lunes, 5 de diciembre de 2011

La historia del Capitán Morcillo y el General Sarmientos

El Capitán Morciyo y el Gheneral Sarmientoh.
(NOTA : del mismo modo que en el caso de la historia “de los tres quintos cumplíos y el amo del Parador de San Prudencio” he intentado utilizar palabras y expresiones que formaban parte del deje particular en esta pequeña y hermosa esquina de Castilla y León. La jurisdicción de Arenas de San Pedro. En dicha historia encontraran las claves para una más fácil lectura del texto que comienza a continuación.)
Poh ehto eran unoh qu´habían selvio en el ejelcito de cabayería. Y como s´ahacía entonceh. Leh dejaban el cabayo hjasta vorvel a sus puebroh. Y´aya´nde les piyaba el´atardecío poh se alojhaban. Loh de máh alto rangu se aquellaban en cá el alcarde, o en cá argún otro semilá. Loh otruh s´ajhorraban en acuevalse en lah casah onde hubiere mejhol dihpensa… Pocoh s´acotaban y´arecohtaban que cabra cojha no quie siehta…
Pero ehtoh alicuencanoh eran un salghento falúa máh lihto qu´un arcaraban. Máh nueve sordaoh rasoh, que na máh qu´habían comío altramuceh y armortah galochah. Y atiéndete tu que no haga farta que te diga, que venían derrengaoh con unoh caparrahtroh que pa qué... venían ademáh arreciítoh, dando unoh teritoneh, que paecían gurrionciyoh.  Y ya como leh venía el ohcurecío, jueron pal primel puebro qu´había pol ayí. Y ya en yegando ya a la artura de ese puebro, van a la jhuhtifia y piden acomodo según cohtumbre. Y claro pueh loh otruh se lo dieron. Pero como eran de poca realea, dieron en metel-loh a tós jhuntoh en cá el abarquiyao del carnecero y la apagavelah á de su mujhel un tal Todora - D´ella defian lah malah lenguah que era manflodita, ya que aún siendo gayina vieja, entoabía ehtaba hjorra - Ademá en cá el carnefero había unoh corralones que pa qué…  ande podían de pasal la noche guarefíah del yelo lah cansinah behtiah.
asinque van pa allá, y na más de entral en la casa el carnefero, miran pa un lao de la zajhurda y ven al laito la cueva que ehtaba abierta.  Y ehtaba asina pol que mira tu pol onde, andaba el amo la casa arrumbando la pitarra. dejhando a la vihta loh melitareh lah latah arrebotijhaitah de chorifoh, molfiyah, lomoh embuchaoh, salchechoneh, jhamoneh, tasajhoh, finta adobá… y´en medio corgando d´un biscal el chorifo de Cagalá, máh hjermoso y gordo qu´un caramañolo. Loh otroh na máh de vel la brazá de chichah… mira dieron un barquinazo que casi se leh da la guerta pal otru lao el bondejho. Y va le pregunta el salghento al calnefero:
-          Oiga, ehcuchese que le diga. ¿Ese peazo chorifón que cuerga der medio la lata, como eh que eh asín de grande?
Y le rihponde el ehpindargo el carnefero hjacienduse el candongo:
-          ¿Cualo, ese d´hay?
-          Si ese el que mide unos diez ghemeh lo menoh.
-          ¡Ha bueno! Eso son cohtumbreh der puebro. Con la tripa de cagalá del marrano se hjace ehte chorifo, que aluego moh ajuhuntamoh y moh lo comemoh toa la familia er día de Navidad en alegre francachelah.
-          ¡HAAAAAAA!  Claro, claro cohtumbreh der puebro. Cohtumbreh der puebro -decía el salghento sin quital-le los- ojoh al chorizafo, a lo que repuso el carnefero...-
-          Poh bien seroreh, ahí mihmo se puen recohtal,  asinque dejen ahí esuh andapadreh que me traen y vamuh a cenal.
Y asin lo hicieron. Pero al carnefero se le atahcó la chinohta. No se fiaba ni un pelo de aqueyoh cingolinoh. Y entre que loh otroh daban cuenta de unah sopah de Cachuela recién guisáh…  el otro con la cosa de ir a cerral loh anemaleh, se levantó de la mesa y se fue  derechito a la cueva y la atrancó bien atrancaita con treh vuertah de yabeh. Aqueyoh no le iban a robal ni una trihte morfilla. Aluego se vorvió a la mesa y desimuló como si ná. Y ya telmian de cenal y yegal el momento de recogelse. El carnefero leh da un candíl y lah guenah nocheh… los otroh hifieron lo mehmo, ademáh de agradecel-le la cena. Ya que seguerian su vereita anteh de la alborada, y mucho anteh de que se levantaran loh amoh de la casa… asínque se dispedieron y se retiraron dando cambayáh  loh diez corujhoh. y en yegando al corralón se arrecohtaron cada cuar ande pudo. Pero el salghento no se durmía, no hayaba reposo pol máh que se zingaba y rebuyía d´entre unah arpiyerah que había por ahí apilah. Y ya cuando la Catalina iban bien alta y relumbrando cayejhah y cayejhoneh, dice el salghento a loh otroh en vo mu queda:
-          ¿Hais´vihto que tupa de chichangah que tié el tío ehte ahi al laito? ¿Y el peazo chorifón…? ¡Ese bichu no tié comparanza con chorifo alguno der mundo!
A loh otroh que ehtaban lo mihmito de dihpiertoh, y con el pensamiento puehto en la mihma causa... se leh hjacían chirivitah loh ojoh. Ende que vieron er botín der carnefero, no se podían de quital taleh manjhareh de la mocha. Defía uno d´eyoh:
-          Si al menoh pudiesemoh llenal un morral con esuh chorifoh…
Y va le repica un otro:
-          Pueh no habeíh de precuparsoh que mientrah que cenabamoh le he arramplao la llave de la cueva al carnefero, sin que enterase la goleora de su mujhel… y´ahora moh vamoh a convidal a base de bien, no con ese carducho de guirlopa que nos´ha endosao pa cenal…
Loh otroh pa que querían ehcuchal na máh. Se punieron en pies como la chihpa der rayo y en un butón, butera, zurriquin y afuera, arramplaron con el chorizo de cagalal y un par de docenah máh pa hjacel-le compañíah… garuyearon ya de camino otrah tantas morfiyas de calabafa y treh lomoh embuchaoh. Se leh quitó pronto la galbana paefían goyeríah loh gumiah de eyuh. Una vez enconá su fichuría decedieron de dolmil treh horiyah máh, anteh de ohparse y poner tierra de pol medio a lomoh de suh cabayoh. Asínque se golvieron a´rebujal entri suh roponeh pero no había quien leh dormiese quedándose traspuehtoh dejhando los morrales apilaoh a un lao. Pero el amo la casa que también había melitao en cabayería. también andaba un tanto dehvelao, algo de decía a su concencia que esuh camuesoh le iban a canear de arguna forma. Asinque cuando los piyó trahponíoh, fue como una ghineta sin hacel ruido y al rebuhcal dio con loh chorifoh, lah molfiyah y loh lomoh.
-          Ya sabía yo que ehtoh pejhigueroh ademáh de tripagalgoh iban a salil maquilandroneh. Da´ca´lo pa acá que se van a enteral ehtoh lo que vale un peine…
Y agarró loh chorifoh y metío en el morral unoh cañurroh de unoh salmientoh qu´habia ehmochao la otra tarde. Y como solía acohtumbral ya se puso a hjacel suh tareas er cuco de él, como si ná hubiere pasao. y asina agualdó ahta que pasaron lah treh hjorah y loh otroh se ehpabilaban y aviaban pa salir pol patah d´ayí. Pero sigún pasan por el zaguán hay ehtaba el carnifero ehcamochando unah ceboyah pa hjacel molfiyah. Loh otroh de vel-le ayi se punieron coloraoh, coloraoteh como si teniesen tercianas. Y va y leh ice el carnefero.
-          Guenoh díah tengan loh de cabeyería. ¿Ya se van tan de mañana ? ¿Y Se pué sabel onde van combatil o dal selvicioh?
Y sarta el salghento to encopeteao:
-          Guenoh díah tenga el amo. Ya noh vamoh tenemoh unoh asuntoh que resorvel. Y´es que mire uhte, ayel no le dijhe ná pol no dal-le de que penar a la su mujhel. Y´es que vamoh trah de unoh renegaoh que andan por esah sierrah acuevaoh. Y tenemuh ordeneh de il a ajhuntalnos con er Coronel Morcillo, que noh anda aguardando pa darnoh el dehpacho que sea. Asinque quede uhté con Dióh y lah graciah que nusotroh ya noh vamuh.
Y sarta el rebirao del carnifero, con osgeto de reilse entoabia máh d´eyoh:
-          Poh na m´alegro que tengan uhtedeh buen selvivio. Pero ándense con mucho cuidao y no hagan muhcah corroblah no se vayan a añulgal. Que por esah trochah dicen que anda dando vedugazos el valeroso General Sarmientoh. Mal´a´dal se lo topen… Vayan uhtedeh con Dioh. Que yo aquí quedo en paz y ensonsiegoh
Y  ya se van y se mete el carnifero en su casa y vuerve a ensartal loh chorifoh, molfiyah y lomoh ehtraviaoh en lah latah. Largándole a la tehtosa de su mujhel to lo que había pasao. Y la culiparda d´ella sonriyendo le decía a su marío; Pos´anda que buena gheta van a ponel cuanto quieran echarleh el diente a los chorifoh… menua pejhiguera que se van a coghel pol atientamandileh y catacaldoh. Van a salil bien socochaoh por lameroneh y ghetuoh… y siguieron a lo suyo. Loh otroh seguieron verita alante y ya a eso del medio día, en dihpuéh de andal unah treh leguah sin paral. Acuerdan de paral a la oriya d´una fuente qu´había en el camino, máh que na pa dal cuenta de loh chorifos. Se abajhan de las cabayeríah, lah dejhan atáh en un prao a unoh jharanzo. Y se dehponen en rondón en ehpera de loh magroh. Pero mira. Cuando el otro echa mano del morral y saca loh cañurroh retorcíoh, en vez de loh chorifoh tielnoh, fue como si le jhurgonasen con una jharca hjachah hjardiendu ar londigo el salghento. Loh otroh no daban crédito… se leh quedó la boca tan abría, que leh cabía en ella lo menos un roezno y medio. Y el buche máh reguetro de lo que lo que ya lo traían de por si. Vamoh, que leh valió cara la osadía… Ehtando en ehtah va y dife el salghento a loh otroh:
-          ¡Jhodeté Catalina y agarrate que  vuerve al ataque y´el remeneo, la guasa que tié el jjhoío el carnifero! Menua moh la ha dao er musino d´él. Como pa sacal-le la maturranga…  Semoh unoh mangurriyoh eso moh ha pasao pol querel nondigal loh morraleh. ¡Hay que jhoelse con er demoño el hombre, que sabeduria y que conocemientoh!... Y el hjambre que vamoh a pasal por abantoh y alicuencanoh.

Daniel F Peces Ayuso, Arenas de San Pedro a 5 de diciembre de 2011.

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