domingo, 21 de octubre de 2012

Las borderas y bordadoras en la jurisdicción de Arenas de San Pedro, Por Daniel F Peces Ayuso.

Las borderas y las bordadoras tradicionales de Arenas de San Pedro
Daniel F. Peces Ayuso
(Parte del trabajo de recuperación "Aguja y tijeras en Arenas")



Cuando escribí sobre el origen y sentido simbólico en el artículo que esta en este mismo blogs con el título “La historia del tejido” y lo complementé con el de “Los trajes en la comarca de Arenas de San Pedro”, me quedó pendiente escribir para dejar constancia al menos a cerca de las propias bordadoras… mujeres que aprendieron en su más tierna infancia a realizar estas delicadas, milimétricas y matemáticas labores con tan solo la ayuda de una aguja, una hebra de hilo, tiempo y paciencia, mucha paciencia. Labores que en estas tierras además de mostrar sabores, o mejor dicho colores y estilos decorativos propios, se manifiesta con fuerza la influencia de los bordados de Lagartera y más aún los de Navalcan. Poblaciones estas que pertenecieron al alfoz y obispado abulense desde que fue reconquistada en la alta edad media por las huestes de los caballeros Serranos de Ávila… formando parte desde entonces toda la Campana de Oropesa y jurisdicción arenense al mismo área cultural y humano. Valle único y singular, que por codicias ajenas a sus moradores, ha sido dividido a través del tiempo y los sucesivos ordenes administrativos y gubernamentales, hallándose actualmente una gran parte de dichos territorios en el sur de la provincia de Ávila, otra menor en el norte de la provincia de Toledo, y otra no menos importante área de la Vera de Plasencia y Campo Arañuelo al noreste de la provincia de Cáceres, más otra pequeña parte en el oeste de la provincia y Comunidad Autónoma de Madrid. Una locura o sinrazón más pensada en despachos distantes y fríos, sin tener en cuenta las realidades geológicas, topográficas, climáticas, históricas, culturales, sociales, económicas…  Solo así se explica que una misma sierra “Gredos “ junto a su único río y valle “del Tiétar”, se encuentre desmembrada y administrada por cuatro Comunidades Autónomas. Comunidades en las que no faltan criterios a veces opuestos, y perniciosos para las y los serranos que aún vivimos en este valle y sierra. Por todo lo dicho anteriormente, y para ser justo siempre que hable de las tradiciones orales de mi tierra natal Arenas de San Pedro, tendré que hacer mención a esta cultura de culturas que es este “espinazo de Iberia”.

Mi tía Teresa Peces Gutierrez con su traje
de Serrana todo él bordado en seda en
Arenas de San Pedro a principios del S XIX
Para escribir estas palabras a cerca de los bordados en el Partido de Arenas, además de recurrir a todo lo que tengo recogido tras años de visitas y conversaciones grabadas por todos los pueblos del partido y partidos aledaños, me he servido de las experiencias de dos mujeres una arenense, la señora Margarita Muñoz García y su hija Ascensión González Muñoz. Más la experiencia y sabiduría de otra bordadora en este caso navalqueña, pero afincada en Arenas donde crío y sacó adelante a su familia, la señora Paula Encarna Sánchez Sánchez. Las he elegido a ellas primero por la confianza que tengo debido a la amistad que nos une a través del tiempo… Segundo porque resumen perfectamente todo lo que pasaron la gran mayoría de nuestras abuelas y sobre todo aquellas que se dedicaron de forma profesional a tan digna, admirable y hermosa labor... Y tercero por que ambas siguen siendo y serán las mejores bordadoras tradicionales arenenses con las que he tenido el gusto de hablar y aprender tatas cosas. A ellas a Ascensión y a Encarna van dedicadas estas palabras como merecido y justo tributo a su trabajo y vetusto saber.

Los bordados y las bordadoras arenenses:

Mi buena vecina y amiga la señora Teresa Romano
luciendo su exclusivo traje de Serrana arenense en la
fuente de la Carrellana. con su refajo, mandil, faltriquera
y zapatos bordados por las manos de Ascensión
González Muñoz, Chon.
Dentro del amplio panorama del mundo de los bordados tradicionales en esta ciudad de Arenas de San Pedro, decir que había muchas formas de bordar, del mismo modo que también había muchos tipos de bordadoras. Ya que el noventa por ciento de nuestras antepasadas directas, aprendían a coser y bordar de niñas en sus casas y la que podía permitírselo en las escuelas públicas y privadas arenenses o pagando a maestras bordadoras profesionales entre las que no faltaban monjas de nuestros conventos. Más aún, pues la gran mayoría de aquellas mujeres conocían todos y cada uno de los procesos relacionados no solo con las técnicas de hilo y aguja sino de la extracción y  transformación de los mismos, como pudiera ser el esquileo, lavado, cardado, hilado o tejido de la lana… del mismo modo podría decirse del lino que tanto se sembró y tanta fama dio a la feria y mercado de Arenas de San Pedro hasta el siglo XIX… sin olvidarme de la cría intensiva de morales y moreras que alimentaban a los gusanos de seda que abastecían a la Real Fábrica de Sedas de Talavera de la Reina en el siglo XVIII y XIX… Labores que formaban parte intrínseca del quehacer diario y que servía para abastecer a las familias de cuantas  prendas necesitasen tanto de uso diario como pudieran ser medias, camisas, calzones, enaguas, etc. como las más suntuosas ropas de gala y vistas de boda con impresionantes ajuares que se exponían con una intención clara de ostentación y prestigio familiar… En otros casos estas labores las servían a las mocitas para ir haciéndose su propio ajuar o para hacerse con aquellos otros complementos que necesitase como pudiera ser la gargantillina con 34 o 36 Alvellanas de oro o plata bañada en oro, una venera o un pañuelo de Crespón por poner algunos ejemplos

Detalle del refajo de terciopelo bordado por
 Chon al estilo tradicional arenense, propiedad
de Teresa Romano.
Pero yo quiero hablarles de aquellas mujeres que se dedicaron en cuerpo y alma a estas labores del bordado tradicional, no solo porque era un recurso económico honrado y decente para las mujeres a las que no estaba muy bien visto verlas por las calles y mucho menos en los bares de fiesta… sino porque además las permitió y ayudó a sacar adelante a sus familias con la ayuda de un aguja, hilo y tiempo mucho tiempo invertido en cada obra o labor. Pero sobre todo porque estas mujeres aman su profesión hasta tal punto que todas sus obras son de una exquisitez y precisión impecable. En sus labores no hay una puntada mal dada, siendo muy difícil saber cuál es el derecho y el revés de dichas prendas. Prendas que están en manos de muchos de mis vecinos y paisanos, aunque no todas fueron debidamente recompensadas como todas ellas reconocen al sentir que sus laboriosas labores pocas veces fueron bien pagadas.

Algunas mozas de Arenas, como las del resto de los pueblos del partido, solían trabajar en los talleres regentados por una maestra que solía tener a su cargo varias mocitas a las que enseñaba, corregía y pagaba un jornal diario por realizar la labor que las pusiera a cada una para hacer en un día. El horario dependía del trabajo pero las mocitas solían estar más o menos desde las nueve de la mañana hasta la una "pasado el medio día", siempre que hubiesen acabado la tarea encomendada por la maestra del taller. En estos talleres se cosía por encargo ajustando el precio con la bordadora según las labores a realizar o como se dice tradicionalmente “los paños a bordar”. Sobre todo los preciosos y valiosos ajuares de boda, ajuares que en estas tierras solían componerse de las siguientes prendas a estrenar por una familia media. Ropas que no se usarían, ya que tras la boda serían guardadas cuidadosamente en arcas y cajones en espera de engrosar el próximo ajuar familiar:

-       Doce juegos de sábanas para cama de matrimonio, todos bordados con las iniciales de los esposos, motivos florales, zoomórficos y geométricos. (En la posguerra civil española las novias solían mandar a bordar seis sábanas, las otras seis solían ser antiguas o prestadas para las vistas, costumbre esta que como la mayoría en dicho tiempo se encontraban en franca decadencia…)
-          Seis juegos de cama pequeña de las mismas características que las anteriores.
-          Siete toallas grandes de seda y otras tantas de lino todas ellas bordadas con las iniciales de los novios. Hasta principios del siglo XX, se bordaba también una toallita más pequeña con temas religiosos de marcado simbolismo cristiano tales como cruces, jarrones con azucenas, angelitos, etc.  Toallita que era utilizada para el bautizo del primer hijo o hija. Del mismo modo se bordaba con hilo negro sobre un paño fino de buen hilo blanco dibujos florales mezclados con símbolos cristianos funestos, que se utilizaba para llevarlo a la parroquia cuando había alguna misa de difuntos y poner sobre dicho paño llamado tradicionalmente “paño de las arderas o de las hachas”, una especie de pala de madera, de forma muy similar a las palas para jugar al pin-pon en las que se enrollaba una mecha untada en cera virgen y que ardía en dichas ceremonias funerales…
-          Un mantel de doce servicios todo el bordado generalmente con motivos geométricos y florales, en los que suelen insertar corazones, pájaros, mariposas… y otro mantel más pequeño para usar en los días festivos o para los grandes eventos de tipo familiar.
-          Una gran colcha que solía ser bordada hasta el siglo XX en el que se pusieron de moda las colchas a ganchillo, de las que hay hermosos y museísticos ejemplares en algunas arcas arenenses.
-          La ropita para el primer niño o niña nacida. Como por ejemplo el gorrito, la gola, el babero, la mantilla, el ropijo o vestidito, la capita, el ombliguero, las medias y los patucos o calzapollos. Del mismo modo que sucedió con las colchas hechas a ganchillo, a partir del siglo XX se pusieron de moda los vestiditos y demás complementos de la indumentaria tradicional infantil femenina hechos a ganchillo…

Parte de uno de los refajos bordados por Chon en
Arenas de San Pedro, propiedad de Teresa R.
Ni que decir tengo que aunque este era el ajuar que solían llevar la clase media en las galas o vistas previas a sus enlaces matrimoniales, lo cierto es que también había muchas mujeres que no podían aportar dichos elementos… mientras que una minoría adinerada de ellas excedía con creces los mismos… también y como curiosidad decir que al menos hasta el siglo XX las mujeres tenían dos opciones a la hora de mandar bordar el ajuar y comprar las costosas telas de hilo y lino. La que podía lo compraba en uno de los muchos comercios de la ciudad, pero la gran mayoría solían comprar las telas por plazos en los comercios de Arenas o bien a los comerciantes que se dedicaban a estas labores vendiendo de pueblo en pueblo como antes  hacían los arrieros y los pañeros. Sea como fuese en los talleres los caros hilos para bordar siempre los ponía la bordadora. Esta costumbre las permitía a las bordadoras más trabajadoras y al tiempo más necesitadas de recursos económicos, sacar unos pocos hilos más de cada labor, con la escusa de  necesitar más hilo que el empleado. Hilos que emplearía en otra labor que vendería posteriormente sin coste alguno al menos por el material o que utilizaría para bordarse un paño o lo que necesitase…

A aquellos talleres de Arenas y su comarca además del trabajo realizado por encargos personales como el anteriormente mencionado de las Vistas o Galas nupciales, llegaban también otro tipo de encargos como los que venían de manos de las bordadoras o labranderas de la Campana de Oropesa entre ellas muchas oropesanas y  lagarteranas. En estas localidades las labranderas no daban abasto con el trabajo y encargos recibidos, sobre todo por la merecida fama de sus labores que se vendían a buen precio por toda la península e incluso fuera de ella.  Aquellas emprendedoras mujeres solían cargar una acémila con manteles, servilletas, colchas, cojines, etc. Prendas estas que traían pintadas pero sin bordar y se encaminaban a los pueblos del partido Arenense. Cada una de aquellas labranderas lagarteranas solían acudir con sus encargos a las mismas bordadoras cada mes. A veces no solo dejaban sus encargos en los talleres, sino que contaban además con no pocas mozas que cosían para ellas en sus casas a la noche y a la luz de la tea o del candil… y por el día dentro de su portal lejos de la mirada de nadie... En cualquier caso el jornal que las pagaban estas labraderas lagarteranas a las bordadoras arenenses era ridículo, pero suficiente como para aportar algo a la economía familiar o hacerse con algún capricho. Por eso tan solo unas pocas bordadoras, las mejores, podían sacar más provecho a su trabajo. Ya que en este como casi todos los demás trabajos, "a más trabajo bien hecho más dinero al monedero..."

Otra parte del refajo bordado por Chon con otro pájaro,
libélulas y todo tipo de flores. Propiedad de Teresa R.
Si poco cobraban por su trabajo las bordadoras “autónomas”, algo más las quedaba a aquellas jefas de los talleres de bordadoras. Talleres que generalmente eran heredados de madres, abuelas o tías carnales, a sus respectivas hijas, nietas o sobrinas… La mayoría de aquellas jefas de taller a partir del siglo XX se transformaron en modistas, colaborando con ello en la “liberación” o mejor dicho transformación de las antaño oprimidas prendas y modas creadas para las mujeres. Sin por ello menospreciar u olvidar las cosas buenas que habían heredado de sus mayores. Por eso hay hoy en día mujeres jóvenes descendientes de antiguos linajes de bordadoras que siguen dando color y sentido a nuestras formas de vestir tradicional… Se me viene a la cabeza mi buena amiga “coselotodo” Olvido Farraces en Arenas de San Pedro, cuyas manos han dado forma a unas decenas de Refajos Pikáos totalmente artesanales… o Rosa Martín de Piedralaves, aunque ella vive en La Adrada donde sigue haciendo ropas, bolillos y bordando como las buenas hermanas Yedra y Angelines Manzano, cuyas arcas bien pueden adornar varias salas de un museo etnológico… O mi buena amiga maestra una de las últimas bordadoras tradicionales de Pedro Bernardo María de León, de quién guardo con cariño y celo el traje que mi padre la encargó cuando yo era un niño para ir a San Pedro de Romería... en fin la lista es muy extensa si tuviera que ir pueblo por pueblo del partido hasta llegar a la ciudad de Arenas.

Volviendo a las bordadoras profesionales, decir que estas no solo se encargaban de dar trabajo a las mozas, ya que antes de que se pusieran a trabajar las tenía que enseñar las diferentes técnicas y labores, así como el uso de los colores, grosor del hilo, etc. dependiendo del trabajo que fuesen a realizar. Una vez que se las enseñaba a base de hacer y deshacer mil veces las puntadas mal dadas hasta que quedara la labor perfecta, entonces las aprendices pasaban al taller con las demás bordadoras. Allí la maestra repartía el trabajo y las tareas en función de las capacidades de cada moza. Labor que tenían que realizar en un día. De tal modo y como decía anteriormente, cuanto antes acabasen dicha tarea, antes podrían regresar a casa con el dinerillo ganado y dedicarse a otras tareas. De lo contrario se quedarían en el taller hasta terminar la tarea asignada. Cuando un grupo de mujeres se ponía a coser solían hacerlo en corro, sobre todo cuando bordaban una gran pieza como pudiera ser un mantel de 24 servicios o una colcha, pues terminaban antes si la hacían  entre varias… permitiéndolas dicha figura geométrica que representa el infinito, establecer o al menos facilitar las relaciones del grupo, poniendo a todos en este caso todas las participantes al mismo nivel como si de una familia adoptiva se tratase. Aunque no todas levantaban la mirada de la labor que realizaban entretenidas en animada conversación, ya que bordar precisa de un estado de atención e intención permanente. Una mala puntada podría arruinar horas de trabajo, más el tiempo que perdería en deshacer y tener que empezar toda la labor de nuevo. Pues de los talleres de la jurisdicción arenense solo salían las obras que estaban perfectamente rematadas y listas para su venta lejos bajo el nombre de bordados de Lagartera. Sin embargo las mozas más experimentadas, podían permitirse no solo el lujo de levantar la mirada de la labor, o mantener animadas conversaciones en las que como decimos los arenenses “cortaban trajes a todo quisqui” incluso se arrancaban a cantar a coro con las demás compañeras. Encarna me comentaba que al principio ella no podía levantar la mirada del paño que bordaba, pero pronto con el tiempo y la experiencia sus manos o mejor dicho sus dedos y ojos no precisan ni siquiera mirar la tela, ni contar los hilos, ni las puntadas. Pues al cabo de toda una vida bordando cuando realiza una labor la aguja va “sola” sin que tenga que poner atención en lo que hace. Lo que la produce un placer generalizado en todas estas mujeres admirables que no “echaban cuentas al tiempo que lleva cada una de sus labores”… pues el simple acto de bordar es para ellas "su mejor momento"...

Faltriquera bordada por Chon y propiedad de Teresa Romano
A este tipo de mujeres me refiero como bordadoras profesionales, cuando hablo de las mozas que empezaban bordando desde niñas a destajo en los talleres femeninos de esta tierra, gracias a las lecciones magistrales de las severas maestras, aquellas que dedicaron toda su atención y vida a este oficio arcaizante, ofreciéndolas una poderosa herramienta con la que no solo comer, sino como me demostraron muchas de ellas incluso mantener a sus familias. Mujeres que se habían desarrollado en un mundo de y para hombres, en el que supieron desarrollarse contra todo pronóstico y crear un mundo femenino paralelo, cuyo recurso económico era en muchos casos el único que entraba por la puerta de la casa. Y es que queridos lectores otra observación que he hecho es que la mayoría de las bordadoras tradicionales de estas tierras,  tuvieron que soportar el dolor y desgracia de encontrarse solas o desamparadas a muy tierna infancia. Causalmente no he encontrado a  ninguna bordadora tradicional entre las familias más ricas, y si por lo contrario entre aquellas que habiendo nacido en una familia media o acomodada, por diversos motivos y desgracias personales se habían quedado en una situación precaria incluso de desamparo, ante la que muchas de aquellas mujeres completamente solas reaccionaron de forma para mi heroica, sacando adelante ellas solas a sus hijos. Y creo que es importante contextualizar el oficio de estas ejemplares mujeres, pues su labor no dejará jamás de estar íntimamente ligada a las experiencias y dificultades que la vida las impuso, y más aún las terribles muertes, crímenes y latrocinios a los que tuvieron que hacer frente sin coger un arma, con la fuerza de su ejemplo de vida. Así que y con licencia de una de las últimas bordadoras arenenses, Ascensión González Muñoz, Chon, empezaré por contare la terrible historia de su vida y más aún la de mi buena amiga y maestra Margarita Muñoz García, su madre.

Detalle del borde del delantal bordado por Chon
propiedad de Teresa Romano
Margarita Muñoz García me contó en varias ocasiones cómo a partir de su viudedad, se vio abocada a coser y trabajar a destajo, para sacar a su hijo e hija adelante con la ayuda incondicional y reconfortante de sus padres y la medida de sus posibilidades de los demás miembros de la familia… Margarita se casó poco antes de estallar la terrible guerra civil con el amor de su vida Cecilio González Diéguez. Cecilio trabajaba como encargado de la yunta y del caballo del que tras la guerra civil se convertiría en alcalde arenense, Domingo Morreo. El bueno del señor Cecilio González Diéguez no estaba afiliado a nada, ni jamás tuvo problema alguno que le pudiera poner en compromiso su vida y la de los suyos… él tan solo trabajaba y trabajaba para dar lo mejor a su Margarita y sus hijos, pero la inhumanidad de un grupo de conocidos asesinos fascistas vecinos de Arenas hizo que un día fueran a buscarle al campo en el que estaba trabajando, para apresarle y al poco asesinarle cobarde y miserablemente… un tío carnal suyo llamado Rufino González –gran y estimado amigo que trabajó en el hotel de mis bisabuelos como botones…- veía como “las cosas estaban muy feas” y le propuso que se fuera con él a Madrid. Rufino si era republicano uno de aquellos tantos que solo tenía las manos llenas de llagas y cayos de tanto trabajar, jamás se las manchó de sangre como si hicieron otros pocos… Cecilio como nada temía decidió no abandonar a Margarita que estaba aun dando el pecho a su hijo y a punto de dar a luz a Chon, Rufino se fue a Madrid regresando sano y salvo a su tierra y casa. Y Cecilio fue asesinado vilmente por envidia y porque no pudieron prender y matar a otros miembros de su familia que como el propio Cecilio tenían las manos limpias...

Zapatos bordados por Chon, hechos en Arenas de San Pedro
propiedad de Teresa Romano.
La crueldad de aquellos miserables asesinos fascistas arenenses llegaba a tal punto que según me contaba Chon, nada más matar a su padre se encontraron en la carretera a un tío de Cecilio anciano y sin más el más despreciable de ellos, en un intento de mostrar el más terrible desprecio por la vida, le tiró la cartera de su sobrino a las manos al tiempo que le decía orgulloso de su hazaña; . “Toma venimos de matar a tu sobrino. Toma”. Sin saber que como reaccionar, el tío de Cecilio respondió al miserable asesino; “Y qué hago yo contigo, si no te puedo hacer ná…”  Pero la vida suele poner a cada uno en su sitio y con el paso del tiempo el asesino de Cecilio viejo y enfermo solía sentarse a tomar el sol en un banco de la Plaza de los Morales. Lugar por el que solía pasar a menudo Margarita de camino a su casita en la Mosquera. Y por increíble que pueda parecernos, aquel miserable lejos de avergonzarse y pedir perdón por los crímenes cometidos la decía con rabia sin contener; “Cuanto se alegrará esta de verme enfermo como estoy”. Margarita se limitaba a levantar la cabeza seria, sin siquiera mirarle a la cara. Y es que Margarita fue una serrana guapa, guapa, guapa. De aquellas que hacían de la copla tradicional arenense “si quieres mujer buena, unce en Arenas”, una realidad. Del mismo modo que su cuñada la señora María González Muñoz la cual nos dejó hace poco a los noventa y tres años de edad. Ambas tuvieron que sufrir la humillación y los desprecios justificables solo por la envidia y la incultura generalizada entre aquellos bárbaros que se autodefinían como fascistas. Pues durante meses las obligaron a fregar de rodillas las baldosas y losas del Palacio del Infante en la Mosquera. Chon recuerda como su madre y tía regresaban a casa llenas de yagas en las manos y rodillas por el roce y la sosa, amoniaco y lejía… y con todo fueron afortunadas ya que otras viudas, tías, madres, hermanas o abuelas fueron rapadas al cero perdiendo con ello su dignidad… por si fuera poco se las hacía beber purgantes y paseadas por las calles a cuyo paso se las increpaba e insultaba en un escarnio que hemos de recordar para no repetir jamás. Ideas y actos que por desgracia formaban parte del sistema político en ambos bandos. Con más crueldad y continuidad en el caso de los vencedores que en el de los perdedores por motivos obvios. Pues tampoco podemos olvidar que otros como por ejemplo mi abuelo Manolo que estaba afiliado al partido de La Rousse, casi es asesinado por “las hordas rojas” y su madre mi bisabuela “toreada en plaza de toros junto con otras mujeres de aquellas familias que vivían resueltamente como es el caso de la mía gracias a su trabajo. Por lo que creo que el salvajismo y la reitero inhumanidad de lo que algunas personas hicieron con sus vecinos, amigos y familiares nada tiene que ver con las creencias, pensamientos, políticas, etc. Pues son actos criminales vengan de donde vengan o mejor dicho sea quién sea el que los cometa.

Nacha González a la puerta de S Pedro
 con su traje de Serrana de buen paño
bordado en Arenas
Sea como fuere lo cierto fue que la situación en la que quedó Margarita, como la de tantas otras familias arenenses fue la de desamparo, la humillación y la vergüenza por tener dignidad. De la noche a la mañana, en un solo instante aquellas mujeres habían perdido todo lo que tenían. Un año y medio tenía el hermano el Chon cuando mataron a su padre, cinco meses después nació Chon. Margarita buscó amparo en sus padres con los que se fue a vivir. Pues no tenía dinero para mantener su propio hogar, a pesar de que su casera lejos de echarla, la perdonaba los treinta céntimos que pagaba de renta al mes su marido. La situación fue tan terrible, tan crucial que una de las buenas vecinas de Margarita al nacer Chon como una rosa, en vez de dar la enhorabuena a Margarita por tan buen parto, sin querer insinuó con enorme tristeza viendo lo que se le venía encima a la pobre Margarita, la expresó el sentimiento contrario. Así de duras y trágicas eran las cosas del día para nuestros padres y abuelos, aunque no las queramos ver o recordar… Margarita también tuvo suerte al ser nuera de una de las mejores parteras que ha tenido esta ciudad los últimos ciento cincuenta años, “la tía Justa la partera”. Tal era su experiencia profesionalidad que ya al final de sus días trabajando en hospital de don Ramón esté buen hombre seguía a pies puntillas todo lo que la Tía Justa le indicaba. Cuando nació el hijo de Chon, su nieto, ella asistió el parto, en el que por lo visto y con gran ironía por las vueltas que había dado su vida exclamo; “Pues no voy a cobrar por el parto de mi nieto…” esta buena arenense sacó a buena parte de los y las arenenses y que asistió a Margarita, en unos años en los que poco más podría hacer una mujer estigmatizada con la muerte de varios miembros de su familia incluyendo a su hijo Cecilio González. Por todo eso Margarita  acabó “recogiéndose en la casa de sus padres”, actuando estos abuelos como verdaderos padre y madre respectivamente, de Chon y de su hermano. Ya que Margarita cuando no tenía que bajar a Parrillos –a más de cinco kilómetros de Arenas- a segar garbanzos. Tenía que ir a echar unas horas al hotel de mis abuelos, jalbegar, sembrar y recoger las cosechas que entre ella y sus padres sembraban en las tierras de la familia de los Torres, familia para que la trabajaban…  y de donde sacaban a base de sudor y esfuerzo todo lo que necesitaban para salir adelante. Cuando acababan las cosechas propias y las peonadas ajenas, como otras tantas familias arenenses iban al “rebusco”. Costumbre que consiste en permitir la entrada y recogida de las cosechas no colectadas por quienes lo necesitasen y con la que se obtenía un extra para la casa muy apreciado… a la noche cuando llegaba a casa después de trabajar todo el día, atendía a los suyos, se ponía cómoda se aseaba y encendía una tea a cuya luz bordaba sábanas y más sábanas, además de las ropitas que precisasen tanto ellas como sus padres e hijos. El poco dinero ganado lo iba guardando hasta que pudo construirse e instalarse en su propia casa. Cosa que logró realizando un sueño mejor que el que ella misma había soñado también para sus hijos.

Isabel Arriero vestida con un traje arenense
de Serrana de terciopelo bordado en Pedro
Bernardo.
Margarita contaba con una compañera y amiga muy especial, maestra modista con taller propio. Su cuñada la señora María González Muñoz. Ambas cosían profesionalmente, hasta que mataron a Cecilio y Margarita tubo que trabajar sin descanso, pero cuando Chon empezaba a jugar con las “muchachas en la calle” en casa lo hacía con la aguja, imitando a sus más que queridas y admiradas, madre y tía. Con todo hacía falta más dinero en casa, así que de mocita se puso a trabajar para la familia de Los Cejudo, de los que habla con cariño… pero su tía vio su potencial y se la llevó a su taller a coser con las demás modistas. Pero Chon lo que quería, lo que realmente la gustaba era bordar, como su madre -aunque para ser justo en algunas labores la aprendiza supera a su maestra- Chon aprendió las artes necesarias para ser una buena modista, hasta tal punto que a hecho trajes masculinos tradicionales completos como por ejemplo a los grupos folklóricos locales Los Pilaretes y Los Pioneros, así como a un buen número de arenenses… también ha cosido un buen número de refajos pikaos y bordados, con sus complementos incluyendo los pañuelos bordados con la reja y el fleco… sin prestar atención a las labores que su tía María la encomendaba, más aún "escaqueándose" de ellas poniendo cualquier excusa, como la de ir a lavr la moto de su tío.... Así que su Tía María un día la cogió de la mano y la dejó marchar del taller. Al poco tiempo Chon estaba trabajando en Madrid… pero jamás dejó de hacer sus obras de arte y los encargos que recibía su madre. Como los dos manteles de doce servicios que le bordó a Bobi de Glane y por los que cobró siendo aún una niña unas seis mil pesetas. Lo recuerda bien Chon porque fue uno de los pocos trabajos que la pagaron en justicia. Del mismo modo que uno de los trajes tradicionales más espectaculares que queda en Arenas de San Pedro propiedad de Teresa Romano y hecho casi íntegramente por Chon. Digo casi íntegramente porque le ayudó Margarita a “prender las antejuelas” que era una de las labores que más la gustaba hacer… El traje de Teresa Romano Carrasco lo mandó hacer su madre la señora Julia, cuando Chon tenía unos 16 años. 


Faltriquera bordada en terciopelo en
Pedro Bernardo
Para ello la llevó un refajo de terciopelo granate antiguo y muy deteriorado, pero con unos ramos, colores y motivos decorativos espectaculares para que se lo hiciera igual,  así que ajustaron el precio para que la hiciera otro igual. Al final ambas ajustaron dicho precio en quinientas pesetas por paño –tened en cuenta que la expresión “bordar un paño” equivale a bordar sobre una tela de un metro de ancho por lo que diera cada mujer desde la cadera a los tobillos, quedando bordado más del setenta y cinco por ciento de la misma. Julia la encargó un total de cuatro los paños a bordar a quinientas pesetas por paño, daban un total nada despreciable de dos mil pesetas de la época. Precio en el que iba incluida además la faltriquera, el mandil y los zapatos del mismo modo, color y con los mismos materiales que el refajo, todos ellos bordados… pero hubo un contratiempo y es que al poner Chon el papel con los dibujos antiguos ya sacados del original sobre el velludo terciopelo para dibujarlos y después bordarlos,  el papel se rompía teniendo que sacar la plantilla varias veces, sin resultado positivo. Así agarró el terciopelo y se fue a hablar con la señora Julia a la que contó el problema y a imposibilidad de bordar el mismo dibujo sobre el terciopelo. Que otra cosa sería que lo hiciera ella como solía hacerlos siguiendo más o menos los dibujos del refajo que pretendía imitase... Al final la señora Julia poniendo de nuevo en sus manos el terciopelo la dijo; “Bueno hija tu hazlo como te dé la gana, que de precio no hemos hablado nada”. Y así se hizo al estilo de Chon, siguiendo su gusto y el mimo que pone en cada puntada, en cada pájaro, en cada mariposa, en cada flor… eligiendo con un gusto ancestral los colores que representan tales motivos… Refajo y demás complementos, que me recuerdan a los que hizo a su propia hija, sobrinas, amigas, clientas… y que tienen el sello de lo tradicional y puramente arenense si se puede utilizar esta expresión en ningún caso excluyente. Aún tengo en la memoria la fotografía de la boda de Margarita agarrada del brazo de su marido, luciendo un refajo de pañodama verde cuajado de tal forma de flores, ramos, pájaros, mariposas y flores, con hilos de policroma lana. Tan cuajado que era imposible colocar una simple hoja más en el… Refajo que tuvo que malvender al enviudar para dar de comer a sus hijos…

Pañuelo tradicional de Ramo Blanco bordado en fúxia
bordado en El Hornillo
Hijos que como Chon siguieron siendo diana de persecuciones ridículas casi de corte "talibán" por lo intransigente de las mismas... pues pasados los años cuando Chon se iba a casar. como había vivido en Madrid muchos años, el bueno del cura de arenas como no sabía “la vida que había llevado en Madrid ella sola sirviendo  pues poco antes de la boda pues se negó a darles los papeles para casarse. Y eso que “ya habían hecho todo el gasto”, incluidos los trajes, o el banquete, que por cierto se dio en el Hotel Gredos… así que el día antes de la boda tuvo que subir hasta Ávila con su marido para hablar con instancias más altas y que estas les diesen los papeles que necesitaban. Instancias que seguían negándoles el derecho al matrimonio, pues Chon no había frecuentado en Madrid parroquia alguna en la que figurase como feligresa asidua… y lo que era peor, aún pesaba mucho ser hija de un “republicano fusilado”, aún siendo como era, es y será para cualquier ser con algo de humanidad victima de un crimen impune contra un hombre justo y totalmente inocente de cargo alguno como es el caso que nos ocupa… al final al marido de Chon se le inflaron las narices y les amenazó con “juntarse” o emanciparse sin estar casado, con el gran escándalo que eso provocaría no solo en Arenas, sino en toda aquella España que llevaba bajo palio incluso a los más terribles criminales… finalmente lograron los papeles, y al día siguiente hubo boda por todo lo alto, aunque Chon reconoce que el día de su boda estaba un tanto “revuelta” por los problemas y el viaje a Ávila del día anterior, pero contenta por lograr lo que más quería y aún quiere a su esposo. No les caso el carcomido cura que les negaba el Santo Sacramento del Matrimonio, les caso uno recién llegado más joven y coherente con los tiempos que corrían en el año 1966, el cura nuevo se llamaba Don Lorenzo, cura que aún es recordado con cariño y admiración en esta ciudad en la que dejó muy buen recuerdo por la amabilidad, sencillez, humanidad y sobre todo por el empeño que ponía siempre que podía ayudar a alguien.

Pañuelo de Ramo Blanco bordado en
amarillo bordado en Guisando
De este modo Chon como tantas otras mozas de Arenas y los pueblos de su partido, se vio sumergida en el mundo a veces rigurosamente matemático o de lo contrario totalmente improvisado y creativo como lo es el mundo de los bordados tradicionales en estas tierras serranas. Bordados que varían considerablemente de forma, material, ornamentación, etc. dependiendo del tipo de prenda a decorar. Sin embargo y curiosamente los motivos, colores, técnicas, puntadas, texturas, etc. Suelen ser las mismas en la de todos los casos y poblaciones de estas tierras. Tan solo las ropas ceremoniales (como las usadas para los bautizos, bodas, entierros…) o de uso religioso (como los cubre altares, paños de las candelas, toallas de bautizo…) presentan bordados con una simbología, color, etc. peculiar e identificable al contexto para el que han sido bordados. Prendas que según todas mis informantes, en el Partido de Arenas se bordaban de dos formas tradicionales con técnicas, usos y resultados muy diferentes. Técnicas que no excluyen otras como el bordado a Cordoncillo, a punto de cruz, cadeneta, etc. Siendo dos las más valoradas y realizadas por las bordadoras, dichas técnicas son las siguientes;

a.- El bordado a Realce del Natural, junto al bordado a Plumilla.
b.- El bordado Serrano de Puntada con Deshiláo, de Navalcan o de Lagartera.

Pañuelo Ramo Negro bordado en Pedro Bernardo
En todos los casos los hilos que se utilizan para bordar las prendas más lujosas eran matizados -esto es que la misma hebra en vez de tener un color uniforme, queda teñida con diferente intensidad, mostrando varias tonalidades del color con el que se ha teñido. Lo que da aún más policromía a las labores y piezas tradicionalmente bordadas- salvo los hilos utilizados para bordar las sabanas y algunos manteles, que solían ser de color blanco y en menor medida, rojo, verde y ocre… Todos los guardapies o refajos tradicionales bordados con más de cien años de antigüedad, están bordados en lana sin matizar, con mucho realce y sobre paño. Como el refajo que tenía bordado la tía de Chon, la señora María González sobre paño rojo como la sangre... Pocos refajos había bordados sobre el delicado terciopelo en Arenas, siendo muchos de ellos de origen cucharero. Ya que no pocas vecinas de la vecina y hermosa villa de Pedro Bernardo vinieron con sus ajuares un vez casadas con arenenses, instalándose y luciendo en esta ciudad sus más preciosas galas, como lo son los refajos bordados de esta localidad de los que habrá de tratar en un capítulo aparte. Refajos que hoy en día forman parte de “las arcas areneras” al estar con nosotros la cuarta o quinta generación de aquellos antepasados de la antigua Navalasolana. También he visto hermosos refajos bordados en los años 50 y 60 por entonces niñas o mocitas en las escuelas y colegios. Refajos que eran supervisados y bordados siguiendo las directrices de las maestras de escuelas o de las monjas. De hecho la señora Julia llevó el refajo que le bordo Chon para que le viera una prestigiosa monja bordadora del colegio Divina Pastora. La cual al verle exclamó; “A esta labor no le cabe puntada…” por lo que cuando veías alguna pieza antigua bordada, tenéis que tener cuidado en diferenciar si es “de escuela” o “tradicional”. En cualquiera de los casos las obras obtenidas todas son de una gran belleza, debido seguramente a la disposición y naturalidad con la que nuestras antepasadas ejercían este acto tan antiguo como la humanidad misma.

Guardapie de buen paño bordado en lana
de la vecina localidad de Villanueva de la Vera
Independientemente de la técnica y suso de cada prenda, para toda buena bordadora lo más importante es contar con la mejor tela y el mejor hilo, pues los había y hay de muy diferente género. Hilos cuya calidad va en función del dinero que se quiera gastar o invertir en cada pieza. Por eso la calidad de los mismos varía desde los más bastos de lino o lana, a los brillantes, finos y delicados hilos son de seda. También el grosor de los hilos y espesor de las puntadas, en función del género de las telas a bordar encarece o abarata el resultado final. Ya que no es lo mismo bordar sobre recio y buen Pañodama, que sobre lino, merino, seda, o el escurridizo terciopelo o panalisa… tampoco es lo mismo bordar un guardapié, que bordar un pañuelo de Ramo, o unas sábanas, o un mantel… ya que dependiendo de la labor a realizar varia el valor de los hilos del mismo modo sucede dependiendo de la técnica elegida. Así cuando se borda a realce del natural, los hilos suelen ser de todos los colores posibles sin desdeñar ninguno… mientras que cuando se borda al estilo Serrano con o sin deshiláo, los colores son siempre los mismos reduciéndose a seis colores principales que son; el blanco, el negro, el rojo, el verde, el ocre y el azul. Colores que se han venido utilizando sin que hayan variado al menos en los últimos trescientos años, como veremos más adelante. Una vez seleccionados los hilos, la telas y los motivos a representar las bordadoras van eligiendo para sus labores los hilos y sus colores, sin ningún orden predeterminado, todo lo contrarío la elección de los mismos siempre la realizan siguiendo su gusto y criterio personal. Reflejando inconscientemente en cada creación su propio estado emocional… de tal modo que a pesar de los mismas materias primas, diseños y colores cada bordadora tenía su propio estilo y forma de unir los diseños o dibujos, asó como los colores. Formas ornamentales que identificaban las prendas con su bordadora.

Blusa tradicional de Cuevas del Valle en
la que se pueden apreciar bordados con
antiguos dibujos con Cruces y Molinillos
dibujos que muestran analogías con antiguos
signos y símbolos del mundo celta europeo
como la cruz gamada de esta blusa barranqueña
Margarita Muñoz y su hija Ascensión me contaban que generalmente los encargos que recibían para bordar, eran de madres que querían para sus hijas un guardapié o refajo, con su mandilín, faltriquera y zapatos bordados en policromos hilos de seda matizada, sobre un fondo de terciopelo de cuatro paños o metros de largo, totalmente bordado y sobre decorado con lentejuelas sujetas con abalorios más del ochenta por ciento de los cuatro paños. Piezas suntuosas que pocas podían permitirse el lujo que poseer, y que formaban parte de los trajes que se ponían las mujeres solteras de cada familia los días de grandes fiestas, como las bodas, los Carnavales, la Feria de agosto y las fiestas patronales de Ntra. Sra. Del Pilar de Arenas o para la romería de San Pedro de Alcántara. Ya que mostrar públicamente “el arca” o las ropas de gala de cada familia, era mostrar públicamente su poder económico y prestigio social… El problema vino con el desastre de la guerra civil. Cuando arcas enteras desaparecieron expoliadas, o quemadas por pertenecer a uno u otro bando, y la sinrazón más terrible, cruel y sangrienta de esta nuestra condición o maldición humana… A pesar de la gran pérdida y el robo impune de propios y ajenos, la verdad es que en los pueblos y ciudad de Arenas de San Pedro, se han conservado gran cantidad de ropas de todo tipo, uso, tiempo y condición… y lo sé en este caso no solo porque me lo han contado, sino porque yo mismo he sido testigo y fotografiado algunos de estos trajes, joyas o prendas robadas… incluso devolví a la Tía Dominguilla de Guisando, el impresionante guardapié de su abuela -amarillo pikao en negro con tirana de castañas- que estaba en manos de quien no debía… Ropas y complementos que por los que sigo sufriendo, ya que sé que seguirán ocultos como la vergüenza de aquellos que los tienen durmiendo en fríos cajones o retirados arcones, sin poner consuelo y remedio a las pesadillas de las polillas, humedades o los ratones… sin importarles que se pudran y pierdan para siempre parte de un legado que además de tener dueño, nos pertenece en cierta medida a el conjunto de la sociedad serrana de la jurisdicción arenense.

Refajo de paño bordado en lana con
flores y gallos bordado en Villanueva
de la Vera
Refajos o guardapieses de muy honda tradición en estas tierras, y que marcaban el estado de bienestar de un clan familiar usando para ello la antigua simbología y sobre todo el ancestral lenguaje de las flores y el de las aves. Figuras que forman la base ornamental de estas lujosas prendas. No obstante y aunque ya lo he dicho anteriormente, he de iterar que en estas tierras he encontrado tres formas de bordar estas faldas con diferentes materiales y estilos que definían a los clanes a los que pertenecían, o mejor dicho matizaban su estatus. Empezare por los guardapieses de pañodama teñido en varios colores –rojo, amarillo, verde, azul, marrón, morado…- sobre el que se borda con gruesos hilos de lana flores. Flores que carecen de perspectiva dando la impresión algunas de etas figuras florales a otras de tipo solar o astral, entre las que no aparecen ningún otro tipo de decoración a excepción de las ramas u hojas que suelen unir el conjunto de flores bordadas –rosas, claveles, clavellinas, violetas, campanitas, azahares, azucenas, dalias…- Todas estas faldas de paño bordadas en lana tienen un remate con una cenefa en su borde inferior con formas ondulantes llamada “el Asiento”. Por encima de ell Asiento se bordaba otra cenefa con flores y ramos que rodea todo el perímetro y sobre esta cenefa más ancha y vistosa que el asiento –a veces dejando un centímetro o dos de separación- iba el resto del bordado hasta llegar a las jachas o aberturas en las que están las cintas “ataeras” con las que se ata esta falda tradicional a la cintura. Si el asiento y la cenefa que se borda sobre este suelen presentar una armonía al estar dispuestas las flores de forma ordenada. El resto de los bordados se iban haciendo sin ningún tipo de orden, simplemente se iban cubriendo huecos con flores de diferente tamaño, unas pocas hojas y ramas. Los más antiguos como el que tenía Margarita en día de su boda, estaba totalmente cuajado de flores, en el no había ramas ni hojas, tal solo las flores y colores que ella misma eligió para bordarlos en su guardapié. Estos refajos los solían lucir aquellas mujeres que además de ser hermosas, tenían que pertenecer a familias que sin ser adineradas nada necesitaban de nadie para vivir bien. Siendo como es el caso del guardapié de mi buena maestra Margarita, obras de uso personal realizadas con mimo y sin escatimar tiempo y dinero de las manos de sus propias hacedoras. Otras mujeres bordaban sobre paño de inferior calidad teñido en los mismos colores que el anterior, dibujos a punto de cruz. Refajos que son excepciones por el escaso número de ellos encontrados en estas tierras. Yo los que he visto han sido realizados todos en el siglo XX. No así unos refajos generalmente de paño rojo y amarillo que se bordaban con cordoncillos. Decoración que es muy similar a los dibujos de los refajos pintados o quemados. Al ser realizados dichos dibujos de forma ordenada y simétrica. Y junto a estos refajos de paño bordados en lana, estaban los guardapieses de terciopelo teñido generalmente en rojo, granate, azul, verde, negro, morado y amarillo, bordados con hilos de seda matizada.


Detalle del impecable Guardapié bordado por Rosa García de Piedralaves...
En el borde inferior también llevan el asiento, con dibujos y calados que refuerzan con abalorios o azabache según el gusto. Sobre el asiento la cenefa bordada con flores grandes y sobre estas generalmente suele disponerse el bordado de los ramos y flores que componen el resto de la falda, de una curiosa forma. Primero bordan formado una gran S horizontal, con pequeñas flores y delicados ramos todo el perímetro de la falda. Bordando en cada hueco de la ondulante S grandes ramos, con grandes flores en las que suelen picar algunos pájaros... Entre todo este vergel no faltan mariposas colocadas en aquellos huecos que van quedando libres y hay que rellenar. Realmente la gran diferencia entre los guardapieses de pañodama bordados en lana, respecto a los guardapieses de terciopelo bordados en seda, estriba en que los primeros carecen de perspectiva, todos los dibujos –flores y ramos- al estar presentados de forma frontal y plana. Mientras que las flores y los pájaros de los guardapieses de terciopelo y seda parecen estar vivos y en movimiento. El valor de estas faldas tradicionales, no solo estaba en que los materiales que se necesitan para su elaboración eran los mejores y por lo tanto los más caros. Sino que residía en la dificultad para coser con los finos hilos de seda los dibujos realizados a mano alzada, ya que las plantillas de papel como me contaba Chon al ponerlas sobre el terciopelo y pintar se rompían siempre, haciendo casi imposible o cuanto menos costoso, muy costoso el imitar o sacar plantillas de los dibujos para calcar sobre el terciopelo y la pana lisa. Por lo que todos estos refajos aún estando bordados con las mismas formas esquemáticas tradicionales –el asiento, la cenefa y la S - realmente cada uno era una obra de arte diferente.


En el centro de la fotografía la señora y Bordera doña Isabel Sánchez vestida con su traje de "Vistas" navalqueño, junto a su hermana Felisa Sánchez. Tía y madre respectivamente de la gran bordadora Paula  Encarna Sánchez Sáncez.
Dibujos, colores y disposiciones de los mismos que no pueden menos que despertar mi curiosidad, si atendemos a la profunda y arcaizante simbología que los acompaña. Pues los dibujos que se han venido utilizando para ornamentar estas prendas femeninas suntuosas, no creo que se deban única y exclusivamente al gusto personal. Ya que de este modo las innovaciones serían patentes. Sin embargo todas ellas, nuestras bordadoras, han mantenido las formas y flores que de siempre se han bordado en estas faldas y no otras que si se bordan para otros diseños más llamativos, sencillos o de moda… dibujos, colores y formas que conforman en si mismo todo un mundo que va más allá del mero arte. Me gustaría que pudieran escuchar hablar o mejor explicar el mundo y ciencia de los bordados a la señora Paula Encarnación Sánchez Sánchez. La naturalidad con la que realiza una labor que sin darse cuenta repite los mismos esquemas desde hace más años que memoria queda para recordarlos, gracias a ellas esta ciencia milenaria no ha desaparecido aún en nuestros decadentes días. Mundo que se explica mejor a través de los justamente afamados bordados llamados de Lagartera. Bordados que como me confirma también Encarna, de Lagartera llevaban solo el nombre. Ya que eran bordados en los talleres de Navalcan y en los pueblos que componen y componían el partido jurisdiccional de Arenas de San Pedro a partir del siglo XV.
 

Isabel Sáncez Sánchez con su marido el  día de su boda...
A las dueñas de estos talleres se las llamaba “borderas”, y cada bordera tenía un grupo indeterminado de mozas cosiendo para ella. Como decía anteriormente la jornada comenzaba a las nueve de la mañana y terminaba no antes de la una del medio día. Dicha tarea solía ser bordar manteles y más concretamente bordar dos “Culos de la Piña” dobles o tres sencillos al día. En los años 1930 – 1940 el jornal que las pagaban era de ocho pesetas al día. En estos talleres como me contaba la señora Encarna Sánchez las mozas que como ella bordaban mejor sin “cometer falta alguna en las puntadas” además de tener que hacer su tarea propia, tenían que arreglar los “desaliños” de las bordadoras menos experimentadas. Cosa que Encarna como veremos un poco más adelante, y como es lógico pensar llevaba francamente mal. Pues para ella bordar es como el aire del campo en el que nació y donde se siente libre y feliz... Para cada labor a cada bordadora las daban el hilo justo, pero alguna que otra moza solía “sisar” un ovillo más con la escusa de que la faltaba hilo para terminar la labor encomendada, ovillos que iba guardando para bordar con ellos lo que la diese la gana. Hay que tener en cuenta que los ovillos de hilo contaban caro, en 1940 -1950 un ovillo costaba un céntimo el normal y dos el bueno, para que se hagan una idea piensen que una sardina costaba por entonces cinco céntimos. Las telas las traían las borderas de Lagartera, para ello solían acompañarse en el viaje agrupándose varias, llevando la carga a lomos de una burra o acémila en general. Manteles que una vez bordados eran de nuevo llevados a Lagartera donde cobraban por cada uno el precio estipulado –precio que en aquellos tiempos de la niñez de Encarna solía estar entre las doscientas a las mil pesetas dependiendo de los servicios y por lo tanto el tamaño de los manteles, servilletas, sábanas o colchas, que era lo que más se bordaba en estos talleres por ese orden.

Cojín bordado con el tradicional Culo de la Piña (en el centro podemos ver los 6 corazones bordados 4 en verde y 2 en rosa, con los 7 bodoques bordados en rosa así como los confetis bordados también con hilo rosa. rodeando el centro del Culo de la Piña están los dobles Dientes de Perro bordados con hilo ocre, llamado en estas tierras "tostao". y finalmente la cenefa de la Cadena a la que bordean más Confetis de color rosa. También pueden apreciar el diseño del Rameo Antiguo, bordado con el Reguibe de la Uña y las  Clavellinas.
Uno de los varios diseños de Soles Deshilao
Pero antes de continuar, y del mismo modo que hice en el caso de Margarita y Chon, me gustaría con la licencia de Encarna, contaros algo a cerca de las causas y motivos personales que hicieron de esta mujer la gran bordadora que es. Encarna nació en la vecina y hermana villa de Navalcan en la actual provincia de Toledo, donde se crió hasta que contrajo matrimonio, instalándose con toda su familia a partir de entonces a Arenas de San Pedro donde reside en la actualidad. Encarna empezó a bordar en el taller de su tía carnal la señora Isabel Sánchez –hermana de su madre Felisa Sánchez- una de las mejores y más reconocidas bordadoras de esta afamada villa toledana pegada a nuestro mismo río y Valle del Tiétar. Su tía Isabel era una mujer de carácter, lo mismo que Encarna superando pronto la alumna a la maestra. Pero en casa de Encarna hacía falta más manos para mantener a la familia así que tuvo que compaginar los bordados con las labores más duras relacionadas con las faenas agropecuarias. Hablando de esto me contó una anécdota que me dejó de piedra, ya que si lo  analizáramos más lentamente, veríamos en ella la huella de estas costumbres y creencias que hemos relacionado con la brujería desde la edad media, siendo realmente manifestaciones de ritos paganos y sabios conocimientos que se pierden en la noche de los tiempos. Verán ustedes lo que hacía la señora Felisa cuando regresaba su hija Encarna a casa con las manos abiertas e hinchadas de segar las duras y enmarañadas algarrobas siendo una niña de apenas unos catorce o quince años: Entonces la señora Felisa ponía un puchero de barro a la lumbre con agua en su interior. Cuando el agua estaba hirviendo vertía con un rápido movimiento el agua sobre una barreña colocando en medio y bocabajo el puchero de barro. Sobre el culo del puchero colocaba una tijera abierta en cruz y una moneda antigua grande de cobre. Entonces Encarna colocaba abiertas las manos sobre el culo del puchero el tiempo que tardaba en absorber de nuevo el agua el interior del puchero por un curioso efecto físico… la hinchazón desaparecía y al otro día la buena de la señora Encarna a segar algarrobas otra vez. Y a la noche con la luz de la tea a curarse las manos para bordar y no perder el jornal en el taller de su tía Isabel. Taller en el que como decía trabajó desde los ocho años, bordando al principio manteles de cinco Culos de la Piña. Por cada mantel su tía la pagaba cinco duros, siendo una semana aproximadamente el tiempo de trabajo invertido, cosiendo a destajo. Lo que pasa es que Encarna pronto destacó y fue capaz cuando era una mocita de doce años de bordar un mantel de estas características al día si ella quería. El problema estaba en que como sobrina y mejor bordadora del taller le tocaba siempre arreglar los fallos que cometían otras para no perder hilo ni mucho tiempo. Hasta que un día cansada de perder el tiempo arreglando los desperfectos, a los dieciséis años se fue a bordar para otra afamada  bordera de Navalcan llamada “la tía Rafaela” donde y para la que cosió a destajo y a jornal hasta que se casó.


He aquí otro ejemplo de uno de los diseñostradicionales llamado
Culo de la Piña con el Reguibe de la Uña y el Raméo bordado
en el color de la tela , blanco y "tostao"
Encarna me contaba mil y una anécdotas a cerca de los problemas que tenían que afrontar su tía y las demás borderas para ir a por los manteles a Lagartera o volver con el dinero ganado sin pagar o sin que la guardia civil de entonces se los quitaran por considerarlos estraperlo. Una noche que iban con una burra y dos amigas más camino de Lagartera -cargadas ya de paso con unas cuantas escobas y miel para vender…- pues como era de noche y no se veía nada, la burra tropezaba y su tía Isabel no hacía más que arrearla diciéndola “burro coño”. En estas que se encuentran con una pareja de la guardia civil y le dice uno de ellos:
-          Señora por decir coño dos reales.
A lo que Isabel replicó en plena posguerra civil:
Detalle de uno de los muchos diseños llamados Soles sin Deshilao.
-          ¿Dos reales? Pues tome guste una peseta y ¡coño y recoño y tres veces coño!
Por fortuna les debió hacer gracia la respuesta de Isabel, ya que aquella noche la guardia civil las dejó seguir camino a Lagartera donde llegaron cobraron los paños bordados y ya de paso vendieron todas las escobas que llevaban y la miel. Eso sí con la peseta que le habían quitado la pareja de civiles bajo la escusa de ser multada en medio de las dehesas donde no se puede ofender a nadie… Así son algunas mujeres de estas tierras, verdaderas “Serranas” capaces de “ir a sacar piedras del río con los dientes” si es preciso, antes de dejarse pisar por nadie como me decía la buena señora Encarna Sánchez. A ella como su madre Felisa y sobre todo su tía Isabel, del mismo modo que Chon, Margarita su madre y su sobre todo su tía María, las unía una pasión, bordar. Otras mujeres como la mujer e hijas de mi tío Miguel Pecci, como vivían en una gran finca en medio del campo cerca de Oropesa, instalaban el taller de bordados en la  propia quintería, donde además de coser ella y sus dos hijas tenía a otras mozas cosiendo para ella. Mi tía era una mujer inteligente e intentaba vender ella sus propios bordados, como hacían las demás buenas bordadoras que podían permitírselo. Para ello contaba con tres "casas" -comerciantes- en Madrid a las que vendía el género al mejor precio. Siempre que hacia estos viajes a Madrid se pasaba a visitar a la familia por el Hotel de mis abuelos,  a los que hizo muy buenos regalos que aun conservamos la familia, como los hermosos mandiles que le regaló a la hermana de mi padre Teresa... Encarna me contaba por su parte, que alguna vez cuando hacía falta el dinero para alguna urgencia, su madre iba andando desde Navalcan hasta Lagartera para vender los "paños bordados" directamente sin intermediarias y volver para poner solución a la urgencia económica de la misma forma... 

Pasión a la que dedicaban horas y horas dando puntadas sin parar y sin escatimar empeño y esmero. Ya que el acto de coser, tras la fase de aprendizaje y experimentación, se convierte en un acto casi mecánico con un poderoso efecto relajante. Encarna me contaba que ella al principio “no podía levantar la mirada del paño”, pero que pronto no solo levantaba la mirada del paño, sino que mantenía animadas conversaciones con las demás compañeras bordadoras como ella. Mujeres que se iban pasando el testigo y el conocimiento ancestral a través del cual se pueden formar o representar cualquier figura. Ya que cada uno de estos dibujos geométricos pueden hacerse “medios, enteros o dobles”, uniéndose entre ellos para conformar la figura deseada. Encarna me comentaba que la mayoría de las niñas cuando comenzaban a bordar comenzaban primero por bordar  un sencillo diseño llamado “El Ramo de A Peseta”. Labor que requiere puntadas más largas, cundiendo más la labor. Lo malo es que como su nombre indica, se pagaban a muy bajo precio… Una vez que las niñas iban adquiriendo destreza se las encargaba hacer el “Culo de la Piña”. Este dibujo realmente es el conjunto de varios independientes. La precisión que requiere su ejecución es tal que no “podían irse ni un hilo” pues la labor es tan geométrica y matemática que en el momento que se comete el más mínimo error, se pierde toda la labor y horas invertidas, además del hilo…
 
Funda para cojín bordada por Encarna Sánchez  con el diseño llamado Ramo de A Peseta, con Rameo de Dálias y Violetas...

Detalle de uno de los muchos
diseños llamados de la Estrella
para el  Rameo hechas con ocho
 Botijas y los Tomillos.
El Culo de la Piña es sin duda alguna el dibujo principal de los afamados manteles lagarteranos bordados en la jurisdicción de Arenas y Navalcan… Su figura es cuadrada, pero si se hace medio Culo de la Piña, se convierte en un triángulo. Del mismo modo que si se hace doble, se convierte en un rectángulo… ocupa el centro de todas la labores partiendo de cada extremo el llamado “Rameo” que no es más que una serie de ramas con flores muy esquematizadas que sirven para “rellenar” el espacio vacío que queda entre cada Culo de la Piña. Como decía este dibujo estaba compuesto en su parte central por un mínimo de seis Corazones, con siete Bodoques y los Confetis. Todo ello va bordeado por “los Dientes de Perro” que pueden sencillos o dobles y más Confetis. Cerrando todo el conjunto “la Cadena del Reguibe de la Uña”. Labor eta del Culo de la Piña que la señora Encarna increíblemente, solo tarda una hora siendo lo normal una semana aproximadamente… Y es que la persona que ha visto coser a Encarna, ha podido comprobar como sus manos, la aguja e hilo se desplazaban solas de forma mecánica casi sin querer, entrando y saliendo en el lugar justo sin perderse un hilo de la urdimbre... Del Culo de la Piña como decía anteriormente parte el Rameo. Esta labor es más entretenida y cunde más, permitiendo la corrección de algunos errores. Atendiendo literalmente a las indicaciones de Encarna:
Detalle del diseño llamado La Estrella de las Eses
“para empezar a hacer el Rameo, se han de bordar primero “las Hojas”, echando a la primera puntada cuatro hilos, la siguiente se aumenta un hilo más… así hasta llegar a los siete hilos. Al llegar a los siete hilos se empieza a mermar del otro lado hasta que la labor llegue a los cuatro hilos iniciales… y así hasta llegar a los extremos donde van las Flores que adornan el Rameo”.



 
Detalle de la media Estrella


Cenefa de las Botijas con Baldosines
 y el  remate de las Guarrillas.
Así como el diseño del Culo de la Piña no varía jamás en cuanto a sus formas y representaciones –si en los colores de los hilos escogidos por cada bordadora…- el Rameo puede variar aunque todas las bordadoras consultadas incluyendo la señora Encarna, me confirman que hay un diseño llamado  “Rameo Antiguo”, lo que no quiere decir que el resto de Rameos sean modernos. Junto con el Rameo Antiguo, hay otro diseño muy extendido llamado Rameo de la Carrascas. Rameos a los que hay que añadir otros diferentes que van en función del dibujo central bordado. Junto al Culo de la Piña hay otros muchos diseños centrales como por ejemplo los diseños llamados la Estrella con Eses o sin Eses, y los laboriosos Soles con o sin deshilado - Encarna puede coser en un solo día cuatro o cinco Soles dependiendo de cómo tenga el día, y la noche… -  Además de estos dibujos centrales y Rameos, hay otros menos usuales pero del mismo modo tradicionales como el mencionado Ramo de A Peseta, el de la Dalia, el de la Cesta, el de los Baldosines, el de Azahar, el de Azafrán… cada cual con su Rameo. Y para comprender mejor la ingente cantidad de tiempo invertido en estas labores les voy a poner un ejemplo clarificador. Ya que para bordar una colcha de matrimonio hacían falta bordar un mínimo de doce Culos de Piña, Estrellas o Soles con sus respectivos Rameos. Invirtiendo un mes de trabajo a jornal, y cobrando finalmente por ella unas doscientas pesetas en los años 1950 -60. Si hacen cuentas podrán ver como las lagarteranas eran las que realmente ganaban, ya que la parte que quedaba a las mozas que trabajaban en los talleres del Valle eran vergonzosa… tal es así que la que podía se ponía a bordar por su cuenta, de este modo podía ir a Lagartera a vender ella misma sus labores a las labranderas de aquellas localidad vecina, cada vez que necesitasen el dinero, sin tener que esperar “jornal menguado de nadie”. Los manteles variaban más en el precio ya que además de haberlos de 6, 8, 12, 24, 34 o más servicios, no era lo mismo bordarlos con medios Culos de Piñas, Estrellas o Soles, que hacerlos enteros o dobles… del mismo modo que el Rameo y el remate.

Detalle de otra cenefa de Botijas dobles con el  Rameo y el  Hombliguete
A todo este conjunto ornamental compuesto por los diferentes dibujos centrales y el Rameo, lo bordea una elegante cenefa a modo de ribete. Esta cenefa adquiere diferentes nombres dependiendo de sus formas, así las más representativas son; cenefa de las Cajas, cenefa de la Garburesa doble o sencilla, cenefa de las Botijas, cenefa del Reguibe de las Guarrillas, cenefa del Reguibe de las Uñas, cenefa del Cortadillo, la costosa cenefa del Hombliguete… Cenefas que están hechas a partir de los siguientes  diseños geométricos llamados; los Soles, las Estrellas, las Botijas, los Corazones, los Bodoques, los Dientes de Perro, los Confetis, Rosas, Clavellinas, Chaparras, Cestos, Pájaros, la Picotá, la Cadena, etc. dibujos y formas que solo utilizaban para embellecer manteles, sabanas y colchas. Y que varían sustancialmente en formas y sentido cuando se trata de bordar las camisas y calzones del ajuar masculino. U otros elementos ornamentales tradicionales como los preciosos “Paños de los Arderos” o “Paños de los Difuntos” hechos en buen hilo blanco bordado en hilo negro con una cenefa floral y símbolos cristianos como cruces, gallos etc. Encarna conserva un hermoso ejemplar bordado por las privilegiadas manos de su tía y maestra la señora Isabel Sánchez.

Detalle de Medio Culo de la Piña con un Rameo de siete
 medias Estrellas y cadenas de Confetis.
Diseños formas y colores que tanto Encarna como Chon y tantas otras bordadoras de estas tierras han cnservado gracias al mantenimiento transmisión de unos conocimientos con los que fueron capaces de sacar a sus familias adelante. Pues si de algo pueden presumir es de haber cumplido siempre con su trabajo y eso a pesar de verse solas con unos hijos que criar, como le pasó al enviudar Margarita Muñoz tras asesinar a su marido… o como le pasó a Encarna, la cual tuvo que tirar para adelante en Arenas, tras caer enfermo grave al poco de casarse su marido Valentín Otero. Aquellos fueron tiempos en los que Encarna no encontraba tiempo para coser, había que trabajar y a veces trabajar para gentes tan miserables como soberbias… personajes estos que no es que abundaran en Arenas, pero que como en el resto de Castilla, “tampoco faltaban ricos pobres, con los zapatos tan rotos como tuyos, que estaban acostumbrados a tratar a patadas a sus empleados”. O como dice Encarna " a todos los que se dejaban vejar…"

Detalle de la esquina de un mantel bordado con una cenefa doble de la
Garburesa, con Raméo de las Chaparras y el Hombliguete.
Fíjense lo que le pasó a  la señora Encarna y a su esposo el señor Valentín cuando tuvieron que enfrentarse a varios de estos personajes. La primera fue una señora que tenía unas viñas por Ramacastañas en el monte… donde trabajaban cuidando la finca con una yunta y varios animales domésticos propios y del amo… hasta que un día cae  enfermo Valentín, según el médico por alimentarse mal, Encarna cogió una pollita suya que estaba criando la clueca y se fue a la majada del Tío José “el de los Tinajones” a ver si le cambiaba la pollita por una gallina para hacer caldo y darle fuerzas al desfallecido Valentín. El tío José tan solo la dijo, entra al corral y coge la quieras. Encarna cogió una gallina y le dio la pollita al regresar estando guisándola aparece de visita inesperada la buena señora, “el ama” y al verla guisar la gallina exclama con un tono entre despectivo y autoritario; “Esto es de mucha categoría, por qué tenéis que comer gallina”… Encarna no tuvo que oír nada más, tras deca que a ella no se la hablaba en ese tono, agarró los bártulos y a toda la familia y se marchó, dejó de trabajar aquella tirana con asiento propio y banco principal en la parroquia… a partir de entonces Encarna y los suyos tuvieron diferente suerte, dependiendo de las manos en las que caían… una de aquellas es para Encarna y sus hijos tan despreciable como miserable. Verán ustedes lo que la pasó con otro señorito para el que trabajaban hasta que un buen día y sin mediar palabra les despidió. Encarna aquella mañana venía de Arenas de repartir la leche de las vacas que guardaba al amo y al llegar a la finca Valentín le dio la noticia. Encarna sin más se fue a hablar con el amo y le dijo mirándole a los ojos;
-          Pues le voy a decir una cosa. He repartido tres cargas de leche, quedan otras tantas por repartir. Y esas las reparte usted.
A lo que el amo respondió.
-          ¡Pero mujer como vas a hacer eso!
-          ¿Qué cómo? Y además no le doy al dinero del reparto de hoy hasta que no me pague lo que tiene que pagar más las tres cargas que he repartido esta mañana.
El miserable en vez de pedir disculpas e intentar ayudar a una familia que estaba pasando un mal momento, y que en nada había faltado en su trabajo y compromiso con los amos. Pagándoles con un despido brutal con el que de la noche a la mañana se vieron en la calle lejos de los suyos y sin saber dónde acudir… Pues aún estando en estas el amo amenazó a Encarna y esta se fue a la oficina de Sindicatos donde trabajaba mi tío Manolo Peces. Allí reunidas todas las partes, el amo seguía amenazándola con llevarla al juzgado, a lo que Encarna respondía que la parecía muy bien, porque ella le iba a llevar a Magistratura de Trabajo. Cuando mi tío pudo enterarse de lo que había ocurrido intervino para defender los derechos de esta gran trabajadora a la que querían estafar de no ser porque “con Encarna habían topáo”… Otro señorito para el que trabajó en la década de 1960, guardando ganado a cambio de dos mil pesetas al mes, más una “Misión” consistente en dos litros de aceite y dos kilos de garbanzos –o judías- y poco más. Por un trabajo que era agotador e interminable, en una dehesa donde se criaban vacas, cabras, ovejas, caballos, cerdos y aves de corral. Además se sembraba mies y atendían un huerto… No había tiempo para coser, a no ser por las noches si todo estaba en orden y tranquilo… ya que a la mañana siguiente al salir el sol tenía que subir la leche a Arenas para que las hijas del amo la repartieran, cosa que hacia sobre una mula falsa de la que recuerda los golpes y las caídas recibidos… aquellos fueron años muy duros y difíciles, que se hicieron más llevaderos gracias a que también dieron con otro tipo de personas más justas y educadas que supieron valorar y ver la gran valía de esta mujer. Mujer que como persona se hizo respetar y ganar la confianza y amistad de una ciudad que hoy por hoy la tiene como una hija más. Siendo sus hijos tan  arenenses como el que está escribiendo en este momento. Así las cosas con el tiempo y su tesón fue normalizándose la situación económica familiar, hasta lograr la señora Encarna una jubilación digna y merecida, por toda una vida de dedicación y trabajo así como unos hijos, nietos y amigos que la “adoramos”.


Nacha Gonzaáez con su traje de Serrana
Pikao y su prima con el suyo bordado en
hilo y buen paño
Mujeres, madres, esposas e hijas que en sus manos guardan sin quebrantos el antiguo conocimiento que lleva a terminar de forma impecable las cosas que se empiezan... Mientras que sus cabezas vuelan libres cada vez que se sumergen en su mundo de las labores, dónde las herramientas, materias primas,  colores, números, dibujos etc. jamás son gratuitos pues ejercen una función que da sentido a la obra. Así las siete puntadas que se han de hacer para empezarlas hojas del Rameo, ya que según me contaban esta costumbre tiene que ver con la relación sagrada que tiene el número 7 en el cristianismo, dónde se repite 77 veces en el Antiguo Testamento, apareciendo en el Nuevo Testamento iteradas veces como por ejemplo cuando Jesús dice a sus discípulos que había que perdonar los pecados setenta veces siete... Además este número está relacionado con las edades evolutivas del hombre pues a los siete años se consideraba tradicionalmente que los niños comenzaban a razonar, a los 14 entraban en la adolescencia o pubertad y a los 21 años en la mayoría de edad. números todos ellos múltiplos del mágico número siete. Además existía la creencia que las familias que tuvieran siete hijos varones, verían como el último de ellos, el hijo número 7 vendría al mundo con poderes sanadores... Siete son también los días de la semana o los colores que muestra el arco iris.... colores que también son usados y transmitidos con una intencionalidad superior al mero adorno u ornato. Pues habiendo como hay tal cantidad y gama de colores, las mujeres de estas tierras eligieron tan solo seis. Quizás tenga que ver algo también las antiguas simbologías, en el echo de que fuesen blancas las telas e hilos de los bordados de las sábanas, o de algunas prendas interiores como camisas, camisones, calzones, enaguas... ya que el blanco ha sido considerado de forma dual, ya que por un lado representa la la luz, pureza y la bondad. Y por otro era símbolo funesto relacionado con la muerte y las animas en pena o fantasmas... También aparecen en las leyendas tradicionales mujeres-monstruos vestidas con ropas blancas que salen de las fuentes para ahogar incautos... y que no son más que representaciones paganas del mal... del mismo modo podríamos decir del simbolismo dual del color negro, asociado por un lado a la oscuridad, muerte o incluso al propio diablo... mientras que por otra parte hay costumbres que otorgan al negro poderes para protegerse del mal, como la costumbre entre todos los pastores de tener en el rebaño de cabras, ovejas, vacas, caballos, cerdos un animal totalmente negro. Animal que según la tradición oral serrana protegería al resto de enfermedades, ataques de lobos o incluso de las tempestades... del mismo modo se pueden analizar la doble simbología de los cuatro colores restantes pues el rojo ademas de ser el color de la pasión y del amor, también se ha representado con el los colores del infierno... 


Detalle del bordado a Cordondillo en el canesú de
una chaquetilla tradicional masculina arnenese.
Tradiciones, ritos, costumbres, usos y formas que están relacionadas todas entre si, y al tiempo integradas con todo lo que las rodeaba. El hilo por ejemplo dejaba de ser un simple material de costura, para convertirse en el mágico cordón que cura las afecciones de garganta cada año, cuando una vez bendecido se cuelga a modo de gargantilla el día de San Blas... Ni siquiera las tijeras se escapaban a esos otros usos relacionados con el mundo mitológico mediterráneo. Y más concretamente con la hermosa mitología de las tres Moiras griegas -posteriormente asociadas a las Parcas romanas...- Ellas daban la vida a todos y todas las nacidas dando a cada cual un hilo. el hilo de su vida. Hilo que hilaba Cloto, Láquetis lo hacía un ovillo, y Átropo con sus tijeras lo cortaba... En estas tierras a las tijeras también se las daba un uso inmaterial,  pues se creía que eran capaces de contrarrestar los perjuicios que pudiera producir una gran tormenta. Por eso era costumbre poner unas tijeras abiertas en cruz en el desván para evitar que cayeran rayos incendiarios en la casa... o se colocaban de la misma forma sobre los rescoldos de la lumbre antes de irse a dormir cada noche, para impedir que las brujas entraran por la chimenea... o incluso cuando había truenos se colocaban sobre el cesto en el que estuviera incubando una gallina clueca a su pollada, para impedir que los huevos se perdieran o "atronasen"... O la forma en la que la señora Felisa Sánchez curaba las manos abiertas de su hija Encarna con el puchero, la moneda de cobre y la tijera abierta en cruz... Margarita Muñoz por su parte me contaba que su suegra la "partera"  la enseñó una forma para saber antes del parto si lo que había de venir era niña o niño; Para ello y sin que estuviera presente la embarazada colocaban en una sala dos sillas con dos cojines y bajo los cojines ponían en una silla unas tijeras abiertas en cruz y bajo el cojín de la otra una navaja, cuchillo o puñal.  Cuando llegaba la embarazada la invitaban a sentarse dónde ella quisiera, si se sentaba en la silla que escondía las tijeras, sería niña, si de lo contrario se sentaba sobre el cuchillo, sería un niño... incluso una vez parida, se solían colocar unas tijeras abiertas bajo la cama para aliviar los dolores del parto y alejar todo lo malo del recién nacido o nacida... 

Resumiendo;

Camisa tradicional de hilo deshilá hecha en
VIllanueva de la Vera artesanalmente
La formación de las bordadoras dentro de la jurisdicción Arenense, así como el resto de las comarcas naturales e históricas colindantes, no varían sustancialmente. Para todas nuestras antepasadas las artes relacionadas con los tejidos y las diferentes técnicas de costura, formaban parte de su formación desde la más tierna infancia, ya que es una ciencia muy apreciada y valorada con la que además podría ganarse la vida dejándose la vista y la espalda... Al margen de tales consideraciones, lo cierto es que para la mayoría de las mozas presentar sus bordados el día de las Vistas o Galas tas el Publicório previo a las bodas tradicionales... Momento en el que se mostraban las mejores galas, demostrando con ello su destreza con la aguja e hilo. Pero aunque todas mujeres cosieran no todas lo hacían de la misma forma. algunas las gustaba coser en animados corros en la calle a la puerta de las casas. Para otras como por ejemplo para las mozas de Arenas estaba mejor visto coser cada una o reunidas dentro de los portalones o en los patios y huertos interiores de las casas tradicionales arenenses, lejos de miradas indiscretas.

Del mismo modo sucede con los materiales, colores y diseños, los cuales varían considerablemente dependiendo del uso y valor que se quiera imprimir a las piezas a decorar. Habiendo para ello dos grandes estilos, los bordados a Realce del Natural con sus variantes y los bordados a Puntá del mismo modo con sus variedades. en ambos casos se trata de ir colocando de diferente forma una serie de dibujos y formas predeterminas hasta lograr un resultado final siempre diferente. Pondré como ejemplo las formas básicas con las que se componen todos los bordados a Puntá. Pues todos los diseños se logran a partir de sencillas formas siempre geométricas.Como por ejemplo el diseño llamado Los Dientes de Perro, que  no es más que triángulos que al unirse toman la forma de los dientes de un perro o del borde de una sierra. El dibujo llamado de las Botijas en realidad son rombos con un bodoque central que al unirse con otros mas forman diferentes dibujos como por ejemplo las Estrellas o varias cenefas dobles y sencillas. Formas o dibujos que repiten los antiguos esquemas y símbolos que se pierden en el inconsciente popular. Diseños muy antiguos cuya técnica y estilo denota una clara influencia oriental e indoeuropea, y cuyos nombres evocan el de las principales deidades y símbolos protectores prehistóricos, como lo son los símbolos astrales, zoomórficos  florales, antropomórficos... u otros con simbología más moderna como los Corazones, Cestas, Jarrones o Botijas... todos ellos relacionados con femeninos símbolos de fecundidad como recipientes contenedores que son... Incluso hay un diseño con el nombre de; Reguibe de las Guarrillas, animal totémico e idolatrado en estas tierras en la forma de los Verracos vetones... Restos de las antiguas religiones minimistas prerromanas para las que ciertos animales eran representaciones de sus deidades principales. Como los cerdos o los cánidos... Tampoco faltan la representación de todo tipo de aves símbolo de alegría, elevación espiritual, renovación...  junto con otros diseños menos usuales transmitidos de generación y generación hasta nuestros días. Dibujos que tienen cada cual un lugar especifico, como puedan ser las Piñas, nombre que reciben todos los diseños centrales o principales entorno a los cuales se rellena el espacio con los diferentes Rameos, como el Culo de la Piña con Corazones, o el de el Ramo de las Lazás o el de la Cesta entre otros...

Guardapie de paño bordado en hilo blanco
a punto de Cruz con temática mitológica.
Esto se logra una vez que se aprende a contar los hilos de la tela a bordar. Pues antes de clavar la aguja en el paño, se han de contar los hilos de la trama, número que varía dependiendo de la labor a realizar -por ejemplo para bordar el Rameo de las Piñas se comienza contando cuatro hilos...- eligiendo para las labores los hilos y colores precisos. Pues dependiendo de lo que se bordase se usaban de unos colores o texturas determinados. Por ejemplo el guardapiés se podía bordar con lana, hilo matizado o de seda, utilizando todos los colores a su disposición y colocándoles a su gusto. Para bordar sábanas se solía usar hilo blanco, tostao o rojo, bordando el conjunto con un solo color, del mismo modo que algunos manteles y colchas. Mientras que para bordar a Puntá o estilo navalqueño se usaban hilos matizados de color verde, rojo, amarillo y azul... De todos modos para saber más cosas os invito a que leáis otro articulo publicado en mi blog http;//tradicionyfloklore.blogs.com, sobre todo si os han quedado ganas de descubrir el sentido simbólico de estos y otros dibujos que forman parte de nuestro rico y peculiar patrimonio humano y por o tanto cultural.

Fotografías ilustrativas a cerca de los bordados a Puntá:

Antes de terminar quiero dejarles ver parte de las labores realizadas por la señora Paula Encarna Sánchez, como todas las fotografías que han visto anteriormente relacionadas con su ciencia y magnifica labor. creo que con estas imágenes les sera más fácil comprender parte al menos del ingente mundo de los bordados:

Detalle de una cenefa de las Botijas doble con Bodoques, el Raméo de medias Estrellas de Botijas y remate del Reguibe
Paño funerario de los Arderos, realizado integramente por la Tía y maestra de Encarna, la señora Isabel Sánchez. Con toda una alegoría simbólica implicita como el Rameo de los Jarrones, cadenas de Rosas, Escaleras que ascienden o descienden, cruces, gallos, etc.
Detalle de los bordados con símbolos cristianos, que adornan ambos extremos del paño de los Arderos. A ambos extremos sendos gallos sobre un vértice que los encumbra por encima del conjunto ornamental  y que son símbolo cristiano del compromiso con Cristo, al recordarnos como Pedro lo negó tres veces antes de que el gallo cantase, como predijo Jesús... y que tradicionalmente representa la renovación de la vida, la virilidad, la fuerza creadora... ritos y costumbres que tienen su máxima expresión en las fiestas de invierno sobre todo en Navidad y Carnaval. En el centro aparece el símbolo de María Virgen madre de Dios, representada en el jarrón, cesto o maceta de la que salen tres flores -generalmente azucenas- como símbolo de pureza y de la fugacidad de la vida y más aún de la juventud...Rematando con dos cruces dispuestas entre los gallos y el jarrón con las tres flores. Cuces que rematan en una forma que recuerda a un surtidor o fuente, como símbolos de vida eterna y punto del que parte todas las cosas...
Detalle del Rameo que adorna las cuatro esquinas con Jarrones, Clavellinas, Estrellas de las Botijas con Bodoques...
Detalle otro diseño de doble Culo de la Piña de los Baldosines, con Corazones, Bodoques, Confetis,  Dientes de Perro dobles, el Reguibe de la Uña y un Rameo sencillo de medias Estrellas de Botijas
Detalles de dos manteles bordados con el Culo de la Piña y diferentes Rameos y Cadenas para enlazarlos.
Detalle de una colcha bordada con el el Culo de la Piña y su Rameo, unidos con una cenefa de Bodoques en cuyo interior van intercaladas cinco Botijas dobles.
Detalle del diseño Culo de la Piña con otro Rameo diferente.
Detalle del diseño llamado la Estrella de las Eses y remate de Diente de Perro triple con tres Cruces. Este diseño de la Estrella con Eses puede ser sin Eses...  está bordado con los cuatro colores matizados tradicionales, el azul, el rojo, el "tostao" o amarillo y el verde, causalmente los mismos que hay en el juego del parchís...
Detalle de uno los muchos tipos de diseños para bordar toallas de "Vistas", como esta adornada con  el diseño de La Cesta, los Pajarillos o Pajarolas y las iniciales de los desposados.Con un remate Deshilado del que parte los flecos.
Detalle de uno de los diseños llamados del  Pajarillo o Pajaarolas
Diseño tradicional llamado la Piña del Ramo de Las Dalias o de Las Lazás.
Ejemplo de uno de los muchos diseños con temática religiosa, con los que se adornaban las alcobas y salas principales. También con ellos se armaban los preciosos altares tradicionales el día del Corpus Cristi o en determinadas Fiestas religiosas principales de las localidades que han compuesto y alas que aún componen la jurisdicción arenense.

NOTA: No he escrito los nombres y apellidos de aquellas personas mencionadas en los relatos de las vidas de las protagonistas, especialmente los y las protagonistas de las anteriormente relatadas miserables acciones, en primer lugar porque eso es algo que tienen que hacer la fuente consultada y por lo tanto la persona o personas afectadas. Por otro lado y teniendo en cuenta que en Arenas nos conocemos todos en cualquier momento si tienen curiosidad por saber quiénes son algunos de estos protagonistas miserables o criminales, pueden preguntárselo directamente a nuestras paisanas Chon González Muñoz o a Paula Encarna Sánchez Sánchez directamente. Más difícil lo tienen aquellos que no conozcáis a estas personas por no ser de Arenas, por lo que creo sinceramente poco os puede importar ese detalle. Y a mí personalmente me encantaría haberlo hecho pero sin el permiso de las protagonistas no puedo ni debo. Así si quieren saber nombres y apellidos de aquellos tiranos pregúntenles directamente a Encarna y a Chon, ellas estarán encantadas de contestarles, pues nadie mejor que ellas para dar las señas justas.


Daniel F. Peces Ayuso en Arenas de San Pedro a 12 de octubre de 2012










1 comentario:

  1. Qué bonitos los bordados y qué bellas las historias que cuentas de las vidas de estas bordadoras, grandes creadoras de arte, con esa mezcla de tragedia producida por la terrible mezquindad de algunos pero que supieron superar con su buen hacer dentro de esa vida de privaciones e injusticias que les tocó vivir. Gracias por estos testimonios tan hermosos.

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