sábado, 3 de marzo de 2012

Historias humanas del castillo de Arenas de San Pedro.



Vista general panorámica de la ciudad de Arenas a finales de 1950. Sacada antes de las obras de construcción de la carretera N,-501 por encima del Camino Viejo de Poyales del Hoyo. Fotografía propiedad del autor.

Historias humanas del castillo de Arenas.

        Hablando con Pedro Mesón Peña una mañana, mientras tomábamos un buen vino de la tierra, recodábamos algunas de aquellas cosas del Arenas de nuestros abuelos… Le escuchaba hablar de su infancia en el barrio del Castillo, dándome cuenta  casi sin querer de la gran importancia que tuvo y tiene dicho lugar para la vida social de nosotros, los arenenses. El aspecto que presenta dicho lugar y sus aledaños es muy diferente al que presentaba en el siglo XIX. Siglo convulso con profundas crisis, guerras, hambrunas, epidemias…. Muertes. Siglo en el que a pesar de hundirse la economía local, se construyó la cárcel del Partido junto al castillo, en un intento desesperado de contener tantas infracciones y crímenes. En medio de una tiránica diferencia social, que dividía a los castellanos en dos clases; los ricos, una minoría y los pobres, la gran mayoría de la población… Si a todo esto añadimos el mal tremendo de la falta de ilustración, la falta de higiene y una mentalidad profundamente religiosa y supersticiosa, nos podemos hacer una idea de lo difícil que tuvo que ser para los padres de nuestros abuelos, sacar adelante a sus familias.

Mozos jugando a la pelota en la torre del castillo... haciendo
esquina las hermosas casas de Teresa Frutos y Pachi...
 fotografía cedida por Fernando Mesón Peña.

       Por eso creo que fueron en cierta medida los verdaderos héroes generalmente olvidados o relegados a un segundo e inmerecido plano. Siendo estas palabras escritas un intento de recordarles quienes fueron los protagonistas de nuestra historia, a través de las cotidianidades de los últimos arenenses que vivieron en el castillo. Y por supuesto agradecerle al bueno de Pedro Mesón Peña y demás memorias vivas que han participado, por regalarme sus recuerdos. Empezaré por los recuerdos del propio Pedro, ya que no ha olvidado todas y cada una de las familias que vivieron o trabajaron en las desaparecidas casas adosadas a los lienzos exteriores del castillo. Y con esta valiosa y entrañable información inicial, y otras más tras recabar más y más datos o curiosidades acerca de aquellas últimas familias. Información al fin y al cabo que creo nos pertenece a todos, por ser parte de nuestra propia historia y cultura. Y que ahora intentaré transmitir a los interesados, con la dignidad y rigor que merece. Pidiendo de antemano disculpas por si alguna persona considerase que he incurrido en alguna falta de seguro totalmente involuntaria por mi parte. Sobre todo a la hora de trascribir los apodos de aquellas familias de las que no he podido recuperar su nombre de pila, sin que eso mengue de forma alguna mi respeto y consideración hacia dichas personas, familias y descendientes. Aunque creo que no es el caso, ya que la mayoría de nosotros los arenenses nos sentimos muy orgullosos de los apodos familiares ya que nos identifican como parte del clan familiar al que pertenecemos.

Estado actual del lienzo norte, frente a la Cárcel.
          El Castillo fue construido por el Condestable Dávalos entre los años 1350 y 1400 y tras servir de cárcel a Juana de Pimentel en el siglo XV, esposa del decapitado Maestre de Santiago Alvaro de Luna… quedó relegado por un tiempo como residencia ocasional de la Casa del Infantado y con el tiempo abandonado a su suerte. Hasta finales del siglo XVIII y XIX en el que el castillo vuelve poco a poco a despertar a la vida teniendo un uso práctico y con ello el necesario mantenimiento asegurado. Quizás fuera a partir de entonces cuando se construyeran las primeras casas adosas al castillo, no hay que olvidar que en aquel tiempo la nobleza y el clero habían perdido buena parte de sus privilegios medievales... aunque no he encontrado datos que lo confirmen, pero puede ser que tras el desastre cometido por las tropas napoleónicas del general Lewal en la ciudad de Arenas, algunas familias se vieran obligadas a ocupar los muros externos del castillo para levantar sus casas. De hecho también el palacio del Infante fue ocupado por varias familias de arenenses por un tiempo, aquellas a las que los gabachos no les habían dejado ni tan siquiera un techo bajo el que guarecerse… O quizás y con más visos de seguridad, la ocupación del exterior del castillo sea más reciente. Ya que es a partir del siglo XIX cuando se tienen los primeros datos bibliográficos que así lo demuestran... Siglo en el que continuaron las profundas crisis, y los mismos problemas que en el siglo XVIII. Tal fue la desesperación de los peones y obreros de todo el partido arenense, que llevó a las villas antaño prósperas e independientes de Ramacastañas, Hontanares y la Parra, a pedir - incluso suplicar como fue el caso de la Parra...-  ser anejadas a la maltrecha y en principio reacia ciudad de Arenas- Aunque finalmente las integró como “Anejos de la ciudad” a la que están adscritos hasta la fecha…

Vista de los muros traseros del castillo cedida por Fernando Mesón Peña, en la que se aprecian los muros de la fragua de
su tío Pedro Mesón adosada al castillo...
       Fue entonces ante las tremendas necesidades, cuando el Ayuntamiento de la ciudad se vio obligado a conceder tierras del concejo para labrar en la Dehesa de los Llanos y otras en los arrabales de la ciudad para construir viviendas modestas pero cómodas. Así se urbanizó el Barrio de la Fuente la Nava, extendiéndose el pueblo más allá del Canchal, San Juan Alto y los Hornos hasta casi la orilla del río. Así como las instalaciones construidas y espacios de uso privado y público en torno al castillo.  Así por un lado estaban las casas adosadas en los lienzos del castillo, casas que eran propiedad de sus moradores. Y que el Ayuntamiento fue comprando  y derribando -o cambiándolas por otro inmueble municipal de las mismas características y valor...- excepto tres que quedan en pie, porque sus propietarios no quieren venderlas ni cambiarlas por nada. En aquel tiempo gran parte del material era reutilizado de construcciones civiles derruidas y otras ruinas como el convento del Pilar en San Agustín… ahorrándose además la costosa construcción de dos o tres de los cuatro muros de carga, al ser apoyadas directamente sobre los lienzos, cubos y torreón del castillo. La madera tan solo había que ira acortarla al monte y traerla en carros… siendo las tejas y la cal proporcionalmente  hablando lo más caro… la forja y la piedra labrada se considera aún un lujo. La arquitectura de estas casas seguía la tradición local. Pero debido a la disposición del espacio estas casas en vez de tener las fachadas estrechas y las salas alargadas, eran casas de fachadas alargadas y fondo estrecho. todas ellas tenían de dos plantas y sobrao- La primera planta se levantada con muros de piedra, arena y cal, en ella se abría la puerta de la casa y alguna ventana. En ella muchas de estas casas tenían las cuadras de los animales o sus talleres y negocios como veremos más adelante. Sobre ella se levantaban los muros de tapiales con adobes y vigas de madera que conformaban y dividían las estancias del segundo piso. Abriéndose una ventana por sala o alcoba. todas estas casitas como las de la mayoría de Arenas de estas características, estaban encaladas. Cal a la que se añadía añil para darles tonos azules. O cáscaras de cebolla y ocre de la Tablá para enrrojecerla...

Detalle del retrete medieval del castillo.
        Tras saber con seguridad desde cuando hubo casas adosas al castillo de Arenas, me surgió una duda que me produjo gran curiosidad. Si el castillo era propiedad ni más ni menos que de los Duques del Infantado, como es que estos permitieron a los arenenses levantar sus casas sobre su fortaleza. Si es que lo permitieron. Lo cierto es que no he hallado protesta o reclamación alguna por parte de la casa de los Duques, ni oposición ante esta apropiación de parte de un edificio privado tan insigne para nosotros como debía ser para la Casa del Infantado. Pero a tenor de su comportamiento estos no parecían tenerlo en la misma consideración que nosotros, y eso a pesar de la interesante y rica historia que allí tuvo lugar de sus antepasados, y su por entonces buen estado de conservación. A pesar de todo esto los descendientes de dicha familia ya habían despojado su castillo de las pocas riquezas que quedaban llevándolas a su palacio en Guadalajara, quedando este baluarte abandonado a su suerte durante siglos.

        Hasta que en el siglo XIX a pesar de las tremendas desgracias sufridas en la ciudad, los vecinos de Arenas vieron la oportunidad de quedarse con la propiedad definitiva del castillo. Y todo gracias a una nueva normativa que prohibía enterrar a los difuntos en los templos. Obligando a todas las poblaciones españolas, a construir sin demoras sus cementerios, ante la cantidad ingente de muertes y el peligro sanitario que suponía tanta descomposición  “… en lugares alejados y sanos que no perjudicasen a la salud pública…” Entonces toda la ciudadanía con el Consistorio a la cabeza creyeron que el interior del castillo era el sitio más apropiado y económico para hacer el nuevo cementerio y para unas arcas municipales totalmente arruinadas. Aunque su situación no era la más apropiada ni ordenada, ya que el castillo estaba y está en el corazón mismo de la ciudad. A pesar de este inconveniente lo solicitaron legalmente al Duque del Infantado con este fin de servir de Campo Santo, y creyéndose a salvo de las "temidas miasmas" gracias a los altos y recios muros del castillo. La casa del Infantado accedió a la cesión, pero no sin antes poner algunas condiciones y derechos que el concejo y ciudadanos jamás respetaron ni cumplieron, porque sencillamente no había ni “una perra gorda” en las arcas municipales ni en las “talegas”.

La casa de Félix " El Celador", una de las
pocas casas que aún quedan adosadas en
el lienzo este del castillo.
        Una de aquellas condiciones fue la creación de un suntuoso mausoleo  en la torre del homenaje, que de este modo quedaría en poder del duque y su descendencia. Jamás se realizó esta obra… Otra condición era la de labrar en buena piedra y con mejores trazas el gran escudo de dicha familia, y que fuese colocado encima de la puerta de entrada principal… y esto si se hizo al menos en parte, ya que aprovechando las obras de acondicionamiento del interior del castillo, para transformarlo en cementerio - para ello y desgraciadamente se desmantelaron todos  los lienzos, salas, patio de armas, etc. Dejándolo prácticamente como lo vemos en la actualidad – se abrió justo encima de la puerta principal lo que parece una gran ventana cuadrada , y que no es otra cosa más que el hueco en el que debía ser embutido el gran escudo de la casa del Infantado, escudo que jamás se labró ni colocó. Lo que si abrieron fueron buen número de fosas por todo el recinto, para ello incluso rellenaron su interior con arena traída en carros del cercano río… y construyeron una serie de nichos en los lienzos interiores del castillo que para ese fin dejaron en pie, hasta que el castillo dejó de servir como cementerio. Momento en el que se derribaron los pocos muros que quedaban, vaciando el interior del castillo completamente… De este modo el Duque perdió este baluarte lleno de todo tipo de historias, y la ciudad recupero uno de sus monumentos principales… Pasando a ser tras siglos de abandono, durante un tiempo de tremendas convulsiones sociales, políticas, económicas y religiosas, un lugar común de paz y descanso. Y digo durante un tiempo, porque pronto el castillo empezó a verse con otros potenciales, barajándose incluso la posibilidad de restaurarle por completo. Así que en cuanto la situación económica lo permitió, la ciudad de Arenas construyó un nuevo cementerio en los Reagajales, lejos de la población y trasladó allí a todos los cadáveres… las obras del cementerio nuevo se empezaron el mes de abril de 1892, contando con un opulento presupuesto para tal construcción. Llevándose al cementerio nuevo de los Reagajales todos los restos y casi todas las lápidas del castillo. A partir de entonces el castillo quedó de nuevo vacío, hasta que a alguien se le ocurrió utilizarlo como almacén municipal, guardando en su interior todo tipo de trastos, máquinas o herramientas inútiles. Quizás fuera el mismo "lumbreras" que se le ocurrió derribar medio castillo, para dar más amplitud a la carretera de Candeleda… por fortuna el castillo se libró gracias a que no había dinero ni para pagar tal demolición…  Con todo sigo preguntando por qué decidieron en instalar el cementerio en el castillo, en vez de en otros parajes más alejados y aptos como pudiera ser el arruinado convento de San Agustín, o las inmediaciones de cualquiera de las ermitas que circundaban las afueras de la ciudad… 
        
A la orillita del río, donde lava mi morena.
y el agua se va llevando, sus suspiros y mis penas,

        Creo que en parte esta decisión se debe a que los gastos de las obras para acondicionar el castillo iban a ser mínimos. Y lo que es del mismo modo igual de importante, este baluarte según la tradición oral arenense es un lugar de apariciones y manifestaciones “mágico-fantasmales”, estigma que venía arrastrando varios siglos atrás. Desde la muerte del Condestable Álvaro de Luna y la de su esposa Doña Juana Pimentel, la Triste Condesa… siendo para la memoria colectiva considerado el  interior del mismo como lugar entre encantado y sagrado, al menos desde el siglo XVII. Durante todo este tiempo para los arenenses su castillo quedó encantado, entrevelado. Como sumido en un romántico y profundo sueño de leyenda al abrigo de las hiedras. Protegido del agua y del viento, despertando cada mañana bajo el vuelo imposible de los vertiginosos vencejos o el alegre “castañeteo” de las cigüeñas blancas… Mientras que por las noches, se cernía sobre el castillo un manto tenebroso y negro en el que solo resonaba el triste, lúgubre y funesto ulular de las lechuzas. Trayéndonos a la memoria la inevitable caducidad de la carne, a través de aterradoras leyendas oídas desde niños. Leyendas arenenses contadas por nuestros abuelos y abuelas, en las cuales nos aseguraban que en las noches de luna llena salía recorriendo las torres y muros del castillo  la ensangrentada cabeza desollada del Condestable Álvaro de Luna. Noches en las que además de tan terrorífica aparición, se podían escuchar los terribles lamentos de su esposa  “La Triste Condesa”llorando por las torres sin consuelo… Sin olvidar otros relatos de la tradición oral, que aseguran ser rigurosamente ciertos, y así han pasado de generación en generación. Como esta otra historia fantasmal del castillo contada por Manuela García Vadillo, a la que su madre le contó como siendo aquella niña hubo en Arenas una terrible peste que hizo muchas muertes. “Tantas que pronto la hierba empezó a crecer por las calles, entre los gorrones del empedráo…” Nadie se atrevía a salir de sus casas por miedo al contagio…. Y un día una mocetona murió y claro se la llevaron al castillo dónde la pusieron a velar un día para enterrarla al día siguiente. Pero la mocetona no estaba muerta y resulta que a media noche se despertó y al verse ahí sola, fue a la puerta de atrás del castillo y empezó a dar golpes y a pedir socorro. Los vecinos al oír los golpes y lamentos desesterados de la mocetona creyeron que era cosa extraña de los muertos y no se atrevieron siquiera a salir de la cama, ni tan siquiera cuando los golpes y gritos dejaron de oírse poco antes del amanecer. A la mañana siguiente la mocetona apareció muerta a la puerta de atrás del castillo tirada en el suelo… desde entonces su espíritu ronda aquel lugar donde algunas noches se oyen lamentos y como golpes en la puerta del castillo… Manuela terminó esté relato enlazándolo con otro que la sucedió a ella y que con su permiso os cuento a continuación, para recordar a unos y que no olviden otros, el miedo que producía por las noche el simple hecho de pasear cerca de aquel lugar tan lúgubre y poco iluminado.

Detalle de la ventana en la que hubo una
"higuerilla", nido de lechuzas y cuna de
leyendas y cuentos... Sin embargo guarda una
bella historia ya que por ella escaló el hijo del
Duque del Infantado con su ayo, en secreto
y contraviniendo las ordenes del rey, para
casarse con la hija de Juana de Pimentel,
María de Luna y Pimentel... Una bella historia
de amor, rebeldía e ingenio...ya que se abrió
para tal fin.
        El caso es que un día, como era habitual a Manuela la esperaba el por entonces novio –al poco marido -  Antonio Fuentes, a la puerta del molino de Macario Pérez, o como se decía en Arenas, el molino del Tío Macario. No la iba a dejar andar sola por las noches y menos en aquellos tiempos de posguerra reciente, con el miedo aún metido en el cuerpo y en el alma… y al salir Manola de trabajar, se ponen a andar por aquella negra calle que hace el lienzo sur del castillo en dirección a la Bombonera, de repente Manuela se para y con tono grave, muy serio le dice al bueno de su novio señalando hacía el cubo que se asoma a la Bombonera, como para meterle miedo:

     -   Antonio mira ahí entre la higuerilla que sale de aquella ventana. En la torrecilla por cima la fragua de Adolfo Mesón. Mira como se remecen las ramas, ahí parece que anda alguien…

        Antonio miró y aunque no había nada  creyó ver algo, así que agarro a Manola y apretó el paso calle arriba. Pero mira tu por donde en ese momento y justo cuando dejan a su espalda el cubo, sale la abuela de mía migo Pedro Rodriguez, y sin mediar palabra como una aparición tiró el agua sucia a la reguera por la ventana como era costumbre en la ciudad, sin que Antonio se percatara de que ello. El pobre hombre al sentir caer el agua justo a unos metros de sus espaldas echó a correr despavorido creyendo ser cosa de encantamientos, dejando a la novia sola y muerta de risa, ya que ella si se había percatado de la buena señora… Así se las gastaban las mozas de arenas con sus incautos novios... Y así era el miedo y respeto que se tenía a ese lugar, sobre todo por la noche. Miedo del que no se escapaban ni los mozos más valientes... Historias y sobre todo miedos que se disolvían con la luz clara del día, momento a partir del cual el entorno del castillo se transformaba y cobraba vida, siendo en su conjunto el lugar con más movimiento y ocupaciones sociales de la ciudad, hasta que en el siglo XX convirtieron buena parte de la plaza principal y entorno del castillo en un triste y anacrónico aparcamiento… Historias y leyendas que encierran un sano interés de protección civil implícito pero oculto a primera vista. Pues el fin de todas estas leyendas terroríficas era doble por un aparte se trataba sencillamente de mantener alejado y fuera de toda atención y especulación cualquier uso o intruso en este lugar.  Y por otra parte había que alejar a los niños del interior de aquel lugar, simplemente porque al ser un edificio tan monumental en ruinas, podía provocar no pocos y serios accidentes. Sobre todo al hundirse o simplemente desprenderse parte de su maltrecha e inestable estructura interna. Utilizando el pecado y el miedo a la profanación de los muertos como herramientas para convencer a unas gentes sencillas, en su mayoría por entonces profundamente creyentes y supersticiosas.
El castillo en ruinas de la Triste Condesa, el Puente Románico, y el ciprés de la Plaza de la Victimas...  y  la
coplilla arenera cantada por los arrieros cada vez que iban o regresaban de vender y comprar con sus yuntas; "Perdona
que no me pare, puente viejo de Aquelcabos, Voy en busca de mi novia, que vive abajo en Los Llanos" O esta otra;
"Perdona que no me pare, puente viejo de Triana. Voy en busca de mi novia, que vive en la Carrellana"...
        Sin embargo el tiempo que nunca se para porque no se cansa, siguió andando su camino y tras recuperar el aliento de la tremenda guerra fratricida, las cosas para el castillo y demás monumentos públicos de primer orden en Arenas a mediados del siglo XX, cambiaron substancialmente. Sufriendo la arquitectura tradicional de la ciudad a partir de entonces transformaciones en muchos casos traumáticas por ser irrecuperables… No así el castillo ya que fue uno de los primeros monumentos recuperados – del mismo modo que el Palacio del Infante, La Capilla Real del Santuario Alcantarino, la Colegial, la Iglesia de la Plazuela…


Fachada principal del Colegio del Carmen. Fotografía
cedida por Fernando Mesón Peña-

Monumentos que son una mínima representación de los tesoros que esta ciudad perdió a partir de dicho siglo XX hasta la actualidad. Hubiera sido mejor sin lugar a dudas no haber especulado con la tierra, y conservar las ruinas al menos del convento del Pilar en San Agustín y las del convento de las agustinas que antes fue fundación de Sta. Teresa…  el palacio de los Duques de Frías, las casas adinteladas y la carnicería de la calle Mesones, la Plaza de la Nava,  el Colegio del Carmen, el Martinete, las ermitas de San Blas, Sta. Lucía, S. Miguel, Sta. Bárbara, la de Los Llanos… pérdidas a las que hay que aumentar el noventa por ciento de la arquitectura popular tradicional, incluyendo con ello casi todos los espacios públicos, como el que ocupaban las antaño abundantes y frescas fuentes o veneros solo dentro del casco urbano, lo que daría para otro artículo monográfico…

La Cruz del Mentidero un animado
día de Ferias en la década de 1950. 
        Pero volvamos con el despertar del castillo, despertar que empezó de manera nada romántica…  ya que tras no pocas y contundentes  protestas, sobre todo del sector más anciano de la población, que veían con buenos ojos  almacenar en el castillo trastos y zarzas… hasta que llegó un nuevo plan para reconstruir y rehabilitar el castillo en condiciones, y el proyecto venía ni más ni menos que del Ministerio de Turismo. Sin embargo solo fue parte de un ambicioso proyecto fallido, en el que el castillo formaba parte de una “urbanización a mayor escala en Gredos” en un intento de llevar a Arenas hacía una modernidad mal entendida que como decía anteriormente se llevó por delante gran parte de nuestro patrimonio histórico, cultural y por supuesto humano. 

"Te dije te quiero mucho, y tú a mi cuanto te quiero.
Pero estábamos al pie, de la Cruz del Mentidero"
Pero el intento en principio iba en serio, y no evitó la visita personal del por entonces Ministro de Turismo Manuel Fraga al castillo y ciudad… Pero ni con esas. El problema era que la idea no gustaba nada a los de Arenas, ese era un lugar sagrado donde había reposado los restos de sus padres y abuelos… Y lo que era peor con el Parador Arenas perdería la propiedad del castillo... ¡Cómo iban a permitir nuestros bisabuelos y abuelos, después de tanta lucha, perder ahora el castillo para convertirlo en un Parador para señoritos!... A pesar de ello se empezó la obra y la mejor idea que tuvieron aquellos “arquitectos” fue la de dinamitar la base de la torre del homenaje literalmente, con el fin de abrir hueco en el que instalar un moderno ascensor que jamás llegó a funcionar… el hueco tremendo sin embargo ahí está en la torre… por fortuna no continuaron las obras de su derribo. Sobre todo porque los arenenses de entonces opusieron tal resistencia, que aquel proyecto tuvo que abandonarse. Quedando de nuevo el castillo y con él toda la ciudad en paz hasta la década de 1960 y 70. Sin que sin permitiera siquiera su entrada al recinto, por haber sido cementerio. Incluso yo tengo algunos recuerdos guardados con detalles entrañables, de un grupo de mujeres muy mayores apostadas a la puerta del castillo poniendo de “vuelta a media” e impidiendo el paso a todo aquel que quisiera entrar a una capea que se organizó en la década de 1970. Capea que le costó no pocos disgustos al ayuntamiento por haber permitido “tamaño sacrilegio”. Así eran las cosas en tiempos de mis abuelos, muchas cosas eran terribles pecados o peor aún un sacrilegio… de todos modos la apertura del castillo para “hacer bailes” fue a partir de entonces imparable… Para ello el ayuntamiento mandó sacar toda la basura que había en su interior. Se limpió todo el castillo de hierbas e incluso se remataron algunos cubos y torres arruinados con piedras de San Agustín. Y levantaron en su interior tablaos de madera del mismo modo que se hacía en la Plaza Mayor para las Ferias y Fiestas principales de la ciudad. En la década de 1980, los jóvenes ganaron la batalla a los más mayores y la fiesta y con ella el baile se trasladó de la Plaza Mayor, al Castillo. Que dejó de ser considerado un lugar sagrado, para convertirse en el principal auditorio y recinto para conciertos, bailes públicos, obras de teatro, etc.… de la ciudad hasta la adquisición del Palacio del Infante y la inauguración de la Casa de la Cultura Josefina Carabias.
"A la orilla del río, la vi los bajos.
yo pensé que eran pelos, y era un colgajo..."

        Por todo esto los habitantes del barrio del Castillo siempre han sido una representación a escala del pulso de la ciudad. En torno a él se llevaba y lleva a cabo todas las manifestaciones, ritmos y ciclos tanto de la naturaleza, como del propio ser humano a nivel individual y colectivo. Dentro  antes de las danzas y comedias, fue lugar de silencio, de meditación, la visión más real, tremenda y esperanzadora. Un lugar en el que descansan todos los seres queridos y más aún los antepasados directos… y fuera compartiendo los mismos muros de la muerte, la vida más turgente, los juegos, los aseos diarios, el mercado, el paseo, las penas, las alegrías… Como la cara y la cruz de una misma moneda, o como el sino de todo destino marcado en cada ser nada más nacer...  En la Plaza del Castillo desemboca “La Corredera” calle cantada en mil coplas; “Calle de la Corredera, alegre, hermosa y bonita. Donde no sabes si salen, casadas o solteritas” O esta otra canción de ronda que dice; “Si vas a la Corredera, ay, ay, ay, ay. Da la vuelta y vuelve luego. Y dile a la mi morena, que en corazón la llevo… De la Corredera salen ahí, ahí, ahí. Los toreros y toreras. Y del barrio San Juan Alto, salen las banderilleras...”. También allí frente el castillo en el lugar que ocupa actualmente el parque infantil y la estatua de nuestro Santo, se instalaban los puestos de afamados artesanos que vendían directamente sus productos. Y venían los mejores porque a las Ferias y Fiestas de Arenas acudían todos los vecinos de la comarca para abastecerse de todo tipo de mercancías necesarias para sus tareas o labores profesionales, gastronómicas, textiles agropecuarias… Uno de los mercaderes que no faltaba a aquellas últimas ferias era el mejor guarnicionero de la comarca, el talaverano Manolo Cerdán. También venía el mejor cacharrero o alfarero de Mombeltran. Del Valle Ambroz y Salamanca venían para vender los canastos de tiras de castaño, también mi bisabuelo el Tío Kiko Pecci ponía su puesto en el que vendía los canalones, calderos, moldes para hacer dulces y pastas, farolillos, candiles etc. Y por supuesto no faltaban tampoco los muleros cargados de ajos para las Ferias. Ni el señor José Jiménez “EL Gitano” padre de Diego, cada vez que algún arenense quería comprar o vender a buen precio un caballo o acémila en general… era el mejor tratante de la comarca y del mismo modo que el resto de tratantes un buen vecino.
Uno de los últimos mercados de los ·
"Coratos" en el Teso de 1950. En el cubo se
puede ver la casa de los abuelos de Pedro
Rodriguez, no así la fragua
de Adolfo Mesón.

A finales de 1950 el mercado de los
cerdos se trasladó a la Calle Empedrá.
Como muestra la fotografía del autor.


























       Todo esto y más cosas acontecían frente el lienzo este del castillo – que es en el que se abre la puerta principal y en  el que se haya la torre del homenaje– Siendo esta parte de los lienzos exteriores del castillo la única zona que quedó libre de casas, el resto estaba totalmente ocupado por viviendas y negocios. Pero la mitad de esta parte estaba destinada para uso y disfrute del todo el pueblo. En él se jugaba a la pelota todos los domingos tras la misa mayor y se jugaba mucho. El juego se realizaba en la pared de la torre del homenaje que da a la puerta principal del castillo. Para ello se enfoscaba con cal y arena, jugando con la puerta para sacar ventaja de los rebotes… había diferentes modalidades y juegos, compitiendo entre los mozos de Arenas o contra los del partido. Habiendo muy buenos jugadores incluida la generación de mi padre, como por ejemplo José Luis Lozano y antes que él “Leñito o Carqueles”. Fue un juego muy reconocido en todas las localidades del Partido. Por lo que daba mucho prestigio, fama y honra a aquellos que jugaban bien. Pues estas competiciones no se competía entre equipos, sino entre poblaciones. Siendo estos una especie de embajadores o representantes de sus localidades de origen. Por lo que sus victorias eran ensalzadas con grandes vítores y sus derrotas, sus derrotas lo más dignamente asumidas. Sobre todo cuando jugaba Arenas y Mombeltran, villa en la que además de haber la misma aflicción, había muy buenos jugadores y una rivalidad más enconada por la igualdad entre  los jugadores de ambas poblaciones. Los juegos de pelota se llevaban a cabo también algunos sábados y en las Fiestas y Ferias principales de la ciudad, atrayendo gran número de asistentes, apostando incluso dinero por los equipos…

Vista de la fachada principal del castillo. Fotografía
cedida por Fernando Mesón Peña.
Hasta que llegó “El Cine” de manos del Sr. Gregorio “El Tío Mochila”. Momento a partir del cual los jugadores de pelota fueron desplazados a la Plaza Mayor, jugando en la fachada del ábside de la colegiata y parroquia de la ciudad. Pero esto provocó muchas protestas incluyendo las del párroco, además y supongo que de forma involuntaria la pelota algunas veces caería sobre los que por allí paseaban, o en los cristales de las ventanas y balcones de las casas de aquella entonces bella Plaza Mayor. Viéndose poco más que obligado el ayuntamiento a prohibir el juego en dicha plaza… a partir de la década de 1950 los juegos de pelota poco a poco pero inexorablemente, pasaron a formar parte del mundo de los juegos olvidados… También en este lienzo este, además de jugar a la pelota, se llevaba a cabo otro juego muy diferente sobre todo desde el Carnaval hasta San Pedro. Se trata del juego  o mejor dicho la  “tirada a los gallos”. Esta era una forma muy primaria – por no decir bárbara…-  de ejercitarse y obtener varios tipos de beneficios tanto materiales, como inmateriales… Se trataba básicamente en aplastar la cabeza de un gallo que colgaban boca abajo del lienzo del castillo. Para ello el dueño del gallo, vendía tres piedras que había cogido del cercano río, trazaba una raya con un palo a cierta distancia desde dónde lanzarían los que comprasen las piedras por una mínima cantidad de dinero.

Fotografía en la que se puede apreciar el enfoscado de cal y arena.
para jugar a la pelota. Y pegada al cubo la esquina de la casa de "Los Pingüinos"
       Pero pronto el cine del Tío Mochila se convirtió en un floreciente negocio y el señor Gregorio levantó una barraca de madera. “La Barraca del Tío Mochila” desplazando definitivamente el juego de los gallos. Antes de fabricar la Barraca los asistentes al cine tenían que llevar sus propios asientos. Mi padre se acuerda bien, era muy pequeño y el menor de sus hermanos, por lo que su abuela la Tía Dominica siempre se le llevaba al cine, aunque le tocaba a él cargar con la “sillona” de mimbre en la que se sentaba él sobre su  abuela. Los más mayores se acercaban al cauce donde tras elegir la piedra más apropiada, se la llevaban para sentarse sobre ella… También me cuenta mi padre como aquellos mismos niños y niñas más mayores al grito de; “¡Que viene la Tía Áca!”, salían corriendo para evitar tener que pagarla el poco dinero que cobraban. La Señora Áca era hermana del señor Gregorio y el hijo de esta, Antonio era el encargado de proyectar o “el Cameraman”. He de decir que esta familia siempre tuvo un comportamiento impecable con todos los arenenses. Y más aún con los más necesitados, a los que permitían pasar sin cobrarles dinero alguno, por eso y por muchas otras cosas el señor Antonio González y con él “La Barraca”, siempre serán recordados con cariño, respeto y admiración por todos los arenenses. Pues este hombre logró realizar sus sueños, despertando a una juventud de soñadores arenenses de un largo y profundo letargo… Mi tía Pilar Peces "la Churrera" me contaba que de niña quería ir a ver el cine, pero su abuela no la dejaba. Entonces se escapó y se sentó en un "terraplen" a cierta distancia pero desde donde veía perfectamente la película... Película que no llegó a ver porque se quedó dormida. Cuando acabó la película y su abuela llegó a casa y ve que no estaba da la voz de alarma, buscándola por todas partes. Con el revuelo Pilar se despertó y cuando llegó a casa recuerda que "ceno caliente"... y es que aunque ahora nos parezca lo más normal del mundo, para nuestros abuelos el cine fue mucho más que una revolución.

Vista actual del lienzo norte del castillo. Donde
se puede apreciar aún el encalado de las casas
y fraguas que allí funcionaron...
        Pero volvamos al castillo. El cual como decía, estaba totalmente ocupado en todo su perímetro exterior por viviendas y otras construcciones industriales. Casas que han desaparecido casi en su totalidad, y en las que se desarrollaron y crecieron generaciones de arenenses que bien merecen al menos el recuerdo de todos. Por eso y para no alargarme demasiado, he buscado y encontrado lo que he dado en llamar, los últimos habitantes del castillo de Arenas. Empezaré por el lienzo norte, el que da frente a los contramuros de lo que antaño fue la cárcel del Partido de Arenas. Empezando por el cubo que se asoma a la Plaza del Castillo o del Condestable hasta el cubo que se asoma al parque de la Bombonera. En primer lugar estaba la casa de la familia de “Los Pingüinos”, familia que vino el siglo pasado del otro lado del Tiétar, instalándose en Arenas de donde son actualmente hijos. Lamento no poder dar más datos pues marcharon a Francia y tan solo queda un descendiente conocido con el que tengo pendiente una conversación… Por debajo de los Pinguinos y hasta el torreón cuadrado que divide el lienzo en dos partes, estaba otra casa abandonada que aún no sé quién ocupó por última vez. En el torreón cuadrado que divide el lienzo en dos partes iguales, sobresaliendo de él y estrechando la calle, estaba la herrería del Tío “Guilillo”. Por debajo de él desde el torreón hasta el cubo que se asoma al parque de la Bombonera, estaba la fragua de Miguel Delicado. Y pegado a este hasta el cubo circular que hace esquina frente al parque de la Bombonera, estuvo la vaquería y vivienda donde vivió con sus padres Trinidad Rodriguez “de la familia de "los Gangas”. Uno de últimos y mejores vaqueros arenense. Sus vacas podían dar leche o carne, pero él se dedicaba a domarlas para uncirlas en yuntas de las que disponía varias para sustentar a su familia… padre y abuelo de uno de los mejores atletas que ha dado Arenas mi amigo Pedro Rodriguez... En la calle que queda entre estas casas adosas al castillo y la cárcel solían poner los guangos en ferias y fiestas, en los que se vendía sobre todo limonada. Siendo lugar de fiestas y animadas rondas nocturnas para todos menos para los presos de la cárcel de Arenas. A los que la tradición oral pronto sacó “un cantar” que dice de la siguiente forma;

Veinticinco calabozos, tiene la cárcel de Arenas.
Veinticuatro ya he pasado, ay de mi, y el más penoso me queda.
Ahora si que estamos bien, tu presa y yo prisionero.
Tú con cadenas de amores, ay de mí, yo con cadenas de hierro.
Si tu patio fuera cárcel,  y tu niña carcelera.
Los demonios me llevaran, ay de mi, si de la cárcel saliera.
Preso me llevan cautivo, a la casa de los picos.
Por haber roto el mandil, ay de mí, a la hija del más rico.
Veinticinco calabozos, tiene la cárcel de Arenas.
Veinticuatro ya he pasado, ay de mi, y el más penoso me queda.

Vista actual del lienzo oeste del castillo. Donde trabajaron y
vivieron los primos Adofo y Pedro Mesón...

        Casi mojando los muros del lienzo oeste, está lo que podríamos llamar la contrafachada principal del castillo. Y si los espacios de la fachada principal estaban destinados al ocio, mercado y esparcimiento de toda la población, la contrafachada era el lugar destinado para las industrias y por lo tanto al trabajo. Esta fachada del castillo estaba ocupada toda ella por dos negocios metalúrgicos y viviendas de la familia Mesón. La fragua y taller de Adolfo Mesón, que estaba situada entre el cubo que se asoma a la Bombonera y el torreón central. Y la vivienda y fragua de su primo Pedro Mesón, que estaba situada desde el torreón central, hasta el cubo que se asoma al puente de la Puerta el Sol o Aquelcabos. 
Mujeres lavando en el Cauce y aceña a finales
de 1950 a los pies del castillo. Fotografía
propiedad del autor.

         Frente a ellas y por el mismo orden el molino del Tío Macario Pérez, por debajo de él había un taller de carros de mulas, por debajo la casa de Pedro Pecci Díaz "el tío Pechi" y su mujer Amalia, “Los Churreros” los mejores churros, aguardientes, puros y patatas frías de aquel Arenas y familia de quien escribe. El apodo de "Los Peces o los Pechis" lo compartimos todos los sobrinos tataranietos del Papa León XIII, hijo del noble italiano Antonio Pecci del que descendemos desde que se instalaron en Arenas en el siglo XIX dos sobrinos de León XIII... Y por la parte trasera de estas casas y negocios,  sigue discurriendo alegre y limpia la garganta de Arenas, una vez reunidas y amalgamadas las aguas serranas de los ríos Arenal, Cantos y Ricuevas. Muro y defensa natural que protegía a la ciudad como los muros de granito de la sierra… Potencial hidráulico que fue motor de la economía arenense. Ya que daba vida y movimiento a no pocos molinos e industrias relacionadas con los tejidos, metales, cerámicas, pieles, electricidad, gastronómicas, higiénicas, cinegéticas… El río de Arenas junto al Tiétar es uno de los pocos ríos de montaña en el que la se podía extraer arena para la construcción. Siendo muchos los que se dedicaban a esta tarea. Mi padre me recuerda a uno de los últimos areneros arenense, el Sr. Pepe Rodriguez, para nosotros  “el Tío Soleche” sacando arena en el río y portándola en los serones de su mula allá donde se precisase… Riberas en las que además se afanaban a diario animados corros de mujeres cargadas con grandes cestos de ropa sucia por lavar y “tender al sol de la hierba…” Imán al que todos de niños acudíamos a jugar saltando por las pulidas piedras y cantos, pescando o refrescándonos huyendo de los rigores del verano o de la para algunos tediosa siesta… siesta que a su modo también ahuyentaban los fuertes golpes del hierro contra el hierro, que como canciones de ronda, salían de las fraguas de los mesones, gracias a la maestría melodiosa de sus manos de maestros artesanos.

Vista de parte del lienzo sur, donde nació y vivió en la casa y
fragua de su padre Andrés Mesón el bueno de Pedro... 
        El lienzo sur se asoma desde la Plaza del Condestable, hasta el Puente de la Puerta del Sol o Aquelcabos. frente a estos lienzos estaba situado otro lugar de mucha, pero que mucha concurrencia. Aunque en este caso por motivos digamos menos lúdicos pero ineludibles. Ya que lindando con el Huerto del Cura, frente al torreón cuadrado central que divide en dos cada uno de los cuatro lienzos del castillo, y el cubo circular que hermosea la esquina situada a oriente, estaban los WC públicos - llamados con cierta guasa “Los Sainetes”-  aprovechando las aguas del arroyo Guisete. Arroyo del que siempre se sirvió la ciudad para deshacerse de las inmundicias y orines. Arroyo que venían recogiendo el agua sobrante de las abundantes fuentes hasta formar un caudal constante desde ermita de San Blas, paseo del prado por toda la Corredera hasta el castillo. Arroyo que dividía en dos a la ciudad y cuyas aguas según recorrían las calles y plazas iban recogiendo buena parte de los detritos y orines manteniéndola limpia y fresca en verano. Por encima de los Sainetes estaba la casa de la Tía Kika y su marido Fermín que era guarda de montes de la familia de los Barbas... Y por debajo de los Sainetes estaba la casa y cacharrería del Tío Alberto. Alfarería que surtía de botijos, barreños y pucheros a la ciudad y pueblos de la comarca.

"Dime niña bonita, dónde vas a lavar.
Voy a la orilla el río, como van las demás."
      Utilidad higiénico-sanitaria que se venía utilizando desde muchos siglos antes a la construcción de los Sainetes.  Basta con fijarse un poco en los cubos circulares de este lienzo, ahí siguen colocados simétricamente dos retretes del siglo XV… retretes que he calificado como “prototurcos” y que dejaban caer directamente “los regalitos” al agua del foso que por entonces protegía al castillo, agua que era portada por el arroyo Guisete. Y utilidad que se le debió seguir dando a aquel lugar, donde se construyeron los sainetes. Una sencilla y funcional caseta construida justo encima del Guisete, a modo de pasillo estrecho en el que separados por tres de tabiques sin puerta, había tres “tronos” que dejaban caer los detritos directamente al arroyo que bajo ellos corría encauzado. Por lo que era importante ir en compañía, así mientras unos obraban otros vigilaban… ya que los Sainetes eran unisex.

       En este lienzo aún quedan algunas casas que han quedado en pie, como testigos de lo que hace apenas unos años el adarve del castillo de Arenas fue. Allí estaba la casa y fragua de Andrés Mesón Narros,  ocupando el medio lienzo que va desde el cubo que se asoma al Puente de Aquelcabos, hasta el torreón central. Enfrente de él y formando un corral o patio vecinal vivió el "Tío Silletero", junto a este y haciendo esquina frente a la casa de "La Campanera", vivió una hija de Pedro Mesón Peña, Carmen Mesón Peña, y junto a ella cerrando el corral, la casa y taller de Santiago "El Carretero". En la otra mitad de este lienzo sur estaba la casa de Pepe "el Atacoso", y a la casa de Vicenta Arboz "la Perigola" y su marido Pepe Rodriguez "Soleche", casa que a su vez linda aún con la de los “Galanes”, casa que ocupa y envuelve casi por completo el cubo que se asoma a la Piedra Gorda en el lienzo este, por el que empecé.

Vista de los lienzos oeste y sur del castillo a principios del
siglo XX. Fotografía cedida por Fernando Mesón Peña.

       Y en este último trocito del lienzo este del castillo -por el que empezó este relato...- pegada a casa de los Galanes, estaba la casa de Félix el “Celador”. Frente a ella y dejando un pequeño patio en medio, adosada a la torre del homenaje estaba la casa en la que vivió y sacó adelante a su familia Cándido López Manzaanero, el "Tío Sanguillo" uno de los mejores rondadores de Arenas, además de haber sido tan gran bailador y tocador de castañuelas, como persona. Se encargaba con su escobón de retama de mantener las calles de la ciudad límpias,,, el señor Cándido era bajo de estátura lo que no le impidió casarse con una hermosa y alta arenense llamada Guadalupe -belleza y buen plante que ha sacado una de sus tataranietas...- Al Tío Sanguillo, como a la mayoría de los hombres de su generación, incluyendo a mi abuelo Manolo, le gustaban tres cosas; la fiesta, el vino y las mujeres, sobre todo la suya... Gustos y virtudes que heredó su hijo Félix López y sus descendientes. Al lado de la casa del "Tío Sanguillo" había otra casita encima casi de la piedra Gorda, pero siento decirles que aún no se quienes fueron sus últimos moradores. Frente a esta fachada del castillo estaba haciendo esquina con la Plaza del Castillo, la casa y joyería de Pachi, y por debajo la afamada tahona del Tío Macario. Por debajo la Tía Kika, los Sainetes, Santiago "el Cacharrero" y haciéndo esquina había un huerto. El último trocito que queda por describir de este inmueble vivo, ha sido y es un espacio reservado para la diversión de miles de chiquillos, La Piedra Gorda en la fachada principal de la torre del homenaje. y la he querido dejar para el final por tratarse sin duda de uno de los más entrañables para el que escribe. Pues todos los niños y las niñas de Arenas hemos jugado alguna vez en esta Piedra Gorda del Castillo -en Arenas hay otra Piedra Gorda, la de San Agustín...-  siendo tantos los pantalones y faldas rotas como buenos y divertidos los momentos allí vividos en nuestra infancia. La piedra es un lugar ideal para el juego, sobre todo por los peligros que entraña… ya que en su morfología muestra varias caras, unas más accesibles y otras que requieren de cierta técnica y conocimiento del terreno para subirse encima de ella. El juego más común consistía en hacer dos equipos uno se subía a lo alto de la Piedra Gorda y el otro tenía que derribarlo y subirse ganando el equipo que quedara sobre la piedra como “los amos”. Otras veces bastaba con subir y bajar de la forma más arriesgada o difícil… mientras que los más pequeños se limitaban a subir y bajar por “el tobogán” que forma la pulida piedra en una de sus caras.

La casita de Vicenta Arboz y su marido Pepe
Rodriguez, una de las pocas casas que aún
quedan en pie. También se puede apreciar
parte de la casa de Galán.
        Sin duda lo mejor de todo es que hoy sigue ejerciendo su misma función, haciendo que los niños se quieran subir encima de ella a jugar como si de un poderoso imán se tratase. Aún sabiendo la desazón que esto sigue provocando en los padres. Piedra de los primeros juegos, junto a la puerta que daba acceso al mundo y casa de los muertos… otra vez la vida y la muerte unidas sin traumas ni ocultaciones absurdas e innecesarias de esta doble realidad tan rotunda. Cuando yo era niño toda la plaza del Castillo, toda, era zona de juego y punto de reunión tanto de la juventud, como de la chiquillería. El patio de la cárcel era un lugar idóneo para jugar a Burro, Churro-Mediamanga-Mangaentera, el Cinto, etc. Mientras que la plaza era ideal para otros de juegos de temporada como el Gua, o el Ojo con las canicas. Los cromos. Las peonzas. Las Chapas. La Lima. La Urda. El Bote… recuerdo que en frente a la Piedra Gorda estaba la casa y joyería de “Pachi”. Lindando con la hermosa y tradicional casa de Teresa Frutos, la única que queda y conserva las buenas trazas de la arquitectura tradicional arenense… siendo ese rincón de la plaza extremadamente umbrío y frío en los rigores del invierno. Entonces mi amiga Blanca hija de Pachi, animada por todos y sin que nadie la viera, cuando llegaba la noche tiraba dos o tres cubos de agua. Y a la mañana siguiente teníamos una estupenda pista de patinaje sobre el empedrado de la plaza hoy aparcamiento de coches… que se iba agrandando noche tras noche, hasta que las temperaturas empezaban a recuperarse y subir… Mi padre y otros tantos de su generación y aún más los más mayores, me cuentan que entraban al castillo "por los tejados de casas y los agujeros o ventanas, desprendiéndose con cuerdas en su interior", y todo para ir a cazar los cernícalos que criaban en sus casas aunque para ello tuvieran que invertir muchas tardes en salir al monte a por saltamontes, grillos, etc. con que alimentarlos... Aunque los pobres animales también tenían otros usos, por ejemplo en tiempos de hambruna "el caldo de cernícalo curaba la desnutrición..."
 
Vista de la Piedra Gorda del Castillo por su
cara más accesible...

Vista de la Piedra Gorda del Castilla por su
cara más inaccesible...















      Así fue el arenas de nuestros bisabuelos y abuelos y en parte de nuestros padres...  Con una ciudad llena de monumentos históricos, muchos de ellos tan solo en ruinas, y una población de gentes trabajadoras y honradas que solo intentaban sacar a sus familias lo más dignamente posible. Como las personas y con ellas sus familias, que he nombrado en este artículo y buena parte de la ciudadanía. Latido que se pulsaba e impulsaba por toda ella, y que tenía su punto álgido en la plaza del Castillo y sus alrededores. El cauce, las fraguas, los talleres de carros, la tahona, la cacharrería, el molino, la almazara, la Cruz del Mentidero, el Mercado de las Ferias, los guangos de limonada en fiestas, el juego de la pelota, el de los gallos, el cine, la Corredera, la cárcel... y como nó para atender todas las necesidades, incluso las más perentorias, para tanta afluencia de gentes, se instalaron cerca los servicios públicos de los Sainetes en el Guisete... Para terminar quisiera pasarles algunas letrillas de cantares tradicionales en Arenas de San Pedro, relacionados con este monumento arenense, sacadas de la memoria viva de mis paisanos y paisanas:

Cómo quieres castillo, que te levante,
si te encuentro caído por todas partes y engánchela usted...

Ya se murió la culebra, la que estaba en el castillo,
la que por la boca echaba, escuerzos, ranas y grillos.

Dices que me has de matar, en la esquina de la torre.
afila bién tú navajas, que mi pecho es de oro y bronce.

La otra tarde en el castillo, me quisieron dar la muerte,
saqué mi puñal de oro, y se fueron los valientes.



La casa de los padres de mis buenos amigos Pedro y Fernando Mesón a los que dedico este articulo:

Ya no veo los tapiales, ni casita donde vivías,
pero veo los rosales, que los regaba la prenda mía.
Arre mulilla Pastora, compañerilla campanillera,
 que las niñas más bonias, son las de Arenas. Son las de Arenas.
Daniel F. Peces Ayuso, en Arenas de San Pedro, a 11 de marzo de 2012.




4 comentarios:

  1. muy bonito , como me alegro que escriban de nuestro bonito pueblo , y que pogan esas fotos tan bonitas que muchos no hemos conocido, esas imagenes , y otras nos traen recuerdos . muchas gracias

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  2. Enhorabuena denuevo por tu blog, del que aprendemos tantas cosas...
    He sonreido al leer la parte de la Piedra Gorda del Castillo, porque es cierto que ha atraido a todos los niños de Arenas y a muchos de otros pueblos del Barranco...

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  3. Un gran documento de mucho valor para los que amamos la historia de Arenas. Me gustó mucho leerlo y te doy las gracias por este espléndido trabajo.

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  4. ¡Me quito el sombrero ante este artículo!
    Muchas gracias, Daniel :)

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