martes, 3 de mayo de 2011

Daniel Peces Ayuso.

TRADICIONES DEL VALLE DEL TIETAR PARTE 4

Partos prematuros:

            Los nacimientos de siete y ochomesinos aunque no muy comunes si que se daban casos, en estas ocasiones los bebes prematuros no solían llegar al año de vida. En estos casos tras bautizarle rápidamente en casa se adecuaba una pequeña caja de madera que se colocaba cerca de la lumbre del hogar rellenándose con algodón, plumas del pecho de los parrones o de mechones de lana y se instalaba allí al bebe prematuro protegiendo su delicada y sensible piel, se le alimentaba constantemente con pequeñas porciones de leche, se le curaba el cordón dos veces al día una a la mañana y otra a la tarde noche, se le envolvía en finas gasas y se le provocaba la defecación introduciendo en el ano la cabeza de un fósforo, de este modo algunos niños y niñas prematuras a base de muchos esfuerzos y desvelos por parte de la madre y del padre salían adelante.
               Las malformaciones y deformaciones tanto físicas como genéticas eran consideradas como un castigo del cielo. Los niños y niñas con este tipo de enfermedades no siempre eran apartados de la vida social, aunque su vida siempre era marginal y dependiente directa y totalmente  de los padres, a los que por ley de vida sobrepasaban tras la muerte de estos, pasando la tutela de estas personas sus  hermanas o tías. En los casos en los que su enfermedad no les limitaba para hacer una vida “normal”, seguían viviendo en la casa familiar atendidos puntualmente por las hermanas que se reparten esta labor. Pero por otro lado he recogido ciertas historias de niños y niñas deficientes que acababan muriendo jóvenes de una forma trágica, violados, asesinados o encerrados en lúgubres lugares donde morían de inanición y locura entre otras cosas.
                La locura era castigada con la indiferencia y marginación social, pero había locos y locas muy respetados como los curanderos o santeras quitadoras del mal de ojo por ejemplo. Otros “taraos” daban miedo y atemorizaban a sus vecinos, mientras que en los casos más peligrosos de personas agresivas tomaban parte las autoridades ingresándolos en sanatorios o manicomios donde se les encerraba de por vida.

EL POSTPARTO.

          Una vez recuperada del parto, la parida debía guardar la cuarentena en casa pues se la consideraba impura.  Durante los cuarenta días siguientes al parto la  recién parida no salía de su casa, excepto en casos de alguna necesidad extrema, como recoger a algún animal doméstico descarriado, salir a dar algún recado importante a alguna vecina o familiar, pedir un favor, etc.  Pero cada vez que tenía que salir de casa antes se subía hasta el sobrao y tras coger un pedazo de teja de los que sujetan  las ripias de madera al tejado, se lo colocaba en lo alto de la cabeza, sujetándolo bajo un pañuelo anudado a la nuca de este modo decían que no salían de “tejaspadentro” o de su casa, tampoco podían cruzarse de acera teniendo que dar grandes rodeos para evitar cruzar la calle en sus desplazamientos. Esta cuarentena fue recortándose a partir del siglo XIX, hasta convertirse en poco más de una semana.
          Durante el tiempo de la cuarentena la casa de la recién parida recibía muchas visitas, “Pa ver al crío y dar la enhorabuena”, al tiempo que llevaban algún presente preferentemente alimenticio sin descartar ropitas y paños. Estas visitas eran muy bien recibidas pero a los recién nacidos no se les exponía mucho tiempo ante las miradas de los visitantes, las madres protegían especialmente a sus hijos e hijas de las miradas, pues se creía que si miraban mucho al niño o niña a éste se le “ojeriza”, es decir, se le echa el mal de ojos incluso sin querer.  Cuando una madre sospechaba de alguna persona como posible ojeriza colocaba tras la puerta de entrada a la casa la escoba de barrer, de este modo se creía que la visita no deseada no tardaría en abandonar su hogar en caso de que llegase a entrar.
            Durante este tiempo había curiosas costumbres relacionadas con las posibles “virtudes y protecciones” que aseguraban un adecuado crecimiento global del infante, como por ejemplo el “favor de cortar las uñas”; se pedía este favor la primera vez que se le cortaban las uñas a un recién nacido a una mujer u hombre con buena voz para el cante, este acudía a la casa del niño o niña en cuestión se sentaba detrás de una puerta y le cortaba las uñas, de este modo el niño o niña cuando creciera tendría la misma sino mejor voz que su cortador o cortadura de uñas. A las niñas las cortaban las pestañas detrás de una puerta una “serrana hermosa” para que de este modo adquiriese belleza y sus ojos al fijarse en alguien le prendieran. Dice una copla del cancionero serrano tradicional al respecto;

Manojito de alfileres, me parecen tus pestañas,
Que cada vez que las miro, me las clavas en el alma.

Pestañitas de acero, tiene mi amante.
Y en mi alma se clavan, como puñales.

Por cejas tienes dos arcos, las pestañas por saetas,
Mi corazón por diana, de desamores las cuerdas.

           Una vez terminada la cuarentena, la primera salida que realizaba la madre, era a la parroquia o templo  más cercano para purificarse y presentar al bebé ante una adbocación del santoral determinada concretamente en cada localidad.
Era si primera salida e iba  acompañada de la partera y o la madrina. La madre llevaba al  recién nacido en brazos hasta la iglesia con una vela o hacha. El cura la esperaba a la puerta de la iglesia con una vela encendida en la mano con la que  encendía la vela que porta la madre luego  entregaba al cura la vela al finalizar una oración al efecto. Luego, se entraba en la iglesia; dependiendo de la localidad, los niños se ponían sobre determinados altares, bajo los patronos locales especialmente, por ejemplo en Guisando los niños eran ofrecidos a San Miguel y los hijos de los cabreros bajo el altar de la ermita de San Pedro y las niñas se las solía “presentar” en los altares dedicados a las diferentes adbocaciones locales de Nuestra Señora Santa María Virgen, a quienes eran ofrecidas poniéndolas bajo su protección.
            En algunos pueblos la purificación incluía una curiosa costumbre; el párroco  esperaba a la puerta del templo a la madre y la rociaba con agua bendita, luego le ponía una estola sobre el cuello y la conducía frente el altar mayor, para que presentara a su hijo o hija.
            Esta costumbre provocaba que las madres nunca asistieran al bautizo de sus hijos e hijas, pues a los recién nacidos se les bautizaba cuanto antes dada la alta mortandad infantil, en plena cuarentena de la madre, que saldría de casa muchos días después del bautizo para la “presentación” que se llevaba a cabo al tiempo que su “purificación.

Pelón  y pesetas al bateo que en la puerta la iglesia, hay cristiano nuevo....
            
EL BAUTIZO.

“No me llame uste compadre, y hasta acristianar al niño.
Que puede ser que seamos, compadre, padre y padrino”.

             Como apuntaba anteriormente la altísima mortalidad infantil hacía que a los niños y niñas se les bautizara lo antes posible, asegurándoles en caso de fallecimiento del nebuloso Limbo. En caso de necesidad extrema al bebe le podía bautizar cualquier cristiano pero más curiosa era la costumbre de enterrar a los abortos y los niños muertos de mal parto en los huertos de la casa familiar o en la piedra-losa del humbrál de su casa, tan solo los bautizados eran enterrados en campos Santos.
             Para los bautizos no se preparaban grandes fiestas, aunque los primeros hijos eran más festejados, decayendo el entusiasmo a medida que se sucedían los partos. Al templo acudía la comadrona  llevando una bonita jarra con agua (agua recogida de una fuente o manantial “de aguas finas como cristales” que una vez bendecida por el cura era con la que se bautizaba al bebé. En algunos pueblos este agua se guardaba y era entregada a la madre para que bebiera de ella y la diera fuerza y salud). También llevaba y una rica toalla bordada con la que secarían la cabeza del bebe y las manos del cura. Completaban el cortejo junto con el cura, la partera y la madrina, el padrino y algún que otro vecino y familiar. El padre iba si tenía tiempo para ello.
              Tras bautizar al bebe salían del templo y los padrinos se colocaban en cabeza de la comitiva con muchas golosinas y “perras chicas” en los bolsillos. Los chiquillos del lugar se arremolinaban o “arrebotajinaban” gritándole al padrino:

“Pelón, Pelón, Pelón, Pelón.”
“Eche, eche, señor padrino eche,
cuatro perras chicas en escabeche”.

“Échenos padrino, échenos padrino,
Échese la mano, rásquese el bolsillo.”

“Échenos padrino, eche, eche, eche,
que el pelón si no, mire que no crece.
Échese la mano, a ese buen bolsillo,
Y échenos las perras, a to los chiquillos.”

“Pelón, pelón, pelón, que tu madre no ha venido,
Por no agraviar al Señor. Pelón, pelón….”
              Entonces el padrino se echaba la mano al bolsillo y tiraba “al bateo” monedas de bajo valor o dulces como, caramelos, castañas, nueces, higos pasos, etc.  que los chiquillos cogían con avidez. La madre y alguna hermana o amiga suya se quedaban en casa preparando una merienda a base de chocolate con dulces tradicionales, (perrunillas, rosquillas, mantecados, pastas, flores, tirabuzones, leche frita, bollos, bizcochos, magdalenas entre otros), y  vino, tabaco o licores para los adultos.
            El “apadrinaje” tenía sus normas de tal modo que el primer hijo  o hija del matrimonio era apadrinado generalmente por las mismas personas que actuaron como los padrinos de su boda. El resto de hijos se iban apadrinando seleccionando entre las mejores amistades y parientes. Actualmente no tienen mucho sentido las figuras de la madrina y el padrino de nacimiento, pero entre los serranos de la Vera Alta eran figuras muy importantes y presentes en todos los acontecimientos importantes de su vida social y familiar. Las madrinas y padrinos actuaban como segundas madres ocupándose de sus ahijados y ahijadas en caso del fallecimiento de sus progenitores naturales. A lo largo de todo este bloque dedicado al ciclo humano veremos muchos momentos en los que las madrinas y padrinos tomaban por derecho propio  un papel determinante en ciertas fiestas como por ejemplo las relacionadas con los quintos y con las bodas tradicionales.
            En cuanto a la elección de los nombres varia sensiblemente siguiendo una tónica generalizada por el gusto en uso de nombres compuestos. También en la elección de los nombres tenían parte decisiva los padrinos ya que estos solían llevar como segundo nombre el de estos. El primer hijo solía llevar como primer nombre el del padre o del abuelo materno y de segundo el de el padrino. La primera hija el de la madre o abuela paterna como primero y el de la madrina como segundo. Los siguientes hijos tomaban el nombre de otras personas queridas de la familia (abuelos y tíos). Los últimos  en llegar a la familia solían llamarse del mismo modo que el Santo o Santa del día de su nacimiento. Sin olvidar los nombres que hacen alusión a los patronos y patronas locales. También se solía poner el mismo nombre a un hijo de otro hermano de este fallecido anteriormente.

Me dijo mi madre, si una puerta se cierra otra se abre, y redijo mi abuela, pa abrir un apuerta, la otra se cierra...
            Al convite acudía poca gente, los padres, hermanos, padrinos, comadrona, cura, algunos familiares, vecinos y abuelos, estos llevaban algunos presentes para la madre o bebe, abriéndose para este todo un futuro de esperanzas al son mecido de una nana serrana.

Ea, ea, ea. Ea, ea, e. Ese lucerillo del amanecer.
No vino de día, ni al anochecer, que vino en el alba del amanecer.
Hermosa Santa Ana, ¿por qué llora el niño?.
Por una manzana, que se le ha caído.
Si se le ha caído, yo le daré dos.
Una para el niño, y otra para vos.
El buen pastorcillo, guarda su majada,
Y sale al lucero, de la madrugada.
Dime pastorcillo, que guardas las cabras,
Si has visto al lucero, de la madrugada.
No lo he visto niño, mírelo uste a ver,
Si es este el lucero, del amanecer.
Si es este el lucero, que viene uste a ver.
El buen pastorcillo, guarda su majada,
Y sale al lucero, de la madrugada.

LA INFANCIA. (La niñez).

                La infancia propiamente dicha empezaba a los tres años de vida y terminaba a los seis años, momento a partir del cual los niños y niñas eran incluidos en el mundo de los adultos y sus responsavilidades. Hasta entonces  disponían de tiempo para jugar hasta que empezaban a ayudar físicamente en la economía familiar con su trabajo. Uno de los mayores problemas que sufrió esta comarca hasta el siglo XX, fue la falta  de ilustración institucionalizada. Pocos eran los niños y niñas cuyas familias les podían mantener estudiando, teniendo que sacarles de las escuelas a muy temprana edad para cuidar de los animales, huertas y olivares de la familia, cuando no de los hermanos menores y las faenas cotidianas o al servicio de terceros. De todos modos, los niños disponían de una gran cantidad de juegos y canciones y momentos especiales dedicados a ellos. Como por ejemplo, la costumbre que tenían en nuestros pueblos de dejar la soba donde se había colgado el cerdo para la matanza, prendida del techo, y con ella se hacía un columpio, en el que durante el tiempo que tardaba en guisar y aviar al cerdo se columpiaban los niños, siguiendo el orden de turno todo el tiempo que durase esta canción, de la que existen las lógicas variantes  dependiendo de la localidad:

“Ia, ia, que esta mala mí tía. Con qué la curaremos.
                                        Con palos que la demos. ¿Dónde están los palos?.
La lumbre los ha quemado. ¿Dónde está el fuego?.
                El agua lo ha apagado. ¿Dónde esta el agua?.
                                        El buey se la ha bebido. ¿Dónde está el buey?.
                                       A sembrar un poco trigo. ¿Y dónde está el trigo?.
   La gallina se lo ha comido. ¿ Y dónde está la gallina?.
                                       En el gallinero, encima la tierra y debajo del cielo.
                                       Esta es la campana grande. Esta es la mediana.
                                       Y esta es la chiquita. Este es el esquilón,
                                      Este otro el campanón. A la una y a las dos.
                                      Y a las tres.”
 
                 El carácter por lo general extrovertido, curioso e inquieto de cualquier niño hacia que en determinados momentos su presencia fuera considerada más como un estorbo. En las anteriormente referidas matanzas tradicionales por ejemplo el columpio era un método para mantener a los niños entretenidos lejos del fuego y de las peligrosas y afiladas herramientas, sin molestar jugando en medio de tanto trajín. Los días de mucho agua y frío los niños no solían salir de las casas yendo de una a otra haciendo alguna que otra fechoría. Cuando una madre o abuela no aguantaba más el incordio de un niño solían recurrir a otros trucos, como mandar al niño o niña revoltosa en cuestión “a por un kilo de tardanza a en cá  Tía fulanita”. Al niño o niña se la daba una cesta de mimbre e iba hasta la casa de Tía fulanita, como las puertas no se cerraban más que por las noches, subía por el zaguán y a voces la llamaba según subía las escaleras que dan paso a la segunda planta donde se habitaba en las casas tradicionales; “Que me ha dicho mi madre que me dé un kilo tardanza”. Entonces la buena mujer le hacía entrar y lo entretenía un buen rato haciéndole subir y bajar leña, ayudándola en las tareas del hogar, o contando legumbres. En otros casos se les enseñaba a tocar los instrumentos tradicionales de percusión, tales como almireces, triángulos o yerros, calderillos, cántaros, sartenes, morteros, botellas de anís, panderas y panderetas, zambombas, rabeles, castañuelas o los sones de la mesa golpeada con las manos produciendo diferentes ritmos. También era común mandar a los chiquillos a por “la maquina de enderezar  esquinas” o  “la de arrondelear sartenes o calderos”, y de la misma manera el chiquillo iba armado de una cesta que nunca traía nada de regreso a casa, a lo sumo unos ladrillos o piedras envueltos en trapos o en sacos de arpillera.
                El campo y la naturaleza envolvente era el escenario de las andanzas y correrías de los niños serranos de la Vera Alta, los cerros y montes que circundan las localidades eran tomados por pandillas de chiquillos del mismo barrio, tras elegir un “lugar estratégico y oculto”  levantaban los campamentos que defendían de los chicos de otros barrios vecinos pugnando todos por romper el de los otros. Y es que el barrio era el lugar desde donde se empezaba a conocer el entorno, las pandillas se distinguían en dos  grupos, la de los Mayores y  la de los pequeños. De este modo los más pequeños iban aprendiendo y creciendo observando e imitando el comportamiento de los más mayores que eran los amos del barrio y sus defensores. Esta rivalidad entre los chiquillos de un barrio con los de los barrios vecinos, hacía que en ocasiones tensas muchos niños dieran grandes rodeos para evitar pasar por un barrio, plaza  o calle de una pandilla contraria. Para ello se hacían armas con palos, lanzas, espadas, arcos, flechas, tirachinas, etc. y con arcilla hacían bolas que endurecían con cal y cemento que se robaba de las obras para usarlas como proyectiles. Aunque la armas dependían del lugar en el que se desarrollase la batalla, de tal modo que en los pinares se atacaba con piñas, en los olivares se cortaban varas de olivo y pinchando las aceitunas en un extremo eran lanzadas como proyectiles con gran efectividad. Tampoco se desechaban frutas y por supuesto piedras, de este modo entre los chiquillos las escalabraduras estaban a la orden del día y entre las madres las riñas y reproches que se pagaban con castigos para el escalabrador.
                 En todos los pueblos hay una o varias grandes piedras donde los niños suben y bajan dejando deslizarse por ella a modo de tobogán. Estas “piedras gordas” eran el punto de encuentro de muchos niños antes de la llegada de los primeros columpios a mediados del siglo XX. En Arenas de San Pedro por ejemplo la gran piedra que sirve de cimiento a la potente torre del homenaje del castillo de la ciudad, ha sido el usada siempre como columpio tradicional entre los chiquillos y chiquillas areneras y  la peor enemiga de las culeras y rodillera.
                Los meses de frío intenso, los del hielo y la nieve traían a los chiquillos nuevas formas de divertirse, usando el hielo como pistas de patinaje o jugando con la nieve.
               Cazar animalillos era otra de los entretenimientos de los chiquillos en raras ocasiones se mataba por matar, se cazaba por algún motivo como alimentarse, vender la captura o descubrir los hábitos de algunos animales. A la cabeza de sus presas estaban las aves, preferentemente verderones, jilgueros, mochuelos, cernícalos, tordos, zorzales, etc. expoliando todo nido descubierto. Culebras, escolopendras, arraclanes, lagartos y eslabones eran también perseguidos por los chiquillos por considerarlos animales dañinos. Perdices, conejos, liebres caían en los lazos y trampas de los chiquillos, mientras que de las cuevas de los ríos obtenían la pesca necesaria. El perro era el amigo y compañero de las correrías de los chiquillos en esta etapa de descubrimiento del entorno. También se capturaban pequeños animalillos como grillos que se sacaban de su agujero “cucando” con una caña de cereal silvestre o inundando  la madriguera con agua u orín. Las luciérnagas también se cogían y se las colocaban entre la maraña de pelos en la cabeza, donde brillaban como chispas verdes. Otros animales eran cogidos de cachorros para formar parte de los animales domésticos, como por ejemplo las jinetas, tortugas y galápagos  que suplían a los gatos, ardillas que se tenían en jaulas o perdices de reclamo. Mirlos, tordos, Grajas y cernícalos eran domesticados y en algunos casos conseguían que algunas de estas aves repitiesen alguna palabra como si de loros se tratase.

Al corro la mocedad ,quiere mi madre que ruede, y yo le digo a mi madre, que ire haga sol, lluvia o nieve...
                   
               También jugaban a otro tipo de juegos como por ejemplo; al Hínchatesapo, la mocha, el mocho, pídola, a la una anda mi burra, los alfileres, la teja, la bimba, la lima, burro, la comba, el esconderite, la taba, las tres en raya, los bolos, juegos de pelota (con sus variantes locales de “Asabana o “sin bote” y o a Jarrantes o con bote), las cucañas, los  columpios, al bote, a las peonzas, a los campamentos, Churro, mediamanga y mangaentera, al cinto, al Marro, a Pistoli con torera, a las bolas, y todo lo que la imaginación les permitiese crear. Algunos artesanos hacían preciosas muñecas con la paja trenzada del centeno, o con las piñas de los pinos, mientras que los niños jugaban a los toros con las Gallas de los robles. La llegada de los títeres itinerantes era celebrada especialmente por niños que se arremolinaban en torno a ellos ávidos de distracción y fantasía, del mismo modo que las funciones principales del Corpus, y fiestas principales, en las que puntualmente podían participar de forma activa. Lo mismo sucede con las canciones de corro infantiles de las que he recogido ricas y variadas muestras, sirvan las siguientes como ilustración;

Estaban tres niñas bordando corbatas.
Con agujas de oro, dedales de plata.
Vino un caballero, pidiendo posada.
Si mi madre quiere, de muy buena gana.
Le ponen la mesa, en medio la sala.
Con cuchillo de oro, y cuchara de plata.
Le ponen la cama, y en medio la sala,
Con sabanas de oro, y colchas de plata.
Y a la media noche, fue y se levantó.
De las tres que había, a Elena cogió.
La monto a caballo, y se la llevó.
Y en tras esos montes, allí la bajo.
¿Dime niña hermosa, como te llamabas?.
En mi casa Elena, y aquí desgraciada.
Sacó su cuchillo y se lo clavó. Levantó una losa y allí la enterró.
Perdóname Elena, por lo que te hice, perdonado estas pero no me pises.

A esa que esta ahí en medio, se la ha caído un volante.
Y no lo quiere coger, por que esta el novio delante.
Hay, Chungalakalakachungala.
Hay, Chungalakalakachun.
Hay Chungala la señorita,
Que visten de polisón.
Las señoritas nos tienen, una envidia del demonio.
Por que dice su papa, que la va a cortar el moño.
Hay Chungala…………..
Esa niña se merece, que la suban hasta el cielo,
Y la vuelvan a bajar, entre estrellas y luceros.
Hay, Chungala……….
Alirón, Pepe es un tunante, queme robo la cinta del mandilón.”

Al animo, al animo, que se ha roto la fuente.
Al animo, al animo, mandarla a componer.
Al animo, al animo, no tenemos dinero.
Al animo, al animo, nosotros lo tenemos.
Al animo, al animo ¿de que es ese dinero?.
Al animo, al animo de cascarón de huevo.
¿Dónde va una niña como una rosa?. Voto Pirulón.
Va a ver a “fulanito”. Boto Pirulón.
Ese mozo “si o no” que gusta. Boto Pirulón.
¿Qué la vas a regalar?. Boto Pirulón.
La regalará  “una casa”. Boto Pirulón.
Ese regalo “si o no” gusta. Boto Pirulón.
(Y así seguían jugando hasta que se cansaban del juego).

Pimpineja, la mano la coneja.
Sal menuda. Pido por la cuba.
Cuba de obispo, pido por obispo.
Obispo de Roma, tápate la corona.
Si no te la come la gata rabona.
Dame la mano manita.
Me la ha comido la ratita.
Dame la mano manón.
Me la he comido el ratón.
Dámela por bien, que me lo ha mandado el rey.
Si vas al carnicero, dile que no te corte por aquí,
Ni por aquí, sino por aquí. Por aquí.

Es el baile de la carrasquilla, es un baile muy “desimulado”.
Que hincando la rodilla al suelo , todo el mundo se queda mirando.
Alevanta, alevanta María, que ese baile nos e baila así.
Que se baila de espalda, de espalda, Mariquilla menea la saya.
Mariquilla menea los brazos, y a la media vuelta le da un fuerte abrazo.
En mi pueblo no se estila eso, que se estila un abrazo y un beso.
En mi pueblo no se estila nada, que se estila una gran bofetada.

¿Qué haces en esa esquina?. Rondin, rondando.
Navegue, navegando. La resabida.
Deja pasar a la niña, Rondin, rondando.
Navegue, navegando que va a un recado.
Si va a un recado yo voy con ella.
Por que tiene la cara de “pidigüeña”.
Si tengo la cara de pidigüeña tu rebalido,
Si tengo la cara de revalido tu eres muñeca.
Que cuando llega el domingo, te pones hueca.
Si me pongo hueca debo ponerme,
Que el galán que me ronda pesetas tiene.
Si tiene pesetas que las enseñe.
Que te compre un vestido de seda verde.
Después de comprado, le prender fuego,
Y veras como arde el vestido nuevo.

También abundan los juegos para echar a suertes como por ejemplo;

“Butón, butera, zurriqui y afuera”.

Una, dole, tele, catole.
Kile, kilete, estaba la reina en su gabinete.
Vino Gil, apagó el candil,
Candil, candilón cuenta las veinte, que las veinte son.
1,2,3,4,5,6,7,8,9,10,11,12,13,14,15,16,17,18,19, 20.
Policía y ladrón.

1,2,3,4,5,6,7,8,9,10…………….20, 21 y aceituna. Tú fuera.


                Hasta los seis años más o menos no se consideraba criado un hijo, pues las muchas enfermedades y miserias del pasado hacían que muchos de ellos pereciesen por simples diarreas o gastroenteritis mal curadas. Por eso merece un  apartado especial las enfermedades infantiles y sus más o menos efectivos remedios tradicionales.
               En una zona donde hubo hasta el siglo XX enfermedades endémicas como la fiebre tifoidea, el bocio o el paludismo por poner unos ejemplos, junto con una precaria dentición dada por la carestía de cal en el agua casi pura de nieve, son suficientes como hacernos una idea de cómo estaba el tema  de la salud pública.  Amplias zonas se despoblaron en el siglo XIV buscando amparo en la frescura de los pies de la sierra, conde la abundancia de agua y su inteligente canalización daban a los pueblos de esta comarca serrana de la Vera Alta un muy alto nivel de salud publica y mantenimiento higiénico, al discurrir pos todas las calles un sistema de “regueras” o “canales” que corrían  por medio de las calles recogiendo las suciedades y dando frescura en los meses de verano mientras que en el invierno eran desviadas fuera de las calles que se limpiaban con la abundante lluvia. A pesar de este hábil sistema higiénico muchas eran las enfermedades de las que se tenían que proteger. En el invierno las gripes, afecciones de garganta, tuberculosis, refriados, etc. en verano las gastroenteritis, las diferentes fiebres, las diarreas, etc.
Solían acudir a remedios tradicionales pero cuando el “mal se enconaba” acudían al medico y a los Santeros y Santeras reconocidos en toda la comarca. Antes de recurrir a estos solían probar con los remedios caseros, por ejemplo; la fiebre se bajaba envolviendo a los niños en Berrendos de rojo paño teñidos, ya que se creía que estos absorbían el mal librándolo de la temida fiebre. Para la tos los jarabes hechos con malva, violeta, miel, higos pasos, orégano, tomillo, flor de gordolobo, poleo o toronjil. También era muy común el uso de las cataplasmas hechas con cáscaras de cebolla y cola de caballo hervidas con agua y un poco de barro de una fuente para curar y secar las heridas infectadas.
          Cuando algún chiquillo tenía “andáncio” (esta palabra alude a que “andan por ahí los virus”, tales como gripes, afecciones de la vía respiratoria, gastroenteritis, etc.), en estos casos se curaban con “sobos” con aceite de oliva que daban las expertas manos de algunas mujeres dedicadas a estas artes. Se sobaban las pantorrillas y el vientre enérgicamente durante más de veinte minutos y al finalizar el masaje cogían un baso con aguardiente o agua, esto dependía de los gustos de la sobadora en cuestión y tras enjuagarse la boca con el, escupía o soplaba más bien  el contenido pulverizado sobre el vientre y pecho del sobado o sobada, provocando una fuerte reacción. (Por experiencia personal puede decir que cuando tenía nueve años  me dieron uno y funciono, ahora bien lo que no tengo tan claro es el motivo, pues aún recuerdo el asco que sentí al verme lleno de agua y babas).
             La desnutrición se combatía sacrificando unos cachorros de perro lactantes con cuya carne se hacía un poderoso caldo capaz de sanar al chiquillo más enclenque, del mismo modo servía el caldo hecho con mochuelos cazados para tal efecto. Las heridas superficiales se curaban con agua y jabón y se desinfectaban con vino. Y para las quemaduras se tenía “el aceite con pericón macerado, que era mano de Santo”. Las diarreas se curaban bebiendo el agua de las fuentes ferruginosas y calcáreas, ya que el agua de las fuentes en si mismo tiene sus propias virtudes y defectos buscándose tradicionalmente en el agua de tal fuente para este remedio o el de tal otra para otro distinto. Esto se explica por los caprichos orográficos y minerales de esta tierra en la que abundan metales en el subsuelo y  en su superficie, entre los que destacan los de tipo ferruginoso y siendo los más escasos y valorados los acuíferos calcáreos.
            Durante todo este tiempo los niños y niñas quedan bajo el cuidado de los hermanos mayores y de los abuelos, en muchas ocasiones solían acompañar a sus padres a las faenas del campo, incordiando más que ayudando, aunque estos preferían dejarlos en casa jugando en su calle o barrio con sus amigos.
           Los abuelos y las abuelas formaban parte decisiva de su educación, las muchas horas que compartían al cavo del día hacía que las relaciones entre ellas fueran muy fuertes. Los abuelos les enseñaban los ritmos, canciones y danzas tradicionales y les contaban maravillosas leyendas y cuentos fantásticos que nunca se sabía si habían sido mentira o verdad. Leyendas que hablan de los nombres de estas montañas, valles, piedras y ríos. Cuentos de maravillosos tesoros guardados por terribles sierpes que vigilan a una hermosa reina mora. Plantas y animales que hablan, seres terribles y fantásticos como el Orco o las Isabinas.

Mira bien aquel mocito, como un pino de derecho, y luego dicen las mozas, que no hay mozos de provecho...
                                                                               
DE LA NIÑEZ A LA ADOLESCENCIA.

             A los seis años de edad más o menos los niños y niñas eran sacados de las escuelas como ya dije, dejando de pagar al maestro por un lado y ganando lo poco o mucho que niño o niña hiciera por la casa familiar. Entraban de lleno en el mundo laboral salvo aquellas familias menos desfavorecidas que se podían permitir seguir dando  “estudios” a sus hijos .
             Uno de los trabajos  que se les asignaba a los niños y niñas a partir de los seis años, era el de cuidar los cerdos. Sin duda el animal más cabezota y terco y menos obediente de todos. Se elegía este trabajo duro para los niños ya  que una vez dominada la situación con los cerdos se podían hacer con facilidad con el manejo de cualquier otro tipo de ganado doméstico.
            Otras de las funciones de los niños era la de ayudar a los padres en sus trabajos, empezaban llevándoles el almuerzo hasta el trabajo, para ir poco a poco ayudando físicamente  en las tareas desempeñadas por este. Los hijos de los ganaderos empezaban acompañando a sus padres hasta tener su propio rebaño.
            Las niñas desde muy temprana edad atendían a sus hermanos menores, mientras que la madre se hace cargo de otras labores, como pueda ser el huerto familiar o trabajos  temporales con los que sacar algún dinero extra. Llegados los seis años y en caso de necesidad a las niñas se las ponían a servir en otra casa o a cuidar niños a cambio de un poco de dinero o de su mantenimiento. Y a todas se las enseñaba desde niñas a coser, deshilar  y bordar primorosamente. Las madres muy severas en  el aprendizaje de estas artes, al menor error, las hacían deshacer toda la labor y empezarla de nuevo. Por eso muchas niñas veían en el trabajo una forma de salir de su casa y tener cierta independencia, sobre todo a partir de su adolescencia hay una canción muy extendida por toda la comarca que habla del tema, dice así;

“Cuando la muchacha, tiene quince años,
No hay quien la sujete, ni padre ni hermanos.
El padre la dice, y ella la contesta.
Me voy a servir, para andar más suelta.
Hizo la ropita un lío, lo tiró por la ventana,
Y  fue en casa de don Pepe, a ver si querían criada.
Y el ama la dice. ¿Qué sabes hacer?.
Ella le contesta, fregar y barrer.
Mire uste que se, planchar y bordar,
Y un durito al mes, bien podía ganar.
Al mes que cumplió la chica, se levantó el señorito.
Se acercó a la habitación, y estas palabras la dijo.
Pídelo que quieras, pídelo que si,
 por que me ha gustao tu modo servir.
Pídelo o que quieras, palabra o dinero.
Que me has encantao, boquita de cielo.
Lleva más lujo que el ama, más lujo que el ama lleva.
Por que toda va vestida, entre crespones y sedas.
Y lo que llevaba valía un tesoro, reloj de pulsera y anillo de oro.
Y lo que llevaba era un abanico. ¿Y eso quien lo paga?.  Todo el señorito.
 
                     Las niñas y niños descubrían su sexualidad por separado con diferentes juegos eróticos llenos de mitos y tabúes, lejos de las miradas de los mayores. Los chicos presumían de sus incipientes signos masculinos, mientras que las niñas los escondían. El respeto entre ellos era casi sagrado, pero las pelas entre niños o entre niñas eran cosas muy comunes, como las faenas o trastadas típicas de estas edades. Trastadas que se resolvían con castigos que ahora se nos antojan bromas. Uno de los castigos más comunes era el de sujetar una moneda con la frente en la pared sin poderse reír. Otra consistía en dar corriendo una serie de vueltas a la casa o calle según la gravedad de falta realizada. Cuando dos niños o niñas se peleaban se les obligaba a hacer las paces, sobre todo si eran familia entre ellos, cosa muy común, pues tradicionalmente los primeros amigos de la infancia eran los primos hermanos, luego se les hacía mirar a un rincón de la pared a cada uno prohibiéndoles reír, lo que no tardaba en provocar las risas de ambos castigados. También funcionaba la “Usía de la vara”, cuando las fechorías pasaban los limites permitidos entraba en juego el castigo físico que incluía el azote de la correa del cinturón del padre o la zapatilla de la madre.
        Las niñas pasados los doce años iban puntualmente día tras día a la fuente a por el agua, lugar y camino en el que muchas de ellas conocerían los vértigos del  primer amor. Los mocitos sacaban un sobre sueldo yendo a por piñas y taramas que vendían a las tahonas y hornos. Tampoco desdeñaban las artes de la caza menor y mayor, ni la pesca, recogían las teas para alumbrarse y en grandes cestos de mimbre recogían también el estiércol que las caballerías iban dejando por las calles de los pueblos para fertilizar y aumentar la capacidad productiva del huerto familiar.
             Las mocitas guardaban parte del sobre sueldo para irse haciendo con su ajuar de boda. Para ello trabajaban en trabajos temporales como la aceituna, la vendimia, las bellotas etc. con el dinero compraban telas, pañuelos, cintas, joyas, y aderezos tradicionales. Desde niñas empezaban a bordarse su traje y la camisa de su novio.
 
El día en que yo me case, quiera Dios que no aparezca, ni el cura ni el sacristán, ni las llaves de la iglesia...

MOCEDAD, NOVIAZGO Y BODA.
 
               Antes de abordar este tema, he de decir que hasta hace unos cincuenta años en toda la Vera Alta Serrana existieron grandes diferencias sociales, que como es lógico influyeron decisivamente en la o mejor dicho, las diferentes costumbres o fiestas tradicionales de tipo social o familiar. En esta comarca el grueso de la población la componían pastores y labradores libres, que eran abastecidos por un nutrido y variado grupo artesanal, todos ellos sujetos bajo el control administrativo de unos pocos grandes terratenientes, nobles o el clero.
              Estas diferencias estaban implícitas en todos los festejos y ceremonias de esta comarca. Para evitar problemas los jóvenes solían buscar pareja entre las personas de su misma “categoría”,  “realea”, “casta” o “linaje”. Pero como el amor es ciego y le acompaña la locura no siempre los noviazgos se realizaban por amor, en algunos casos eran impuestos por las familias y para otras parejas, las más valientes, supuso el abandono forzoso del pueblo con la persona amada lejos a otro lugar donde empezar una nueva vida. En estos casos las familias solían reafirmar sus relaciones amistosas casi hospitalarias, comprometiendo a sus hijos desde niños en matrimonio lo que aumentaba el poder familiar local, lo que hacía de estos matrimonios una especie de “lotería”, en la que nadie sabía si le iba a salir “bueno” el novio o la novia, arriesgándose o sometiéndose a ese cincuenta por ciento de probabilidades del que dependería la buena dicha familiar. Sirva de ejemplo el romance de María y Pedro Carreño,  un joven con rentas, que no rico al que quisieron separar de su novia por que sus padres querían casarla con un primo de casa, un pariente lejano, para acrecentar el capital, en este caso la historia acaba en tragedia, covirtiendose en coplas de ciego que al llegar a esta comarca se extendió por todos los pueblos como esta versión recogida en la Majá de Vejiga a Angel el Cabrero,  dice así:

En la provincia Valencia, un matrimonio vivía,
Eran ricos y hacendosos, solo una hija tenían.
Y la joven tenía un novio, llamado Pedro Carreño,
A quien María siempre amaba, por ser un chico tan bueno.
Pedro  Carreño a sus padres, nunca les ha hecho gracia.
Le prepararon la boda, con un sobrino de casa.
María dice a sus padres, miren lo que van  a hacer.
Si no me caso con Pedro, con nadie me casaré.
El día quince de abril, “enconcertaron” la boda.
Por la mañana el domingo, ya estaba la gente toda.
María se confesó, luego se vistió de gala.
Y al ver de entrar a su primo, se ha caído desmayada.
Ya la levantan del suelo, y otra vez que vuelve en sí.
María dice a la gente, voy un momento al jardín.
Voy un momento al jardín, María dice a la gente,
Y arrojándose en el  pozo, y allí recibió la muerte.
Ya les parece que tarda, todos al jardín bajaron.
Y al verla dentro del pozo, atónitos se quedaron.
Dieron parte a la justicia, y al pronto se presentó.
Y al verla dentro del pozo, todos lloran de dolor.
Ya la sacaron del pozo, y la suben para casa.
Y en el bolsillo la encuentran, una tristisima carta.
Adiós pares, adiós madre, familias y demás gentes.
Por casarme sin amor, he preferido la muerte.
La boda se volvió intierro, toda la gente lloraba,
Y a los padres de María, todas las culpas le echaban.
Pedro Carreño su novio, le mando de hacer la caja.
Con la tapa de cristal, de seda toda bordada,
De seda toda bordada, y un letrero que decía,
En paz descanse tu alma, que has muerto por culpa mía.
                   En otros casos las gentes más humildes son “requeridas pa lances de amores” por  personas poderosas que en la mayoría de los casos lo único que buscaban eran los favores nunca los compromisos. De la Ribera salmantina vino la historia de Emerenciana, una mujer despechada por un marques que parecía pretenderla, y cuyo nombre cambió al cruzar la sierra por el de la Valenciana, dice así.

Estaba la Valenciana, sentaita en su balcón.
El marques la estaba viendo, los picos de camisón. (o pantalón).
Hay Valenciana que guapa eres.
Que guapa eres, que guapa estaba,
La Valenciana de madrugada.
La Valenciana en los balcones,
Que va que roba los corazones.
La Valenciana creía, que el marques era soltero.
Para casarse con él, y hacerse el ama el dinero.
Hay Valenciana que guapa eres,
Que bien te prenden los alfileres.
Los alfileres la cinta al pelo,
Hay Valenciana cuanto te quiero.
Ya suenan las esquilillas, ya viene el coche de ayer.
En busca la Valenciana, que lo ha mandao el marques.
Hay Valenciana que guapa eres,
Pero el marques ya no te quiere.
Ya no te quiere ya no te habla,
Ya no va al baile la Valenciana.
Eres tu la que decía, que en tu casa no entra nadie,
Entra la luna y el sol, y la luna cuando sale.
Hay Valenciana que guapa eres,
Pero el marques ya no te quiere,
Si no me quiere, que no me quiera,
Que el es casado yo soy soltera.
Si el tiene padre yo tengo abuela.

                En otros casos son hombres los que se ven sometidos a los requerimientos de grandes damas como la hija bastarda del padre Santo de Roma o del Señor Conde del Gar pues el nombre del padre varía según las versiones de cada pueblo, dice así:
El Señor Conde del Gar, tiene una hija bastarda.
Que la quiere meter monja, y ella quiere ser casada.
Mañanita de San Juan, se ha asomado a una ventana.
Y ha visto a tres segadores, segando trigo y cebada.
Se enamora de el del medio, del que dobla la manada.
Le ha mandado de llamar, con una de sus criadas.

                    En las bodas y en los funerales era donde las familias y clanes exponen todo su poder social tirando la casa por la ventana, festejándolo durante varios días, mientras que las parejas de origen más humilde se limitarían a celebrarlo con sus familiares más directos sin hacer “gastos”. Por otro lado si se puede hablar de una clase social, la artesanal, que pudo representar  la media, al  ejercer de puente entre las diferentes clases sociales de los más pudientes y los más humildes.
        

Eres mi primita hermana, mi primita hermana erres. Bendita sea la rama, que saca lindos claveles...
LOS AMORES Y REQUIEBROS:

                  Antes de empezar con los noviazgos y asuntos prematrimoniales me gustaría contarles un poco los aspectos de la vida cotidiana de los mozos y mozas antes de establecer relaciones entre ellos.
                 Para los mozos el momento más importante era la entrada en quinta. Esto les hacía entrar en el mundo de los adultos, podían fumar y vestir como los hombres pero las bromas y fechorías de su etapa infantil se acabarían con los excesos permitidos durante la semana que duraba la fiesta de los quintos que coincidía con la fiesta del Carnaval. Hasta el momento de entrar en quinta o “meter la mano en el bombo”, los mozos solían cortejar a las mozas y trabajar alternativamente.  Las madres avisaban a la hijas de que no “se dejaran meter las manos por las enaguas” y que no se fiasen de las palabras de un hombre, pues estos mentían solo para conseguir sus favores, después una vez conseguidos se iban con otra dejándolas. Hay infinidad de coplas y canciones que hablan de este tema, sirve la siguiente como ilustración gráfica a lo anteriormente referido, la tonada arenense de la mancha de la mora;

Dijo la madre a la hija,
Cuando la vió en la camisa.
¿De qué son esos manchones?.
¿De qué llevas esas guisas?.
De las moras del moral.
Madre que han madurado ya.
Y con la espina postrera,
me enganché la jubonera.
No me mientas so joía,
Que el ratón no engaña al gato.
Que no se enzarza la espina,
Ni se clava tan  en bajo.
Madre ya sé que de esta manera,
Andaré manchada la vida entera.
Cállate hija, que una mancha de mora,
Con otra verde se quita.
Y si eso no te sirviera,
Badajito de fraile que resucita.

Otras coplas:

Al paño fino en la tienda, una mancha le cayo,
Ahora se vende barato, por que perdió su valor.

Un cristal cuando se empaña, se limpia y vuelve a brillar,
La honra de una mujer, se pierde y no brilla más.

                 El echo de entrar en quinta hacía que aquellas mozas con novios quintos temieran por el regreso casi siempre incierto de sus novios una vez que abandonaban el pueblo para ir a cumplir el servicio. Por diversos motivos (enfermedad, guerras, etc.)  algunos mozos no regresaban al pueblo. Otros  se echaban novia nueva y la mayoría regresaba junto a los suyos manteniendo el compromiso. Por eso el cancionero también tiene buenas muestras en el coplero tradicional alusivas al tema del que hable, sirvan estas como ejemplo.

Se van los quintos, se van, se van.
Lloran las mozas, de soledad.
Se van los quintos mi madre llora,
La mi morena la dejo sola.
La dejo sola, sola la dejo,
De que soy quinto, llora por eso.

No siento subir el puerto,
Ni tampoco pisar nieve,
Lo que siento es mi serrana,
Que otro chulo se la lleve.

Los quintos cuando se van,
 se dicen unos a otros,
Mi novia me esperara,
Hasta que la salga otro.

Tengo un hermano en el tercio,
Y otro tengo en regulares,
Y el más pequeño de todos,
Preso en Alcalá de Henares.

       En otras ocasiones los mozos a su regreso del servicio militar se encuentran con la desagradable noticia de que la su moza pretendida, su novia estaba de novia con otro o se había casado. Si la riqueza del cancionero tradicional de la Vera Alta de Gredos es extenso en cuanto al tema tocante se hace excesivo, sirva esta cancioncilla del soldadito que marcho a Cuba como ejemplo ilustrativo;


Un soldadito se marchó a Cuba,                   y se despide de su nación.
Adiós parientes, padres y hermanos,           adiós Amelia del corazón.
Adiós ingrata que yo me marcho,                dentro de poco te escribiré.
No es por quererte, no es por amarte,          pero olvidarte, jamás lo haré.
A los dos años, que en Cuba estaba,             una cartita el recibió.
Era de Amalia la que él quería,                    que le decía que se casó
Cogió la carta, la letreo,                                le dio un desmayo y se desmayó.
Y una negrita que cerca estaba,                   con sus palabras le consoló.
No tengo padre, ni tengo madre,                 ni estoy casada, ni tengo amor.
Si usted quisiera mi buen soldado,              yo le daría mi corazón.
A los seis años, de estar en Cuba,                otra cartita el recibió.
Era de Amalia la que el quería,                   que le decía que ya enviudo.
Yo tengo un hijo, tu bien lo sabes,               en el convento de San Andrés.
Regando flores para los viudos,                   yo con mis hijos te esperaré.
Cortando flores, para los viudos,            para las viudas malvas morás.
Pa las casadas rosa encarnada,               y  pa las mocitas ramos de azahar.
Manolo mío, tu bien lo sabes,                 que desde niña fuiste mi amor.
Tu me besabas y me abrazabas,             por las ventanas del corredor.
El soldadito, mando una carta,              con sangre roja del corazón.
Tu bien viudita, yo bien casado,            tu con tus flores yo con mi amor.
Allá en las islas, hay un cadáver,           y ese cadáver de quien será.
Ese cadáver es del Manolo,                    que haya muerto en un palmeral.

Las muestras son muchas sirvan de refuerzo estas otras coplas sueltas:

                                          Si contigo no me caso, me marcho pa Felipinas,
Si vuelvo y ya estas casada. ¿Quién será el bien de mi vida?.

Cabrerillo quinto mala suerte te tocó.
Si te vas a la guerra contigo me iré yo.

Que no me quedo sola, que no me quedo no.
Que no me quedo sola, que me voy con mi amor.

Los quintos cuando se van, se dicen unos a otros,
Mi novia me espera a mí, hasta que le salga otro.

No siento subir el puerto, ni tampoco pisar nieve,
Lo que siento es mi serrana, que otro chulo se la lleve.

              Cuando los mozos salían fuera del pueblo bien a hacer el servicio militar o por asuntos laborales, del mismo modo que las mozas que tenían que salir a servir fuera del pueblo, manteniendo la relación gracias a  largas correspondencias. Había un problema principal el alto índice de analfabetismo, lo que se resolvía contratando a un escribano o “escribiente” y dándoselas a leer a una persona de confianza. El otro problema era el tiempo que tardaba en recibirse el correo y la inseguridad en el transporte del mismo, de cualquier manera las cartas fueron para muchas parejas el único medio de seguir en contacto reafirmando sus amores, sirvan estas coplas como muestra:

No me escribas niña carta, mira que no se leer,
Mándame tu personita, que es que quiero ver.

Me escribiste en la arena, y firmaste en la mar,
El viento trajo el correo, valla una seguridad.

Me escribiste en la arena, y firmaste en la corriente,
Vino un culebrón del fondo, y se tragó al escribiente.

Me escribiste en la arena, y firmaste en la espuma.
Lo mandaste en una nube, no tengo noticia alguna.
Tengo de sacar la arena, de lo más hondo del mar.
Una pluma y un tintero, para escribirte salá.
Una carta con salero.

Tengo que escribir mi vida, y aluego hacerla emprimir,
Que he pasado yo contigo, más penas que San Martín.

Tuve que escribir mis penas, desde el día en que te vi.
Y ha de tener más hojas, que el libro San Agustín.

Me mandaste una naranja, la partí y contenía.
Una carta y un letrero, que letras de oro decía,
Muero por venir a venir a verte.

Me escribiste una carta, y en ella una cinta verde.
No quiero cartas ni cintas, quiero que vengas a verme.

Me escribiste una carta, y en ella una cinta azul.
No quiero cartas ni cintas, quiero que vengas tu.

Me escribiste una carta, con una cinta encarnada,
Mejor manda a tu persona, que es la que llevo en alma.

Desde mi calle veo, tu candil arder, no le apagues serrana, que te vengo a ver...
               Los sábados había baile o rondas verdaderos terrores de las madres, ya que en el baile solían producirse no pocas reyertas con armas blancas, de las que se “tiraba” con demasiada facilidad. Los ardores de la mocedad y la arrogancia junto a los requiebros y recelos de los amores mecclados con el vino eran los detonantes de las peleas que solían acabar mal, por eso las noches de baile para las madres con hijos mozos eran una tortura hasta que le sentían llegar a casa.  Las reyertas solían empezar en el salón o plaza del baile, pero se terminaban en las callejuelas y encrucijadas obscuras e iluminadas tan solo por la luna las noches que esta se asoma y que las nubes no la cubren. Cuando los pasos en una callejuela delataban la presencia de dos transeúntes en la obscuridad de la noche uno de ellos solía preguntar; ¿Quién vive? A lo que el otro respondía ¡Fulano!, pero si por respuesta hallaba el silencio las cosas podían tener un final trágico. El uso de las navajas termino tras la guerra civil y el celo de la guardia civil que las requiso y prohibió y los recechos y duelos finiquitados con la llegada “del tendido eléctrico”.

              Antes y después del baile y en las noches de fiestas salían los grupos de mozos y mozas a rondar por las calles, cantando por las empedradas callejuelas, y parándose en las plazas y encrucijadas, conde “echaban una vuelta” o baile al “Rondón” a “la Revolvedera”, a “lo Serrano” o a lo “Rabioso”. En otras ocasiones los mozos quintos salían a rondar a las mozas cantando bellas canciones acompañados por guitarras, laudes, bandurrias, rabeles, panderas, panderetas, almireces, cántaros, calderillos, sartenes, castañuelas, pitos, y un largo etc. recorrían las calles y los mozos se paraban frente a la casa de sus novias o pretendidas y las cantaban dos o tres coplillas delante de todo el mundo si ella salía y miraba tras las ventanas buena señal si de lo contrario o salía ni se encendían luces dentro de la casa mala señal el amor no era compartido o permitido. Pero por lo general estas eran una rondas muy hermosas que se tomaban muy en serio, en muchas ocasiones los mozos que o sabían o querían cantar pagaban a otro con buena voz que cantaba en su nombre coplas a la moza en cuestión. El cancionero guarda muchas muestras sirva esta cancioncilla de la que existen gran numero de variantes locales en toda la Vera Alta;
A rondarte he venido, paloma mía.
Ábreme la ventana, que ya es de día.
Y ábrela, morena la ventana, ciérrala,  celosita del alma.
Vengo por los caminos, y las veredas,
Solo con la esperanza, de que me quieras. Y ábrela…
Te quiero y he querido y he de quererte,
Aunque por tus amores, me den la muerte. Y ábrela…
Los clavos de tu puerta, son los puñales,
Que mi pecho se clavan, si no me abres. Y ábrela…
Ya se abrió la ventana, salió la estrella,
La que al cielo me guise, cuando yo muera. Y ábrela…
Abre la tu ventana, cierra el postigo,
Me atarás una venda, que vengo herido. Y ábrela…
Si tu vienes herido, vete a curar.
Que vendas de mis manos, no has de llevar. Y ábrela…
Ábreme la ventana, serrana hermosa,
Que me dan a tu puerta, muerte alevosa. Y ábrela…
Si te han desafiado, vete de aquí,
Que yo sin tus amores, puedo vivir. Y ábrela…
Por aquella ventana, que da a tu huerto,
Échame alelises, que vengo muerto. Y ábrela…
Adiós padres queridos, adiós amigos.
Que me dan a tu puerta, muerte a cuchillo. Y ábrela….

Aunque el coplero tradicional de estas tierras acoge un sin fin de letrillas que se van adaptando a las diferentes fiestas y  piezas musicales, coplas de cortejo como por ejemplo estas:
Yo tenía un corazón, y se lo día a una mujer.
Me lo tiene echo jirones, de tanto jugar con él.
Sale la luna y alumbra, la sierra y los olivares.
Y el querer que yo te tengo, de las entrañas me sale.

Todo el mundo me lo dice, que te deje, que te deje.
Y yo le contesto al mundo, con la muerte, con la muerte.

Fuiste mi primer amor, tu me enseñaste a querer,
No me enseñes a olvidar, que no lo quiero aprender.

Si supieras como estoy, el día que no te veo,
Mis ojos no tienen luz, ni mi llanto haya consuelo.

Me acuesto pensando en ti, pensando en ti me levanto,
Y no dejo de pensar, ¿por qué te querré yo tanto?.

Querer a quien no te quiere, es el más  bravo querer.
Pues querer a quien te quiere, es solo corresponder.

Cuando las piedras den gritos, y el sol deje de correr.
Y el agua del mar se acabe, te dejaré de querer.

Cuando llega el despertar, nunca pienso en el dinero,
Solo pienso en ti serrana. Más que mi vida te quiero.

Cuando Dios firme mi muerte,  acudiremos los dos.
Por que tu fuiste la culpa, para condenarme yo.
Esas son alegaciones, que te vengo yo a alegar,
Que los  Santos no tién hora, cuando van a predicar.

Ayer me dices que hoy, y hoy me dices que mañana.
Y mañana me dirás, que de lo dicho no hay nada.

Si verte diera la muerte, y el no verte fuera vida,
Prefiero morir y verte, que no verte y tener vida.
Tu querer es como un toro, que donde le llaman va.
El mío es como la sierra, donde se puso aún está.

Eres como la perdiz, como la tórtola eres,
Que por mi te estas muriendo, y dices que no me quieres.

Por quererte predí a Dios, mira que gloria perdí.
Y ahora me voy yo quedando, sin Dios, sin gloria y sin ti.

Al sol niña te comparo, no tengo a quien compararte,
Que la luna crece y mengua, y en tu cara no hay menguante.

Como ha de salir el sol, si lo tienes tu encerrado.
Y hasta que no te levantes, estaré el cielo nublado.

Tienes ojos de gitana, carita de avellanea,
Y anoche soñaba yo, que estaba en tu cabecera.

Ole con ole, con ole, ole con ole y ola.
Vale más caro tu beso, que en la calle tropezar.

El marco de tu ventana, esta rodeado de estrellas,
Asómate niña hermosa, que eres la mejor de ellas.

Quítate de esa ventana, no me seas ventanera,
Que la cuba de buen vino, no necesita bandera.

Ahora si que estamos bien, tu presa y yo prisionero.
Tu con cadenas de amor, yo con cadenas de hierro.

Sol de soles sal al balcón. Así se alegra mi corazón.
Y si la luna vuelve a salir, sol de los soles se va a lucir.
Se va a lucir, se lucirá, sol de los soles, sal y verás.

En el campo hay una flor, que la llaman campanita,
La perdición de los hombres, son las mujeres bonitas.

En el campo hay una flor, que la llaman el quebranto,
No te alabes, no te alares, que no te he querido tanto.

En el campo hay una flor, que se llama del romero,
Que es la que quita el resabio, de los amores primeros.

En el campo hay una flor, que la llaman acedera,
Que es la que usa el pastor, cuando le duelen las muela

Penando del mal de amores, por no quererte querer.
Si un granado echara peras, ¿qué pensarías de él?.

Eres el clavel de Italia, eres rosal de Inglaterra.
El lirio de Portugal, y de España  la azucena.

Adiós rosita encarnada, adiós perla del oriente,
Adiós pulida azucena, ¿Cuándo volveré yo a verte?.

Que bonita eres, que guapa que estás, y al año que viene, te vas a casar...

En ocasiones al pasar frente a la casa de alguna moza “calabacera”, se cantaban coplas ofensivas creándose en muchos casos coplas al efecto. De manera que cuando algún mozo se enfadaba con su novia este la solía  vengarse en la ronda, arriesgándose a que los familiares de la moza en cuestión salieran en su defensa no con muy buenas intenciones de dialogar precisamente. Algunas de estas coplas pueden ser las siguientes:

Solita en el mundo eres, vete a vivir a una aldea,
Ya que yo no te  disfrute, que mis ojos no te vean.

              Para las mujeres la entrada a la adulted la imponía el inicio de su ciclo menstrual. En la mayoría de los casos no se decía nada en casa, las madres poca o nula era la información que daban al respecto, limitándose a prevenirlas de no quedarse embarazadas, metiéndolas en el cuerpo mil miedos. Para orientarlas sexualmente estaban las amigas y vecinas mayores, que las decían lo que tenían que hacer y como encontrar alivio a los posibles dolores menstruales, dolor que la mayoría de nuestras abuelas resolvían con aguardientes y licores, cuando no con tisanas naturales. También recibían una serie de consejos a cerca de lo que no tenían que hacer cuando estuviesen menstruando, como por ejemplo, nunca se debería subir a un árbol  con fruta, pues este se secaría inevitablemente, nunca debería amasar el pan, ni hacer queso, y por supuesto huir de los grandes lagartos. Se creen que los lagartos sienten una atracción irresistible hacía el sexo de las mujeres cuando están menstruando al que persiguen cuando lo huelen hasta llegar a atacar y morder para horror de las mozas, asegurando las más mayores haber sido objeto de histéricas persecuciones de un lagarto en el campo un día de su mocedad, y que acabo con la vida del lagarto bien bajo el golpe certero de un palo o con una pedrada. La forma en la que tradicionalmente utilizaban las prendas interiores  femeninas durante el tiempo de la menstruación se limitaba a recogerse la enagua de atrás a adelante a modo de calzón, el uso generalizado de las bragas llega a principios del siglo XX, hay una copla serrana que ilustra muy bien el uso reciente de esta prenda, dice así;

“Vale más una serrana, con las bragas del revés.
Que cuarenta señoritas, con las bragas puestas bien”.

                 Para mantener limpias las enaguas durante todo el año tenían un curioso sistema; usaban un mínimo de tres enaguas y un máximo de siete. Los sábados  lavaban la enagua que estaba en contacto directo con el cuerpo, y al día siguiente domingo se la ponían  en último lugar, rotando constantemente. Los días de menstruación hacían lo mismo pero diariamente, lavando las enaguas en casa, nunca en el río o en la fuente.

                En algunas ocasiones para los trajes de boda más rumbosos se incluían las bragas, que se usaban en muchas ocasiones tan solo las primeras noches de casada, estas bragas eran más parecidas a  calzoncillos de tipo boxes cuya abertura interior esta totalmente abierta para “facilitar las urgencias”. Del mismo modo los pololos introducidos por las agrupaciones folklóricas a partir de 1.950. Yo mismo he contemplado en muchas ocasiones como las mujeres mayores en mi niñez orinaban de pie ahuecándose un poco los guarpieses lo que reafirma el no uso de las bragas ni de los pololos hasta bien entrado el siglo XX.
LOS PRIMEROS REQUIEBROS Y AMORÍOS:

El amor es como un niño, que se enfada y tuira el pan, y haciéndole un cariño, lo recoge y pide más.
                    Los compromisos y noviazgos se establecían a muy temprana edad,  de los catorce años en adelante. También había la costumbre de guardar alguna hija para casarla con el hijo de un buen amigo de la familia y biceversa, de este modo reanudaban los lazos entre las familias convirtiéndolas en clanes aumentando el capital con las uniones matrimoniales.

                  Los mozos y las mozas se conocían desde niños, se cortejaban en diferentes lugares y momentos como en las salidas de las misas del domingo y fiestas de guardar, en las procesiones, fiestas y bailes, a la orilla de la fuente, cuando ellas iban por agua con el cántaro a la cintura y otro en lo alto de la cabeza, mientras que ellos  se acercan sobre sus caballerías para que estas abreven de la cristalina agua. Bastaba una mirada y una sonrisa para  “entenderse” , todos coinciden afirmar que al principio no hablaban mucho, se limitaban a mirarse y a sonreír, luego poco a poco veía los requiebros y el cortejo. Cortejo basado en regalos y cortesías galantes de los mozos y los requiebros de las mozas enamoradas. Otra vez la tradición oral pone versos y música al sentimiento:

“Beraldina Baldomera, con el pañuelo me llamas,
Con el corazón me dices, no quiero tus alvellanas.
No quiero tus alvellanas, no las quiero no las quiero,
Que otras me las dan de balde, tu me las das por dinero.
Personas interesadas, a mi lado no las quiero.
No quiero tus alvellanas, tampoco tus alelises.
Porque me han salido vanas, las palabras que me diste.
   Las palabras que me diste, a la orilla de la fuente.
     Como eran palabras vanas, se las llevó la corriente.
Se las llevó la corriente de las cristalinas aguas,
Hasta llegar a la fuente donde me diste palabra.
        Donde me diste palabra, de ser mía hasta la muerte
Arroyo la Avellanea, donde pasean las serranas,
La que no la sale el novio, que valla por alvellanas.
Parta una, parta tres, salieron vanas.
Las palabras de los hombres, son como las alvellanas
No quiero tus alvellanas. Lo que quiero es tu cariño.
Asómate Baldomera, aquí estoy vente conmigo”.

                    Los noviazgos al principio se llevaban en total secreto. Desde que se hacían novios hasta que lo decían públicamente podían pasar por lo menos uno o dos años en los que se decía que “se hablaban”. Lo más normal como dije anteriormente era llevar los noviazgos en secreto, hasta que fueran tan evidentes para todos, incluso para los padres de los enamorados que no hacía falta indagar mucho pues el proceso era seguido por los familiares directos de igual modo en secreto, preguntando a amigos y espiándoles en sus encuentros. Dice una coplilla de un hermoso cantar barranqueño:
No le digas nunca a nadie,
Lo que te dije al oído,
Hombre que no es reservado,
No merece estar conmigo.
Ya sabes morena, que te quiero yo.
¿Quién sabe morena, lo que ayer pasó?.

             Una vez enterados los padres por algún amigo o familiar que tercia de alcahuete o casamentero improvisado, el novio  era invitado a entrar a ver a la novia a su casa.  Desde ese día casi todas las tardes iba a hablar con la novia al zaguán  de la casa o en pollo de la puerta, en algunas localidades al principio se hablaban un tiempo por la gatera de la puerta principal de la casa, para hablar el mozo tenía que tumbarse literalmente en el suelo para poder ver la cara de su novia y conversar con ella, la cual desde dentro y de mismo modo tumbada o sentada en un “tajón” se dejaba querer.  No muy lejos estarán los padres especialmente la madre, verdadera guardiana del honor de las hijas y los hermanos de la moza que no dejan apenas un momento a la pareja a solas. Dice una ronda muy extendida en los pueblos de la Vera Alta;

Desde mi calle veo, tu candil arder.
No le pagues morena, que te vengo a ver.
Si me vienes a ver, vuélvete a marchar,
Que me estoy desnudando, para irme a acostar.
Si te estas desnudando vuélvete a vestir,
Que otros malos ratitos, paso yo por ti.
Si pasas malos ratos, me los perdonas,
Para eso eres el dueño, de mi persona.
Si pa eso soy el dueño, de tu persona,
Levanta y dame un beso, blanca paloma.
Los besos de tus labios, no me convienen.
Pa cuando sean tuyos, aquí los tienes.
Cuando se acerca a ella, le dice al ido.
Rosa paloma blanca, ¿qué tal te ha ido?.
A mi me ha ido bien, a Dios las gracias,
Te tengo preparadas, las calabazas.
Esas calabacillas, no las entiendo,
Que me han dicho que tienes, amores nuevos.
Si te han dicho que tengo, te han engañado,
Te han vuelto la cabeza, del otro lado.
A mi no me la vuelven, tan fácilmente.
Como la tengo ahora, la tuve siempre.
La primer entradilla, que el amor tiene,
Sentarse y buenas noches, tengan ustedes.
Me pesa el haber venido, y el haberte despertado,
Sarna  con gusto no pica, vuélvete del otro lado.

Aquella paloma blanca, que pica en el aciprés,
Que por donde la cogería, que por donde la cogeré.
Si la cojo por la cola, se me escapa por los pies,
Que si yo lo hubiera sabido, la hubiera cogido bien.
Despacito y más despacio, que se ha quedado dormida debajo de los naranjos.
Despacito y sin correr, que esta la niña dormida, debajo del aciprés.
Paloma que vas volando, entre flores y violetas,
Dale un abrazo a mi novia, que esta esperando a que vuelva.
Paloma que vas volando, y a mi novia vas a ver.
Dile que nunca la olvida, y que pronto volveré.
Despacito más………………
Una paloma te traigo, que del nido la cogí.
Sus hijos quedan llorando, como lloro por ti.
Como yo lloro por ti, con penas del alma mía.
Solo vivo para ti , paloma del alma mía.
Despacito más………………….
Paloma que vas volando, donde bajas a beber,
A la fuente de tus labios, donde tengo mi querer.
Donde tengo mi querer, donde tengo mi alegría,
Solo vivo para ti, paloma del alma mía.
Despacito más…………………….
Paloma que vas volando y en el pico llevas flores,
Y en las alas alegrías, y en el corazón amores.
Paloma que vas volando, y en el pico llevas hilos,
Dámelos para coser, este corazón herido.
Despacito más………………………

En la fuente la Plazuela, hay un bicho venenoso, que es el que pica a las mozas, y echa la culpa a los mozos...
               Los mozos y mozas encuentran la intimidad necesaria para establecer sus relaciones en las continuas idas y venidas a la fuente, o en el campo con la excusa de atender los animales o el huerto. Ni siquiera los bailes eran un lugar donde poder hablar en confianza, la mirada vigilante de los familiares, no dejaba que se arrimaran más de la cuenta.

               Una de señas que indicaban o más bien delataban las posibles relaciones y noviazgos ,tenía como escenario los atrios y portalillos de los templos parroquiales donde cada domingo tras la misa mayor los mozos apostados a la entrada del templo cortejaba y acompañaban “al paseo” con el consentimiento de la dos o tres mozas amigas. El cancionero recoge varias canciones y coplillas como estas;

Un día de mayo era,
Cuando los fuertes calores.
Cuando los trigos encañan,
Y en el campo hay muchas flores.
En el río de la Vera,
Hay una niña lavando.
Ella lo lava y lo tuerce,
Y lo tiende en un naranjo. (castaño o granado)
Bajo un pastor de la sierra,
A dar agua a sus ganados.
Mientras el ganado bebe,
De amores se están tratando.
Tengo una yunta de bueyes,
Por esas sierras arando,
Tengo un rebaño de ovejas,
Niña para tu regalo,
Tengo una cama de flores,
Niña para tu descanso.
Los padres de aquella niña,
Que le estaban escuchando,
Esta niña no es pa ti,
Que se ha criado a regalo.
Muy triste se quedo él,
Más triste se irá quedando,
Más triste se quedo ella,
Al `pie de su enamorado.
el domingo por la tarde,
por tu calle me paseo,
con una de tus amigas,
ya que contigo no puedo…”

A la orilla de una fuente, y una zagala vi,
 con el ruido del agua, yo me acerque hacía allí.
Y oí una voz que decía, hay de mi, hay de mí.
Yo que la vi tan sola, la declare mi amor.
Ella quedo turbada, nada me contesto.
Yo dije para mi entonces, ya cayo, ya cayo, ya cayo.
La agarre de la mano, y al café la lleve.
Y en su divino rostro, tres besos la estampe.
Y entonces dijo la niña, hay de mí que atrevido es usted.
Y entonces dijo la niña. Y otros tres, y otros tres, y otros tres.
En la fuente la Plazuela,
 hay un bicho venenoso.
Con el dinguilin, dinguilin, dinguilin.
Con el dinguilin, dinguilin dan.
Que es el que pica a las mozas,
Y echa la culpa a los mozos.
Con el dinguilin, dinguilin, dinguilin,
Con el dinguilin, dinguilin, dan.

A la fuente la Nava, te llevaría,
solo por darte un beso serrana mía.
Desgraciada en amores, eres morena,
Unos pasan de largo, y otros no llegan.
El aguita de la Nava, cara cuesta al forastero.
Todos los que la han bebido, se han quedado en este pueblo.
A la fuente de la Nava, van las mozas a por agua,
Y según sean los mozos, se la dan dulce o amarga.
A la fuente de la Nava, va mi serrana a beber,
Como palomas torcaces, bebe cuando tiene sed.
Voy a la fuente bonita, la que más fresca da el agua,
Donde espera una serrana, en la fuente de la Nava.
En la fuente de la Nava, se reflejan cuando salen,
Las estrellas y luceros, y la luna cuando sale.
En la plaza hay un jardín, en el jardín una parra,
Bajo la parra dos mozas, que van por agua a la Nava.
Para ser buena serrana, se necesita saber,
Llevar el cántaro en alto, sin dejarlo de caer.

Anda vete, anda vete, y aguarda, aguarda.
Si quieres que contigo, valla por agua.

La fuente tiene tres caños, y en cada caño un poyete,
Y tres mozas como yeguas, que mean frío y caliente.

Las mocitas de mi barrio, me mean el perejil,
Pa otra vez que me hagan daño, llamaré al alguacil,
Pa que las tapone el caño.

Hay una niña en la fuente, que se tupe de aguardiente.
Y enseña el culo a los mozos, pa que rechinen los dientes.

Me han dicho que el día entero, te lo pasas en la fuente.
No se si es por ser cotilla, o por el agua que bebes.

     Por otro lado el cancionero incluye un nutrido grupo de coplillas que usan en distintas jotas y tonadas, como por ejemplo;

Portalillo de la iglesia,
cuantas ligas se habrán visto,
cuantos pecados mortales,
se habrán cometido a Cristo.

A la puerta de la iglesia,
Me dices que si te quiero.
Valla una pregunta necia,
sabiendo que por ti muero.

Me gusta el domingo de ir,
A la puerta de la iglesia,
Donde sale el sol del cielo,
Con la luna a la cabeza.
Portalillo de la iglesia, 
Recreo de mis amores,
Donde me voy a esperar,
A ese manojo de flores.

Ayer en misa mayor,
Me miraste y te reíste,
Me pareciste un sol,
Cuando la cara volviste.

Voy a misa y no oigo misa,
que Dios padre me perdone.
Por que solo ven mis ojos,
El banco donde te pones.

                        En todos los pueblos se “echaba la enramada” a la moza pretendida  en las noches de San Juan y la de San Pedro a finales del mes de junio.  Las enramadas las preparaban muy temprano, cortando los ramos en el monte y huertos, y adornándolos con frutos de la temporada como cerezas y frutas tempranas, cintas de seda bordadas y o dulces tradicionales. Las enramadas  guardaban en muchos lugares relación con una intención o mensaje basado en un lenguaje natural del significado simbólico de los árboles. De tal modo y por ejemplo una enramada con “zanjarrones” o  ristras de huesos y cardos, querían decir que la moza un  “hueso duro de roer o una desnutrida y además poco agraciada físicamente al compararla con el cardo. La noche de San Juan y de San Pedro se cantaba “la enramada”, una suertes de coplas de cortejo, en las que a menudo los corros de mozos contestan al de las mozas en un cortejo público lleno de “requiebros”. Sirvan estas coplillas como muestra:
Para San Juan veremos, quien pone el ramo.
Y ole serrana, quien pone el ramo.
Si lo ponen solteros, o los casados.
Y ole serrana, o los casados.
Y a cortar el trébole, el trébole, el trébole.
Y a cortar el trébole, la noche de San Juan.
Y a cortar el trébole, el trébole, el trébole.
Y a cortar el trébole, los mis amores van.
De San  Juan a San Pedro, van cinco días.
Ole serrana, van cinco días.
Lo que te queda a ti, para ser mía.
Y ole serrana, para ser mía.
Y a cortar el trébole…….
Me echaste la enramada, la noche de San Juan.
Y ole serrana, la noche de San Juan.
Pero la de San Pedro., otro la de echar.
Y ole serrana, otro la de echar.
Y a cortar el trébole…….
Me echaste de enramada, cardos burreros,
No te des por agraviao, si no te quiero.

En este pueblo no hay mozos, y si los hay no los veo, que estarán en la cocina,
                 Este hacto social de cortejo juvenil se realizaba durante la noche tras la hora mágica de las doce los mozos acompañados  por amigos colgaban de las ventanas, balcones y puertas donde vivían sus amadas o rechazadas novias teniéndola que vigilar durante toda la noche para que nadie se la robara y asegurarse de que la recogiera la moza con la licencia o no del padre.  Esto implicaba no pocas reyertas al ser enramada la casa de una misma moza por dos o más mozos “contrarios”. Los contrarios solían resolver sus diferencias “tirando de navaja” pero los que tenían la última palabra eran los padres de la moza y la moza en cuestión. Dice al respecto el coplero tradicional;

A tu puerta estamos cuatro, y los cuatro te queremos.
Salga tu madre y elija, que los demás nos iremos.
Yo pensaba que era un mozo, el que tu jardín regaba,
Y ahora veo que son muchos, los cubos que sacan agua.

El marco de tu ventana, serrana voy a enramar,
Si me entero que a tu padre, lo llevan a otro lugar.
Con la ventana enramada, muy bajito te llamaba,
Y tu madre que lo oyó, con los cuernos me morcaba.
A tu puerta me tienes, serrana hermosa,
Que no temo en la vida, muerte alevosa.

A tu puerta me tienes, arrodillado,
Quítame la cadena, de enamorado.

A tu puerta me acerco, pero no entro,
Si  no le atas cadenas, a tanto perro.
A tu puerta me arrimo, pero no entro,
Por que sale tu madre, como un sargento.

Un cantazo en este ojo, me dio tu padre anteayer.
Dime si me quieres tuerto, pa volver o no volver.

Sin hacer ruido serrana, te bese por vez primera,
El ruido lo hizo la perra, cuando la tiró una piedra.

Por la gatera agachá, me llamabas muy melosa,
Di un beso al culo la perra, creyendo que era otra cosa.

Ayer tarde en la tu puerta, me tiraste una flor,
Pa otra vez que pase niña, sin maceta por favor.

Y es que el amor es un bicho, que cuando pica,
No se haya remedio, ni en la botica.

Recogí en Santa Cruz del Valle esta bonita canción de la Veletera, dice así:
Veletera eres niña, cabeza loca,
Eres como el badajo, que todos tocan.
Que todos tocan niña de esta manera,
Lo mismo va pa un lao, que da la vuelta.
No me vengas con vaivenes, veletera, veletera.
Que tu te arrimas a todos, según el aire te pega.
Veletera eres niña, de mi tejado.
Que tan pronto esta al cierzo, como al solano.
Como al solano niña de esta manera,
Lo mismo va pa un lao, que da la vuelta.
Veletera eres niña, como las cosas del tiempo,
Ahora se nubla, despeja, ahora nieva o hace bueno.

Miralas por dónde vienen, las más bonitas serranas, por la cuesta del Canchal, por la Plaza de la Nava...
            Las mozas por su parte no se quedaban a la zaga, aprovechaban las ferias y fiestas principales para dar desplantes y requiebros a los mozos a los que humillaban dándoles calabazas sin bailar con ellos. En esos momentos los corros de mozas y mozas se picaban y solían cantarse lindezas de este tipo:

Tienes cera en las orejas, para hacer un funeral,
Y en las piernas tanta roña, que bien se podrían labrar.

Por mucho que tu te empeñes, no seré tu jardinero.
Que hay quien parece una rosa, y es un cardo borriquero.

Si no fueras presumido, cojo, tuerto y jorobao,
Guarro como cien gallinas, serías muy resalao.

Tienes la cara de vaca, y los morros de ternera.
Si en algo te he ofendido, perdona patas de yegua.

Desde que llegó la moda, de los pañuelitos blancos.
Parecen todos los hombres, maripositas del campo.

Desde que llegó la moda, del flequillo por la frente,
Parecen las señoritas, a las mulas de Albacete.

Eres tan feo y tan guarro, que de verte me asuste.
Eres el vivo retrato, del guarro que maté ayer.

Desde que te arrancas niña, de las cejas tantos pelos,
Por el día eres un loro y por la noche un mochuelo.

A los hombres hay que hacer, lo mismo que a los conejos.
Agarrarles de las patas, y darles en el pescuezo.

Quitaté de esa ventana, cara de vaca lucera,
Que no te ha querido nadie, y quieres que yo te quiera.

A la puerta la taberna, han puesto una huevería.
Pa que vallan to los hombres, a por los que no tenían.

Quítate de esa ventana, cara de cabra mocosa.
Que eres capaz de asustar, al demonio de Hinojosa.

Eres chulo en el andar, y en colocarte el sombrero.
Pero cochino más grande, no lo lleva ni el porquero.

Dices que no te he querido, y por eso estas que rabias,
Si no eres de mi gusto, responde, ¿por qué te agravias?.

Bien se que t e vas alabando, de ser rico y con dineros,
Yo me alabare más, que soy pobre y no te quiero. 

Dices que no me quieres, por que ando con albarcas,
Zapatitos con hebillas, tengo güardaos en el arca.

Eres guarra, chica y fea, amiga de pantalones,
Úntate el culo con queso, verás acudir ratones.

Aunque tu padre me dé, la mula y el macho rojo,
Yo contigo no me caso, por que estas tuerta de un ojo.

Bien conozco yo a los hombres y a la sombra los comparo.
Que se van si los seguimos, y nos siguen si nos vamos.

Las mujeres cuando mean, se lo limpian dando un salto.
Y los hombres pobrecillos sacudimos y guardamos.

Si en un corro de mujeres, alguna guarda silencio,
No pregunte los motivos, es muda de nacimiento.

Si esa lengua que tu tienes, te la cortaran un día,
Habría pa un regimiento, de las tajás que saldrían.

Una mujer habla mucho, dos mujeres hablan más,
Más si pasan de ser tres, parecen un centenar.

No se como Dios te dio, tanto cuajo pal descanso,
Tantas ganas de comer, y ninguna pal trabajo.

Que soy fea ya lo sé, que soy vieja tu lo sabes,
Por que cave el consuelo, que somos los iguales.

Tengo ganas de comerme, cuatro lenguas en adobo,
La de tu padre y tu madre, la tuya y la de tu novio.

En el monte estuve arando, y se me torció la besana,
Y la vine a enderezar, a la reja tu ventana.

A  la sierra me he de ir, por traerme a una serrana,
Que las mocitas de aquí, parecen yeguas lozanas. (O poco trigo y mucha paja).

Los hombres son unos tunos, cuando van a pretender.
Con una falsa sonrías, engañan  a una mujer:

Te quiero mucho dijiste, y yo a ti cuanto te quiero,
Pero estabamos al pie de la cruz del Mentidero.

Si piensas que he de llorar, por que me has aborrecido.
Yo nunca te he de llorar, por que nunca te he querido.

El amor del hombre es, es amor inoportuno,
Es como la leña verde, que llena la casa de humo.

El amor de las mujeres, es como el de las gallinas,
Que en faltándolas el gallo, a cualquier pollo se arriman.

El amor del hombre, igual que el del gallo enano,
Que en querer y no poder, se le pasa todo el año.

Catorce gallinas tengo, y no riñen casi nunca.
Que si fueran dos mujeres, no podrían vivir juntas.

Te vi de subir al burro, se te vieron las enaguas.
De tres pares que llevabas, tese vieron las más guarras.

Te caíste de la burra, te rompiste el pantalón,
Para tan poco colgajo, gastas muy ancho el calzón.

Te caíste de la burra, sin querer te vi la enagua.
Y tanta miérda tenían, que se iba sola pa el agua.

Si mi enagua estaba sucia, mírate en los calzoncillos,
Que parecen los serones, donde se echa el desperdicio.

No te fíes de mocitas, que lleven bonitas risas,
Que son como las  culebras, que se mudan de camisa.

Como quieres que tenga, contigo amores,
Si eres cerezo huero, sin fruto y flores.

Desde que te vi el pescuezo, más tiznado que una cisquera,
No me asusto de la noche, por muy obscura que sea.

Tu madre es la que no quiere, que yo tu carita vez, por encima de tu madre, he de hacer una vereda...
Cuando las culpables eran las madres estas tampoco se escapaban de ser víctimas de las rondas cantándoselas coplas como estas:

Cuando paso por tu puerta, tu madre me llama feo.
Pa otra vez que me lo llame, saco la minga y la meo.

Cuando paso por tu puerta, paro la burra y escucho,
Y oigo decir a tus padres, que eres tonta y comes mucho.
Cuando paso por tu puerta, dicen los que están adentro,
Haber si la sale un novio, y se lleva este instrumento.

Cuando paso por tu puerta, me quito las alpargatas,
Pa que no diga tu madre, que hago ruido con las patas.

      En algunas ocasiones para algunas mozas casarse se convertía en una obsesión, entonces al ver que se las “iba pasando el arroz”, solían recurrir a oraciones y mandas en especial a San Antonio el abogado para conseguir buen marido, como dice el cancionero tradicional.

San Antonio, da maridos,
Pa las yeguas, los borricos.

Me acuerdo cuando rezabas, a San Antonio Bendito,
Y como no te salió novio, ahora vas a San Benito.

Me acuerdo cuando ponías, a San Antonio en un pollo,
Y después le acanteabas, por que no te salió novio.

San Antonio bendito, si tu quisieras,
Yo ahora mismo saldría, de ser soltera.

San Antonio el del cordón, que te regué en el Tejar,
En horno del Tío Rupe, junto al guindo garrafal.

(San Pablo bendito, el de las grandes barbazas,
que te hicieron de un peral, de la dehesa Calabazas).

                       Una vez que se iba haciendo publico el noviazgo las novias no entraban en casa del novio hasta que los padres de ambos dieran su consentimiento. Esto pasaba a partir  del día en el que el mozo hablaba con los padres de la novia tras hablar con los suyos y pedirles consentimiento para formalizar sus relaciones haciéndose y comprometiéndose como novios.  Hasta entonces las novias no se atrevían ni a pasar por la calle donde viven sus futuras suegras, por vergüenza, hasta que esta es invitada a la casa familiar de su novio por primera vez con cualquier excusa como las celebraciones o fiestas de tipo familiar. De este modo el primero en entrar en casa de sus suegros es el novio para pedirla como novia, y a partir de ese momento, unas semanas después ellas eran invitadas a la casa de sus suegros por primera vez. En estos momentos se cantaban las “bienllegadas”;

Esta la mi bien llegada, y con esta ya van una.
Que a verte ha venido el sol, y a adormecerte la luna.
Ole mi morena y ole, y a adormecerte la luna.
Esta es la mi bien llegada, y con esta ya van dos.
Me han dicho que eres la luna, yo digo que eres el sol. Y ole…..
Esta es la mi bien llegada, y con esta ya van tres,
Eres la rama que lleva, la flor, la fruta y simien. Y ole…
Esta es la mi bien llegada, y con esta ya can cuatro,
Eres el árbol que lleva, la flor blanca del naranjo. Y ole…
Esta es la mi bien llegada, y con esta ya van seis,
Ojos de garza morena, que lindo mirar tenis. Y ole…
Esta es la mi bien llegada, y con esta ya van siete.
Cara de quitapesares, que lindo mirar que tienes. Y ole…
Esta es la mi bien llegada, y con esta ya van ocho,
Talle de junco moreno, a la vera de un arroyo. Y ole…
Esta es la mi bien llegada, y con esta ya van nueve,
Eres palomita blanca, como copitos de nieve. Y ole…
Esta es la mi bien llegada, y con esta ya van diez,
Penando vivo penando, serrana por tu querer. Y ole…
Esta es la mi bien llegada, y con esta ya van once,
Mal rayo me parta un rayo, si de tu amor yo no goce. Y ole …
Esta es la mi bien llegada, y con esta ya van doce,
Serrana vente conmigo, que el cariño lo hace el roce.  Y ole…

                    Las novias por su parte ayudaban a la familia de su novio en tareas domésticas, también regalaban a la familia de su novio algún delicado trabajo artesanal textil como pueda ser un mantel, o una colcha o una toquilla, cuando no complementos más prácticos de la indumentaria tradicional. Los novios solían ser algo más prácticos regalando a sus suegros, leña, productos agropecuarios, caza o mano de obra por ejemplo. Una de las fiestas familiares en la que novios y novias eran especialmente invitados y sojuzgados por las familias entrantes era en las matanzas, donde los pobres novios tenían que esforzarse sobremanera y aguantar bromas para demostrar su valía y destreza, lo que armaría la base de su honor y poder personal, su capacidad y efectividad laboral. También en las bodas y funerales ambos entraban en casa de los parientes a ayudar. Aunque hay excepciones, pues en pueblos como El Arenal o Arenas de San Pedro, estaba muy mal visto que la novia entrara en casa del novio antes de casar, yendo la madre y hermanas de la novia a ayudar, pero nunca la novia, que por no pasar no pasaba siquiera por delante de la puerta del novio, por vergüenza, como dije anteriormente.

             Tanto las chicas como los chicos contaban con uno o dos aliados de total confianza, sus amigos o amigas. En casi todas los noviazgos intervenía de una forma decisiva un amigo del pretendiente y una amiga leal de la pretendida que hacían de correo entre ambos. Los amigos y amigas además de citar y ayudar en los secretos encuentros entre ambos, controlaban las andanzas y la lealtad que se procesaban controlando sus vidas cotidianas, casi espiándoles. Pero en ocasiones las amigas y amigos se quitaban los novios entre sí convirtiéndose en “contrarios”. Esta acepción de contrarios designa a las personas que intentan quitar el novio o la novia a alguien. La mozas solían resolverlo creando una suerte de coplas con las que se desahogaban acompañadas por las amigas, llegando en ocasiones  a las manos. Cuando las mozas se sentaban a coser a la puerta en su barrio y veía venir a la contraria la provocaba cantando una coplilla en la que de forma indirecta la faltaba al respeto. Coplillas como por ejemplo;

En tiempos tuviste un novio, que no te lo merecías.
Por el hablar de la gente, te tiene ya aborrecía.
“A lo que la otra solía contestar;
 “Si piensas que he de llorar, por que me han aborrecido,
 yo no le aborreceré, por que nunca le he querido”.

Perdona patas de yegua, el no haberte saludado.
Es que hay veces que no veo, a una mula a cinco pasos.

(a lo que la contraría solía contestar;

“A la mula ame comparas, yo contigo no me meto,
 por ser la mula mayor, y por vieja te respeto).

Como hocea por mi puerta, la cerda de mi rival,
Pa comerse to la miérda, pa terminar adobá.

(A lo que la contraria contestaba con coplas como esta:

“buen provecho te ha de hacer, comer mocos retorcíos,
que de esos hay un puñao, hozando a la orilla el río”).

Se pasean las guarras, a por bellotas,
Que dejan en el suelo, tiradas otras.
Retírate vanidosa, de las lanchas de mi puerta,
Que para pasar aquí, necesitas más vergüenza.

Tengo una contraria aliada, la pobre no sabe na,
Ella calienta la cena, yo me como la tajá.

Si la sangre de mis venas, se cayera gota a gota,
No me dolería tanto, como el verte con la otra.

Aunque te creas buena moza, te falta to lo mejor,
La valentía y la honra, la firmeza y el honor.

Buen provecho te ha de hacer, tanto moco recocío,
De esos hay un puñao, por eso no te lo quito.

Me acusas de quitar novios, y tu nunca lo has tenido,
Que te llaman Perragalga, de lo mucho que has corrio.

Los amores que tu quieres, no los he querío yo.
Me alegra que te diviertas, con lo que a mí me sobró.

 Muchas son las que se creen, tener la sartén por mango.
Y cuando menos lo esperan, mayor es el sartenazo.

Esa que grita cantares, no sé por quien lo dirá,
Siendo la guarra más guarra, que crían los del lugar.

Anda ve y dile a tu padre, que plante unos cañamones.
Y que te plante a ti en medio, pa espantajo de gorriones.

Anda ve y dile a tu madre, que le meta en un nichito.
Y le encienda cuatro velas, que yo no le necesito.

Guarra habladora, cerda, marrana,
Ese el retrato, de mi contraria.

             En estas disputas tomaban parte las familias de una forma más o menos activa, pero los hombres solo intervenían en casos extremos en los que en alguna “gresca” entre contrarias uno de los mozos de una de las partes imprudentemente intervenía ese era el limite para que ellos intervinieran, argumentando razones de honor y honra familiar. En ocasiones las cosas acababan de forma trágica como muestra el romancero tradicional de la Vera Alta Serrana de Gredos. Romances como el de Adela,  son una buena muestra;

Una niña muy guapa, llamada Adela,
Por amores de Juan, se hallaba enferma,
Un día sus amigas, fueron a verla,
Por ver como se hallaba, la pobre Adela, la pobre Adela.
Y a una de sus amigas le ha preguntado,
que si había visto a Juan, por algún lado.
Y ella le ha dicho y ella le ha dicho,
Piensa en ponerte buena, yo te lo digo, yo te lo digo.
Por que tu Juan, porque tu Juan,
Con tu amiga Dolores, se va a casar, se va a casar.
Madre cierre la puerta y eche el candado,
Que antes de morir quiero, darle un encargo, darle un encargo.
Me echara de mortaja, el vestido blanco.
Que me regalo Juan, para mi Santo, para mí Santo.
Ni me lo niegue, no me lo niegue, por que en la sepultura,
Lo guardo siempre, lo guardo siempre.
Si viene Juan a verme, después de muerta.
No le deje pasar, de aquella puerta, de aquella puerta.
Por que dirán, por que dirán, tu has tenido la culpa.
Maldito Juan, maldito Juan.
Otro día a la mañana paso en intierro,
Juan estaba a la puerta, y se metió dentro, se metió dentro.
Junto al retrato, que ella le dio,
Se puso de rodillas y así lloró, y así lloró.
Adela mía, Adela mía, nunca pensaba yo, que te morías, que te morías.
Otro día a la mañana, se escuchó un tiro,
y una voz que decía, me voy contigo, me voy contigo.
Adela mía, que no pesnaba yo, que te morías.

A la mar por ser honda, se van los ríos, y detrás de los tuyos, se van los mios...
También abundan las coplas en las que los amantes desafían a sus padres y ganan la pelea casándose con quienes aman en realidad, sirvan estas coplillas como ejemplo:

                                             Si tu madre no me quiere, la echaré un amaldición.
Que se le pierda la hija, y que me la encuentre yo.
Por darme tu retratillo, me endosaste el de tu madre.
Y brincaba en mi bolsillo, como pollo y gavilanes.

Cuanto me quiere tu madre, que me hizo un bollo anteayer.
No me lo hizo con harina, lo hizo con el almirez.

              Las mujeres Serranas de la Vera Alta por su parte desde niñas empezaban ha hacerse el ajuar, que dependía directamente del poder adquisitivo y las dotes manuales personales. Todas intentaban tener por ajuar juegos de cama completos, juegos de mesas y complementos de los trajes tradicionales, como guardapieses, camisas, pañuelos, etc. ricamente labrados. A muy temprana edad, mucho antes de hacerse novias, algunas mujeres, especialmente las mujeres de los cabreros y ganaderos en general comenzaban a bordar y deshilar el calzón y la camisa que luciría su novio el día de la boda y con la que le amortajarían.

                     Pero los jóvenes aprovechaban algunos trabajos para ”buscar novio o novia” como por ejemplo las faenas de recolección de la aceituna en la que cuadrillas de mozos y mozas se juntaban durante todo el día, conviviendo y conociéndose durante un mes o más. De hecho  estos encuentros se daban en todos los trabajos de recolección donde las mujeres eran mano de obra fundamental como en la vendimia, la recogida de bellotas, higos, guindas, etc. También los trabajos de siega, trilla y venteo de la parva junto con la limpieza de las legumbres eran momentos en los que poder charlar un ratito con el amor. Dice el coplero tradicional de la Vera Alta;

Por estar, por estar a tu lado.                        Por estarte peinando,

Un ratito de conversación,                      pelitos de ratón.

Y ha venido la justicia nueva,                          por estarte peinando,

Y nos llevan a la prevención.                     Robaron el mesón

Soy pájaro, pajarero, y me meto en los zarzales,
Y en tu casa no me meto, por que no quieren tus padres.

Tu reja es el campanario, tu ventana el sacristán,
Los geranios son los Santos, que nos han de acompañar.
Una mañana temprano, caminito del altar.

Si tu patio fuera cárcel, y tu niña carcelera,
Los demonios me llevaran, si de la cárcel saliera.

Te tienes por valiente, y por atrevido.
Anda y dile a mi padre, y a que has venido.

                    Las mozas solían reunirse en diferentes momentos y faenas más o menos cotidianas, con las que sacaban un dinero extra con los que procurarse un ajuar digno, trabajos como por ejemplo ir a lavar al fregadero o río, momento en el que los novios solían rondarlas. Del mismo modo que cuando se lavaba la lana y se apaleaba o cardaba, del mismo en los trabajos agropecuarios como la siembra o el proceso textil del lino, lana o seda, trabajos temporales, verdaderos seguros en las economías familiares, que dieron a las serranas merecida fama de  mujeres, fuertes, valientes e independientes. Como muestra sirvan estos ejemplos de mujeres Serranas estereotipadas, recogidos de la tradición oral de la Vera Alta Serrana. Este primer romance recoge el mito de la Serrana de la Vera enmarcado en la hermosa población verata de Garganta la Hoya le recogí de niño en Arenas de boca de mi vecina Doña Elvira:
Allá en Garganta la Hoya, siete leguas de Plasencia.
Habitaba una serrana, alta rubia y sandunguera.
Con vara y media de pecho, cuarta y media de muñeca,
                                           Con una mata de pelo, que a los zancajos la llega.
                                           Al uso de cazadora, gasta falda a media pierna,
En las correas saetas, y en el hombro la ballesta.
La serrana es cazadora, la cintura lleva llena.
De perdices y conejos, de tórtolas y arigüeñas.
Cuando tenía gana de agua, se bajaba a la ribera.
Cuando tenía gana de hombre, se subía a las altas sierras.
Pasa uno, pasan otros, ninguno como ella espera.
vió de venir un serrano, altu y rubio como ella.
Le ha agarrao de la mano, y a su cueva se lo lleva.
No le lleva por caminos, ni tampoco por vereas
lo lleva por altos montes, por onde nadie les vea.
Ya han llegao al escondrijo, entre un jaras muy espesas,
Y donde el pastor miraba, había montones de tierra.
y un poquito más arriba cruces labradas en piedra
Pa que tiene la serrana, tantos montones de tierra,
y un poquito más arriba cruces labradas en piedra.
Entra serranillo entra, que te lo diré en mi cueva.
Entraron al escondrijo, onde hay hueso y calavera,
De hombres que había matao, y aquella terrible fiera.
Le ha sacao de beber, agua en una calavera.
De un hombre que había matao, en aquella horrible cueva.
Bebe serranillo, bebe, agua en esta calavera,
Que puede ser que algun día, otros de la tuya beba.
Ya trataron de hacer lumbre, de huesos y calaveras,
De hombres que había matado, y aquella terrible fiera.
Alégrate serranillo, buena cena nos espera.
De perdices y conejos, de tórtolas y arigüeñas.
Ya trataron de acostarse, le mandó cerrar la puerta,
Y el serrano que es muy astuto, la a quedao entre abierta.
Para poderse escapar, cuando la viera traspuesta.
La serrana le pregunta. ¿Sabes tocar la vihuela?.
Y el serrano contestó, y el rabel si uste me diera.
Tu tocarás el rabel, yo tocaré la vihuela,
Creyendo de adormecerle, y le adormeció él a ella.
Ya que la pilló dormida, el pastor pilló la puerta.
Con las abarcas al hombro, para que no le sintiera.
Legua y media lleva andada, sin revolver la cabeza,
A las tres ya la volvió, como si no la volviera.
Vio venir a la serrana, bramando como una fiera,
Saltando de cerro en cerro, lo mismito que una cierva.
Cogió una piedra en la mano, que pesaba arroba y media,
Con el aire de la piedra, le ha tirado la montera.
El serrano sigue andando, sin agacharse a por ella.
Vuelve serranillo, vuelve,  se te cayo la montera.
Y es de paño fino y rico, y es lastima que se pierda.
Si es de paño fino y rico, así se gasta en mi tierra,
Otra me compraré yo, o si no andaré sin ella.
Que para guardar las cabras, no es menester buenas  prendas.
Por Dios te pido serrano, que no descubras mi cueva.
No descubriré no, y hasta que llegue a mi tierra.
Te echaré una maldición, si acaso la descubrieras,
Tu padre será el caballo, tu madre será la yegua,
Y tu serás el potrillo, que relinche por la sierra.
Cuando el serrano fue al pueblo, en seguida fue a dar cuenta,
Y muy pronto los cuatreros, de los pueblos de la Vera,
Subieron las altas cumbres, y arrondelearon la cueva.
La encuentran debajo un roble, trenzándose las melenas,
Tensan ballestas y arcos, a la serrana hacen presa,
lo menos cien trabucazos, la serrana cayo a tierra.
bramando como una loba, maldiciéndo como fiera.
La montan encima un carro, y a Plasencia se la llevan.
La toman declaración, la serrana nada niega,
Que por venganza de un hombre, se echó a vivir a la sierra,
Y así terminó la historia, de aquella temida fiera,
Que en la plaza de Plasencia, fue colgada de una cuerda.
        En otros casos el romancero nos muestran que a pesar de la presión ejercida sobre las mujeres, algunas supieron burlarlas sobresaliendo del resto, mujeres “Bravas” “Rabúas”, ”con genio” o nada sumisas que lo único que hacían era lo que las apetecía, haciéndose respetar y querer por toda la comunidad, sirvan estos romances como muestra:

Saca las mulas Pedro, sácalas a beber.
Mételas en la cuadra, y  hártalas de comer.
Pedro es un buen mulero, tiene buena mujer.
Le manda con las mulas, cuando tiene que hacer.
Apenas se levanta, llega el amo al lugar.
Pedro saca las mulas, llévalas a abrevar.
Después el señor cura, la vino a confesar.
Pedro saca las mulas, otra vez a abrevar.
Y ahora viene el herrero, la viene a pretender.
Saca las mulas Pedro, le dice su mujer.
No ha habido compostura, no la ha podido haber.
Que ha vuelto el jodío herrero, a prenderla otra vez.
Después el boticario, la vino a recetar,
Pedro saca las mulas, llévalas a abrevar.
Pedro has llegado pronto, le dice su mujer,
Lleva las mulas lejos, y hártalas de comer.
Y así se pasa el día, Pedro viene y va.
Las probecillas mulas, van a morir ahogás.
Pedro mira a su esposa, con cara de asustao.
 Si esta igual que las mulas, y el agua no ha probao.
Pedro saca las mulas, las mulas a abrevar,
Seguro que las mulas, menos disgustos dan.



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