miércoles, 13 de julio de 2011

Daniel F Peces Ayuso. El traje tradicional en la comarca de Arenas de San Pedro, I Parte.

Historia del tejido, I Parte: por  Daniel F Peces Ayuso.

Toros de Guisando, entre los Valles hermanos de los ríos
Alberche y Tiétar. Situados a la vera del camino de Santiago
llamado "de los italianos", entre las Comunidades Autónomas
de Castilla y León, Castilla la Mancha y Madrid. Hilos sobre
los que se empezó a formar el tejido de "nuestras histórias..."
Fotografía propiedad del autor.
El acto de tejer es una acción simbólica femenina en la que se representa de forma gráfica todo lo relacionado con la creación vital, al ser una función de desarrollo o crecimiento expansivo a partir de un elemento individual y concreto, el hilo y la trama perfectamente dispuesta u organizada con varios de estos elementos exentos. Trama a partir de la cual se va confeccionando a media que crece el entramado de diferentes hilos con sus respectivos grosores, calidades, colores y dibujos ornamentales… Con esta idea mágico religiosa era concebido el tejido por las culturas egipcias, eurasiáticas e incluso precolombinas entre otras… Símil que refleja un arcaico pensamiento y creencia, al tener desde el nacimiento según las antiguas religiones animístas y politeístas, un hilo cortado del que desconocemos su longitud, y que simboliza el tiempo de vida otorgado a cada individuo por los dioses y diosas de las culturas antiguas.

Uno de los cuatro Berracos Vettones del extremo occidental.
Y una muestra más de la prolongada humanización del partido
arenense. Fotografía del autor.
De todos modos esta concepción simbólica se basa en cierta medida no solo en la capacidad de creación inherente en la confección de los tejidos, sino que tiene su base mágico religiosa en la mezcla de diferentes elementos que se unen para formar una unidad concreta, basándose en dos principios fundamentales. El pasivo a través de la trama y al activo asociado a la urdimbre. Elementos antagónicos que convidados dan el resultado anteriormente citado de creación y expansión o crecimiento. Creando un velo o telón que cubre y cambia, e incluso es capaz de ocultar la apariencia real de las cosas y de las personas… o por el contrario puede tener la facultad de desvelar las apariencias escondidas desvelándolas. Tal es así que para las culturas antiguas los tejidos, el hilo y los velos eran concebidos como la representación alegórica de lo eterno e inmortal, a través de lo caduco y mortal… tal así que para dichas culturas el arte del tejido fue concedido como un regalo de los dioses o diosas a los hombres y a las mujeres. Arte que no estaba separado de profundas creencias y rituales siempre relacionados con este dualismo de lo vivo y lo muerto, de lo velado o desvelado, de lo activo y de la pasivo, como germen a partir del cual desarrollar y crear otra realidad eterna, o lo que es lo mismo la vida. Cuyo ejemplo más evidente para nuestra cultura occidental es sin duda el mito de Penélope y su velo tejido y destejido en claro intento de eternizar algo perenne o finito. O el hilo usado para salir del laberinto en el mito del Minotauro, librandose de la muerte gracias a el… incluso en el refranero tradicional encontramos un clarificador ejemplo en la siguiente frase hecha, "corramos un tupido velo".

Restos romanos de Caesarobriga, la actual
Talavera, capital comercial de nuestra comarca.
E impulsora de una floreciente y diversificada
industria textíl. Fotografía del autor.
Hay otra interpretación más clarificadora del profundo simbolismo del tejido afirmando que las líneas cruzadas de la trama y las de la urdimbre como una representación de la cruz cósmica y con ella los estados y el desarrollo de cada hombre o mujer. Y por lo tanto los asocia con la complementariedad del mundo femenino respecto al masculino y biceversa. Conceptos identificatorios que dependen en gran medida para su interpretación del color, grosor, forma y temas ornamentales de cada tejido, hechos en función de una utilidad practica o espiritual que se les fuera a dar. Pues es muy común que los tejidos tengan un significado más que alegórico esotérico, como sucede por poner un ejemplo con los tejidos realizados por los diferentes clanes escoceses, o con los elaborados para vestir a aquellos que hacen de intermediarios entre los dioses y los hombres. Tal es así que no es extraño comprobar como determinados colores y temas ornamentales también se representan con el mismo sentido esotérico, en otros elementos como pudiera ser la pintura o el grabado en piedras, madera, hueso, etc. En parte todo este profundo y ancestral simbolismo, sobre todo en nuestra cultura europea, viene condicionado por la forma y tejido de unos insectos muy comunes en todo el mundo, las telarañas de las arañas. Las cuales parten del centro en el que convergen hilos longitudinales formando la trama, que del mismo modo que en los telares van expandiéndose de forma espiral y serpenteante, como la rueda y rodadas del carro de la vida Y todo esto gracias a la interacción de los hilos transversales o urdimbre, cuya función al contrario que en los casos anteriormente referidos, es el de "dar la muerte para mantener la vida" y no la vida como sentido de la muerte. Muerte que acecha en el centro mismo u origen de la red tejida, como cuenta por ejemplo en el mito de Aracne la hechicera…

Restos romanos de Caesarobriga, fotografía del autor. A esta
ciudad llegaba el hierro de la Juriscicción arenense hasta bien
entrada la reconquista. Hierro que dió fama a las forjas de
armas toledanas...
Por lo tanto buscar, el origen del tejido en una única dirección, sería un terrible error. El hallazgo de materiales relacionados con los tejidos se remonta al menos desde el paleolítico, gracias a los trabajos realizados en diferentes yacimientos arqueológicos tales com; agujas, cueros curtidos o fibras vegetales convertidas en tejidos, realizadas con materiales vegetales tales como el esparto o el lino, por ejemplo, e inlcuso otros materiales de origen animal como la lana o la seda por ejemplo… materiales que nos indican la importancia y dedicación que los humanos han tenido y dado a los tejidos. Por eso creo que tales artes no surgen a partir de una única necesidad perentoria, como es la de cubrirse el cuerpo para protegerlo del medio y o del clima. Ya que por otro lado y unido a este concepto, esta el basado en la ornamentación y adorno personal y estéticos, junto con otros arpectos relacionados con creencias muy antiguas de tipo religioso. Sin dejar de lado otras consideraciones relacionadas con los tejidos. Ya que además van íntimamente relacionados, tales como: las artes, artilugios, las técnicas de recolección, la caza, la pesca... y con ellos la fabricación de instrumentos como pudieran ser redes o trajes específicos y adaptados para desempeñar diferentes labores. Otras tienen paralelismos con las técnicas de la cestería, recipiente imprescindible, como todos los demás para almacenar, cocinar  y transportar los alimentos. Artes estas que también guardan relación directa con los inventos y las técnicas arquitectónicas o constructivas, tales como techumbres de trama vegetal de los chozos y berengones por ejemplo. Pero junto a arte creativo o comparativo y la innegable necesidad de tejer, hay toda una serié de elementos inmateriales imbuidos en la urdimbre que pasan a dar a los tejidos un sentido o sentidos añadidos. Como los diferentes colores y temas de decoración utilizados, ya que algunas ropas estan cargadas de un sentido mágico-religioso o jerarquico reservándose a unos pocos. Sin olvidarme de aquellas otras que sirven tanto para definir a la persona de forma individual, o de forma colectiva, como parte de un grupo social concreto. Sobre todo con el uso de algunos complementos como aderezos, amuletos, tocados, tatuajes, etc. Sin olvidarnos de toda la carga emotiva que conlleva la elaboración familiar de telas y tejidos, destinados a proteger, embellecer y definir a los seres más queridos.  Entonces ¿Que sentido simbolico tendrían dichos motivos, colores y materias primas elegidas para la decoración de las prendas en función de su uso?  Colores, texturas vegetales y animales, tejidas e hiladas con una clara intencionalidad inmaterial y carente de práctica que como decía anteriormente, cuestionan el origen del tejido como elemento únicamente protector, o aislarle de las inclemencias climáticas variantes y rigurosas. Cuestión esta que dejaré para adelante...

Testigo y huella de la cultura hispano árabe
son algunas calles como esta en Talavera de
la Reina. Fotografía del autor. En el partido de
Arenas hay buenos ejemplos de los alarifes
hispano árabes, estilo que se confunde con
las más abundantes huellas sefarditas...
Por todo ello y poco a poco los tejidos y prendas van incorporando los elementos necesarios para facilitar las tareas del día a día, como puede ser las anteriormente mencionadas artes de la caza, o las relacionadas con la guerra, las fiestas o los diferentes actos sociales, así como para propiciar la seducción y atracción sexual. Pasando poco a poco a representar y entramar en los tejidos no solo información a cerca del tipo de vida que lleva cada individuo o colectivo social, abarcando además  información a cerca de los sentimientos y estados anímicos y sociales en todas las diferentes culturas humanas del planeta Tierra. La gran revolución del neolítico, que en nuestra península hay que situarla alrededor del 5.000 a.C. y con ella el paso del nomadismo al sedentalismo, dio paso a una serie de acontecimientos que fueron creciendo y entretejiéndose, apareciendo importantes inventos y  conceptos a partir de un nuevo sentimiento y orden basado en la propiedad de la tierra. La domesticación de animales como el perro, el caballo, el toro, la oveja, la cabra, el cerdo, las gallinas, etc. Y junto a ellos la expansión y intensificación de la agricultura conllevaron la necesidad de nuevos grupos sociales tales como los artesanos profesionales, encargados de surtir y proporcionar de las prendas y útiles necesarios tanto para el uso personal, como para el almacenamiento, transporte o comercialización. Apareciendo conjuntamente a este nuevo orden de porpiedad social, agropecuario y urbanístico, las primeras y más grandes ciudades estados de los pueblos prerromanos Ibéricos. Los cuales actuaron como poderosos e irradiantes centros culturales donde poder realizar de forma intensiva y generalizada las transacciones mercantiles comerciando con los excedentes. Siendo a partir de entonces cuando aparece la figura primigenia de lo que entendemos actualmente como tejedores y o tejedoras, hilanderas, pañeros, guarnicioneros, teñidores,  tenerías, cardadores, lavadores, agricultores de lino, o de morales y moreras para  la producción y obtención de la seda. Sin olvidar a los pastores de ganado ovicaprino, productores de la lana y el cuero…

Pero además de lo expuesto hay que tener en cuenta una nueva e importante concepción, hablo del hecho de poseer la tierra en propiedad individualizada o colectiva y con ello el de tener que protegerla, especialmente los campos cultivados, los ganados y a las personas. Lo que dio lugar a la creación de un tipo diferente de vestir destinado a la guerra. Realidad que no surge de forma espontánea, sino que se va conformando con el paso de los siglos, como muestran por ejemplo las prehistóricas pinturas rupestre del arte español, los tatuajes hallados en algunos enterramientos y con ellos la existencia de amuletos mágicos protectores. Que junto a cotas y mallas, calzados resistentes, etc. lleva parejo la fabricación de diferentes telas para diferentes funciones, se siguieron utilizando los colores y los temas ornamentales como forma de distinguir jerarquías o simplemente  reservados para determinados personajes, dando comienzo al traje como uniforme, para determinados grupos sociales de la antigüedad. Por lo tanto la ropa y con ellos los tejidos van desarrollándose dependiendo de la forma de vida de cada individuo, agrupándose en dos grandes grupos. Las telas y tejidos podríamos decir sociales o urbanos y los bélicos o defensivos…  Lo mismo se puede decir en cuanto a las telas, colores temas de decoración o texturas destinadas al uso de las personas que cumplían una función de intermediarios entre los dioses y los hombres, o clase sacerdotal. La cual dispone de una indumentaria especial, que ayuda a su labor  y del mismo modo que en los casos anteriores definen su condición.

Ya en época Ibera, 1.000 a.C. aparecen en la península las primeras muestras tangibles de la elaboración y tramado de los tejidos, confeccionados de diferentes formas por dos p tipos de talleres especializados, uno de carácter familiar o de auto abastecimiento y otros talleres de carácter industrial especializados en transformar la materia prima y posteriormente comercializarlos una vez convertidos en tejidos. Y es que las artes textiles eran una de las principales actividades domesticas de los diferentes pueblos que habitaban la península Ibérica siglos antes de la llegada de los fenicios, griegos y por supuesto romanos. Como así lo demuestran los restos hallados en los yacimientos arqueológicos de las áreas ibérica y más aún en la celtiberia.
 
Ejemplo de arquitectura mudejar en Talavera
de la Reina. Foto del autor.
En el mundo Ibero las materias primas más utilizadas fueron la lana, el lino, el esparto, las pieles curtidas y en menor medida el algodón. El proceso empezaba con el cuidado y extracción de las materias primas pertinentes, dedicando grandes extensiones para su cultivo o alimentación… Posteriormente se trataban para ser hiladas, convirtiendo las fibras animales y vegetales a golpes de rueca y huso,  en hilos que eran teñidos y tejidos especialmente dependiendo del uso que tendría el tejido resultante. Apareciendo en el ámbito ibérico ciudades que destacaron por su producción y exportación de excedentes textiles, como fue el caso de la ciudad Ibera de Saiti, en Jativa, Valencia, o las tribus celtiberas inventoras de los Sagun y mantellum tan apreciados por las tropas y legiones romanas. Al margen de esos centros urbanos propiamente ibéricos, en los que se elaboraban grandes cantidades de tejido a escala industrial, podría decir que en todos los poblados y aldeas de nuestra península, la mayoría de los telares hallados son de carácter familiar. Siendo la transformación de la materia prima en hilos y tejidos, principalmente una función ejercida por las mujeres. Siendo los hombres los encargados de procurar las materias primas y del cuidado de las mismas…

Y tal fue la importancia de estas artes que en la península Ibérica, que hay varias prendas aún vigentes en los trajes tradicionales españoles, que gozan de buena salud, aún teniendo una antigüedad de más de 4000 años. Como por ejemplo los anteriormente mencionados sagun, o capas de recia y tupida lana, como la que aparece en un precioso relieve ibero, hallado en Osuna Jaén, en el que se puede ver a un Ibero con la clásica capa española, prenda militar que estaba extendida según los romanos por todas las tribus de la península. O el mantellum, conocido y documentado al menos desde época romana, siendo esta una pieza de uso exclusivamente femenina, a modo de tocado, con o sin cotufa o borla central, imprescindible en las más importante ceremonias religiosas y sociales. Como el mantellum que aparece pintado con todo lujo de detalle en un trozo de cerámica ibero, hallado en Liria Valencia, en el que se aprecia con toda claridad a una mujer colocándose el mantellum, del mismo modo que se sigue haciendo en mi tierra por ejemplo, en las fiestas y ceremonias principales las mantellinas, pieza imprescindible del traje tradicional femenino ceremonial como dije anteriormente. Sin embargo y pese a las lógicas convergencias entre los pueblos y grupos Ibéricos, he de decir que en el mundo protoceltico y celtiberico del centro oeste, y los de la zona atlántica de la península varían sensiblemente a las del mundo Mediterráneo. Para los grupos que nos ocupan hay que hacer tres diferencias. El grupo de pueblos celtiberos muy similares a estos últimos por recibir de ellos a través de la vecindad la influencia del las culturas mediterráneas. Por otro lado están los grupos de celtas disgregados desde la cornisa del mar Cantábrico hasta el valle del Guadiana, en la Betica, y por último los grupos protocelticos indígenas entre los que se encuentran los Vettones, que son los que presentan menores influencias externas. (la Vettonia era un basto territorio eminentemente montañoso que se extendía desde la cuenca sur del Duero, hasta el norte del valle del Guadiana, que ocupaban los Vettones, hace más de 3.500 años. Estos eran expertos mineros y metalúrgicos, ganaderos, fruticultores, amantes de la independencia y libertad, que controlaban el centro- oeste peninsular y a ellos me ceñiré exclusivamente, por ser para mi la cultura indígena más y mejor conocida, pues es mi tierra natal precisamente la que esta en el corazón del prehistórico territorio Vetton).

Para los vettones la industria textil, y con esta las labores destinadas a la transformación de alimentos, como la molienda por ejemplo, los trabajos de la madera, la piedra y la alfarería no pasaban en muchos casos de ser productos o artículos de fabricación y consumo familiar. Sin descartar algunos talleres, especialmente en lo que a alfarería, carpintería y cantería se refiere. En lo tocante al mundo textil los vettones necesitaban unas veinte ovejas, para cubrir sus necesidades familiares anuales, siendo el pastoreo de ovejas y cabras intensivo desde aquella época prehistórica, hasta finales del siglo XIX y principios del siglo XX. En todos los yacimientos excavados se han hallado restos de telares de carácter familiar, sobre todo ponderas y fusayolas que se han hallado en dos lugares concretos; amontonadas en una habitación o estancia de los hogares y como parte o elemento del ajuar funerario, tradicionalmente asociado a sepulturas femeninas, dándonos una pista a cerca de quienes ejercían esta labor en nuestro ámbito histórico y cultural, el cual parece estar adscrito íntimamente a las labores ejercidas exclusivamente por mujeres. El cronista clásico Estrabón y o Diodoro entre otros, alababan la calidad y calidez del  famoso sagun celtibero usado del mismo en estas tierras de la ancestral Lusitania, el mismo que adoptan las tropas romanas durante los cuarenta años del terrible y cruel asedio de Numancia y tantas otras ciudades de ambos ámbitos culturales el celtibero y el lusitano.

Para los Vettones las materias primas más usuales eran la lana de oveja, la de las cabras (incluidas las salvajes), e incluso otras como las cerdas de jabalí. Como nos cuenta Estrabón una costumbre Vettona, era la de hacer con la lana de las cabras salvajes cazadas, unas especies de medias o grebas, a partir de trenzas de esta lana, al ser muy resistente en las batallas actuando como armaduras capaces de frenar el filo de las espadas. Junto a la lana el cuero también fue muy utilizado por este grupo humano indígena, material muy adecuado tanto para el pastoreo, como para cabalgar y guerrear. Otro material muy utilizado fue el lino al que dedicaron grandes extensiones a su cultivo. Estrabón otra vez nos dice que los montañeses eran muy dados a usar corazas y mantos de lino. En el mundo céltico en general,  no han quedado muestras de cómo decoraban las telas, ni de que colores las teñían, pero es lógico suponer, a partir de las cerámicas tan bellamente pintadas y decoradas que los tejidos y telas sufrirían la misma suerte decorativa, que por ahora desconocemos.

Ejemplo de arquitectura tradicional arenense.
A base de estramados de madera, y adobes,
sustentados sobre un zócalo de piedra...
Fotografía del autor.
Dando un gran salto y pasando la romanización y la llegada de los pueblos  bárbaros paleocristianos, nos metemos en el oscurantismo de la edad media. A partir de entonces la ropa, los tejidos, los colores y los motivos decorativos, empiezan a restringirse a determinadas personas para diferenciarse o identificar no solo su procedencia o domicilio, si no su credo, su labor u oficio, su condición social, casado, soltero o viudo, todo bajo estrictas ordenanzas reales. Y con ello una nueva concepción y función de los trajes, como medio a través del cual poder humillar a grupos sociales minoritarios o vencidos... En los reinos reconquistados, por los católicos, las telas y las ropas seguían guardando relación con su necesidad de diferenciarse. Pero al convertirse en la clase dominante, impuso a las demás culturas y credos, especialmente a gitanos, judíos y arables, determinadas texturas, signos y colores determinados, penando a quienes quebrasen las ordenanzas reales y arzobispales. Muy interesados en tapar las carnes para martirio del alma. Todo ello tras un largo proceso de mestizaje en el que las tres culturas aprendieron unas de otras nuevas técnicas de elaboración y decoración, que dieron como resultado una explosión de calidades, formas y usos. Hoy en día podemos observar aún las huellas de dichas herencias sobre todo de la árabe y en menor medida de la hebrea…

Etimología de la palabra tejido.
 
Detalle del deshilado en una "gorguera"
masculina realizado en Arenas de San Pedro
a principos del siglo XX. Propiedad del autor
La palabra tejido viene de la palabra tejer y esta del vocablo latín  Texere. Y define la acción mediante la cual las fibras textiles tanto de origen animal –como la lana…- como de origen vegetal –lino, esparto…-  tras un complejo sistema de elaboración quedan dispuestas en largos y consistentes hilos con los que una vez entrelazados confeccionar diferentes telas o enseres de uso doméstico. Tales como ropas, ajuares de cocina, para el aseo  o para cama. Sin olvidar otros de uso agropecuario como sombreros de paja, esterillas, calzado, etc. Para ello se puede utilizar diferentes sistemas, el más generalizado y usual es el telar, en el que se ha de formar una trama con hilos dispuestos de forma transversal, a los que se entretejen otros llamados urdimbre con hilos dispuestos de forma longitudinal. Para ello es necesario la fabricación de un telar.

El telar es una maquina para tejer los hilos y convertirlos en telas a las que dar diferentes usos. Para ello se han de pasar los hilos de la trama y de la urdimbre de muy diferentes formas preestablecidas para lograr diferentes telas. Y su invento se remonta al neolítico, siendo los primeros telares muy básicos y rudimentarios, evolucionando hasta  los telares mecanizados del siglo XVIII. Sin embargo y a pesar de la innovación de los telares mecánicos, los sistemas de tejer los hilos eran exactamente iguales a los telares tradicionales o manuales.

                        Algunos elementos o partes del telar y sus funciones.

Detalle del tradicional adorno de las capas arenenses
realizadas en los telares de la ciudad a finales del siglo
XIX. Propiedad del autor.
Básicamente se trata de un armazón de madera en el que disponer los hilos de la urdimbre con una separación que va en función del tejido deseado. La encoladora, el plegador con el que se realiza el pisaje de la urdimbre. La cruz cuya función es mantener a los hilos separados sin que estos varíen su posición para formando la calada por la que se hace pasar la lanzadera en cuyo interior va inserta la canilla que es donde van enrollados los hilos transversales de la trama. Función que no se podría hacer sin la ayuda de los lizos en forma de mallas, disponiendo tantos lizos como hilos tiene la urdimbre. Para apretar los hilos tejidos se usa un peine metálico que va  y situado sobre al batán del telar. El batan es el sistema a través del cual los hilos de la urdimbre se van alternando en un movimiento ascendente y descendente alternativo que permite a la lanzadera ir tejiendo los hilos pasada a pasada de la misma. Para ir dando aún más firmeza a la tela que se va tejiendo y mantener tirante en los hilos de la urdimbre, a cada lado del telar van los templazos, que estiran el tejido transversalmente. Finaliza la operación el enrollado del tejido obtenido por una guía que se dispone sobre el plegador. De todos modos un telar tradicional manual dispone de unas quinientas piezas, las cuales van trabajando de forma alternativa o simultánea unas doscientas veces por minuto. Por ejemplo tan solo la lanzadera se tiene que mover a razón de un kilometro por minuto, oscilando el peso de esta entre los quinientos y mil gramos… Procesos que además de requerir una mecanización altamente cualificada, para los que se precisa una gran profesionalización y técnica. Siendo un trabajo muy complicado y laborioso que precisa de grandes dosis de paciencia y sobre todo de tiempo mucho tiempo. 

                                                Diferentes tipos de telares.

-         Telares para fabricar tapices y o alfombras.
-         Telares para fabricar terciopelos.
-         Telares para fabricar piezas de punto.
-         Telares para fabricar mantas y piezas similares.
-         Telares caseros para la confección de ropa.
-         Telar moderno sin lanzadera.

Sin embargo hay otras formas de obtener telas como por ejemplo los tejidos a punto, en este caso se trabaja con un único hilo que se va anudando y laborando sobre y en si mismo con la ayuda de una, dos o más agujas de madera, hueso o metal. Otra forma consiste en realizar trenzas o cordones exentos, que posteriormente se unen cosiéndolos unos a otros…

Pañito en el que las niñas aprendían a bordar
propiedad del autor
Los tejidos de origen vegetal se clasifican dependiendo del uso que se les valla a dar. Ya que no es lo mismo confeccionar suelas de calzados o gorras para aislar o proteger el cuerpo de los elementos. Que seleccionar las materias para hacer recipientes contenedores o los de uso suntuoso y personal. Procesos y sistemas que como decía anteriormente se remontan a varios siglos antes del nacimiento de Cristo. Sobre todo entre las culturas egipcias y las de la arabia entre los siglos IV y III antes de nuestra era. Clasificándose desde entonces de la siguiente forma.

-         Tejidos obtenidos a partir de hilos.
-         Tejidos obtenidos a partir de fibras.
-         Tejidos fabricados sin hilos ni fibras.

La palabra tela tiene la misma etimología latina, y esta sería el resultado de la unión de los tejidos con los que confeccionar las diferentes prendas, utensilios o artilugios de todo tipo y condición. Palabra que ha dado mucho al refranero y las expresiones populares de la cultura castellana. Sirvan estas pocas de ejemplo.

-         Tiene tela la cosa…
-         Estar en tela de juicio…
-         Cortar la tela o un traje…
-         Llegarle a alguien hasta las entretelas un asunto materia o acto…
-         Tener cada uno su propio hilo cortado o tiempo de vida…
-         Ser tela de pesado, guapo, inteligente…
-         Caer en la tela de alguien…
-         No distinguir un hilo blanco de uno negro…
-         Mover a alguien como hilos…
-         Seguir el hilo a alguien la conversación o hilar un tema…
-         Hacer o ser un tejemaneje…
-         No dar hilo sin puntada…
-         Jugarse la tela o el dinero…
-         Ser algo una bagatela…
-         Tramar un ardíz o plan…
-         Partir la pana.
-         Liarse la manta a la cabeza…
-         El habito no hace al monje.
-         Aunque la mona se vista de seda, mona se queda…
-         Comer ropa vieja o los restos…
-         Unos cardan la lana, y otros se llevan la fama…
-         Comer ropa vieja o las sobras de otras comidas…

Cosas sueltas y curiosidades a cerca de los telares.

Detalle de refajo o falda bajera abatanada
con el roero amarillo- de paño muy común
para el dia a día de las serranas y mujeres
de las comarcas vecinas de la Vera, Talavera
o el Alberche entre otras. Propiedad del
autor -elejemplar de la fotografía es de
lalocalidad abulense de La Cañada...-
Estas maquinas empleadas para tejer relegaron a las labores de aguja, tijera e hilo, destinadas a unir y embellecer las piezas entramadas a golpe de lanzadera. Los telares más primitivos solían ser verticales, con pesas o ponderas, que pendían de un armazón generalmente de madera en los que generalmente se trabajaba la lana y el lino. Este telar vertical tenia un bastidor rectangular de madera, con una barra superior de suspensión de la tela  y otras barras intermedias más finas, todas ellas sujetas mediante horquillas para poder separar los hilos. En este tipo primitivo de telar los hilos verticales o urdimbre se entrelazaban con los hilos horizontales o trama. De tal forma que los hilos de la urdimbre se entrelazaban con los horizontales o trama separándolos más o menos, según la prenda que se fuera elaborar. Los hilos de la urdimbre se ataban a las ponderas para mantenerlos tensos, quedaban así dispuestos alternativamente por delante y detrás de una lámina de madera que creaba el hueco necesario para pasar transversalmente  cada hilo de la trama. De esta manera se podían hacer dibujos en la tela utilizando hilos teñidos a su vez de diferentes colores. La fabricación de las telas llegaba a ser un proceso tan mecánico que las tejedoras que tejían se guiaban más por el tacto que por la vista, lo que les permitía conversar e incluso trabajar a la luz de una llama. Las ponderas ibéricas o pesas de telar eran piezas con forma troncopiramidal, o circulares alguans bellamente decoradas con estampillados geométricos o astrales… con un agujero en su parte superior que se empleaba para tensar la urdimbrte, su peso oscila entre los 200g, hasta  1´8 Kg. Las fusayolas son piezas de cerámica, piedra o hueso de forma redondeada y pequeño tamaño que tenían una perforación vertical;  las fusayolas se suspendían al final de las fibras textiles y, mediante un movimiento de rotación, las fibras recibían la torsión necesaria para poder ser empleadas como hilo imprescindible con el que posteriormente fabricar el tejido, a modo de usos primitivos. Tenían diferentes tamaños y pesos, que variaba de 3 a 80 g. Por lo que se podían obtener fibras textiles de distinto grosor, torsión y acabado. Otros piensan  que las fusayolas servían para insertarlas en los husos de madera favoreciendo la rotación del hilo y haciéndolo mucho más resistente y apto para tejer.

                                                                      El Batan.

La palabra batan es de origen hispano árabe battán. Y define una máquina a través de la cual se abren y muelen los copos de lana o de algodón, gracias a unos grandes mazos de madera con los que se percute de forma mecánica y constante. Los batanes en la comarca de Arenas, suelen ser en su mayoría batanes hidráulicos, por lo tanto están ubicados en las orillas de las gargantas ríos cerca de las poblaciones, como por ejemplo en gran batan de Arenas de San Pedro, situado a un kilometro de la población en la margen derecha del río Arenal, por encima de las actuales piscinas naturales municipales. Conservándose tan dolo la aceña que recogía el agua que impulsaba los martillos o mazos del batan y el topónimo del lugar y fincas aledañas del Batan en el camino de los Torrejones.
 
Detalle de una chaquetilla de paño abatanado
en verde y con bordados a cordoncillo. Regalo
de Lourdes Sánchez. Propiedad del autor.
En estas tierras para dar mayor consistencia y sobre todo impermeabilidad a los paños en el proceso de abatanado del paño, se solía incorporar fina greda que se obtenía en las proximidades de la ciudad. Aunque existen varios tipos de batanes para abatanar la lana, en la comarca de Arenas de San Pedro, eran batanes de mazos o martillo. En este sistema había que moler el paño agregándolo en masa sobre unas pilas pétreas en las que se vertía agua caliente y la greda logrando fieltros y paños de muy diversa calidad dependiendo de la calidad de la lana y la presión impulsora de los grandes mazos de madera. Ya que esa es la función de batan o abatanado de la lana, el lograr encoger las telas y darlas una textura fibrosa, compacta y  homogénea. Había dos formas tradicionales de abatanar los paños, uno era el abatanado ácido que es que logra paños pesados y uniformes, gracias a un sistema de lavado con jabón, amoniaco mezclado con agua caliente, consiguiendo que la lana tenga una alcalinidad totalmente neutra. Luego se retira el agua con la mezcla de jabón y amoniaco, metiéndolo en otra pila en la que hay agua limpia a sesenta y seis grados centígrados, a la que se añade una cantidad medida de ácido sulfúrico, operación de remoje que duraba unos quince o veinte minutos aproximadamente, para que el paño absorbiera el ácido de forma uniforme. Una vez realizada esta labor se volvía a la lavar el paño con agua caliente y jabón para que el paño o fieltro. El otro abatanado era el llamado alcalino, consistía en lavar el paño para desengrasarlo solo con jabón de aceite de oliva o con álcali junto con la lanolina o grasa propia de la lana. Posteriormente se sacaba de las pilas de lavado y se centrifugaba para quitarle humedad antes de abatanarlo en los mazos de madera. Tras abatanarlo se volvía a lavar con agua caliente y carbonato sódico para eliminar los restos de jabón que hubieran podido quedar de los procesos anteriores, doblándolo a mano.

Detalle de los bolsillos y remates bordados a
cordoncillo de una chaquetilla de paño verde
abatanada arenense. Regalo de Luordes
Sánchez, propiedad del autor.
Todos estos procesos eran altamente contaminantes, por los que las aguas resultantes solían vertirse en pozas o albercas nunca en la corriente de los ríos en dónde tradicionalmente se han erigido los batanes hidráulicos. Estos batanes solían ser construcciones de piedra sillar en esquinas y base, rematados en sillarejo el resto de la fabrica. Sus dimensiones eran mayores que los molinos hidráulicos harineros, pimentoneros o que las almazaras. Para llevar el agua las palas que hacen elevarse y caer los martillos de madera, se precisa de una aceña para retener y desviar el agua al canal que lleva el agua hasta la boca del batan. Canal que disponía de compuertas por las que regular e incluso desaguar el exceso de agua desviada. El agua caía en el pozo donde se instalaban las ruedas o palas que dan el preciso movimiento giratorio gracias a la fuerza natural de la caída del agua. Dichas ruedas o palas transfieren la fuerza giratoria a un eje vertical, eje que es el encargado de mover los potentes martillos de dura madera de encina. Mazos que suelen ir de dos en dos por cada pila en la que se abatanan los paños, y que golpeaban de forma alternativa, rítmica y constante, regulando la intensidad de los mismos el agua que se deja caer por el pozo  desde la aceña. Las pilas estaban labradas en piedra berroqueña y tenían una capacidad aproximada de cien kilos de lana cada una de ellas. En ellas es donde se machaban la lana, lavaba y abatanaba. No todos los pueblos disponían de batanes, y menos aún de las dimensiones del batan arenense con más de tres pares de mazas o martillos. Tan solo la villa de Pedro Bernardo contaba con tres batanes, aunque estos eran de menores dimensiones al ser de uso y propiedad particular,  frente a la titularidad municipal del batan arenense, el cual se ponía en renta en subastas publicas, trabajando de forma industrial a gran escala. Posiblemente en la Villa de La Adrada los viejos batanes fueron transformados en molinos de papel en el siglo XVIII.

El hilado en tiempos de los Vettones.

El hilado de los bellones ovinos se conseguía cogiendo un puñado de lana limpia y cardada en las manos y amasándolo con los dedos para separar algunas fibras, que después se retuercen entre los dedos índice y pulgar para formar una hebra. Esta hebra se ataba a la muesca de un huso, que se hacía girar con tino y energía. El huso se mantenía girando un buen rato debido a la fusayola, que se colocaba en su base, con lo que daba tiempo para entre sacar más fibras del puñado de lana. De esta manera se conseguía una hebra larga, resistente y continua. El proceso puede continuar hasta que el uso toca el suelo, por lo que la longitud máxima de las hebras era siempre la distancia que hay desde las manos hasta el suelo. Para unir las hebras obtenidas en distintas hiladas, se deshilachan y entrelazan los extremos de las hebras retorciéndolas del mismo modo. Con el hilo obtenido se hacían los ovillos y con los ovillos ya se pueden labrar los tejidos en los telares. En este último proceso era cuando se teñían o no los ovillos. En cuanto a los hilos de lino estos se obtenía segando el lino, mojándolo o enriándolo y secándolo al sol para posteriormente machándolo, espadándolo o tascándolo para quitarle la corteza e impurezas. Una vez tascado se cardaba de un, hilaba y teñían de un modo similar a la lana. Sin embargo el uso de estos hilos y telas vegetales a diferencia de las prendas y tejidos de lana, es que el lino ha sido tradicionalmente considerado como prenda de lujo o nobles, mientras que las prendas de las lana se tejían sobre todo para abrigarse… de hecho las telas de lino eran destinadas a las túnicas de los sacerdotes y sacerdotisas, así como a los ropajes de los jefes y aristócratas. Y en nuestra tradición las pendas de lino han sido utilizadas para confeccionar los más delicados y primorosos ajuares de las novias. En especial sábanas, comisas, camisones, enaguas, manteles, toallas, calzones… la mayoría de ellos expuestos y guardados en las arcas, pues eran considerados una fuente de riqueza o mejor dicho una demostración publica del poder económico y social de cada familia…

Los telares celtiberos encontrados en las excavaciones arqueológicas de nuestros yacimientos eran verticales, disponiendo la trama en armazones de madera o bastidores, en los que se disponían los hilos de la urdimbre estirados gracias a las fusayolas o pesas de barro cocido o piedra labradas de forma circular o rectangular, y en algunos casos decorados con sencillos dibujos geométricos estampillados. Los bastidores de madera solían ser rectangulares, en cuya parte superior  se instalaba una pieza con forma de barra para mantener en suspensión la tela y otras varillas más finas sujetas con horquillas para mantener los hilos de la urdimbre separados. En estos telares los hilos de la urdimbre se tejían  con los de la trama, atando los primeros a las ponderas con el fin de mantener los tensos en todo momento, quedando dispuestos de forma alternativa por la parte delantera del telar y por la trasera, dejando el espacio suficiente y necesario  para ir pasando la lanzadera y con ella los hilos de la trama. Permitiendo a las tejedoras de este modo y con la ayuda de hilos de diferentes colores la creación de complejos y hermosos dibujos o temas ornamentales.

Temas que solían ser geométricos, zoomorfos, vegetales, antropomorfos y astrales… aseguran los arqueólogos y especialistas de este apasionante tema, que las mujeres de la ibérica prerromana, trabajaban de forma tan mecanizada que se solían guiar más por el tacto que por el sentido de la vista, lo que las permitía realizar estas labores complejas con poca luz. De forma similar a como se ha venido haciendo de forma tradicional en los pueblos y villas de esta vetusta comarca –en el museo provincial de los Deanes en la capital abulense se puede contemplar uno de estos telares primitivos en una de sus espléndidas y didácticas salas dedicadas a la cultura indígena de los Vettones…- Labor que complementaban con otro tipo de telar más rústico y sencillo con el que confeccionaban los cinturones, cordones y correas con las que se ceñían sus ropajes en absoluto primitivos. En estos casos bastaba con atar a un árbol o roca los hilos de la urdimbre tensándolos a la cintura de las tejedoras, las cuales al distanciarse de dichos puntos de sujeción lograban mantenerlos tirantes en todo momento. Utilizando tablillas o piezas de hueso para separar los hilos y permitir el paso de los hilos de la trama con una técnica del mismo modo mecanizada en la que también podían ornamentar con dibujos y formas del mismo modo que en el caso anterior… Técnica esta que aprendí gracias a los talleres y exposiciones organizados por Jaime el director del Museo de Arqueología de Valencia, en el yacimiento de Kelin próximo a la localidad de Caudete de las Fuentes en dicha Comunidad Autónoma, de manos de la muy ilustrada, gran arqueóloga y amiga Paula Jardón.

Obtención y procesos relacionados con la lana.
 
Detalle de un pañuelo tradicional arenense de
merino, bordado en lana, propiedad del autor.
Cuando llegan los primeros calores en los meses de mayo y más aún en junio, los rebaños de ovejas locales junto a los trasterminantes y trashumantes, eran esquilados en los pueblos y villas de la comarca arenense, poco antes de ser subidos a los pastos frescos de la alta sierra. Para ello se solían contratar cuadrillas de esquiladores profesionales llegados de otras localidades y provincias, junto con las cuadrillas de esquiladores locales. Los esquiladores profesionales cobraban un precio por oveja esquilada, que previamente se ajustaba con el dueño de los ganados, precio que a veces se rebajaba al ser pagados con parte de la lana esquilada… siendo hospedados durante el tiempo que tardaban en esquilar los ganados en las casas y familias propietarias de las ovejas a esquilar. En el caso de ser los esquiladores propietarios de los ganados era un dinero que se ahorraba. Pero en ambos casos este acto era considerado una fiesta en la que no faltaban los momentos de ocio y fiesta con canciones bailes y chanzas de todo tipo. Fiesta que no evitaba que los patrones y amos de las ovejas vigilasen en todo momento el proceso y labor de los esquiladores. El esquilado se hacía a mano y a tijera hasta el siglo XX momento a partir del cual aparecieron las nuevas y más cómodas máquinas de esquilar. Sin embargo y con independencia del método a seguir para quitar la lana a las ovejas, en ocasiones los animales eran lastimados o heridos sin querer. En estos casos y para curar a las ovejas tenía preparado un remedio casero llamado Moreno. El moreno era una masa cocida de cenizas de roble, carbón y orina todo ello bien mezclado, y con los que se untaban las heridas para evitar infecciones o males mayores.

Detalle de la culera de un pantalón de paño
bordado con lana, propiedad del autor.
Los buenos esquiladores solían sacar la lana de las ovejas en una sola y compacta pieza, que recibe el nombre de vellón.  Los vellones se enrollaban sobre si mismos apilándolos todos juntos hasta finalizar la tarea. Una vez esquiladas las reses se abrían los vellones y se separaba la lana por calidades antes de llevarlas al río a lavar. Y si no se iban a hilar los vellones se vendían enteros sin separar las lanas ni limpiarlas, pues de este modo se veían incrementadas las ganancias al pesar más la lana sucia que la limpia. Una vez esquiladas las ovejas, se lavaba con agua caliente y fría dejándola secar al sol, bien tendidas sobre cuerdas o tendida sobre lanchas de piedras o sobre la hierba verde. Quitando la suciedad como paja o restos de basura a mano o con la ayuda de un escardaor. Una vez limpias y secas se cardaba con un cardo o con el escardaor dejando las fibras de la lana esponjosas y sueltas y listas para se hiladas. Procesos estos delicados que se solían realizar entre grupos de mujeres que para amenizar la tarea solían cantar algunas canciones al efecto como por ejemplo.

Lavando la lana ajena, un serrano me dió un beso,
Dame mejor treinta duros, que con el beso no almuerzo.

La lana que lavo y tiendo, si en doblones se volviera,
Sería de to las mozas, la que más dote tuviera.

Tendiendo la lana blanca, allá arriba en los neveros,
Por ver aquel pastorcillo, que me quita el pensamiento.

De la lana de una oveja, dices que haces una capa.
Y yo digo que no da, siquiera pa media manta.

Cardando la lana, la mi serrana,
Se lleva el salero, y toda la gracia.
De tal manera, y con tanto rumbo,
 Que se va llevando, el salero del mundo.

Dijo un esquilador, que estaba esquilando,
Poco dinero gana, la que anda cardando.
Y dijo mi abuela, que estaba hilando,
menos gana serrano, el que esta mirando.

Ovejitas que guarda, ese pastorcillo,
con lana que echéis, le haré un calzoncillo.

En Guisando crían cabras, en el Arenal borregos,
En el Hornillo gañanes, y en Arenas los churretos.

Al paño fino en la tienda, una mancha le cayó.
Y se vende más barato, porque perdió su valor.

Dígale uste a esa serrana, la de las medias de lana,
Que me traiga unas campanillitas, para debajo la cama…

Y es que en ocasiones se pagaba a algunas mozas para que limpiasen y cardasen la lana, sin que esto evitara que oras lo hicieran en sus propias casas para el uso y gasto familiar, del mismo modo que los esquiladores. Por lo tanto estas labores se realizaban en las casas de las amas de la lana, o en lugares públicos como determinadas plazas, calles o encrucijadas. Y casi siempre a última hora de la tarde cuando el calor empezaba a mitigarse y los mozos regresaban a las villas, pueblos y aldeas después de realizar sus labores en los campos. Tal es así que se solía cardar e hilar a la luz de los candiles, poniendo las mozas mucho cuidado en que los mozos no las hicieran o gastaran bromas con la lana ya preparada… En estas reuniones y tras tener la lana lista, se solía hilar y almacenar en ovillos que se iban guardando para darles uso o para venderlos, usando los respaldos de las sillas, o la ayuda de una compañera en cuyos brazos se iban enrollando las madejas antes de hacer los ovillos. Por último decir que todas estas labores se aprendían por imitación de otras mujeres mayores más experimentadas, las cuales ponían un poco de orden a los desmanes de las mozas y sobre todo de los mozos, no pasara que, unas cardan la lana, y otras se llevaran la fama…
 
Detalle de pantalón tradicional arenense de
paño negro, bordado con lana abatanada,
propiedad del autor.
Hay villas en la jurisdicción arenense como Pedro Bernardo, o San Esteban del Valle en los que las tareas relacionadas con la lana fueron base fundamental de su economía, sobre en la primer villa. Como prueba de ello aún quedan los restos de los batanes, tundideros, sombrererías o los abundantes telares que hubo y de los que salieron infinidad de artículos elaborados con este material, especialmente las mantas recias que usaban los pastores no solo de nuestra comarca, sino de las comarcas vecinas de Talavera de La Reina, Campo Arañuelo o la Vera Baja o de Plasencia… Por ejemplo en la ciudad de Arena de San Pedro existió en el siglo XIX una fabrica de sombreros de paños finos, un batan y varias tiendas en las que se compraba el paño importado de Bejar y Ávila capital… en Poyales del Hoyo en el mismo siglo había tres tiendas de paños bastos, algodones y pañolería… o en la villa de Pedro Bernardo tres buenos batanes, tintes de todos los colores y algunos telares de lienzos…. En la villa de Mombeltran hubo una fabrica de sombreros bastos… Según consta en la bibliografía consultada gracias al minucioso diccionario geográfico estadístico de Madoz… telares que se nutrían de la extensa cabaña ovina que mantenía el Partido jurisdiccional de Arenas de San Pedro y las villas y aldeas que lo componen.

A titulo de curiosidad histórica he de decir que el uso de determinados fieltros, paños y colores con los que se teñía  estuvo restringido y sujeto gracias a duras ordenanzas municipales. Estando prohibido su uso hasta el siglo XV a los hebreos, árabes y clases sociales más bajas o empobrecidas, pues era un signo de poder y riqueza, sobre todo el terciopelo, los paños y fieltros finos, teñidos en rojo, azul o verde y más aún si estaban guarnecidos o decorados con hilos de oro, plata o seda. Para ello lo primero que se intentó es centralizar la ubicación de los telares en las grandes ciudades, en un intento de eliminar los telares familiares muy comunes en nuestras tierras. Como lo demuestra el fuero otorgado en la ciudad de Valladolid el año 1258 en detrimento de los mencionados pequeños telares del ámbito rural tan arraigados como necesarios para el abastecimiento de la población. Y todo esto a pesar de convertirse Castilla en la primera productora de lana de primera calidad de toda Europa, lana que en su mayoría era exportada al centro y norte de Europa, Inglaterra, Flandes, Francia, Alemania… Con todo a partir del siglo XIV los paños de Castilla y más aún los de Ávila y Salamanca adquieren renombre internacional compitiendo con los ricos paños de Flandes, los más valorados. A partir de este siglo las labores relacionadas con el paño se distribuyen inteligentemente entre las poblaciones del ámbito rural y las del urbano o ciudadano, ya que los procesos de cria de ovejas, he hilado se realizaban en las aldeas del mundo rural, mientras que los mejores telares se instalaban en las grandes ciudades castellanas. A partir del siglo XVI aparecen los primeros gremios importantes de tejedores en las ciudades o villas de Ávila, Arevalo y Arenas de San Pedro, de la que se abastecían los habitantes de ambas Castillas.

                                                                             El lino.

El lino o linaza cuyo nombre científico es Linum Usitatisssimum, del orden botánico de las Geraniales, es una planta herbácea de un metro aproximadamente de altura, cuyo tallo principal es hueco y recto, con hojas lanceoladas que se disponen de forma alterna, estrechas y recorridas por tres patentes nervios. Las flores de color azul, son hermafroditas, que suelen presentarse en racimos de entre seis a ocho por cada ramo. Dichas flores en la tradición local reciben el nombre de Górgolas. Cada flor tiene cinco sépalos y la corola esta compuesta por cinco pétalos, con cinco estambres y un pistilo terminado en cinco estilos pequeños.

Calzapollos y toalla de lino. Esta última realizada
en un telar casero y decorada con franjas de hilos
azules y ocres, muy del gusto sefardita...
Propiedad del autor.
En la península Ibérica existe una variedad autóctona llamada lijo azul –Linum narbonense- aunque varias clases como por ejemplo el linum  angustifolium, el linum bienne… en nuestras tierras se sembraban dos tipos de lino el lino  Abertizo y el Cerradizo, el primero da su fruto  cuando está maduro y el segundo  de frutos indehiscentes. Por lo tanto el lino florece entre los meses de abril a junio dependiendo de la meteorología y de la clase de lino. También depende si está sembrado en secano o en zonas de regadía ya que se cultiva tradicionalmente en ambas tierras de labor. Se cultivaba por su alta productividad, y por el aprovechamiento de la fibra textil y las nutritivas semillas llamadas linaza, bagaña o górgolas. Cada flor suele producir unas diez semillas de color marrón, con un tamaño aproximado de 5 milímetros, conteniendo cada una un cuarenta por ciento de aceite, mucílago y glocósido cianogénico llamado Linamarina utilizado tradicionalmente como remedio para sanar o mejorar los problemas  de las vías respiratorias, tónico, laxante, para sofocar las inflaciones mamarias de las mujeres lactantes. Del mismo modo el aceite de linaza o bagaña se utilizaba para remediar los forúnculos, quemaduras y heridas superficiales…  Siendo un alimento de primer orden para los animales domésticos. Su cultivo necesitaba de abundante mano de obra, por eso fue un recurso importantisimo en tiempos de depresiones económicas ya que daba trabajo a un gran número de recolectores, cuatro veces mas que los necesarios para recolectar los olivares,  o el triple que los necesarios para vendimiar las vides… En las tierras de Arenas de San Pedro se solía sembrar lino de secano también llamado Bayalde o Boyal ya que tanto su fruto como las fibras textiles que de él se obtenían eran las de mayor calidad. Lino que se alternaba en las tierras de regadío con el lino Caliente o de Primavera, lino de peor calidad pero de más alta productividad que el de secano o Boyal. De todos modos ambos tipos de lino se cultivaban de forma rotatoria, esto es un año se sembraba el lino y al siguiente algún tipo de cereal para que la tierra se regenerase y diese el fruto deseado. Sea como fuere de los dos tipos de lino se obtenían diferentes tipos de fibras con sus consiguientes usos. Así se obtenía el hilo llamado de Primera de dos hebras ideal para coser o bordar. También se obtenía el Cerro de buena calidad e ideal para tejer en los telares. Y la Estopa o lino de peor calidad ideal para hacer aperos agropecuarios como cestos, serones, sacos, costales, torcidas para los candiles, mechas para las velas, etc.

Detalle de la pechera de un camisón del mejor
lino para hombre. Propiedad del autor.
De las semillas molidas se obtenía el preciado aceite de linaza, aceite que se usaba además de remedio paliativo de diferentes males anteriormente mencionados, como combustible para los candiles y quinqueles de las familias menos pudientes. También se usaba para cocinar por su alto valor nutritivo a pesar de su sabor menos grato que el de oliva o la grasa animal del mismo modo utilizados en la gastronomía tradicional de nuestros pueblos. Siendo el aceite del lino de secano o Boyal más apreciado que el de regadío por aguantar mejor la fermentación y consistencia. El aceite de linaza también era utilizado para la conservación de las herramientas de hierro y para el tratamiento de la madera en la arquitectura tradicional, por su poder ante la podredumbre provocada por la humedad de estas tierras. Antiguamente también se solían moler la linaza para confeccionar una torta o pan con el que alimentar a los animales de tiro especialmente vacas, bueyes y todo tipo de caballerías. Dándoselas crudas a las aves de corral como pudieran ser las gallinas. Para moler la linaza se disponía de unos molinos especiales llamados Gamellas de las que aún quedan buenas muestras en los pueblos y quinterías de esta comarca. Del lino se aprovechaba absolutamente todo, ya que los restos resultantes eran utilizados como excelente abono en los huertos familiares. En cuanto a las tierras destinadas a los linares solían estar situadas en lugares resguardados de los vientos y sobre todo del aire solano. No se sembraba en tierras arcillosas, ácidas, arenosas, aunque en estos casos se solía mezclar la tierra con ceniza para poder sacarla beneficio. Siendo las tierras orientadas a poniente evitando en la medida de lo posible el sol del medio día y los hielos de las noches. Son mejores las tierras sueltas y blandas, con buen sedimento orgánico y húmedas las más aptas para su sembrado. Arándose al menos tres veces al año dichas tierras más una cuarta y definitiva un mes antes de ser sembrado el lino aprovechando dicho arado para abonarlas con estiércol de oveja o cabra muy seco y desmenuzado. Estiércol que había que esparcir equitativamente y a la mayor profundidad posible, para que las raíces hondas y pivotantes del lino lo absorban mejor dando más y mejor calidad a las fibras y frutos sembrados. En algunas ocasiones el lino era sembrado entre los centenares y trigales trimesinos para que estos les protegieran de las inclemencias climáticas. Siendo las tierras sembradas de nabos en temporadas anteriores las de mejor calidad y provecho linacero. Para ello se araba el terreno y se pasaba la reja o la grada quedando la tierra lista para la siembra del grano. Siempre que la tierra estuviera húmeda y que no lloviera en la primera semana de la siembra, ya que las lluvias excesivas solían acumular las semillas impidiendo su reparto homogéneo y con ello su desarrollo. En algunas ocasiones se volvía pa arar o gradar el terreno, para que las semillas quedaran bien enterradas y lejos del hielo y frío tan perjudicial en esta primera fase y tan común en dichas alturas del año, evitando con ello que fueran comidas por las aves silvestres y lejos de los insectos que las perjudican gravemente.

Detalle de lapechera de un camisón del mejor lino
femenino. Propiedad del autor.
El lino de secano se sembraba en el mes de octubre o el mes de las castañas y el vino nuevo. En este proceso de siembra, si no llovía lo suficiente era común regar el lino para que brotase pronto y con fuerza. El sistema de siembra se hacía con la ayuda de un harnero o cedazo de madera con agujeros pequeños, esparciendo bien las semillas por todo el campo. este cedazo recibía el nombre de linazo o linacerillo.  Estos linacerillos tenían dos tipos de agujeros llamados zorriellos y linuescos. Los primeros tienen un diámetro del tamaño de una semiente de pimienta y los segundos del tamaño de la linaza que de las dos formas se llama la semilla del lino en el partido arenense. Para la entrada de la primavera, en los meses de marzo o abril dependiendo de la climatología de cada año, acudían los hombres y los más jóvenes a los linares para binarlo y quitar las malas hierbas. Las mujeres no participaban de esta labor, ya que con sus largos y pesados guardapies de paño, partían o tronchaban los tiernos tallos, por ese motivo era una labor típicamente masculina. Acudiendo a regarlo o a binar tantas veces como fueran precisas, pues de este modo los  linares producían y más y mejor fibras, al tener toda la humedad de la tierra para él. Para la fiesta de San Juan ya estaba listo para ser cosechado. La señal que la tradición arenense ha transmitido para cosechar el lino, era cuando la azul flor caía, quedando las górgolas de color rojo, mientras que los tallos quedaban dorados como los del trigo trimesino. Justo en el momento previo a que la mata se secase por completo y las semillas salieran de las górgolas.

Cuando el lino presentaba este aspecto se decía que estaba zorongo o zorollo. En ese momento se arrancaban las matas con la raíz, por lo que su cosecha era dura y especializada, ya que de este proceso dependía el resultado optimo final de las fibras. Una vez arrancadas las matas se dejaban en gavillas o manadas sobre la tierra del linar, para que se terminaran de secar al sol y al aire entre tres y seis días dependiendo de la climatología. Pasado el tiempo necesario para su secado final, se recogían y se ataban firmemente con cuerdas las gavillas o manadas, poniendo mimo y cuidado en unir o igualar las raíces de todas las matas en un extremo y los tallos en el otro. Una vez atadas se llevaban a las casas u obradores dejándolas unos días más a secar hasta que se abrían las górgolas para recoger la linaza o semillas del lino. Proceso que se hacía extendiendo una manta vieja en el suelo sobre la que se golpeaban suavemente las manadas o gavillas, para separar y recoger la preciada simiente. Este proceso se conocía con el nombre de desgrane o desgranar, y se realizaba centre canciones bromas y franchelas de las mozas más jóvenes que eran las encargadas de realizar esta labor y la de su recogida junto con los más pequeños y pequeñas de la familia. Para acelerar este proceso había quienes utilizaban una tabla de madera o incluso los trillos. Una vez esgranado el lino se volvía a tar fuertemente con cuerdas del mismo modo que en el caso anterior, quedando listo para su proceso final el enriado del que hablaré a continuación.

Obtención y procesos relacionados con la fibra textil del lino.

En las aldeas, pueblos y villas del partido arenense el lino fue un recurso de vital importancia. Sobre todo en los pueblos de Poyales del Hoyo y Arenas de San Pedro, lugares estos que disponían de grandes extensiones de terrenos destinados al cultivo y la transformación de esta materia textil vegetal… incluso en Poyales aún existe la plaza de los tasqueros y más aún el gentilicio, Machota ya que es un apellido endémico de algunos vecinos de dicha localidad, lo que verifica y avala aún más la importancia que dicho cultivo y material textil tubo en esta preciosa localidad del alfoz arenense. También en la hermana Villa de La Adrada aún existe una pintoresca plaza con el significativo nombre de Plaza de Machacalinos… Como decía anteriormente tras preparar las tierras destinadas a su cultivo, abonarlas y sembrar las matas de lino en los rigores del invierno, se arrancaban las matas con raíz y a mano una por una, generalmente por cuadrillas de mujeres que se contrataban a tal efecto. Esto se realizaba cuando florecían, esto era entre mediados de julio y la primera quincena de agosto –dependiendo de la meteorología de cada año… a continuación se enriaban.
 
"Pañolito" de quintos, de lino bordado con hilo
negro y azabache. Propiedad del autor.
El enriado del lino consistía en meter las gavillas de lino en agua durante un tiempo determinado para poder separar la corteza de los tallos, y para que las fibras se separaran mejor posteriormente en los procesos de hilado, pues este proceso además daba mayor flexibilidad a las fibras. Esta labor se realizaba en lugares alejados de los ganados y del paso de los vecinos. Pues el agua en el que se enriaba el lino quedaba contaminado del mismo modo que el aire de las pozas por los gases que este proceso producía, por lo que generalmente se tenían albercas o pozas preparadas para darles este uso casi exclusivo. En ocasiones se añadía alas pozas o albercas en las que se enriaba el lino, orín o cal para que el proceso de putrefacción de las matas se acelerase considerablemente, pero esto hacía que el lino perdiera parte de su calidad. Al final de este proceso se lograba separar además impurezas quedando las matas agramillás o limpias. Había que poner mucho cuidado en que todas las gavillas o manadas quedaran bien sumergidas en el agua empozada, o en sujetarlas para que no se las llevara la corriente en caso de ser enriadas en arroyos o ríos, para ello ponían sobre ellas losas de granito o maderos a los que sujetaban con cuerdas. En no pocas ocasiones antes de poner el peso sobre las manadas las mujeres remangadas o en enaguas, pisaban con fuerza las matas asegurándose de hundirlas bien en el agua. Este proceso tenía una duración aproximada de entre diez a quince días. Ya que las manadas enriadas en aguas estancadas solían fermentar antes que las enriadas en cauces con corriente continua. Poniendo mucho cuidado en no excederse en esto proceso pues de lo contrario las fibras darían más estopa que cerro o lino de buena calidad.

Esto se solía hacer en los meses de más calor esto es, la última quincena de julio y la primera de agosto, para que el agua empozada se calentara más y pudriese dadas las altas temperaturas de estas tierras en dichas quincenas. Una señal que la tradición oral arenense ha transmitido de generación en generación para desenriar el lino, consistía en coger una manada del pozo restregándola con las manos, para comprobar si la corteza o tasco se desprendía o no, sin perder la flexibilidad natural de dicha plata textil. Una vez desenrtiado el lino, se ponía a secar al sol en lugares propios para este menester, guardándolo para ser hilado en lugares secos y sombreados. Cosa que debía hacerse sin dejar pasar demasiado tiempo ya que las fibras perdían parte de su calidad si se trabajaban. En Arenas se conocía este proceso como enriado pero en otros pueblos del partido como Poyales del Hoyo por ejemplo se conocía con el nombre de empozado, o en Pedro Bernardo rendío, o el pudrío en la Adrada por poner algunos ejemplos. En el hermoso anejo arenense de Hontanares, este proceso se hacía directamente sobre el suelo o sobre manadas de años anteriores humedecidas previamente, lo que daba aún mayor calidad al lino resultante, pero alargaba considerablemente el proceso respecto al enriado o empozado, este sistema se conocía con el nombre de Pastoría, y había que tener mucho cuidado en mantenerlo húmedo, para lo cual se regaba a mano por las noches o a la madrugada. Una vez secas las gavillas de lino, se tascaban o escapuchaban, o lo que es lo mismo se separaban las flores y la estopa de las buenas fibras. Y como nada se desaprovechaba, la estopa se solía guardar para hacer con ella, costalillos para la aceituna, sacos para las piñas, e incluso ropa como camisas, camisones para trabajar, u otras prendas como manteles e incluso sábanas… como decía anteriormente. Para acelerar este proceso y poder limpiar el lino de su corteza se solía mojar un poco, con ello además lograban que las fibras no se rompieran en el siguiente proceso del espadeo del lino. El resto del lino limpio o manadas de linaza y de la estopa, se llevaban en sacos a las casas dónde grupos de fornidos mozos reunidos en animados corros, los tascaban o lo que es lo mismo, a golpe de machotas –rudos mazos de madera de encina- sobre los tradicionales poyos de piedra que todas las casas tenían en las fachadas principales junto a la puerta de entrada a la vivienda, quitando la corteza o tasca al lino, y separando la fibra en un proceso similar al cardado de la lana, salvando las diferencias obvias. Las mujeres se encargaban de picarlo con la ayuda de un apero llamado picador, el picador era un madero más ancho en su parte superior que la inferior y en el que iba incrustado una navaja o cuchillo por el que se hace pasar las manadas para eliminar las últimas impurezas que pudieran quedar tras el proceso del tascado.

Una vez machado con las machotas y tascada la corteza, quedaba listo para ser espadado e hilado en un proceso análogo al de la lana. Pero algo más delicado ya que las fibras del lino no se hilan con la facilidad que se hilaban las de lana. Requiriendo este proceso mucha más atención por parte de las mozas, para que las hebras quedaran del mismo grosor o diámetro, y sin nudos o pegote. Del mismo modo que el espadeo del lino, tarea que realizaban las mujeres con la ayuda del gramejón y la espadilla de madera y para lograr que los hilos fueran uniformes. Si el lino era de secano se solía sobarachar el lino con la ayuda de una tabla a la que previamente se habían realizado en unos de sus bordes unos cortes dejándolo de forma similar al filo de una sierra en el que se golpeaba y pasaba suavemente las manadas del lino, dejándola en punta en el otro extremo para poder clavarla en la tierra facilitando esta dura y tediosa labor.  Labor que del mismo modo algunas mujeres realizaban con la agramaera, otra herramienta consistente en dos piezas de madera a modo de mandíbula que encajan entre si y que hacía las mismas funciones de tascar y eliminar las impurezas del lino con menor esfuerzo, herramienta que suele ser muy rudimentaria y tosca y de grandes dimensiones, por lo que a veces realizaban esta labor algunos hombres para acelerar el proceso. De este modo quedaban las manadas listas para ser cardadas e hiladas. Hilado que a diferencia del hilado de la lana impregnada de lanolina oleosa, era preciso ir humedeciendo a medida que se hilaba con los dedos las fibras de lino con la saliva, logrando de este modo dar aún mayor flexibilidad a las hebras. En estos procesos también se cantaban canciones al efecto como pasaba con la lana.

Tienes los ojos azules, como las flores del lino.
Y yo el alma tengo herida, si no me casan contigo.

Enriando los linos, dijo un serrano,
Estas aguas las beban, tos mis contrarios.

Espadando me espera, la mi morena,
Espadando me espera, en la plazuela.

Espadando los linos, esta mi amante,
Sentadita a su puerta, junto a su madre.

Todo el día se lo pasa, machacando el lino ajeno,
Y yo lo paso pensando, quién será mi amor primero.

Si será mi amor primero, si será amor de mi vida.
Solo cuando estoy con ella, las penas son alegrías.

La mujer es como el fuego, el hombre como la estopa,
Aluego viene el diablo, y él sopla que te sopla.

Plaza de Machacalinos, donde vive mi morena,
Y en la plaza de la Nava, los suspiros y las penas.

En la plaza los Tasqueros, se juntan las buenas mozas,
Esperando sus amores, mientras dan a la machota.

En Parrillos siembro el lino, en la Tablá lo ato y tasco.
En la Avellanea lo enrío, y lo vendo en los Llanos.

Tras el tascado o limpieza del lino de las cortezas e impurezas, las manadas de lino se tenían que rastrillar. Para ello se usaba el rastrillo o tabla con clavos por las que se peinaban las manadas dejando las fibras sueltas sin perder la flexibilidad. En Arenas el rastrillo se llamaba asedaero, pues dejaba a las mandas de lino suaves como la seda. En este profeso se volvían a separar las mejores fibras o cerros de las de peor calidad, cosa que iba en función del lago y resistencia de las fibras. Las peores y más cortas fibras eran la estopa. Para este proceso era preciso que las manadas estuvieran totalmente secas, y para lograrlo no era extraño meterlas en hornos o aplicarlas calor directamente sin quemarlas ni tostarlas. Una vez asedás las manadas quedaba listo para hilarlo con la ayuda de un uso y de una rueca manual. Labor que requería de gran profesionalidad, pues lograr el grosor deseado para los hilos de lino, es algo realmente dificultoso y cansado, por lo que las hilanderas solían cobrar sus peonadas de más de ocho horas diarias. Labor que incluía además del hilado del lino, su devanado, ovillado y el blanqueo del mismo. Dice unas copla tradicionales de Arenas de San Pedro al respecto.

                                               Dicen que el lino quiebra, por lo delgado.
                                               Delgada es tu cintura, y no se ha quebrado.

                                              No se quiebra el lino, por lo delgado,
                                              que se quiebra por mañas, de mal hilado.

Cuando se quería lograr hilos fuertes de doble hilo incluso de dos colores, el lino se retorcía  con el uso torcedor, cuya ranura era mayor para permitir la torsión de sendos hilos ya hilados previamente.  Algunas mujeres lo hilaban con la ayuda del otro, pero en este coso los hilos solían ser de peor calidad, aunque más finos y blancos que en el caso de hilar con la rueca y el uso tradicional. Estos hilos eran muy apreciados para hacer labores más finas sobre todo bordados y deshilados tradicionales de esta comarca serrana. Una vez hilado el lino se aspaba con la ayuda de otro instrumento llamado aspa, sarrillo o cruceta, quedando listo para hacerlo madejas con las que coser o realizar las más variadas labores o telas en los telares tradicionales muy abundantes en la mayoría de las casas hasta finales del siglo XIX.  Una vez hilado, aspado y ovillado el lino se solía blanquear y en raras ocasiones teñir de otros colores. Para lograr darle la blancura deseada se lavaban los ovillos o telas de lino con agua hirviendo en grandes calderos de cobre, puestos sobre también grandes trébedes, cociéndolo durante horas con ceniza de corteza roble, de leña de enebro y algo de orín –en algunas ocasiones usaban la ceniza de la retama amarilla o de encina…- En este proceso el peligro era que el lino quedara pegado en las paredes del caldero, para lo cual había que estar removiéndolo constantemente con grandes cucharones de madera de pino o jaranzo. Luego se aclaraba con agua fría y así se repetía el proceso hasta lograr los hilos blancos como los quesos de cabra tiernos… poniéndolo a secar al sol en lugares destinados a tal efecto y que solían consistir en lanchas de piedra bien barridas o en el suelo barrido de los portalones o zaguanes, dando a las telas u ovillos vueltas para lograr un secado homogéneo y con ello una mayor blancura a los hilos. Todas estas labores las aprendían las mozas de las mujeres mayores y más experimentadas, logrando con este trabajo un dinero extra con el que contribuían a las diferentes economías familiares. Ya que en no pocos casos las propietarias de grandes linares solían contratar a cuadrillas de mujeres para que hilaran y blanquearan los diferentes hilos de lino…

Una vez secos los hilos en el caso de los ovillos se tenían que madejar, acto que se realizaba entre dos mujeres, una se limitaba a poner sus brazos mientras la otra iba enrollando los hilos ordenadamente, o con la ayuda del aspa o cruz de madera. En Arenas al aspa se le llama devanadera, conservándose en la tradición oral bellas historias como la leyenda de la piedra de la hibanadera. Quedando listo para coser, bordar o tejer en los telares tradicionales, algunos de ellos adaptados a este tipo de labor como los telares de dos tornos llamados tradicionalmente Enjulios. Del mismo modo esta labor eminentemente femenina de hilar el lino se conocía en la comarca arenense con el nombre filandaear o filandar. Momento en el que las mozas recibían las visitas de los mozos organizando improvisadas fiestas en las que era normal establecer relaciones matrimoniales. Por otro lado los mozos solían hacer ellos mismos y regalar a las mozas amadas los aperos necesarios para realizar estas labores consideradas tradicionalmente como de uso exclusivamente   - costumbre que se remonta más allá del primer milenio antes de Cristo, ya que en las necrópolis de los castros Vetones, se han encontrado en la mayoría de los enterramientos femeninos ofrendas consistentes en usos, pesas de telares, agujas y demás elementos relacionados con las artes y labores textiles y por ende con la mujer…-  Hasta mediados del siglo XX, momento a partir del cual la transformación del lino, tanto la de tipo familiar como la realizada a nivel industrial sufrió un grave retroceso hasta casi su total desaparición en estas tierras y la mayoría del territorio español.

La rueca y el uso.

La rueca. En estas tierras la rueca es una vara de madera de castaño o avellano de un metro más o menos de largo y dos centímetros de diámetro, que se ensancha con el llamado roquete en su extremo superior, roquete en el que se colocan los copos del lino o la lana. En ocasiones las ruecas se hacían con varas de cañas, en cuyo extremo superior en vez de colocar el roquete, se abrían a punta de navaja dejando cuatro horquillas, que se mantienen unidas a base de cordones anudados. En otras ocasiones las ruecas se hacían con flexibles verdugones de mimbre, colocándolos del mismo que en los casos anteriores el roquete o jaulilla. En estas jaulillas o roquetes era dónde se sujetan los copos de lana, utilizando para ello una cinta, cuerdecilla o cordel. Mientras que el lino más difícil de sujetar que la lana, se sujetaba con un caperuz, que como la palabra indica es una especie de caperuza de fina y suave piel de conejo a la que se hacía un a ranura por la que pasaban las finas y delicadas hebras y con la que se cubría para que no se ensuciara y sujetando además el lino a la rueca. Este instrumento se sujetaba debajo del brazo o sobaco derecho –o en el izquierdo en el caso de las mujeres zurdas…- Al tiempo que se sujeta con una mano la rueca con los copos de lana o lino. Con la otra se sostenía huso. El uso es un palito de madera de jara o de brezo generalmente, de menor tamaño y longitud que la rueca, en uno de cuyos extremos se coloca la fusa o pesa. Pieza que suele ser de barro cocido, hueso o piedra de forma circular, que ayuda a mantener el movimiento giratorio y rotatorio impulsado con maestría y tino por la mano de la hilandera o hiladora. En el extremo opuesto al que se coloca la fusa, se le efectúa una ranura en espiral cuya finalidad es la de facilitar la sujeción de la hebra. También había quien usaba una husillo, que era más pequeño que el huso con un gancho en vez de la ranura, con el mismo fin o utilidad de sujetar el hilo. A título de curiosidad recordar las palabras que dejó escritas Madoz en su diccionario geográfico y estadístico del año 1847, referentes a las industrias de Arenas de San Pedro. Concretamente al abundante lino que se sembraba por entonces en el término municipal, linares y lino con el que se mantenían muchos telares y una sombrerería de fino paño… también las villas de La Adrada o Pedro Bernardo entre otras disponían de linares y telares destinados a estas labores relacionadas con el hilado y tejido del lino. Mientras que en la Villa de Mombeltran hubo un telar de lienzos que abastecía a los pueblos de las cinco villas.

Fachada principal de la Reál Fábrica de Sedas
de Talavera de la Reina, año 2011. Foto del autor.
 La seda etimología e historia.
La palabra seda es un derivado del vocablo latino seta que significa cerda o pelo resistente… la seda es producida con proteínas de los gusanos, cuando estos fabrican sus capullos previos a la metamorfosis a través de la cual se convierten en mariposas…  Siendo la única fibra natural carente de cutículas en su superficie. Para fabricar dicha fibra los gusanos disponen de dos glándulas especiales, por las que fabrica la fibrilla, las cuales al unirse conforman la fibroína. Unión que se logra gracias a otra sustancia pegajosa llamada sericina. La industria sedera tiene su origen en la cultura china del año 2640 a.C. cuando la emperatriz Si-Ling-Chi, descubrió el sistema de la cria y el deshilado de los capullos de los gusanos de seda, e inventando el primer telar para su transformación en delicadas, coloristas y brillantes telas… Siendo monopolio chino durante más de tres mil años, pues el castigo para quienes revelasen el secreto de su hilado era ni más ni menos que la muerte. Hasta que en el año 300 de nuestra era aproximadamente los japoneses aprenden el misterio de tan preciada tela. Gracias a cuatro concubinas chinas que llegaron a la isla y a las que se erigió un templo en la ciudad de Setsun, en agradecimiento a sus conocimientos sederos. Convirtiéndose la cultura nipona en la primera potencia mundial en cuanto a la producción y calidad de los hilos e hilados de seda. En el año 400 llega a la India el árbol de las moreras y morales con los gusanos de seda, de allí paso a Persia y a las poblaciones del Asia Central, y de ahí a la Grecia clásica. Roma por su parte tubo que esperar hasta la toma de Constantinopla  para aprender tal arte, gracias a que el emperador Justiniano el cual aprendió el secreto gracias a la intervención de dos monjes chinos llegados a su reino mediterráneo, manteniendo la hegemonía y el secreto hasta el siglo VIII, cuando la pujante cultura árabe expande los misterios de la seda por nuestra península y de nuestra península a la península de Italia y las Galias. Ya en el año 1680 llega a Inglaterra y a las colonias americanas… Hay al menos dos tipos de seda diferentes a saber, la seda cruda y la seda desgomada. La seda cruda es la que se logra gracias a la unión de varios hilos de seda. Hebras que se van deshilando y uniendo gracias a la cocción en grandes recipientes con agua caliente de los capullos. Este sistema hace que la seda pierda o mejor dicho disuelva la sericina, por lo que los hilos son algo rígidos y sin el brillo natural de dicho filamento o fibra. Mientras que la seda desgomada es la que se obtiene eliminando por completo la sericina, cosa que se logra lavando los hilos con jabón y agua tibia. Lo que da como resultado unos hilos sueltos, flexibles, brillantes de color plateado blanquecino.

Detalle de miriñaque de seda azul, adornado con
un galón y puntilla de plata de estilo español.
siglo XIX. Propiedad del autor.
Con el tiempo se lograron otros tipos diferentes de sedas como por ejemplo la seda suavizada, o totalmente desgomada lo que hace que la seda pierda una parte importante de su peso haciéndola crujiente al tacto y más flexible que las anteriores… Sin embargo y debido a que la seda siempre se ha vendido al peso, había otros sistemas que hacían que la seda recuperara o incluso aumentara su peso, que no volumen, gracias a diferentes tratamientos con cloruros o sales de hierro o estaño. Tras este proceso se vuelve a sumergir los hilos de seda en fosfato sódico, repitiendo este proceso reiteradas veces, para finalizar con un tercer y último paso que consiste en bañar la seda en una solución de silicato sódico, aumentando el peso de los hilos un veinticinco por ciento como mínimo. Este proceso de aumento de peso se le denomina Cargado de la seda. En la España se elaboraban sedas de muy diferentes calidades algunas de las más conocidas fueron y son las seda Ahogada que era la que se lograba tras ahogar previamente al gusano que esta en el interior de los capullos. La seda Artificial o de Rayón. La seda Azabache que era la de peor calidad al ser la obtenida de las primeras capas de los capullos. Seda Conchal sin duda la de mayor calidad y valor, al ser la resultante de la clasificación y elección de los mejores capullos…  La seda Cruda que es la que conserva parte de su grasa natural… La seda Candonga o Candongo la de hilos más finos de todas… Seda de Capullo que es la más gruesa o basta al ser obtenida con los peores capullos… Seda Floja o sin torcer… Seda Joyante la más brillante de todas y de hilos finos como la Candonga… Seda de Medio Cochal de inferior calidad y escaso peso… Seda Ocal es la que se obtiene de los capullos ocales muy fuerte pero de baja calidad… Seda Verde  que es la que se obtiene hilando los capullos sin matar al gusano que esta en su interior…

Una vez obtenidos los hilos de seda se pueden teñir en las madejas o una vez tejida y elaborada las telas en los telares. Sin embargo el proceso de hilado difiere de las demás fibras, ya que no se hila propiamente las fibras al estar ya conformando largos hilos, llamándose este proceso molinaje. El molinaje consiste en verter los capullos en un recipiente con agua caliente para ablandar los capullos, uniendo los hilos de un mínimo de 5 capullos y un máximo de 20. Para lograr la unión de los hilos de diferentes capullos hay dos sistemas tradicionales uno llamado Chambon y otro que recibe el nombre de Tabelette, y que cosiste en ir torciendo y retorciendo los hilos en caliente logrando su ligazón en una sola hebra larga, brillante y flexible. Logrando como resultado final la consecución de los mejores y más valorados hilos por su suavidad, brillo, resistencia a la humedad, caída, fácil lavado y flexibilidad, lo que hace que las prendas realizadas con esta fibra natural sean las más confortables, bellas, prácticas y sutiles.  Tal es así que en el refranero castellano existen varias frases hechas como por ejemplo ser o estar algo o alguien suave como la seda…

                           La seda en el partido de Arenas de San Pedro.

Considerada tradicionalmente la seda como un articulo de lujo, la seda se compraba en los comercios que la importaban de los principales centros productores en Valencia, Madrid, o Cataluña…  Pero a partir del siglo XVII los pueblos y ciudad de Arenas se especializaron en la obtención de la materia prima y cria de los gusanos, una más que importante fuete de riqueza para maltrecha economía de las familias de nuestras localidades. Dedicando grandes extensiones a la plantación de morales y moreras con la que se alimentaban los gusanos en las casas de nuestros antepasados. Como atestiguan los abundantes toponimos como por ejemplo la plaza de los Morales en el centro de la ciudad de Arenas de San Pedro entre otros.

Detalle de la puerta principal de la Reál
Fábrica de Sedas de Talavera año 2011.
Esta labor de la cria y venta de los capullos de seda, era ejecutada por mujeres sobre todo solteras, a cambio de dinero o de hilos de seda con los que se elaboraban los más suntuosos ajuares de boda. Los hombres se limitaban a preparar los terrenos y plantar los árboles, cuidándolos con las podas y abonos correspondientes durante el año… Para ello en cada casa se disponían en basares de madera con amplias bandejas los gusanos que las mozas criaban y alimentaban con las hojas de las moreras plantadas a tal efecto que ellas mismas recolectaban y seleccionaban. Una vez que los gusanos se envolvían en los capullos brillantes, estos se vendían al peso a las labranderas de Talavera de la Reina y o de Lagartera. Para ello no tenían que desplazarse a dichas localidades, ya que las propias labranderas se desplazaban por todos los pueblos de nuestro partido para comprar directamente los capullos a las mujeres que los criaban con todo tipo de mimo y primor. Capullos que iban destinados a la Real Fabrica de Sedas de Talavera inaugurada el año 1748, y que impulsó sustancialmente la economía de estas tierras, enriqueciendo el ya de por si rico vestuario tradicional de los serranos y serranas. Fabrica que se instauró gracias a los desvelos del ministro Carvajal y Lancaaster y a cuyo frente se puso al maestro en sedas francés Monsieur Ruliere. Fabrica que dispuso de otros edificios como el construido en la cercana Cervera de los Montes…  Fabrica que se instaló en la vecina ciudad de Talavera por estar cerca de la corte madrileña y por la disponibilidad de materias primas aportadas entre otros por los pueblos del Partido arenense, su principal proveedor al ser estas tierras de excelente calidad para el cultivo de los morales y moreras que alimentan al gusano productor. Sin embargo y debido a que no había en la comarca talaverana y arenense maestros especializados en la elaboración de la seda, fue preciso contratar a 123 operarios venidos de Francia en su mayoría, que debido a la importancia de la Real Fabrica pronto fue aumentada a unos 600 operarios, siendo tan solo 9 de ellos vecinos naturales de la ciudad de Talavera de la Reina.

La importancia de las sedas labradas en Talavera fue tal que ya en el año 1777 contaba 50 telares de oro y plata. Más otros 60 telares de tejidos de dibujos a labor. 80 de terciopelo y géneros lisos. 26 de listonería. 8 telares de cintas labradas y o bordadas. Unos 50 para la elaboración de medias… llegando la producción a un total de 50.000 libras de capullos de seda. Alcanzando un gran prestigio las sedas que de esta Real Fabrica salían para la corte y el resto de cortes europeas. Vistiendo a reyes, prelados y adornando con sus bellos tapices los más importantes palacios como el palacio Real de Madrid entre otros e incluso el Vaticano. Auge y prosperidad que chocó con la cerrada mentalidad católica ante las ideas protestantes de los artesanos y maestros sederos llegados de Francia. Los cuales tenían licencia del ministerio para ejercer sus creencias, prohibiéndolos que hicieran proselitismo de las mismas públicamente… lo que no evito que interviniese el Santo Oficio en algunas ocasiones en contra de tales pensamientos religiosos opuestos frontalmente con el catolicismo español imperante en dicho siglo.

Detalle de mantellina hechas en seda y
terciopelo, y tiranas de azabache, S. XIX,
propiedad del autor.
Como pasó por ejemplo el año 1759 año en el que los inquisidores de Talavera abren expediente e informan a la suprema de ciertos abusos de los herejes trabajadores de la Real Fabrica… abriéndose ni más ni menos que unas doscientas denuncias… muchas de ellas por los comentarios despectivos que algunos de estos franceses y belgas hacían del culto de ciertas imágenes incluida la idolatrada patrona de la ciudad Ntra. Sra del Prado. Lo que causó agudos conflictos entre la población y la dirección de la Real Fabrica de sedas… sin embargo no todos los artesanos y maestros sederos eran protestantes, algunos eran católicos, los cuales al no conocer nuestra lengua solicitaron el auxilio de un prelado que conociera la lengua francesa, cargo que llevó a cabo el erudito franciscano fray José de Humera que hablaba perfectamente la lengua vecina. Sin embargo y a pesar de la abundante documentación referente a las denuncias hacia los herejes galos y belgas, solo una fue tenida en cuenta, la ejecutada contra un tal Claude Bourban, el cual fue procesado… otros como el alemán Enrique Cazote se convirtió al catolicismo siendo finalmente enterrado en la iglesia de San Andrés… Otro caso curioso fue el incoado en el año 1781 por el dominico fray Luís Gutiérrez, primor del convento de San Andrés. El cual se dirigió al Consejo de la Suprema Inquisición Española afirmando que en la ciudad y comarca de Talavera había una verdadera epidemia de herejías impulsadas por los sederos de la Real Fabrica… debido a que estos y a pesar de estarles prohibidos el contacto y mezcla con la población hacían impunemente proselitismo de sus ideas heréticas. Acusando al librero de la calle Mesones Sr. Rubio de la venta de libros heréticos y otras obras blasfemas, como por ejemplo unos abanicos conocidos como Linterna Mágica de Amor, los cuales al mirarlo al trasluz del sol y o una candela se podía ver figuras humanas en actitudes pornográficas de las que no se escapaban ni siquiera los miembros del clero… todo esto más la profunda crisis de os siglos XVIII y XIX, hicieron que la Real Fabrica de Talavera cerrara sus puertas, con el grabe perjuicio económico tanto para la ciudad como para los pueblos de su partido y los del partido de Arenas de San Pedro.

Detalle de Chambra arenense para ir a los toros
de satén, brocados y botonadura de plata.
S, XIX, Propiedad del autor.
Sin embargo y pese al cierre de la Real Fabrica de Talavera el año 1818, hubo localidades que continuaron con tradición sedera importando los hilos y telas, vendidos en los comercios de Arenas de San Pedro, Pedro Bernardo o la Adrada por ejemplo. Centros en los que se continuo bordando en rica seda diferentes elementos de los trajes tradicionales, como por ejemplo las basquiñas, miriñaques, mantellinas, medias, siguemepollos, puñetas y gorgueras de los jubones, blusas, chambras, etc. Centros productores a los que hay que añadir la vecina y hermanada villa de Lagartera, cuyas mujeres viajaban por toda la comarca abasteciendo a comercios y particulares de dichos elementos suntuosos, salidos de sus prestigiosos telares y labranderas. Yo mismo he conocido a algunas de estas mujeres que traían a mi ciudad de Arenas los manteles, toallas, sábanas, colchas, pañuelos y demás piezas con los dibujos previamente grabados, junto a los hilos, para que las bordadoras de Arenas los terminasen a cambio de una pequeña cantidad de dinero o de material con el que elaborar sus propias obras… Tal esa si que en las relaciones de noviazgo entre las mozas y mozos de Arenas y los demás pueblos del partido, ha sido costumbre hasta hace unos treinta años aproximadamente, regalar los novios a las novias un pañuelo de seda bordado con brillantes hilos del mismo material, con el que hacían publico y notorio su compromiso, una vez consentido por sendas familias. Basta con echar un vistazo al cancionero tradicional para corroborar tal costumbre, sirvan estas coplillas como ejemplo.

                                                    El arroz Catalina, no me lo diste.
                                                    Pañuelito de seda, que te perdiste.

                                                   Mi novio me dió, me dió. Y si me dio que me diera.
                                                   Para lograr mis amores, un pañuelito de seda.

                                                  Al entrar en Arenitas, veras los corros de mozas.
                                                  Bordándose los pañuelos, de claveles y de rosas.
                                                  Y las verás sentaitas, bordando con seda al sol,
                                                  Los pájarillos alegres, ayudan en su labor.

                                                 Tendido está en los rosales, el pañuelito de seda.
                                                 Aquel que me regalaste, para los días de fiesta.

                                                El pañuelito de seda, tendido está en los rosales,
                                                Con el ramito de flores, que parecen naturales.

                                               Mi novia es hilo de seda, agujilla de marfil.
                                               Cogollo de hierba buena, manojo de perejil.

                                              El pañuelito de seda, se lo di a la carcelera.
                                              Que le quitara cerrojos, y la libertad me diera.

                                             El pañuelito de seda, cuando lo vas a estrenar,
                                             El día en yo me case, o pal día del Pilar.

                                            El pañuelito de seda, que regalé a mi serrana,
                                            Los ramitos son de oro, y las flores son de plata.

                                          El algodón etimología e historia.

Su utilización textil se remonta a más de tres mil años en la India y la América central y meridional. A Europa llega según la tradición y los estudios arqueológicos gracias a la intervención del insigne Alejandro Magno, siendo los árabes en el siglo IX los que introducen su cultivo y uso textil en la península Ibérica. Siendo considerada una fibra textil muy practica y útil para las clases sociales menos pudientes o más empobrecidas, por lo que no tubo gran repercusión hasta el siglo XVIII, fecha a partir de la cual comienza su cultivo a gran escala, gracias a su uso en la medicina moderna.

Fajas de lana boradas y fajín de algodón,
para diferentes momentos propiedad del autor.
La palabra algodón deviene del vocablo hispanoárabe al-qotón. El nombre genérico es gossypium siendo una planta de la familia de las malváceas, aunque hay varios tipos diferentes o subespecies en el mundo. Ya que se puede presentar en forma herbácea, arbustiva o arbórea dependiendo de la especie… del mismo modo dependiendo de la clase de algodón puede ser una planta anual, bienal o vivaz. El algodón que se sembraba en estas tierras no solía alcanzar una altura mayor al metro o metro y medio. Es una planta con una profunda y larga raíz pivotante, de tallo recto y muy ramificado con abundantes hojas  palminervias, lobuladas y de largo peciolo. Las flores acampanadas son de color ocre o amarillas tornándose de color rojo o granate a medida que se abre y madura. El fruto en forma de cápsula ovoide adquiere un tamaño una pelota de tenis como máximo, de color verde en sus primeras etapas tornándose de color de color morado a medida que madura. El fruto se presenta en tres o cinco lóculos en donde se desarrollan las semillas agudas, ovales, bellosas o lisas dependiendo de la especie, envueltas en una fibra sedosa de color blanco o amarillentas. Del algodón se aprovecha únicamente la fibra sedosa en la que van envueltas la simiente. Dependiendo del tamaño y longitud de dichas fibras sedosas se puede clasificar el algodón de la siguiente forma. Algodón Americano el que tiene una longitud entre 22 a 32 mm. El Egipcio cuyas hebras tienen un largo de 35 a 40 mm, siendo este el tipo de algodón de fibras más largas de todos los existentes. Y el algodón Indio de fibra corta unos 23mm como máximo de largo. Las principales especies de algodón son el Barbadense, del que hay a su vez varios tipos o subespecies diferentes y a la que pertenece el algodón Egipcio. El algodón Herbáceum al que pertenece el algodón Indio y del que también hay varias clases diferentes como en el caso anterior. El algodón  Hirsutum al que pertenece el algodón Americano, cuyas semillas son las que sembraron en los campos españoles y en nuestras tierras como veremos más adelante. Otras clases de algodón son el Arboreum, el Peruvianum, el Taitense y el algodón Sandwechense.

Para sembrar esta planta textil se requieren terrenos húmedos muy soleados y templados. Precisando grandes cantidades de agua para su abundante riego, por lo que se solía sembrar cerca de las márgenes de ríos o de las gargantas en las dehesas y valles cercanas al Tiétar, pues esta planta soporta cómodamente altas temperaturas, siempre que no la faltase el agua en sus raíces, sin embargo no soporta el exceso de agua por lo que los campos de algodón precisaban de eficaces sistemas de drenaje que eliminasen el agua sobrante capaz de pudrirlo. Lo que no soporta de ninguna manera es el frío y menos aún el hielo. En cuanto a la calidad de los suelos suelen ser los terrenos sueltos y frescos, desechando aquellos con excesiva cal. Suelos que por lo general no precisaban de un abonado profundo ni excesivo al ser una planta austera y de gran rendimiento siempre que se sembrara en el lugar apropiado para su desarrollo. Para ello en el otoño con las tierras húmedas se araba a conciencia el terreno, dejándolo preparado para la siembra. Antes de sembrar el algodón las semillas se tenían sumergidas en agua por lo menos un día para facilitar su germinación. Posteriormente se sembraban en semilleros o del mismo modo que en el caso del lino, esto es por esparcimiento manual o con un cedazo agujereado para tal proceso. Tras la germinación se iba a los algodonales para realizar una entresaca en la que se arrancaban las menos desarrolladas dejando únicamente las más fuertes y vigorosas, momento en el que se aprovechaba para binar las tierras eliminando las malas hierbas que salían junto a las plantas de algodón, labores que realizaban los hombres y los más jóvenes a jornal.  Labores esta de binar las tierras que solían realizarse tantas veces como fuera preciso, pues de ello dependía el buen desarrollo y resultado final de las fibras textiles.  Una vez que las matas adquirían cierta altura – más de 50 cm. – se cortaban las hojas y ramas inferiores para que la planta adquiriera más fuerza y mayor productividad, labor esta que también realizaban los hombres ya que las mujeres podían partir o tronchar las matas, con el peso de sus refajos y o guardapieses del mismo modo que en el caso del lino.

El algodón se cosechaba en los rigores del verano cuando menos humedad hay en el aire y más calor hace, ya que el agua en las últimas fases de su maduración merman la calidad de la fibra considerablemente. Por eso se hacía entre la última quincena de julio y la primera de agosto. La recolección era realizada tanto por los hombres como por las mujeres, y se solía hacer de dos formas, arrancando las cápsulas lo que hacía a las fibras perder parte de su calidad o recogiendo únicamente el algodón que era la mejor forma de recolectarlo. Separando las semillas de la fibra sedosa para una vez molidas lograr un aceite muy valorado incluso en la gastronomía humana o animal. Ya que del mismo modo que se hacía con la linaza con el aceite de la simiente del algodón se hacían unas tortas o panes para alimentar a los animales de tiro como las vacas, bueyes o equinos… aunque había quienes las vendían a las empresas e industrias relacionadas con la fabricación de lacas, celofán, papel, barnices…

                                                  El hilado del algodón.

El hilado del algodón no difiere sustancialmente del hilado del lino. Lo primero que se hacía era lavarlo y secarlo para una vez seco y limpio separar las diferentes fibras logrando con este proceso varias calidades del mismo. Calidades que son importantes para el siguiente paso de torsión y elaboración de los diferentes hilos dependiendo del grosor de los hilos. En este proceso lo más complicado era el deshacer los nudos del algodón, labor que se realizaba a mano copo a copo, este proceso se conocía con el nombre de Abrir los copos. Una vez limpios y abiertos los copos de algodón se llevaban a los batanes para abatanarlos del mismo modo que la lana para la obtención de paños y fieltros. Una vez abatanado el algodón se obtenía la llamada Napa, quedando lista para su cardado en la carda o rastrillo. Con el cepillado o rastreado del algodón se volvía a hacer una segunda selección de las diferentes fibras, separando las más largas y blancas de las más cortas y ocres, para destinarlas a diferentes usos siendo las primeras las de mayor calidad y valor económico. A continuación la napa cardada era peinada y cortada en largas cintas o tiras quedando lista para su hilado.

Para hilar las cintas peinadas de la napa, se precisaba del uso y de la rueca, con el que las mujeres iban dando el grosor preciso a las fibras. Precisando esta labor de una muy lata especialización, pues no es fácil lograr hilos finos y resistentes, cosa que se lograba gracias a la doble torsión de las fibras. Cuando querían lograr hilos finos y resistentes solían unir por torsión más de dos finísimos hilos, con la ayuda de unos usos especiales cuya ranura permite la cabida de dos o más hilos o hebras. A continuación se enmadejaban o se enrollaban en ovillos quedando dispuestos para coser o tejer del mismo modo que el lino o la lana. De todos modos y a pesar de lograr los hilos más resistentes de cuantos había tradicionalmente, su acabado nunca iguala la belleza y perfección de los realizados en lana, lino o seda. Por lo que eran utilizados por las clases más desfavorecidas como decía anteriormente. Por eso en ocasiones los hilos de algodón se mezclaban con los hilos de seda para lograr un acabado más perfecto y hermoso, en menor medida con hilos de lana o lino. En cuanto al sistema tradicional de tinte del mismo no difiere en absoluto del proceso del tinte del lino o de la lana. Por todo lo dicho en tiempos de crisis el algodón se convirtió en la primera fibra textil, gracias a su austeridad y pocas exigencias agrícolas, la calidad y abaratamiento de su acabado, y lo prodigo de su producción.

En el partido de Arenas de San Pedro se ha sembrado algodón hasta principios del siglo XX, sobre todo en las vegas de la ciudad de Arenas, Lanzahíta, Poyales del Hoyo y Candeleda, cuyos términos tienen terrenos idóneos para el cultivo de este vegetal en las dehesas y llanos cercanos a la ribera del río Tiétar. Algodón que además de servir para el uso y abastecimiento textil local, era vendido a los fabricantes e industrias que hasta estos pagos venían en pos del preciado material textil. Siendo un buen complemento para las economías familiares, sin que adquiriese nunca el valor e importancia de los linares, pañerías y crianza de los gusanos de seda. A título de curiosidad las mujeres de estas tierras, solían guardar sus aderezos de oro y plata metidos en finas cajas labradas de madera, entre algodones para que la humedad no les estropease, costumbre que aún se mantiene vigente… En cuanto al uso de los hilos de algodón este se solía utilizar para hacer delantales, sayas, basquiñas, miriñaques, chambras y blusas todas ellas para el uso laboral o de diario, quedando curiosas, practicas e interesantes muestras en las arcas de los pueblos y ciudad de Arenas de San Pedro. En menor medida se solían hacer toallas, manteles, medias, calzapollos o calzas…

                                             Breve  historia de la aguja:


Detalle de chaleco de terciopelo bordado `por
mi buena amiga y maestra la Sra. María de León
de Predro Bernardo. Propiedad del autor.
La palabra aguja tiene su etimología en el vocablo latino acucula. La inventa el hombre y la mujer prehistóricas hace unos 15.000 años, al mismo tiempo que invento el anzuelo y el arpón unidos con un cordón o una cuerda como método de recuperación del mismo. Las primeras agujas fueron de hueso, para después fabricarse en marfil, hueso, raspas o espinas de algunos pescados, madera presentando comúnmente dibujos o decoraciones sencillas. Y posteriormente en metal, sobre todo en bronce o de hierro. Se utilizó inicialmente para unir y coser determinadas fibras textiles y sobre todo pieles y para poder adaptar mejor las pieles ya curtidas al cuerpo humano, confeccionando de este modo las primeras prendas de vestir. Además permitió fabricar otros objetos como los contenedores en forma de odres de cuero, para el almacenamiento y transporte de líquidos, así como para su calentamiento y hervidos, colocando el odre con agua encima de un trípode de madera y añadiendo piedras calentadas previamente al fuego. Y también para realizar redes y mayas con las que cazar y pescar… En el antiguo Egipto había gran variedad y formas en cuanto a agujas se refiere, siendo las que usaban griegos y romanos exactamente iguales a las utilizadas hoy en día. de todos modos hasta el siglo XVI no se fabricaron en España las agujas de acero finamente pulimentado. Agujas que pronto alcanzaron gran fama y renombre no solo entre los reinos europeos, sino en los orientales, en clara competencia con las agujas medievales fabricadas en la vecina Italia… Y como es lógico dependiendo del uso que ha de tener dicha herramienta, las hay de muy diferente forma y nombre, las más usuales son.

-         Aguja capotera. La más grande de las que se usa en costura.
-         Aguja colchonera.
-         Aguja de aneurisma o con mango.
-         Aguja de arria o espartera.
-         Aguja de enjalmar.
-         Aguja de gancho o ganchillo.
-         Aguja de mechar la carne.
-         Aguja de punto o medias.
-         Aguja de verdugado, la más gruesa aguja utilizada en sastrería.
-         Aguja mechera.
-         Aguja percutora.
-         Aguja para coser costales o sacos.
-         Aguja de coser.
-         Agujón o pasador.

A estos tipos de agujas hay que añadir otras palabras con la misma etimología como por ejemplo;

-         Agujadera. Mujeres que hacían ojales para los bonetes, tocas, gorras o punto.
-         Agujalador. Alarife que hacía los agujales o huecos en los que instalar los andamios en las obras de construcción.
-         Agujeteras. Mujeres que hacían las agujetas o los cinturones o cintas para sujetar los calzones o pantalones.
-         Agujueleros, fabricantes de clavos y puntas metálicas.
-         Ogajuo, jaugo, o agajuo, hoja seca de los pinos.

Detalle de pico de pañuelo femenino para la
cabeza, bordado al estilo navalqueño.
Propiedad del autor.
Sea como fuere la función principal de las agujas es la de perforar una superficie para unirla a otra, labor que se denomina coser. Y la palabra coser tiene su etimología en el latín consuere. Labor que se ha venido realizando a mano desde su invención hasta el año 1790, cuando fue inventada la máquina de coser en la Inglaterra industrializada. Siendo perfeccionada en los años 1807 y sobre todo en los años 1835 y 1851. Actualmente existen unas trescientas maquinas de coser con diferencias especificas en su funcionamiento y resultado, máquinas que pueden ser accionadas por motores eléctricos logrando con este sistema unas cuatro mil puntadas por minuto. A mano consiguiendo unas cincuenta puntadas por minuto Y a pie, sistema este que permite hacer unas mil puntadas por minuto. Además de la función de unir telas o diferentes piezas para confeccionar ropas y otros elementos textiles, las agujas permiten otro tipo de labores como por ejemplo los bordados. Bordados que en estas tierras adquieren nombre o mejor dicho renombre propio, al estar influenciado este arte por las técnicas primorosas de la vecina y antigua villa de Navalcan y la de Lagartera. Cuyos bordados tradicionales difieren del resto de los bordados hispano y europeos, y en las que se desvelan raíces orientalizantes arcaicas. Siendo muchas las mujeres de esta comarca arenense que hasta hace poco tiempo trabajaban bordando para dichas localidades a cambio de dinero, dinero que servía para ayudar a la economía familiar sobre todo entre las mujeres solteras y viudas. Dice una coplilla tradicional arenense.

                                                Al entrar en Arenitas, lo primero que se ve.
                                           Es a una linda serrana, bordándose el guardapies.

Tiras bordadadas al estilo navalqueño para
hacer una pechera y puño de la camisa.
Regalo de la Sra. Carmen Otero y propiedad
del autor.
Estas mujeres no se las llamaba bordadoras, sino labraderas. Labranderas cuya fama ha sido reconocida dentro y fuera de nuestra comarca desde Navahondilla hasta Candeleda.  Mención especial merecen las bordaoras de Pedro Bernardo. Las cuales realizaban un tipo de bordado muy personalizado que nada tiene que ver con las influencias navalqueñas ni lagarteranas. Sobre todo en los bordados tradicionales de los pañuelos de ramo, los refajos de sus trajes tradicionales de carnaval, y las mantas, cabezales, enjalmas, etc. con que adornan las caballerías los días de fiesta de esta curiosa y típica localidad muy querida para el que escribe. La palabra bordar tiene su etimología en el vocablo germano bruzdon. Y del mismo modo que en caso de la costura o cosido tradicional existen muy diferentes estilo y formas de realizar esta preciosa tarea, además de las técnicas locales anteriormente expuestas.
Como por ejemplo;


-         Bordado a canutillo con hilos y pasamanería de plata u oro.
-         Bordado al pasado.
-         Bordado a tambor o de cadeneta.
-         Bordado con aplicaciones o de aplicación.
-         Bordado de imaginería.
-         Bordado de pasado.
-         Bordado de realce.
-         Bordado de sobrepuesto.
-         Bordado a Plumilla.
-         Bordado Navalqueño.
-         Bordado Lagarterano.
-         Bordado de Pedro Bernardo.

Del mismo modo que la costura o arte de coser, el bordado se remonta a la protohistória, siendo los primeros bordados realizados con hilos de lana y lino y agujas de madera, hueso y espinas de pescados muy finas... una de las primeras culturas de las que se tiene constancia de realizar estas intrincadas y bellas labores es la egipcia, estando en este caso relacionada directamente con el arte de los tapices. También los hebreos conocían y trabajaban estas artes, aplicadas no solo a los ropajes sino al velo y colgaduras de buen lino bordado con hilos de oro que cubría el templo. Del mismo modo que las antiguas ciudades mesopotámicas de Babilonia y el Asia menor. Los mismo romanos compraban y comerciaban con los pueblos de Asia ricas telas bordadas que pronto imitaron y personalizaron. En el occidente europeo hay que esperar a la Alta Edad Media, para ver como estas artes textiles se expanden y adquieren una importancia ostensible. Sobre todo a partir del siglo XI, siglo en el que aparecen primorosos estandartes, tapices y ropas de uso militar y religioso sobre todo bordados en muy diferentes estilos y formas decorativas. Organizándose a partir de este momento los primeros gremios de artesanos y artesanas bordadores profesionales…

Detalle de mantón de Manila de seda azul
bordado con hilos de seda ocres, propiedad
del autor.
En la China del siglo XIII se crearon los primeros talleres y escuelas de bordados en seda. Bordados que pasarían a nuestro país, a través de la colonia de Filipinas. Bordados de gran fama no solo por la calidad y estilo en el que este tipo de labor textil se realiza, sino por los temas decorativos tan personales y cuyo mejor exponente son sin lugar a dudas los afamados y valiosos mantones de Manila, llamados de este modo por ser esta ciudad el centro productor de los mismos. Arte esta la de labrar o bordar en seda que tubo en Mallorca o Valencia, dos de los muchos centros en los que se instituyeron escuelas y talleres altamente cualificados y reconocidos dentro y fuera de nuestra península. En nuestro país mucho se le debe a la cultura árabe, gracias a la cual nuestros bordados adquirieron fama e importancia en todo el orbe occidental, destacando entre otras las ciudades de Córdoba, Granada o Almería como centros en los que se institucionalizaron las primeras escuelas y talleres dedicados a los bordados. Seguidos por otras ciudades como Guadalupe, Barcelona, Toledo, Gerona, Valencia, etc. de un modo similar ocurrió en otros reinos cristianos como los estados italianos, Rusia, Inglaterra o Francia por poner algunos ejemplos. Destacando de entre todos los bordados tradicionales los de España, Grecia, Turquía y los países balcánicos o caucásicos. También los conventos de monjas influyeron considerablemente a la expansión y profesionalización de estas labores, ya que en el silencio y la meditación de las diferentes ordenes monásticas femeninas, de donde salían por encargo bellas y primorosas labores bordadas sin prisa tras los muros de los conventos. Como por ejemplo los realizados por las monjas Agustinas Recoletas de Arenas de San Pedro las cuales abastecían de finas telas bordadas a la nobleza e hidalguía local, así como a los demás conventos de agustinos y a las parroquias del partido arenense… labor que siguen realizando de forma magistral las Carmelitas descalzas del convento arenense.

Detalle del "ramo" de un mantón de manila
de seda bordado en seda, propiedad del autor.
Además de los bordados las agujas permitían otro tipo de labores como por ejemplo los preciosos y delicados deshilados incluida la técnica llamada Richelier. Básicamente consiste en ir contando y sacando los hilos de las telas haciendo dibujos florales, zoomorfos o geométricos, bordándolos y sujetándolos a la tela con los propios hilos que se iban sacando con mimo y esmero. Estas labores eran muy apreciadas y quedan espléndidos ejemplo sobre todo en mandiles, delantales, enaguas, sobrecuellos, puñetas, camisas, camisones, pañuelos, e incluso en calzones y camisas masculinas. Siendo todas estas prendas consideradas de gala y lujo, usadas en ceremonias, fiestas o momentos realmente importantes en el día a día de mis paisanos y paisanas. Estas labores las solían hacer las labranderas y bordadoras profesionales a cambio de pingues cantidades de dinero al tratarse como decía, de artículos de lujo. También solían hacer delicadas sábanas de novia o de dote, manteles, toallas he incluso colchas que eran expuestas los días previos a las bodas, para ser guardadas en las arcas con mucho cuidado pues formaban parte de lo más preciado en las herencias. Era tradición en estas tierras que las novias hicieran a los novios las camisas y calzones deshilados aprendiendo desde niñas, o encargárselas a bordadoras y labraderas profesionales. Como queda reflejado en estas coplas hermosas de nuestra tradición oral cantadas en los contextos de las fiestas de anteboda, boda y tornaboda, dicen así.

                                  Si supiera que eras mío, te bordaría una camisa.
                                  Pero no visto yo altares, pa que otras digan las misas.

                                 Si supiera que eras mío, te bordaría unos calzones,
                                 Pero como no lo eres, la que te quiera los borde.

                                Si supiera que eras mío, te bordaría unos calzones,
                                Pero no he sembrado el lino, pa cebar a los ratones.

Además de estas labores realizadas con la aguja hay otras muy apreciadas y comunes como por ejemplo los primoroso y laboriosos encajes de bolillo. Los encajes de bolillo se hacían con la ayuda de una almohadilla de tela rellena con paja de centeno, paja de lino, o con algodón, con la forma de un pequeño saco. Este saquito se apoyaba en el respaldo de las pequeñas sillas de madera y enea tradicionales. De este modo y con la ayuda de un gran número de alfileres se sujetaba el dibujo a realizar estampado o pintado en una tablilla fina de madera, el cuero o trozo de cartón. Pero antes había que sujetar con más alfileres en la parte superior del saquillo los bolillos de madera, hueso o marfil en los que a su vez se enrollaban los hilos con los que se realizaba dicha labor. Estos bolillos son unos bastoncillos de no más de 20 cm. de largo hechos exproceso para estos menesteres y de los que se guardan en estas tierras bellos ejemplares decorados con incisiones geométricas sobre todo y en menor medida florales. Estos bolillos servían para ir cruzando y anudando los hilos dándolos la forma deseada, pasando unos y otros con ambas manos de un lado a otro, teniendo en todo momento que contar las veces que se pasaban sin perder la cuenta, pues de lo contrarío había que deshacer y empezar la labor de nuevo –como en el caso de los bordados y del richelier…-

Detalle de las rejas de un mantón de Manila
Es una labor muy cansada y lenta, que se aprendía de niña de las mujeres mayores y más experimentadas. Dependiendo el tiempo de la labor del largo y ancho de dichas puntillas como es lógico. Puntillas y entredoses que servían en estas tierras sobre todo para confeccionar todo tipo de puntillas con las que adornar cuellos puños de camisas y jubones o gorgueras, los remates de las enaguas… además de para realizar ricas sábanas, toallas, manteles y pañuelos de boda… Este sistema tenía un inconveniente, y es que al llegar a la parte inferior de la almohadilla había que volver a colocar los bolillos he hilos en la parte superior, y la tablilla, piel o cartón sujetándola cuidadosamente con los alfileres. Otras mujeres las más pudientes usaban el Rodillo, especie de armazón de madera almohadillado con un rulo giratorio en su parte superior en el que se iban enrollando las tiras o puntillas de bolillo para que no se arrugaran ni ensuciaran. Este sistema además las permitía acelerar el proceso, pues al ir sujeta la muestra de cartón, madera o piel al rodillo no había que perder tiempo sujetándolo de nuevo. Además disponían de un cajoncillo en su parte inferior en el que además de servir para guardar los útiles de este tipo de costura, se iban guardando las piezas terminadas. Sea como fuere la elaboración de los bolillos en la comarca natural del partido arenense nunca fue una labor industrial o dedicada a la venta, ya que se utilizaba para el autoabastecimiento de nuestras antepasadas desde la edad media. nuestra más alta Santa Teresa de Jesús era una gran aficionada a estas labores a las que dedicaba largas horas en sus meditaciones… la misma reina Isabel I de Castilla nacida y educada en la provincia de Ávila y sus hijas, realizaban bellos encajes que adquirieron renombre dentro y fuera  del reino castellano. Incluso en cantar del Mío Cid se nombra este arte tan apreciado y usado en las tierras de ambas Castillas… Tal es así que siglos después los reyes Felipe II y III dictan ordenanzas limitando el uso excesivo de estas artes en sus austeros reinados, sin lograr erradicarlo, pero limitando su uso para dichos monarcas excesivos.

Detalle de una mariposa bordada a "realce"
en un tradicional pañuelos de Ramo Blanco
arenense, propiedad del autor.
Los encajes más antiguos se realizaban con agujas finas de marfil metálicas, pero a partir del siglo XVII se impusieron los encajes realizados con bolillos, utilizando finos y valiosos hilos de seda, plata u oro que enriquecían y alzaban aún más el valor de los mismos. A partir del siglo XVIII y sobre todo en los siglos XIX y mediados del siglo XX este arte era enseñado en las escuelas de niñas siendo en si una asignatura, por lo que pocas abuelas desconocían estas apreciadas técnicas textiles. Pero a partir de mediados del siglo XX este arte decae de tal forma que casi desaparece. Ahora estos últimos años se ha vuelto a recuperar gracias a los talleres y cursos impartidos por las últimas encajeras de la comarca y subencionados por la Exma. Doputación Provincial de Ávila y algunos Ayuntamientos... Por lo tanto la principal función de las agujas ha sido la de coser con hilos de diversas calidades para elaborar prendas textiles de múltiples usos, formas, etc. la palabra hilo etimológicamente hablando viene del vocablo latino Filum. Existen varios tipos de hilos entre los más conocidos están los siguientes.

Hilos de un cabo. El compuesto por  la torsión de una única fibra….
Hilos de varios cabos. El compuesto por la torsión de dos o mas fibras…
Hilos de filamentos continuos. Como los de seda, rayón, o los sintéticos…
Hilos de filamentos discontinuos. Como los de lana, lino o el algodón…
Hilos mixtos. Los formados por fibras de diferente origen…
Hilos de fantasía. Los que llevan mezclas de hilos de seda y de oro por ejemplo…
Hilos crepe. Ideales para formar las tramas y urdimbres de los telares…
Hilos texturizados o voluminosos. O sintéticos…
Hilos elastométricos. Son los que incluyen gomas que les dan elasticidad…

Detalle de un guardaié arenense de terciopelo
ocre bordado a "realce y recamado" propiedad
del autor.
Su origen hay que buscarlo en paralelo a la aparición de la aguja, esto es en la prehistoria de nuestra cultura europea u occidental. Aunque fue a partir del siglo XIV cuando aparecen las primeras industrias mecanizadas para fabricarlo a gran escala y con menos esfuerzo… Su importancia es tal que alrededor de él se han creado infinidad de frases hechas y metáforas como por ejemplo, la de seguir el hilo de una conversación… cuando los toros se arriman a la barrera mostrando querencia a ellas, en tauromaquia se suele decir la siguiente frase, al hilo de las tablas… coger el hilo de un asunto o materia… estar pendiendo de un hilo… no tocar ni un hilo de las ropas… Cortar el hilo de la vida. Referencia esta última que alude al tiempo de vida que cada ser humano tiene desde el momento mismo de su nacimiento y que hunde sus raíces en el mito griego de las tres Moiras, recogido posteriormente por los romanos a través de las Parcas. Las cuales según ambas culturas eran las encargadas de regalar el tiempo de vida a los hombres y mujeres, y lo hacían a través de un hilo que Cloto hilaba, Láquesis lo enrollaba y Átropo la implacable parca cortaba con unas tijeras, dando a cada persona su hilo o tiempo de vida limitado. Para cortar el hilo de la vida, era utilizada la tijera, símbolo dual que expresa la creación o nacimiento, al mismo tiempo que la destrucción o muerte. Pero en nuestra cultura tradicional la tijera adquiere muchas más costumbres que rayan con la superstición, como por ejemplo. Si una mujer casada se encuentra unas tijeras y estas apuntan hacia ella se interpretaba como una señal de infidelidad por parte de su esposo. Por el contrario si la que las encontraba era una mujer soltera, se interpretaba como que pronto encontraría marido… para contrarrestar o anular estas supersticiones bastaba con repetir la palabra lagarto siete veces. También se usaban para descubrir el sexo de los niños o niñas durante el embarazo o lo que es lo mismo antes del parto. Para ello se colocaban una tijera en una silla y una navaja o cuchillo en otra silla, ambas escondidas bajo un cojín o paño. Si la preñada se sentaba sobre el cuchillo se interpretaba como un varón, por el contrario si se sentaba sobre la tijera se interpretaba como una hembra. 

Detalle de un bordado antiguo recamado y a
realce sobre terciopelo, parte de un guardapié
tradicional arenense, propiedad del autor.
También se usaban las tijeras para aliviar los dolores del posparto, para ello bastaba con meter una tijera abierta en forma de cruz debajo del colchón de la recién parida, sin que ella se diera cuenta… también había otras supersticiones relacionadas con esta herramienta de uso eminentemente femenino, como por ejemplo si al estar usándolas caían al suelo y se clavaban en el suelo las dos puntas se interpretaba como un buen fario o boda entre los miembros de la familia. Si por el contrario se clavaba solo una punta se interpretaba como un fario al anunciar una muerte en el seno familiar. Para contrarrestar o anular estas creencias lo que había que hacer al recogerlas del suelo era cerrarlas por los extremos cortantes con las manos y guardarlas en el bolsillo del mandil al tiempo que se repetía siete veces la palabra lagarto… también servían para que los huevos que estuvieran incubándose no se perdieran por el efecto de los truenos y tormentas. Para ello bastaba con dejarlas abiertas en forma de cruz sobre la cesta o lugar en el que la clueca estuviera empollando sus huevos…

También se colocaban sobre los hogares de la lumbre bajo las chimeneas para impedir que entraran por ellas las temidas brujas…. O se clavaban detrás de la puerta principal con el mismo fin protector o anti malos espíritus… también se usaban para que los recién nacidos tuvieran buena voz o dotes para el canto, y para que fueran hermosos sobre todo los ojos. Para ello había que cortarles las uñas detrás de una puerta por una persona que tuviera buena voz, o cortarles las pestañas para que adquieran los neonatos más belleza y éxito en sus vidas…

El traje en la comarca de Arenas de San Pedro. Influencia geográfica e histórica.


Jubón arenense de satén decorado con puntillas
y tiranas de azabache, con su gorguera en vez de
pañoleta, propiedad del autor.
En la comarca de Arenas de San Pedro, hay elementos del traje que se remontan a un pasado tan antiguo como incierto a la hora de poder afirmar lo que más me gustaría. Especialmente en lo que se refiere al peinado, tejidos y texturas, aderezos y adornos (cargados de bellos signos grotescos, antropomórficos, zoomórficos,  geométricos, vegetales, que junto a los colores y la colocación de los mismos en los diferentes complementos textiles adquieren diferentes significados simbólicos…) por ello tan solo observando los tajes tradicionales me es fácil observar y conocer aspectos cotidianos de mis paisanos. En ellos puedo ver nuestras abundancias y nuestras carencias, las alegrías y las penas, como quien observa un cuadro en blanco, donde se van dando pinceladas y colores, formando el hilo de nuestra historia. Urdimbre fijada en el marco de un espacio esta comarca sin tiempo y en continua evolución, basada en la transmisión oral o artesanal.
Que los trajes reflejan el medio en el que se desarrollan es innegable. El frío, la humedad, el calor y las labores realizadas por los individuos o grupos. La geografía y la orografía del terreno. La riqueza de los recursos naturales, los avatares históricos, los diferentes contactos culturales… todo esto y aún más han condicionado y conformado a través de los siglos los actualmente llamados trajes tradicionales, típicos o costumbristas. La mayoría de los trajes en estas tierras de la Extremadura Castellana  del centro oeste, tienen algunos elementos cuyas raíces se pierden en las costumbres y usos prehistóricos. Pero en su forma actual, tal y como nos han llegado a nuestros días, los diferentes trajes o formas de vestir son por lo general una herencia  directa del siglo XVIII, cuando el pueblo español se levanta en armas por la independencia, contra las tropas francesas. La lucha por la independencia crea una corriente general por toda la península, que busca y rebusca las señas propias y o autóctonas, de identidad personal y nacional, potenciándolas y desarrollándolas, hasta puntos extremos y en ocasiones incluso exagerados. Nuestra comarca esta situada en una histórica y estratégica zona, que actúa como bisagra o puente entre las dos mesetas castellanas, la del norte o leonesa y la del sur o manchega, haciendo de cómodo corredor, y puerta de acceso a las tierras de Extremadura, del  Guadiana y con ello de las dehesas andaluzas. La comarca y Partido arenense linda con por el sur por la comarca de la Jara Toledana, Tierras de Talavera de la Reina, Oropesa y el Campo Arañuelo. Al oeste con las hermanas tierras de la Vera Baja o de Plasencia. Al norte por los valles del Tormes y del Alberche. Y al este por la comarca de San Martín de Valdeiglesias, Cadalso de los Vidrios y las Navas del Rey en la comunidad de Madrid.

Castillo abandonado de Mombeltran, la única fortaleza que
continua en manos de la nobleza, a pesar del estado tan
lamentable de ruina, en el que se encuentra en la actualidad.
Sin que pueda visitarse... Fotagrafía del autor
Por todo ello esta comarca y Partido natural de Arenas de San Pedro, tienen varias particularidades. La más llamativa es el impresionante medio natural en el que se haya inmersa. Es una comarca lineal u horizontal, teniendo una distancia longitudinal de más de 150 Klm. Mientras que la línea transversal, desde lo alto de la sierra (con picos de más de 2.500m), hasta la cuenca y fondo del valle del Tietar (a unos 400m) es de unos 40 Klm. Por tales condicionantes orográficos y topográficos es una comarca muy fragmentada. Por lo tanto históricamente estas tierras hasta el siglo XIX carecía de un punto o núcleo central, que hiciera las funciones de crisol o punto de unión, de carácter comarcal. Organizándose las diferentes localidades en torno a las cuatro villas principales Arenas de San Pedro, La Adrada, Mombeltran y Candeleda. Con todo el problema que conlleva ser una comarca lineal, es sin duda una comarca con entidad propia, claramente definida por sus costumbres, ritos, creencias, ceremonias, manifestaciones folklóricas o etnológicas, etc. Tal entidad etnográfica y etnológica queda reflejada en los trajes y en las diferentes formas de vestirse. Ya que todas las localidades utilizan las mismas prendas, siendo su uso, y sobre todo su colocación lo que diferencia y caracteriza a cada población en particular. Sin negar o mejor dicho olvidar que existan algunas diferencias evidentes en puntos o localidades muy concretas, en el uso de determinados trajes, joyas, peinados etc. en días y contextos festivos especiales, y que tendré tiempo de extenderme más adelante. Por lo general los trajes se pueden diferenciar o clasificar según los siguientes criterios;

1.-      Según el poder adquisitivo personal y familiar.
2.-      Según la capacidad artesanal personal y familiar.
3.-      Según el oficio. Trajes de artesanos, pastores, agricultores, etc.
4.-      Trajes de ceremonia, ritos, fiestas, etc.
5.-      Según los materiales disponibles o al alcance de estas poblaciones.
6.-      Según la edad de sus usuarios.
7.-      Según el sexo de sus usuarios.

Como decía anteriormente, por lo general en todos los pueblos del Partido arenense se utilizan las mismas prendas, adornos, aderezos y sistemas decorativos… lo que les hace diferentes respecto a las poblaciones que forman este partido es la colocación y sobre todo el uso de las mismas, utilizando las diferentes prendas, texturas y colores todos pero cada uno de una manera personalizada. Puedo decir que la característica de nuestra comarca es que todos los pueblos, tienen las mismas materias primas, la misma base histórica, social, económica y cultural, pero cada pueblo la hace personal y diferencial, por lo que es una forma de hacerse reconocible del resto. Esto se observa de igual modo estudiando la música tradicional, donde observamos que en todo el valle se repiten las mismas letras y temas tradicionales con escasas variaciones, pero a la hora de interpretarlos cada localidad tiene su propio estilo o deje. Por lo que con solo oír cantar nuestro rico repertorio se puede identificar la procedencia o la localidad del cantador o instrumentista, del mismo modo que viendo su forma de vestir.

Explendido escudo nobiliario en la Villa de
Mombeltran. Fotografía propiedad del autor.
Por lo tanto y a pesar de tales personificaciones no se pueden hacer diferencias, en cuanto a las costumbres, tradiciones, cultura, historia, economía, sociedad, etc. de y entre, los pueblos y gentes de nuestra comarca. Ya que esa tales diferencias de identidad local son en si mismas una característica que nos define como una cultura propia y peculiar. Cultura y tierras que recibió diferentes nombres en el transcurso de los últimos 3500 años, (algunos de esos nombres fueron por orden cronológico, La Vettonia de la Lusitania, Tar al-awasat o tierra media de los rebeldes, Las Ferrerías de Ávila, la Alta Extremadura, la Vera Alta, y por último el Valle del Tietar. Abarcando un total de 1 ciudad que es cabeza del partido Arenas de San Pedro, y las villas o pueblos de El Hornillo, El Arenal, Guisando, Poyales del Hoyo, La Adrada, Sotillo de la Adrada, Piedralaves, Casavieja, Casillas Higuera de las Dueñas, Santa María del Tiétar, Fresnedilla, Nava Hondilla, Mombeltran, Cuevas del Valle, Santa Cruz del Valle, San Esteban del Valle, Villarejo del Valle, Lanzahita, Pedro Bernardo, Mijares, Gavilanes, Candeleda… más los anejos arenenses de Hontanares, Ramacastañas y la Parra, el Raso en Candeleda, la Higuerilla en Mombeltran)

En este apartado también es imprescindible hacer referencias a pueblos y lugares de comarcas más que vecinas, hermanas, con los que nuestros pueblos y gentes han mantenido fuertes lazos de unión o vínculos, así como una intensa relación histórica, económica, cultural, social y religiosa. No es vano muchos de los pueblos que hoy limitan con nuestra comarca, en especial todos los pueblos del norte de la provincia de Toledo y algunos del este de la actual provincia de Cáceres, ya que pertenecieron a la provincia de Avila, desde la reconquista siglo XI hasta el siglo XV. Territorios que fue perdiendo administrativamente nuestra provincia, ante el avance humano de las repoblaciones vecinas. Pero que no dejó de controlar el obispado de Avila, al que han estado adscritas y subordinadas muchas de las parroquias actualmente enajenadas. Como pueda ser el caso de la comarca de las Siete Iglesias incluida la villa de S. Martín de Valdeiglesias, todas las poblaciones del Pielago o Sierra de S. Vicente con la hermosa villa de Navamorcuende a la cabeza, y otras de la comarca de Talavera de la Reina como Cervera, Pepino, Segurilla, etc. Parroquias a las que añadir otras de la comarca de la Jara y las de la Campana de Oropesa, Navalcan, Parrillas, etc. y las del Campo Arañuelo, Navalmoralejo, el Gordo, etc. Y las poblaciones de la Vera de Plasencia. Sin olvidarnos de los vínculos de carácter mercantil con los pueblos abulenses y salmantinos de la trasierra. En especial con los pueblos de los valles de la cabecera del río Alberche con Burgondo a la cabeza… los del río Tormes con Piedrahita como villa principal, y las poblaciones del valle Amblés incluida la ciudad de Ávila.

Al ser esta una comarca  lineal y fronteriza, resulta irónicamente, muy difícil notar los cambios entre nuestra comarca y las comarcas vecinas, sobre todo de cumbres para abajo. No así entre nuestras localidades y las de la trasierra abulense, entre las que dichas diferencias son más que evidentes… ya que n las comarcas del sur o de cumbres para abajo, las fronteras las conforman por lo general, las gargantas y los ríos como el Tietar, cuyas orillas acercan las provincias de Toledo, Cáceres y Avila. O el río Alberche que nutre los viñedos de las provincias de Madrid, Toledo y Avila. Pero donde más difícil  se hace el notar el paso de una tierra a otra es sin duda en la zona oeste entre las provincias de Cáceres y Avila, ya que ambas se funden lentamente y sin trauma alguno geológico o social, en un mismo valle separado imperceptiblemente por la garganta de Alardos, garganta que nace a la sombra del pico más alto de la sierra de Gredos el Almanzor y que se funde en tierras de Candeleda con el gran río Tiétar…

Ejemplo de arquitectura tradicional en la Villa
de Mombeltran. Fotografía propiedad del autor.
Sin embargo el cambio se torna traumático, en el momento que ascendemos por las laderas en dirección norte, y cruzamos la sierra, al llegar a los pueblos serranos. Basta con ver sus construcciones, su forma de hablar, sus costumbres, el paisaje, etc. para darnos cuenta de haber entrado en otra tierra muy diferente a la nuestra, aunque pertenezcamos a la misma provincia. Las diferencias entre las gentes de ambas vertientes de la sierra, son tan evidentes como la orografía, clima y o recursos de dichas tierras, siendo en todo caso comarcas complementarias, de las que nos proveíamos de cereales, legumbres y patatas, a cambio de vino, aceite, especias, miel, cera, fruta, paños, seda, lino, labores relacionadas con la artesanía textil, joyas y obras de orfebrería de uso personal… así como todo tipo de ganados en especial cabras, vacas,  ovejas, caballerías, cerdos, aves de corral, caza, pesca, etc.
Y es que para hacer este trabajo creo que es muy importante hacer algunas aclaraciones de nuestra situación, no solo geográfica,  pues aún siendo o mejor dicho perteneciendo a la provincia de Avila, lo cierto es que nuestra comarca forma parte de otra comarca natural, humana y cultural mucho más amplia y lógica, que en la actualidad esta dividida entre cuatro comunidades autonómicas diferentes, Castilla León a la que pertenecemos administrativamente hablando, y a las Comunidades Autónomas de Castilla la Mancha, Extremadura y Madrid. Esto ha hecho muy difícil el normal desarrollo económico y social de nuestra comarca sesgada. Los muchos esfuerzos administrativos, e históricos, por dividir esta comarca entre el Tajo y la Sierra no se han visto recompensados, como merece tanto esfuerzo antinatural y es que se olvidaron de algo muy importante, que une a las personas más aún cuanto más difícil se lo ponen, hablo de la religiosidad. Pues es una realidad tangible el echo de que existen desde la más remota antigüedad, lugares sagrados comunes que no saben de las fronteras o límites pintados sobre papeles planos en lejanas oficinas  por personas que desconocen nuestra realidad histórica, natural y social…

Lugares que nos unen y donde al lado de los templos dedicados a una Virgen o imagen sagrada en particular, se desparraman restos arqueológicos, y antiguas ceremonias de culturas desaparecidas hace más de dos mil años. Lugares que ejercen la función esencial como puntos de encuentro, reunión, culto  y  peregrinación entre habitantes de comarcas limítrofes, como puede ser el caso del Santuario de San Andrés del Monte, donde descansan los restos de San Pedro de Alcántara, y en cuyo hermoso y mágico entorno natural se siguen perpetuando los ancestrales rituales con nuestras gentes, a otras de las comarcas toledanas, cacereñas, madrileñas y tras serranas, sin que falten puntualmente una vez al año, para dar culto juntos a un Santo común a todos, y que nos sirve además para comprar y vender, hablar y escuchar nuevas noticias, al amparo de los pliegues de esta comarca… Del mismo modo el Vítor a S. Pedro Bautista, natural de San Esteban del Valle, o la romería del Cristo de la Luz en Hontanares, aunque la fiesta la organizan los de Lanzahita, o la romería de Nuestra Señora la Virgen  de Chilla, en Candeleda. Etc. Muchos de estos lugares fueron abandonados en tiempo de la reconquista, y posteriormente rehabilitados sobre todo los situados en las zonas cercanas a la ribera del Tiétar, como los casos de; Las Torres, la Corchuela, los Llanos, etc. En otros casos la decadencia de la ganadería, que conllevó el deterioro y o abandono de los caminos, cañadas, cordeles, pasos de algunos puertos, derechos, pechos, portazgos, etc. Provocando la desaparición de algunos núcleos, como por ejemplo; el Hoyo de Arriba, Arroyo Castaño, Aldea de Arango, Anadinos, Anaciados, los Molinos, etc. Poblaciones todas tanto las que resistieron como las que desaparecieron, que supieron aprovechar los abundantes y excelentes recursos naturales de estas tierras de altas y desnudas sierras, intrincados bosques, y dehesas con sus innumerables acuíferos y recursos minerales…

Tiranas de seda labrada utilizadas para adornar
las faldas tradicionales, o los sombreros y
jureles masculinos, Propiedad del autor.
Distinguiéndose por lo tanto dos tipos diferentes de culturas, la eminentemente ganadera y la eminentemente agrícola. Así los pueblos y aldeas situadas en las cotas más altas de los contrafuertes de la sierra, dedican más tiempo a la ganadería, dejando a la agricultura como aporte económico más que como recurso, dedicándose más a trabajos de recolección de frutos, de los que esta comarca es rica y abundante. Mientras que en las quinterías de las dehesas del llano, la agricultura ha sido la base económica fundamental que se complementaba con una ganadería estacional que aprovechaba perfectamente los recursos de las dehesas. Siendo estas dehesas y valles aledaños del río Tiétar los lugares donde pasaban los inviernos la cabaña ganadera trasterminante y trashumante… recursos y formas tradicionales de vida que influyeron como es lógico pensar, en las diferentes forams de vestir entre las gentes del Partido arenense. Con todo en la mayoría de las poblaciones una familia media solía tener; un huerto para el auto abastecimiento, atendido por las mujeres y los niños y niñas, y arado por los hombres. Uno o dos cerdos, cuando no una cerda de cría. Una o dos cabras para el gasto familiar. Gallinas y aves de corral junto con algunos conejos sueltos por el corral, o entre la leña. Alguna caballería, burro, caballo, mulo. Un olivar, un viñedo, un castañar, alguna colmena, y alguna tierra para hierba o centeno. Tan solo una minoría disponía de grandes extensiones dedicadas al cultivo de la vid, del olivo, castañares, nogales, trigo, y  dilatadas dehesas que mantenían una ganadería intensiva de todo tipo de ganado, en especial el ovicaprino, el de cerda, caballar y o el bóvido. Para lo cual debían poseer grandes fincas como Valdeolivas, El Becerril, el Colmenar, Casa Gata, Barca Peña, el Robledoso, las Tiesas, Pino Guijo, las Dehesillas… en fin grandes fincas dedicadas a la agricultura y a la ganadería intensiva, cuyos trabajadores y dueños formaban la base del poder económico de las gentes de nuestra comarca, siendo por lo general los propietarios, de estas tierras gentes venidas de fuera con un gran poder adquisitivo, que lo único que hicieron fue enriquecerse, aprovechándose del trabajo mal pagado a los obreros y peones sobre todo a partir del siglo XVIII hasta el siglo XX, siglo este en el que entra en franca decadencia los sistemas tradicionales de vida.

Detalle de los dibujos de una tradicional
mantilla española de Arenas de San Pedro,
S. XIX, propiedad del autor.
Este substrato social compuesto por ganaderos y agricultores, hay que añadir los fruticultores, y los oficios de alimañero, pescador o trampero con los que sacaban algunas familias un sobre sueldo importante para el mantenimiento de sus familias. Y otra clase social igualmente importante en los pueblos de esta vetusta comarca serrana y de dilatadas dehesas, compuesta por los transformadores y comerciantes de las materias primas como pudieran ser resineros, remasadores, carreteros, arrieros... y los artesanos y artesanas de vital importancia como tejeros, alfareros, herreros, tejedores, alarifes, carpinteros, serradores, comerciantes, y un largo etc.  formando entre todos ellos y ellas una tupida, basta e intrincada red social con hábitos costumbristas adaptados tan diversos como dichas profesiones y sistemas de vida. Por lo que y a pesar de información que dan la mayoría de los grupos folkloricos de la zona, no se puede hablar de un traje típico en cada localidad, sino de múltiples formas de vestir en todos y cada uno de nuestros pueblos, villas y ciudad de Arenas.  Así y como ejemplo todos los hombres del Partido arenense utilizaban para proteger las piernas las tradicionales leguis o patines, siendo de recio cuero repujado las de los pastores, de paño o pana las de los labradores y de fino terciopelo las de los artesanos y ricos hombres hacendados… Resumiendo, el folklor y formas de vestir tradicionales del Partido jurisdiccional de Arenas de San Pedro como es lógico pensar, hay que entenderlo dentro de una amplia comarca, en la que convergen e influyen de forma determinante las poblaciones vecinas de las actuales provincias del norte de Toledo, noreste de la provincia de Cáceres, el oeste de la provincia de Madrid, los valles de la trasierra de Ávila y el sur de la provincia de Salamanca. Distribuidas en cuatro Comunidades Autónomas diferentes, a saber, Castilla y León, Castilla la Mancha, Extremadura y Madrid. Del mismo modo que todas estas áreas han recibido y reciben las influencias de estas tierras del sur de Gredos.

Daniel F Peces Ayuso. Articulo retocado el día 8 de enero de 2012 en Arenas de San Pedro.



1 comentario:

  1. Muchas gracias por tan bien documentado trabajo. ¿publicó algo más al respecto?. Dioselinda Elfi Detan Ventura. Cusco Perú.
    elfidetan@yahoo.es

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