartolo para los de Villarejo, patrón de su iglesia. Sólo se celebra un día con misa, procesión y subasta de banzos. Era costumbre el ir ese día todo el pueblo con los mozos a la cabeza al ayuntamiento donde pedían los toros para la fiesta de la Virgen de Gracia el 8 de septiembre. Otra de las costumbres que se mantienen hoy en día es la de correr una vaquilla o dos, que luego se comerán guisadas con patatas entre todo el pueblo, guisadas en grandes calderos de hierro fundido.

En muchos pueblos hubo poderosas cofradías que levantaron ermitas dedicadas a este Santo, en Arenas de San Pedro por ejemplo “el hospitalillo” municipal estaba bajo el control y adbocación de  la cofradía de San Bartolomé, la cual poseía viñas, olivas, colmenas y castañares además de una ermita de la que tan solo queda un muro en camino que aún lleva su nombre de San Bartolomé y que cruzando la Avellanea por Sabina va a dar a la bajada a Ramacastañas, donde la cofradía poseía algún que otro huerto hasta la desamortización de Mendizabal.

Pero la noche de San Bartolo según  la tradición oral era una noche considerada como mágica en la que las brujas y nigromantes junto con los bestiglos y orcos bagaban libremente aterrorizando y devorando a quienes se cruzan en sus caminos. En muchos lugares aseguraban que durante esas noches las brujas se reunían en grandes aquelarres. La afición por la superstición tradicional  hizo de esta noche una de las más temidas y pocos se atrevían a salir fuera de las aldeas y villas “una vez que el sol dejase de alumbrar endel cielo”.  También los orcos salían de las cuevas y había que dejar muy bien guardados los ganados en las majadas , antes de bajar a la fiesta en los pueblos situados en el pie de monte  del valle. Los hombres que sufrían de impotencia o “del mal de la mala simiente, el que se siembra abajo y arriba crece”, (o dicho de otro modo, el asunto de cuernos), la noche de San Bartolo debían matar una gallina negra, con la que harían un caldo echándola en agua con romero entera sin quitarla nada. Una vez hervida y templada se debía restregar el caldo usando a modo de brocha el ave cogida por las patas y las ramas de romero. Esta creencia debía llevarla a cabo una de las santeras o quitadoras de males y ojerizas, cuando no alguna que otra respetada bruja buena. Tradicionalmente la impotencia masculina se creía que era  robaba una mujer conocida o no que en secreto le amaba y el no la correspondía, en cuanto al asunto “del mal de la mala simiente” no tenía más cura que el secreto y la discreción.

A San Bartolomé o Bartolo se le representa con un gran cuchillo que sujeta con su mano en alto, al tiempo que sujeta con su pie al demonio. Porta la palma de mártir al ser condenado a muerte siendo previamente despellejado o desollado en vivo, por eso lleva el cuchillo en su mano como símbolo de su martirio. Es el patrón de los carniceros y su culto esta muy extendido en ambas mesetas y Extremadura. Su culto esta ligado a cultos secretos altomedievales que encierran ocultos mensajes esotéricos tan solo visibles e inteligibles a ojos de los iniciados.

Daniel Francisco Peces Ayuso, Arenas de San Pedro
La última semana de agosto se celebran las ferias de Arenas de San Pedro, con festejos taurinos, apagones de madrugada, toros de fuego y encierros, elección de reina y mises de las fiestas tras el pregón de fiestas, bailes públicos, juegos, encuentros tradicionales de Rondas y fuegos artificiales.


En septiembre las uvas, cogerse quieren. Y a ti serrana mía, quién te entretiene...


SEPTIEMBRE.


Primer domingo del mes: romería y fiesta a Ntra. Sra.  de Chilla en Candeleda.

   Se trata de una de las fiestas más importantes de la comarca de la Vera Alta. En ella se reúnen gentes de la Vera Baja de Plasencia, Campo Arañuelo, y comarca de Talavera de la Reina. La hermosa ermita de la Virgen de Chilla esta situada al pie de la sierra en un paraje de gran impacto visual por la fuerza de su naturaleza. No muy lejos están los restos arqueológicos de un poblado Vetton de la edad del hierro y el conjunto debió pertenecer al hábitat de aquellos primeros pobladores Veratos.

La misma imagen de la Virgen se apareció sobre una piedra situada en medio de un aforo escalonado con estradas de granito todo ello protegido por las copas y ramas de impresionantes árboles centenarios. Debajo de la piedra hay una corriente subterránea de agua, que sale en forma de fuente a los pies de la piedra altar. Esta agua se ha tenido tradicionalmente como virtuosa usándose para remediar diferentes males físicos y psicológicos.

En la alta edad media, las corrientes de euforia cristianas que venían imparables reconquistando la península ibérica, hacen que surjan en los principales núcleos de la comarca  apariciones más o menos milagrosas de imágenes de Nuestra Señora Santa María  que hayan o se aparecen a pastores. Este el caso de la Virgen de Chilla que según la leyenda se le apareció a Lisardo un cabrerillo al que se le murió una cabra, estando llorando su muerte se le apareció la Virgen y le resucito la res. Luego la Virgen le pidió que le levantara una ermita en aquel lugar donde unas espesas ramas de yedra cubrían viejos muros de piedra derruidos, lugar en el que se la levantó el templo.

El nombre de Chilla parece venir de la palabra griega Gior que significa blanco, ya que en documentos antiguos aparece como Ntra. Sra. de Gienlla. Lo que se podría traducir como Virgen de la blancura.

Entre las gentes de Candeleda, sobre todo entre las cada vez más escasas cabreras, corría de boca en boca otra leyenda en este caso evidentemente falsa en un intento reciente de dar una explicación al nombre de la Virgen. Aseguraban algunas mujeres “que una vez una bellísima cabrera la malcasaron con quien ella no quería. Su marido la daba muy mala vida, y pronto empezó a verse a escondidas con el su amante, cuando su marido salía de casa con las cabras. Un día se ve que el marido llegó antes de lo previsto y la Virgen para que no pillara a su mujer con el otro, empezó a chillar y chillar pa avisarla. De este modo cada vez que se la pegaba al demonio de su marido la Virgen la avisaba chillando, viniendo a resultar de que nunca los pilló”.

La fuerza de convocatoria que tienen las fiestas de la Virgen de Chilla hace que no se puedan celebrar en una sola fiesta anual, la gran afluencia de gentes de las comarcas vecinas y la falta de espacio para las gentes indígenas se resolvieron creando el domingo siguiente se celebra la fiesta de la Vela, que se festeja igual que el día grande de la Virgen  con la única diferencia  de que a ella  acuden sobre todo los cabreros y gentes de la comarca, que animan la romería con bellas tonadas, jotas y rondeñas, que alegran con animados bailes las rondas de guitarreros tradicionales y espontáneos, pudiéndose ver algunos elementos de los trajes  y aderezos tradicionales candeledanos.

No falta en estas fiestas los festejos y juegos taurinos y los animados bailes y conciertos en la Villa de Candeleda, durante las dos semanas de fiestas que actualmente se limitan a los fines de semana.

Una vez terminados los actos religiosos en la ermita de la Virgen, las gentes bajan a Candeleda donde siguen la fiesta y es en las bellas calles de Candeleda donde durante toda la noche no faltan las mejores voces, guitarras y laudes. Dice el coplero tradicional:

A la bajada de Gredos, hay una Candeledana.
                                   Si quieren saber quien es, Virgen de Chilla se llama.

                                     Hermosa Virgen de Chilla, patrona de Candeleda,
                                 Guardamos nuestros ganados, las cosechas y las yerbas.

                                      Hermosa Virgen de Chilla, vente conmigo a vivir.
                                      Mientras que los albañiles, componen tu camarín.

La Virgen de Chilla tiene, dentro de su camarín,
Dos águilas imperiales, que se parecen a ti.
Piensa mi madre que estoy, labrando en la Lagunilla.
Y estoy queriendo a una niña, como la Virgen de Chilla.
La Virgen de Chilla vive, entre robles y romeros,
Entre fuentes cristalinas, que están más cerca del cielo.

Día 8, Ntra. Sra. del Pilar de Arenas.
Fiesta patronal de Arenas de San Pedro.  Cuenta la leyenda que a un pastor que guardaba sus vacas, se le vino la noche  encima y tuvo que buscar refugio para él y su ganado donde pasarla, lejos de los colmillos del lobo y las garras del oso. Al ir a juntar unas ramas para hacerse la cabecera de la cama, en la oscuridad de la noche, palpó un leño con extrañas formas, con cuidado lo puso a su regazo y se echó a dormir, deseando que viniera el día lo antes posible para regresar con las vacas a su majada. Al día siguiente vio con sorpresa que era una imagen de Ntra. Señora La Virgen, sentada en un trono y sobre un pilar. Se la entregó a unos enigmáticos ermitaños que sobrevivían en las márgenes del Ricuevas, los cuales le levantaron una ermita, a la que al poco tiempo empezaron a acudir romeros en busca de los favores de la milagrosa imagen. La fama de la talla fue creciendo y pronto se empezaron a reunir entorno a ella diversas familias de vaqueros, formándose así según la leyenda lo que hoy es Arenas de San Pedro, y que por aquel entonces recibía el nombre del lugar de las Águilas, Altas y Bajas y sus moradores “los Pilaretes”.

   No tarda en convertirse en un gran convento al cuidado de la orden de los agustinos recoletos. La fama de la imagen llegó hasta Andalucía, y unos cordobeses reconocieron la imagen como suya, pues en tiempos de los moros fue sacada en secreto de Córdoba junto con un pequeño tesoro, y escondida en estos montes abulenses. Tuvieron pleitos que ganaron los de Córdoba, pero la Virgen cada vez que llegaba a Córdoba, se montaba en una gran águila y regresaba volando hasta su convento arenense. Así por tres veces. La tercera vez según salían los bueyes tirando del carro que portaba a la Virgen de nuevo a Córdoba, al llegar a un punto conocido como la Becerra, los bueyes que tiraban el carro reventaron de pronto y de entre unas peñas surgió milagrosamente una cruz de piedra, que desde entonces se llamó la Cruz de la Becerra, interpretando el mensaje como que la Virgen no quería abandonar estas montañas, dejándola para siempre en su pilar serrano, pilar que se sostiene sobre la talla de una gran águila imperial de cuyas alas salen por un lado angelitos y por el otro el demonio aplastado por el pilar de la Virgen.  En Arenas las mozas  solían hacer una danza con pañuelos al son de los panderos, de las castañuelas y de los pitos, con la que iban haciendo complicadas coreografías. Actualmente la fiesta patronal mantiene los festejos taurinos, bailes públicos y diversas actuaciones musicales.

El cancionero tradicional guarda muchas muestras y coplas que hablan de la que fue la mayor y más importante fiesta arenera hoy relegada al olvido. Sirvan estas coplillas como muestra:


De Arenas los agustinos, tomaron sin vacilar.
Patrona de la comarca, a la Virgen del Pilar.

A las orillas del Tiétar, me puse a considerar.
Que sería de mi Arenas, sin mi Virgen del Pilar.
Tengo una Virgen chiquita, que no la puedo olvidar.
Tengo una Virgen chiquita, que es mi Virgen del Pilar.
Quiso un vaquero en la sierra, a la Virgen saludar.
Puso un beso en el Ricuevas, y lo llevó hasta su altar.

A la Virgen del Pilar, la he pedido que me quieras,
Ya que no lo haces por mi, hazlo por ella siquiera.

Te quisiera comparar, pero no que me condeno,
A la Virgen del Pilar, pero eres muy poco menos.

Segundo domingo de septiembre, Ntra. Sra.  de la Yedra, patrona de La Adrada.

Según la tradición de los hijos de esta hermosa y para mi querida, muy querida a villa del Valle del Tiétar, Ntra. Sra. Sta. María de la Yedra, toma el nombre por aparecerse entre unos antiguos muros tapizados de verde y fresca yedra a mediados del siglo XIV, a un sacristán venido de la villa de Burgondo. Imagen que estaba en la abadía de dicha villa del vecino valle del Alberche y que tras ser reclamada en sucesivas ocasiones, tornaba a La Adrada hasta quedar definitivamente en dicha villa, de la que es patrona y cuyas fiestas son las más importantes y queridas de esta amena y hermosa villa señorial. Lo que no impidió que los abades de Burgondo disfrutasen durante algunos siglos de ciertos privilegios en torno a su culto que no custodia...

La fiesta comenzaba el primer domingo de septiembre, con una procesión para trasladar a la preciada imagen desde su antigua y artistica ermita, hasta el magnifico templo parroquial de la villa del infantado. Apovechando los hijos e hijas de La Adrada de una semana en la que se la hace un quinario en el templo parroquial ritual en el que se le vuelven a pedir a Ntra. Sra. Sta. María de la Yedra todos los favores, gracias y necesidades, además de ponerse villa y villanos bajo su amparo y protección. Hasta la noche del sábado anterior a su fiesta mayor, día en el que se la hace una muy especial procesión por las calles y plazas principales de esta localidad. Procesión que se hace a oscuras e iluminada por las velas y antorchas que los asistentes portan y los vecinos ponen en ventanas, puertas y balcones del recorrido, dando al evento un ambiente muy especial y digno de ver y sentir personalmente... Antaño los vecinos de La Adrada encendían grandes hogueras y luminarias por el recorrido de la procesión y en los barrios, hogueras en las que eran quemados todos los trastos inservibles en un ritual de purificación y renovación, que que la mocedad saltaba sin miedo al fuego, en un acto similar a los acaecidos en la noche y hogueras de San Juan en el resto de las poblaciones de esta hermosa y vetusta comarca... Mientras que los más mayores cantaban canciones tradicionales a ella dedicadas al ritmo alegre de las famosas y  requebradas Seguidillas y Jotas del lugar. Esta procesión empieza en el templo parroquial y termina en su ermita en el barrio de la Nava. Tras ser depositada en su altar se la cantaba la Salve y los quintos la "echaban la primer Ronda".

Para ello se juntaban todos a la puerta de la ermita acompañados de los guitarreros de la localidad y por supuesto de toda la familia y amistades. Esta ronda tiene como impronta personal el crear cada año coplas dedicadas a su patrona, que mezclan con otras coplas tradicionales y que se cantan al ritmo de las peculiares e interesantes Seguidillas de La Adrada. Luego la Ronda recorría las calles y plazas de la villa hasta altas horas de la madrugada. Parandose en las puertas, balcones y ventanas de las mozas del lugar a las que iba dedicada esta Ronda tradicional que contaba con la proveción, patrocinio y permiso del Ayuntamiento...

El día gordo, el domingo comienza rezando el rosario de la aurora, partiendo la comitiva del templo parroquial y recorriendo las mismas calles y plazas realizado la noche anterior en la procesión nocturna de la Yedra, al llegar a la ermita se escucha la primera misa o misa del Alba. Y así se pasa la mañana haciendo visitas a la Patrona hasta la tarde, momento en el que se vuelve a procesionar la imagen de Ntra Sra. por las calles y plazas de La Adrada. Hasta hace pocos años se mantenía una hermosa costumbre consistente en portar una lata o varal en el que se iban colgando los presentes que los vecinos ofrecían a Ntra. Sra. -especialmente embutidos-  tanto en la vara como en cestas de mimbre que en dicha vara colgaban -cesta en la que se echaban los frescos y tiernos quesos, y todo tipo de regalos...-  dicha procesión era conocida también con el sobre nombre de Procesión del Varal... Al finalizar la procesión se reunían los asistentes en el atrio de la ermita para subastar los presentes recolectados, los banzos y el delicado ramo de flores que dicha imagen porta en sus manos, todo ello en presencia de la talla. Metiéndola en su templo una vez finalizada la subasta hasta el próximo año.

Esta imagen contaba y cuenta con una hermandad o cofradía que se encarga de su cuidado, y culto, así como de sufragar algunos gastos como por ejemplo el baile del domingo gordo a la noche en la impresionante plaza Mayor y la misa que el lunes se hace en memoria de los fallecidos hijos e hijas de La Adrada. Baile en el que no suele faltar la tradicional gaitilla -dulzaina, tamboril y bombo- y que estos últimos años se turna con los sones melodiosos de la Banda de Música Local.

Mención especial merece la fabrica de la ermita, recientemente restaurada -del mismo modo que su histórico castillo señorial...- sufragada por los propios vecinos de la villa y en la que se pueden observar diferentes estilos arquitectonicos, destacando el Mudejar. Por lo que si pasan por esta bella Villa no dejen de visitarla ya que es uno de los tesoros mejor guardados y restaurados de la comarca... En cuanto a la talle de Ntra Sra. he de decir que fué destruida recientemente en la tremenda y vergonzosa guerra civil, siendo la que procesiona y exhibe una acertada y buena reproducción de la talla original.

Día 8, Ntra. Sra. de Gracia patrona de Villarejo del Valle.

 Las vísperas se ven animadas por las rondas tradicionales y los bailes en las plazas y calles principales. Antiguamente las mujeres de los mayordomos de la fiesta acudían a la iglesia a mitad de la misma llevando consigo  hermosas y relucientes chocolateras, tazas, platos y cucharas, sin olvidar las bandejas de dulces, para que desayunaran tras la misa los curas. Las mujeres lucían sus mejores galas y la vajilla mejor, pues eran objeto de todas las miradas y críticas de las otras mujeres que estaban esperando con curiosidad  ver cómo iban vestidas y qué es lo que llevaban. Al finalizar la misa se le daba la enhorabuena al mayordomo, y éste en respuesta invitaba a todos a vino, limonada y dulces caseros tradicionales. Por la tarde sale la Virgen en procesión, acompañada de mujeres ataviadas con los coloristas trajes tradicionales de Villarejo.

  Antiguamente, la Virgen salía durante todo el mes de procesión todas las tardes, al tiempo que se van encendiendo luminarias en algunas casas a su paso.

  Los banzos sólo se subastaban dos veces, una vez el día 8 de septiembre a su entrada de la ermita al templo parroquial y la otra el 1 de octubre cuando se la devolvía a su ermita, este último día los vecinos de Villarejo solían llevar ofrendas de todo tipo a la Virgen que eran de igual modo subastadas.

  Por la noche se hacía un animado Vítor por las calles principales del pueblo. Una de las particularidades del Vítor en Villarejo era el que las coplas que se recitaban tenían que ser cuatro y además se tenían que renovar cada año. Una tenía que ser dedicada a la Virgen, otra al mayordomo mayor, otra al pueblo en general y otra al párroco. Y a todo esto hay que añadir los consiguientes días de toros y los sucesivos bailes de por la mañana, tarde y noche.

  En Poyales del Hoyo también es la Virgen de Gracia patrona, pero su fiesta a decaído de tal modo que hoy en día a penas cuenta con festejos.

 Día 8, Ntra. Sra. del Prado, patrona de Lanzahíta.

La víspera se lleva en procesión la imagen de la Virgen de su ermita a la parroquia acompañada, como en el noventa por ciento de las procesiones en esta comarca, de la gaitilla. El día grande por la mañana, misa mayor y a la tarde, procesión por las calles principales del lugar, en la que no faltaban algunas que otras rogativas. Tras la procesión y la subasta de banzos, se repartían los ramos de albahaca bendecidos entre todos los asistentes. Los días siguientes se corrían toros que mataban los mozos y en casos excepcionales la guardia civil,  que una vez muertos eran colgados en un gran árbol que había junto a la plaza, donde se le deshelaba. Ese toro era repartido entre todos los vecinos equitativamente y éstos se lo iban a comer en animadas cuadrillas a la garganta de la Eliza, sin faltar a los bailes de la mañana, tarde y noche, bien con la gaitilla al aire libre, bien en el salón.

El día 12 se celebran en El Arenal las fiestas patronales en honor a la Virgen de los Remedios.

Esta fiesta era conocida como “la fiesta de las vacas”. No faltaba la misa, la procesión, la subasta de banzos y de ofrendas, los juegos de toros y por supuesto, el baile.

 Día 14, el Stmo. Cristo de la Vera Cruz en Pedro Bernardo.

Día 14, se celebra en Santa Cruz del Valle la fiesta de la Exaltación de la Santísima Cruz.

Día 29, fiesta de San Miguel, patrón de Guisando.

Antiguamente cuando la mayor parte de los cabreros y pastores estaban lejos del pueblo, regresaban a Guisando puntualmente la víspera de San Miguel para no faltar al baile y al rondón, en cuyo término tomaban el relevo las cuadrillas de mozos y mozas acompañadas de los guitarreros, que ofrecían baile y diversión hasta la mañana siguiente. Lo primero que se hacía muy temprano el día del Santo era dar una ruidosa vuelta al pueblo, tras haber desayunado aguardiente con perrunillas, rosquillas, magdalenas, bizcochos o cualquier otro dulce tradicional.  Por la mañana, tras la misa mayor y la procesión se subastan los banzos y las ofrendas a la puerta de la iglesia. Nada más entrar el Santo en el templo los mozos acudían a la plaza y hacían un gran corro en la misma donde bailaban al son de los guitarreros o de la gaitilla, mientras todos los demás bailaban a su alrededor hasta que el hambre les empujase a sus casas. A los gaitilleros les pagaban tres días el ayuntamiento, y el último día pagaban la gaitilla los quintos y los taberneros. Actualmente se sigue celebrando con animadas actuaciones musicales y corridas de toros.

Pal 19 de octubre, las serranas se engalanan, que va a ver a San Pedro, sin dejarse ver la cara...

OCTUBRE.

 Día 7, fiesta Ntra. Sra. del Rosario, patrona de Ramacastañas.

La antigua ermita de la Virgen fue comprada por un particular y derribada y hoy se levanta en su lugar una casa. Aún hay  en el ábside de la iglesia  un ventanillo por el que tradicionalmente se ha dicho miraba el Niño Jesús, hijo de la Virgen de los Remedios, mirando hacia la ermita calle arriba donde estaba su madre que tenía su fiesta el 8 de septiembre. Al igual que la imagen de San Sebastián la antigua imagen de la Virgen del Rosario se destruyó en la guerra civil, comprándose la imagen actual gracias a una cuestación entre sus habitantes en  la década de los años 50.

  El día grande se celebra misa mayor y procesión por las calles principales de la localidad, llevando las mujeres la imagen de la Virgen. Tras la subasta de banzos y ofrendas, se abre el baile que durará dos días más. En estos últimos años, la fiesta se ha trasladado al primer domingo de octubre.

Día 15, el Santo Cristo de El Arenal.

El primer día previo a la novena, se sube al Cristo a la Parroquia. El último día de la novena, al finalizar la misma, daba comienzo el llamado “baile de los tamborileros”. El día grande de mañana, todo el pueblo con “la música” van a buscar a la justicia y luego al cura, con los que hacen la primera procesión por las calles del pueblo. Tras dejar al Cristo en la parroquia, todos los acompañantes con “la música” van a la casa del Santero, el cual ofrece vino, limonada y dulces tradicionales a los  presentes, para finalizar en la plaza Mayor bailando en animado baile. Al día siguiente, misa y procesión en la que se devuelve al Cristo a su ermita, a cuyas puertas se subastan los banzos y las ofrendas, entre las que es raro no encontrar hermosos ramos de uvas y  o los ramitos de albahaca. Pero lo que más sigue llamando la atención en las fiestas del Cristo en El Arenal, son sin duda las rondas nocturnas: grandes  grupos de hombres y mujeres agarrados por los brazos y ocupando toda la calle, caminan a paso lento mientras entonan a pelo antiguas y bellas canciones tradicionales. Delante se colocan “los que cantan bien”, que son los y las que empiezan los cantares, o la primera frase de las coplas de cuatro versos generalmente, siendo respondidos por el resto que  camina detrás. La arquitectura tradicional, tan acertadamente conservada en los barrios de El Arenal, es lugar a duda el auditorio perfecto, haciendo que las voces resuenen por las calles y sobre los tejados, hechizando las noches serranas entre los callejones, donde las ventanas y los altos corredores perfumados por el aroma de cientos de flores embriagan y emocionan los sentidos, haciéndolo inolvidable.

  En las casas las mujeres amasaban los borrachos dulces de harina frita llamados “Cristiones”, y que hacen la delicia de chicos y grandes.

 Actualmente en El Arenal no se celebra ningún tipo de juego taurino, siendo la excepción que confirma la regla, en una comarca eminentemente torera. Hoy en día la fiesta se ha trasladado al  segundo sábado de octubre, para que los muchos vecinos que se encuentran fuera del pueblo puedan disfrutar de las fiestas más importante de El Arenal, el pueblo con mayor índice de emigración de toda la provincia de Ávila.

Día 19, romería y fiesta de San Pedro de Alcántara en Arenas de San Pedro.

La víspera llegan a la ciudad de Arenas los muchos romeros y romeras que aún vienen desde Talavera de la Reina, Oropesa, Lagartera, Parrillas y Navalcan, en la provincia de Toledo. También los del Barranco de las Cinco Villas y los Veratos. A la tarde todo el convento y los alrededores están llenos de familias y amigos que pasarán la noche al lado de la ermita de San Andrés del Monte, donde se veneran las reliquias de San Pedro de Alcántara. A la mañana siguiente desde Arenas parten en romería montados en sus caballerías los mozos y las mozas a misa mayor hacia el santuario. Ese día se mezclan los diferentes gustos de las comarcas hermanas y vecinas, fácilmente distinguibles por las ropas de sus caballerías o los trajes personales. Todo el camino, desde el cruce hasta el Santuario está lleno de “guangos” donde se ofrece vino, limonada, licores, dulces tradicionales, pollos asados y carne de cabra, oveja o cerdo asada o guisada.

  Durante las novenas, una de madrugada y otra por la tarde, se venera y besa la reliquia del Santo, y se puede llevar una ramita de zarza sin espinas. Cortada de un zarzal en el que según la tradición oral “se fue a tirar San Pedro, para quitarse malos pensamientos, y el zarzal se quedó sin espinas, por que así lo quiso Dios”.   Estas ramas se tienen como fetiche que aleja las enfermedades y los males, por eso se cuelgan de las cabecearas de las camas, encima de las puertas y ventanas o se guardaban en los arcones para posibles necesidades futuras.

  El día grande por la tarde sale el Santo y da tres vueltas al campillo, mientras los asistentes no dejan de tirar dinero a las andas, para alegría de los chiquillos que se encargan de ir recogiendo el dinero y echarlo de nuevo a las andas.

 Tras la procesión todo el mundo come por las inmediaciones del Santuario, bajo la sombra de los castaños, nogales y pinos, o a las orillas del arroyo de la Avellanea.

  Al caer la tarde retornan cada uno de los romeros a su lugar de origen. De este modo, los de El Hornillo y de El Arenal toman el camino de las majadas hasta el cruce de la Cruz de la Tendera y allí se separaban, cada cual  hacia su población.   Los de La Parra y El Barranco en general cogen el camino de Ceubia, y los demás se concentran en Arenas, donde se siguen organizando animadas fiestas en las que no faltan corridas de toros, encierros, toros de fuego, apagones, bailes públicos y fuegos artificiales.

El coplero tradicional incluye bellas muestras como estas que pueden servir de ejemplo ilustrativo:


A San Pedro bendito, aquí en Arenas,
Vamos de romería, llueva o no llueva.

El día del fin del mundo, en su sitio quedará.
El altar bajo San Pedro, San Pedro sobre el altar.

Dos pueblos se disputaron, el honor de hacerle suyo.
Alcántara por su cuna, y Arenas por su sepulcro.

Que si el Santo era de Alcántara, que si el Santo era de Arenas.
Arenas fue de San Pedro, y acabose la contienda.

A San Pedro le han comprao, un anillo para el dedo.
con un letrero que dice, viva Arenas que es mi pueblo

Sr. Alcalde del Excmo. Ayuntamiento de La Adrada entregando un presente a Daniel F. Peces Ayuso.

Sr. Concejal de Cultura del Excmo. Ayuntmaniento de La Adrada entregando un premio al Grupo Alfóz.
El ciclo humano:


El ciclo humano de las gentes de esta amplia comarca ha estado marcado únicamente por el ritmo natural hasta bien entrado el siglo XX. El carácter agropecuario y forestal condiciona las formas de vida tradicionales que se manifiestan a través de sus diferentes expresiones artísticas y humanas como la  arquitectura, artesanía,  los acontecimientos sociales asociados a los culinarios, todo estaba íntimamente ligado al medio natural en el que se hallan inmersos y del que como ya he demostrado obtenían todo lo necesario obteniendo los productos de los que se carecía  comerciando con los excelentes excedentes.

         El ciclo humano empieza con la concepción y termina con la defunción, en una sociedad eminentemente rural como esta, la familia merece una consideración previa, pues tradicionalmente ha sido concebida y sentida como clan cuyo nivel social era de vital importancia ya que marcaba  la situación social del individuo dependiendo del clan familiar al que pertenece, lugar del que difícilmente saldrá en su vida. Y es que la familia es un ámbito que agrupa a varios clanes emparentados entre sí. Las familias reafirman sus lazos en un sin fin de costumbres sociales como veremos a continuación. El respeto a la sangre y a la edad se convierte en veneración  haciendo muy común el dicho de la tradición local “la sangre, en agua fría hierve”. Dentro de las familias las que mantienen unidos los vínculos familiares y transmiten las herencias culturales de la familia  realmente son las mujeres verdaderos pilares de la sociedad de clanes tradicional de los pueblos serranos de la Vera Alta abulense.

      La sociedad serrana no ha hecho muchas diferencias entre las potencias femeninas y las masculinas a la hora de unir esfuerzos en los trabajos agropecuarios. Mujeres y hombres trabajaban de igual modo en el campo o con los animales domésticos sin grandes diferencias hasta la edad y hora de formar una familia, momento a partir del cual los trabajos se reparten para una mejor organización y beneficio familiar. Esto no excluía algunas labores típicamente femeninas o masculinas como por ejemplo las hilanderas, criadas o cardadoras para las mozas o para los chicos trabajos como caleros,  avareadores, resineros, etc.

         Las gentes de la Vera Alta siempre han estado en continuo movimiento bien como experimentados arrieros, bien guiando a sus ganados de unos términos a otros relacionándose y  pactando con sus vecinos de la Sierra norte, con los normanchegos y veratos bajos. Pactos y tratos que se heredaban de padres a hijos y que reunían a estas gentes en las grandes ferias y romerías como la de Chilla en Candeleda o la de San Pedro en Arenas donde se dan cita aún hoy en día las gentes de las comarcas del Pielago, Talavera, Oropesa, Lagartera, Campo Arañuelo y la Vera Baja de Plasencia.

        Por eso al hacer este trabajo me referiré en muchas ocasiones a estas comarcas vecinas, al no corresponderse el mapa político actual con el natural, humano y cultural.

Al sol niña te comparo, no tengo a que comparate, pues la luna crece y mengua, y en tu cara no hay menguante...

De la concepción a la muerte.

El sentido principal de la vida para una mujer casada hasta bien entrado el siglo XX era el de dar a luz el mayor número de hijos posibles. Por otro lado un embarazo en una mujer soltera era considerado una de las peores ofensas a la honra y honor de toda la familia, delito que se castigaba severa e injustamente sobre las mujeres que en este estado quedaban. De este modo el asunto de la concepción era “un asunto muy serio”. Las madres solían aconsejar a sus hijas mozas con frases advirtiéndolas del peligro como esta; “Cuidado con el tarro de los cominos”, haciendo referencia figurada a su virginidad y la fragilidad del tarro donde se guardaba dicha especia la cual una vez derramada nunca se recuperaba todo su contenido. La educación sexual simplemente no existía y las cosas “de los amoríos” se aprendían lentamente con grandes tabúes y represiones que no afectaban a todos ni a todas por igual. El romancero tradicional esta lleno de ejemplos sirva el siguiente romance de la lechera de Villaviciosa como muestra;

Desde niña fui lechera,  muy feliz y muy dichosa.
Criada entre dos montañas, cerca de Villaviciosa.
De mis amores primeros, mi vida fue murmurada.
De mis amores malditos, que me hicieron desgraciada.
De mis amores primeros, solo un recuerdo yo tengo.
Un niño de negros ojos, que es un angelin del cielo.
Cuando le tumbo en la cuna, no se duerme sin cantarle,
Las canciones de aquel hombre, que anda por el mundo en grande.
No llores hijo, no llores, que tu llanto me da pena.
No quiero que nadie diga, tiene un hijo esa soltera.
Ya no voy a los teatros, ni a bailes, ni a carreteras.
Por que no quiero que canten, el cantar de la lechera.
Solterilla y desgraciada, la felicidad perdí,
Solterilla y desgraciada, triste y que será de mí.

Los hombres aprendían  desde niños a descubrir su sexualidad sin grandes represiones, a medida que crecían cuantas más mujeres “más hombre”. Para las mujeres por el contrario recibían las primeras instrucciones a cerca de su sexualidad de amigas, vecinas o familiares mayores que ellas, nunca de sus padres, llegando al matrimonio totalmente vírgenes. Pero a medida que iba hablando con más y más mujeres he ido descubriendo que también había una gran doble moral, una cosa era lo que se decida y otra lo que se hacía no con grandes dosis de discreción. Cuando  preguntaba a mis mayores a cerca de las diferencias entre su juventud y la actual, muchos se lamentaban de no haber nacido ahora, pero al final todos afirmaban  con rotundidad refiriéndose al hecho en sí; “a nosotros no nos van a enseñar nada nuevo”.

     La tradición oral guarda buenas muestras en las chanzas y cuentos tradicionales que hablan de las relaciones  matrimoniales y extra matrimoniales como la que me contó Crispin Blazquez de Pedro Bernardo, dice así;

“Este era un matrimonio que una tarde de mucha caló en pleno mes de agosto al marido le entraron ganas de “ir al asunto”, y le dice a la su mujer.

-          Oye vamos a echarnos un ratito la siesta que tengo aquí un asunto que decirte.

Y le dice la su mujer;

-          ¡Déjame en paz!, pa asuntos de esos estoy yo, con la caló que hace, ¡Anda calla!.

El insiste. Y venga y dale y vamos pa allá, y ella que no. Y el vuelta a la carga y ella que na de na. Ya tan hartita la tenía que saca esta un ochavo de la faltriquera y según se lo da le dice.

-          Anda toma estas perras y sal pala calle y a la primera que te encuentres se lo pides que a mi no me importa.

-           ¿De verdad que no te importa?.

-          ¡No coño! Y sal de aquí tío johío. 

Total que el hombre coge el postigo y se sale pa fuera, y na más salir se encuentra cara a cara con su vecina, esta al verle salir de casa a esas horas y con la que estaba cayendo le pregunto la ignorante.

-¿Vecino donde vas que te vas a torrar?.

Entonces el la cuenta lo del encargo que le había echo la mujer y ella le dice.

-          Anda pues yo misma te hago el encargo.

-          - ¿Tu?. –Le dijo el hombre asombrado.

-          Pues si yo misma si no hay inconveniente.

Total que se fueron para el asunto y lo terminan y el se va otra vez pa su casa, al entrar la mujer que estaba sentada en el escaño le pregunta.

-¿Ya has hecho e encargo?.

-          Pues si, si que lo he hecho.

-          ¿Y con quien lo has hecho si se pue saber?. – le pregunta ella.

-          Pues con tu vecina la fulana.

-           ¡No me jodas!. Dice ella asustada.

-          Si coño, pues que es lo que pasa.

-          Nada, nada, pero dime, ¿te ha cogido las perras?.

-          Pues si, claro que las cogió. ¿Por qué lo dices?.

-          ¡Me cago en la leche johía y yo que a su marido nunca se lo cojo!.


Antes de abordar el primer apartado, la concepción, haré una consideración previa en torno a la homosexualidad tradicional. Las relaciones entre hombres siempre fueron secretas al estar mal consideradas, en muchas ocasiones se confundía la depravación de la pederastia con el amor entre personas del mismo sexo, muchas personas los consideraban una especie de enfermos o viciosos “y que el que caía no podía salir”. De todas formas la homosexualidad era un hecho social consentido que al realizarse en la más completa intimidad y con consentimiento mutuo entre personas maduras no molestaban a nadie, por lo que la cosa parecía consistir en que mientras que no se les pillara con las manos en la masa todo iba bien, aunque por otra parte la palabra maricón ha sido considerada grave insulto hasta finales del siglo XX. Hay en el cancionero tradicional bellos ejemplos de lo expuesto, sirvan estas coplas como ejemplo;


Desde que llegó, la moda de los pañuelitos blancos,
Parecen todos los hombres, maripositas del campo.

Tu marido y el mío siempre van juntos.
Como las aliagas, entre los juncos.

Bartolillo, barre, barre, barre.
Madre no quiero barrer.
Que tengo la culera rota,
Y el culillo se me ve.
Bartolillo le escribió una carta,
En el valle de las Madroñeras.
Y le dice señá Baldomera.
Yo me muero y no se de que mal.
El barbero que asistió a la enferma,
Y ha estudiado en la filosofía.
Y en los libros de sus cirugías,
La encontrao la dificurta.
Le mandó de hacer un cocimiento,
Con alfalfa, romero y tomillo.
Y le daba con el guisopillo.
En el medio del trikilitran.

Tu marido y el mío, van por aceite,
Con un cuerno en la mano, y otro en la frente.

Un perro con un cuerno, corre que rabia,
Mi marido con treinta, otorga y calla.
Mi marido es un buen Juan, que to los oficios sabe,
Menos aclarar tenajas, que con los cuernos no cabe.

Cuatro cuernos de cabra, cuatro de ciervo,
Cuatro de mi marido, son doce cuernos.

Un cazador cazando, mato dos ciervos,
Y a su mujer la trajo, los cuatro cuernos.

Su mujer calla y dice, anda ignorante,
Con los que yo te pongo, tienes bastantes.

Si los cuernos de la luna, alumbraran cual faroles,
Estaría toda Arenas, llena de iluminaciones.



En cuanto a las relaciones entre mujeres eran menos traumáticas y muchas de ellas casi publicas. Vivir dos mujeres solteras juntas no estaba mal considerado, dándose muchos casos de señoritas acaudaladas  que vivían emparejadas con su ama de compañía o criada del mismo modo que los hombres. Hay un precioso romance dedicado a una tal Marianita moza que gustaba de dormir con mozas y que es burlada por un galán disfrazado de mujer al que descubre al amanecer tras una noche de amor apasionado, dice así;

Madre yo tengo apostado, con las chicas del lugar,
De dormir con Marianita, y antes del gallo cantar.
Hijo mío tu no apuestes, cosa que no pueda ser,
Deme uste una lección madre, que yo la quiero aprender.
Vístete de peregrina, monta en el pavo real,
Por la puerta Marianita, te tienes que pasear.
Buenas tardes Marianita, y en su palacio real,
Buenas tardes la extranjera, de que pueblo y que ciudad.
Soy una tejedorcita, vivió a la orilla del mar.
Traigo telas del olvido, solo me falta entramar.
No se apure la extranjera, que aquí se puede acostar.
Conmigo y con mis criadas, en mí palacio real.
Y a eso de la media noche, Marianita voces da,
Que la dama de ayer tarde, y ahora se ha vuelto un galán.
Levantarse mis criadas, para hacerle de almorzar.
Y unas sopas bien guisadas, envueltas con solimán.
No moleste a sus criadas, para hacerme de almorzar,
Los miércoles de ceniza, y acostumbro yo a ayunar.
Quede con Dios Marianita, y en su palacio real,
Lo que has perdido esta noche, nadie lo vuelve a encontrar.


La concepción.

La mayor preocupación de las mozas casaderas era la esterilidad, echo que podía ser motivo más que suficiente para su repudia matrimonial y excusa valida para su divorcio o separación. Se creía erróneamente que era un mal típicamente femenino que en raras excepciones se manifestaba en los hombres, por lo que han sido las mujeres las que mayor número de creencias y ritos han creado para procurarse y asegurarse la imprescindible fertilidad y en otros casos controlarla.

      La concepción siempre se ha buscado a través de la intervención divina sin la cual nada se podía hacer. por eso se empieza por bendecir el tálamo nupcial la noche previa a la consumación del matrimonio. Se colgaban de la cabecera de la cama la imagen de algún Santo, Santa, Virgen, o Santísimo Cristo, enrollando  relicarios en la cama para atraer la fertilidad a los que allí duermen y retozan. Esto se completaba con una serie de novenas e incluso mandas que incluían el uso  de hábitos durante determinado tiempo, según la promesa y el uso de determinadas medallas votivas. El agua de determinadas fuentes así como las visitas y romerías a determinados Santos y Vírgenes servían de igual modo para procurarse y asegurarse la vital fertilidad femenina. Por ejemplo, en Mombeltrán según la tradición oral dejó San Pedro de Alcántara, días antes de morir, su bastón como regalo a una señora de la villa en agradecimiento a su hospitalidad de años en sus continuos ires y venires puerto arriba o abajo, pues siempre que pasaba por la villa de Mombeltrán, el Santo descansaba en su casa. Muerto San Pedro, el bastón adquirió poderes para “procurar buenos partos así como dar descendencia a las mozas con dificultades para quedar preñadas”, atrayendo a buen número de mozas de la comarca y alrededores para procurarse un embarazo o un parto feliz  tras pasarse el bastón por la tripa y bajo vientre al tiempo que se reza e invoca la intercesión del Santo. Permanecer en vela determinadas noches del año en especial la de la Nochebuena cantando al recién nacido también era considerado como signo propicio para las que deseaban quedarse embarazadas o las que querían procurarse un buen parto. Hacer el amor los crecientes de los meses pares también eran propicios para quedarse embarazas y las noches de cuarto menguante en los meses pares.

         Pero no siempre se deseaba la concepción, por diversos motivos muchas mujeres usaban diferentes remedios tanto para evitar los embarazos como para abortar, para lo cual disponían de una serie de remedios naturales más o menos eficaces. Para evitar los embarazos por ejemplo bebían sistemáticamente el agua donde han estado 24 horas en remojo los garbanzos, o se introducían en la vagina tres rabos de tres hojas de hiedra trenzados antes y después de hacer sexo, o se untaban con aceite de oliva el clítoris o bebían los calostros tibios de cabra con miel e hinojo, mientras que para abortar tomaban tisanas que contenían en sus recetas perejil, cicuta, gordolobo, beleño, sauco, yedra entre otras hierbas, esto lo complementaban además  montando en caballerías sin silla ni manta, “a pelo” o trabajando en el huerto con la azada en ristre.

         Cuando preguntaba acerca del tema todas mis informantes coincidían en afirmar que eso solo lo usaban las mozas que tenían novio pero que no estaban casadas, estas, las casadas no tenían ningún tipo de cuidado ni tampoco tomaban precaución alguna una vez bajado del “portalillo de la iglesia con el su mario”. Según la tradición oral el simple hecho de bañarse en un tramo del río donde antes se hubiera bañado un hombre era motivo más que sobrado para quedarse embarazadas. Este hecho de quedarse embarazada fuera del matrimonio era una mancha muy grave como dije anteriormente, que hacía de la mujer que la sufriera algo así como una muerte en vida. A aquella desgraciada se la encerraba en casa durante todo el embarazo por vergüenza a que la viesen, o se la llevaban lejos a una finca en el campo o a casa de algunos parientes lejos de su lugar de origen. Tras el parto secreto, había dos opciones: quedarse con el niño y criarlo con la ayuda de los familiares, amigos y parientes viéndose obligada a ser soltera de por vida o malcasada, o entregar al recién nacido a inclusa en adopción. De cualquiera de las maneras, la que tenia un hijo de soltera se las veía y se las deseaban para poder llevar una vida normal, por el contrario los hombres salían limpios del trance pues la culpa era considerada por todos de la mujer y por lo tanto responsabilidad suya, ”por no haber  sabido guardar el tarro de los cominos”.  En Santa Cruz del Valle recogí una de tantas historias escalofriantes de boca de mi buena amiga Nuria, la cual me contó la historia de una vecina suya que al quedar su hermana mayor embarazada la mandan con ella caminando por el monte hasta el lugar conocido como Los Mesegares, a más de doce kilómetros del pueblo y de las miradas de los curiosos. Solo salía de madrugada y regresaba con el ganado al anochecer procurando no ser vista por nadie. Llegado el momento del parto la hermana pequeña tiene que acompañarla hasta el pueblo donde pariría en casa de unos parientes ya avisados del parto donde esperaba la partera. Esto no tendría nada de extraño si no fuera como dije antes, en el tiempo del cierzo, al anochecido, caminando más de doce kilómetros por entre sierras y bosque llenos de lobos, con dolores de parto y contracciones y como única compañía su hermana de ocho años. Al final la fortuna y el destino quiso que llegasen no saben como al pueblo y una vez allí parió un fuerte muchachote y a los pocos años logró casarse con el padre de su hijo, aunque no todas las historias tienen un final feliz como esta dura prueba de la vida. Tradiciones y costumbres como esta han desaparecido felizmente de las gentes de estas comarcas, cuyas mujeres esta plenamente integradas en todos los ámbitos sociales locales, siendo en mucoso núcleos el motor impulsor de la economía  familiar.

          Cuando una serrana se quedaba en cinta, no sabían exactamente la fecha del parto, que se atisbaba por el ánimo de la embarazada y los cálculos de sus propias cuentas basadas en su propia  intuición. Así, días antes de parir, las embarazadas solían  tener algunas costumbres que señalaba la cercanía del parto. De este modo cuando se ponían a  lavar, coser y preparar las ropitas del  bebé, las de ella  y las de la cama se decía que pronto pariría. Otra señal infalible era cuando la embarazada  enjalbegaba la cocina, cuarto y alcoba donde pariría con cal desinfectante.

            Durante el tiempo que dura el embarazo la vida y la alimentación de las mujeres no variaba de la del resto del año. Las ropas se ajustan a las nuevas medidas de las mujeres y las cintas de las jachas de los refajos, miriñaques y guardapieses en vez de atarse a la cintura se atan de los hombros a modo de tirantes.

          Mucho cuidado ponían las madres en no quedar con antojos sin cumplir. La tradición oral dice al respecto de los antojos que salen cuando la embarazada tenía un deseo o antojo y este por el motivo que fuera no era satisfecho, se creía que en el primer sitio donde la embarazada se rascara, le saldría al bebé en su cuerpo una mancha en la piel con la forma del objeto o cosa antojada.

          Para saber el sexo del feto había varias costumbres, la más generalizada era observar la tripa, si esta estaba cogida al pecho de la madre se decía que era niña y si por el contrario la tripa estaba cogida al bajo vientre se decía que era un niño. En otras consistían cogían un huevo y lo cascaban en el pilón de una fuente si se rompía la yema del huevo al caer al agua sería niña, si por el contrario no se rompía sería varón. Otra variante consistía en cascar un huevo en el pilón de una fuente o en un plato muy hondo lleno de agua, si flotaba era niño si se hundía sería niña.

Dice el cancionero tradicional al respecto:

Pregunté a una embarazada, ¿qué de qué mal padecía?.
Y me dijo la inocente. De espaldas fue la caída.


EL PARTO.

Los partos se realizaban siempre en casa con la única ayuda de la partera y  alguna mujer de la  familia suya o de la del marido y en último caso de extrema necesidad intervenía el cirujano o el médico, al que solo se llamaba en caso de alguna complicación sería.

            Los dolores de parto la podían venir en cualquier lugar, pues por lo general no hacían una vida muy diferente estando o no embarazadas. En la casa de una parturienta la lumbre se encendía para calentar agua y hervir trapos y vendas, además de servir para lavar al recién nacido, la madre y la partera. Solían ayudar en el parto la madre de la parturienta, alguna hermana, cuñada o vecina.

           Las amigas y vecinas de la parturienta llevaban huevos, leche, caldos, aves de corral, miel, azúcar,  manteca, chocolate o dulces tradicionales a modo de presente para la pronta recuperación de la recién parida.

           Había dos maneras tradicionales de parir: una era parir tumbadas en la cama conyugal que se cubría con cobertores y sabanas especiales para estos momentos y la otra forma de parir era en cuclillas sobre una estera o manta sujetándose a una silla de enea, mueble o de la cabecera de la cama.

             En la sala del parto sólo estaban las mujeres justas y necesarias, es decir, dos o tres, en otra sala se reunían los familiares junto con algunos hombres que iban y venían esperando la buena noticia de un buen parto.                   

            La primera persona en recoger al recién nacido era la partera, esta le hacía el primer reconocimiento, le contaba los dedos de las manos y de los pies, le ataba una cinta azul alrededor del cráneo si era varón y blanca si era niña, para que no se le deformase el cerebro y cortaba el cordón que une a la madre con su hijo o hija lo ata y cura lavándolo bien con un poco de jabón casero, luego tras secarle cuidadosamente y asegurar el nudo untan el ombligo con manteca o con aceite de oliva y lo sujetan poniendo al bebe un largo fajin de gasa o hilo hervido en ocasiones con agua y romero. Tras lavar a conciencia al bebe y a la madre la partera se aseguraba  una vez más de que el recién nacido estaba “bien curao” vistiendole con largos pañales  en los que le envolvían literalmente, colocándole toquilla tras toquilla dejándole totalmente inmovilizado. Una vez “habiao” lo ponía en los brazos de la madre y hacto seguido en las manos de la abuela, tía, hermana, suegra o cuñada para que “lo reconocieran” y lo llevasen a la sala donde esperaban el resto de familiares y amigos.

             Las funciones de la partera no terminaban con el parto, pues solían acudir cada día durante las primeras semanas del postparto a casa de la recién parida a “cambiarla las sábanas”, limpiarla y cuidarla al tiempo que curaba con aceite de oliva o manteca el ombligo del bebe hasta que este se secaba, y en muchas ocasiones la partera hacía el seguimiento de las embarazas aconsejándolas en lo que debían o no hacer o comer. Se  la pagaba con algo de comida o de dinero y en cada pueblo había varias parteras reconocidas.

            Si el padre estaba en el campo o trabajando fuera de casa se le mandaba aviso con un chiquillo del barrio o de la familia, acudiendo tan solo al parto si peligraba la vida de su mujer o hijo, si por el contrario estaba en casa aguardaba junto con los familiares y amigos en una sala de su casa.

             La placenta y el cordón umbilical por lo general eran echados al fuego, esto lo hacía la partera o el padre asegurándose de que quedaran dichas vísceras  reducidas a cenizas, pues se creía que si se los comía algún animal de la casa como el cerdo, perro, el gato o las picaban las gallinas, estos animales se llevarían la fuerza del recién nacido haciéndole débil y enfermizo de por vida. En raras ocasiones se enterraban  en el huerto de la casa u en una finca familiar nunca en un olivar.              

             Los padres como dije anteriormente no solían acudir al parto, y se enteraban de la buena noticia en sus áreas de trabajo, celebrándolo antes de ir a casa en la taberna o mesón con los amigos a los que invitaba a tabaco y vino, excediéndose en el convite cuando era un varón el recién venido y en menor medida si era una niña y en los primeros partos pues a medida que la familia iba aumentando de número los partos iban dejándose de celebrar. Cuando nacía un varón se solía decir al padre ”enhorabuena fulano. ¡Otro cuarterón! ”. Pues era costumbre muy extendida en todos los pueblos de la Vera Alta de levantar la altura del tejado de la casa familiar un cuarterón (más de medio metro) con tapial y mampostería por la parte de la fachada principal, hasta que hubiera tenido cuatro hijos varones y la casa luciera los cuatro cuarterones alzados en su tejado. En esos cuarterones, especialmente el situado al medio día se convertían en solanas de entramadas talas donde en zarzos o colgados se secaban frutos como los higos, pimientos, orégano, etc.

        En la cocina las mujeres mayores preparaban con esmero caldos para la recién parida, para ello mataban un ave de corral, (pichón, paloma, parrón o gallina) a ese caldo solían añadir algo de carne de cerdo, huevos o jamón. En caso de que a la recién parida no la subiese la leche, se preparaba una tisana con agua y anises que se solía endulzar con un poco de miel, que se le daba a los niños para calmarles el hambre y limpiarles el estomago hasta que a la madre la subiese la leche o de lo contrario prepararan las papillas infantiles tradicionales para estos casos extremos.

          Los caldos de ave se alternaban con leche y nata en abundancia, tomando sólidos una vez que  le subiera la leche a los pechos y se hubiera enganchado bien el bebé a ella cosa que venía a tardar unos dos o tres días. Si la parida no tenía leche se solía contratar a otra recién parida que diera el pecho a cambio de algo de comida o dinero como amas de cría, los hijos de esta y el amamantado por encargo se trataban familiarmente al considerarse entre sí unidos especialmente como hermanos de leche.

          En caso de poder permitirse el lujo de pagar a un ama de cría, las serranas hacían unas nutritivas papillas con harina de trigo tostada y leche de vaca a poder ser, siendo más común la de cabra. Muchos han sido los casos dentro de los grupos ganaderos, especialmente entre los cabreros, más aislados en las montañas y cumbres de a sierra, en los que tras fallecer la madre, el recién nacido es amamantado directamente de las ubres de una cabra yo mismo conocí a un gran hombre Julio en Pedro Bernardo gran enciclopedia de la sabiduría cultural tradicional cuyo padre “fue criado por una cabra que se encariño con él”.

         La importancia de la leche era vital para el buen desarrollo de los lactantes, la falta de dicho alimento podía significar la muerte, a mi propia bisabuela Dominica tras asesinar a su marido da a luz en un estado emocional y económico terrible, no la sube la leche y el niño a los pocos días fallece de desnutrición, caso muy común por desgracia hasta el pasado reciente. Hay entre todos los habitantes de la comarca una serie de leyendas, creencias y mitos que atemorizan a las mujeres que tienen que dar el pecho que cuentan como las bichas o culebras metiendo la punta de la cola en la boca de los bebés, para que estos no  lloren, mamaban la leche de las mujeres por la noche “dejándolas secas”, temor que se creía real cuando las labores agropecuarias hacían que toda la familia se viera obligada a desplazarse al campo donde se hacía vida. Cuando alguna mujer sospechaba que la bicha la estaba mamando la leche a ella o alguna de sus reses, tiraba harina o ceniza por el suelo, de este modo vería por donde entra el animal ladrón pudiéndole acechar o condenar el paso.

          Normalmente los bebes mamaban de la leche de sus madres más de dos años. Pero el echo de amamantar para una mujer serrana podía ser tarea casi de por vida, desde el momento en el que tiene la primera subida de leche tras su primer parto, hasta sus últimos días. Muchos son los casos recogidos de voz de mis informantes en el que la abuela daba de mamar a los nietos, mientras la madre trabajaba o vendía su propia leche para criar a otro niño, pues por lo general mientras que mamen de la teta y saquen la leche a una mujer lactante a esta no se “la baja la leche” ni  “seca”. De echo la educación infantil solía impartirla en muchos casos los abuelos que disponían de más tiempo libre que los propios padres. Cuando había hermanas mayores estas hacían las veces de madres cuidando de ellos y atendiéndolos durante todo el día, exceptuando únicamente el hecho de tener que amamantarlos.

              El cancionero tradicional incluye varios ejemplos entre los que abundan los de tipo picarón.
Cuando me parió mi madre, me parió en un centenar,
Cuando vino la partera, ya sabía yo segar.

El día que yo nací, a mi abuela oí decir,
Tu madre tirándose peos, y tu sin querer salir.

Cuando me parió mi madre, me parió sobre una artesa.
Me dejó una tripa fuera, y ahora se me pone tiesa.

Eres más feo que un guarro, más negro que una morcilla,
Y el día en que tu naciste, nació la sarna y la tiña.

Casadita y parida, te quisiera  ver,
Soltera y aseada, cualquiera lo es.

Soy de Arenas de San Pedro, lo digo con mucho orgullo, porque es mi tierra señores, lo mejor que hay en el mundo.

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